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Valentín Elizalde: El FALSO Sobreviviente… El Primo que lo VENDIÓ al C4rt3l por su Viuda….

Valentín Elizalde: El FALSO Sobreviviente… El Primo que lo VENDIÓ al C4rt3l por su Viuda….

A los 19 años subió a un escenario en Bácame Nuevo, Sonora, y cantó frente a un público por primera vez. Nadie sabía su nombre, pero nadie pudo ignorar su voz. A los 27 años cantó a mis enemigos en un palenque de Reyosa, Tamaulipas. Le habían advertido que no lo hiciera. No en esa plaza, no esa noche.

 Un gallo no baja la cabeza y Valentín no la bajó. A los 27 años, minutos después de ese concierto, más de 70 disparos atravesaron la Chevrolet Suburba Negra en la que viajaba. Su representante falleció, su chóer falleció, Valentín Elizalde falleció. El único que salió con vida fue el hombre que según su propia familia lo llevó directo a esa trampa.

 Su nombre era Valentín Elizal de Valencia, pero el mundo lo conoció como el gallo de oro. Y lo que ocurrió en la madrugada del 25 de noviembre de 2006 fue un crimen que casi dos décadas después todavía nadie ha pagado. Esta es la investigación que la familia ha intentado contar durante 18 años, pero que los contratos, los abogados y los acuerdos millonarios han mantenido enterrada.

 Hoy vas a descubrir cuatro cosas que cambian todo lo que creías saber sobre el fallecimiento del gallo de oro. Primera, la llamada que Valentín hizo a su madre antes del concierto de Reyosa. Sus palabras exactas en voz baja, casi como un presagio. Mamá, no quiero ir. Pero Tano agarró la fecha y pues tengo el compromiso.

 Una frase que la familia guardó durante años. y que revela que Valentín sabía sin saber exactamente qué, que algo esa noche no estaba bien. Segunda, el peritaje que nadie quiso mostrar. un análisis forense posterior que, según versiones difundidas años después ponía en duda la historia del único sobreviviente. Sus heridas no coincidían con el relato que había contado durante casi dos décadas y había casquillos en el lugar equivocado.

Tercera, el testimonio de Marisol Castro, la mujer que convivió con Tano durante más de 20 años. lo que vio antes del concierto, lo que notó en su comportamiento esa noche, lo que dijo después cuando ya no tenía nada que perder. Y cuarta, agosto de 2021, 15 años después de la partida del gallo de oro, el primo señalado por la familia anunció su compromiso con Gabriela Sabac, la exesposa de Valentín, la mujer legalmente vinculada a los derechos y la imagen del cantante fallecido.

 Lo que ese anuncio desató dentro de la familia, incluyendo entre las propias hijas de Valentín, es algo que ningún homenaje ni ninguna bioserie ha contado con honestidad. Te voy a avisar cuando llegue cada una. Si te vas antes del final, te pierdes la parte que el mismo hombre señalado por la familia ha intentado controlar durante casi dos décadas.

 Pero antes de contarte cómo falleció, necesitas entender cómo nació, porque la historia del gallo de oro no empieza en un palenque lleno ni en una madrugada de disparos. Empieza en un pueblo pequeño del norte de México, donde el polvo se pegaba a los zapatos y la música no era entretenimiento, sino el único idioma que algunas familias conocían para decirle al mundo que existían. 1 de febrero de 1979.

Pitiquito, Sonora, un pueblo de tierra seca, cielo ancho y silencio de desierto. Ahí nació Valentín Elizalde Valencia, hijo de El Gallo Elisalde, en una familia que ya cargaba el destino de la música en el apellido. Su padre era el tipo de hombre que el norte produce con una frecuencia que el resto del país no siempre entiende.

 alguien para quien el escenario era una extensión de la vida misma. Y ese don se lo heredó a Valentín, aunque no siempre de la manera más ordenada. Porque los hombres que viven para la música, que salen de gira y regresan con aplausos en los oídos y polvo en las botas, no siempre saben cómo quedarse. La carretera tiene su propia lógica, una lógica que no es compatible con los horarios escolares ni con las preguntas de los hijos a las 2 de la tarde de un martes, Valentín creció en una casa donde la música lo llenaba todo, pero no siempre había

alguien que la pusiera. Imagínate eso. Un niño que escucha el apellido de su padre pronunciado con respeto en las fiestas del pueblo, que sabe que su sangre tiene algo especial. pero que aprende desde muy pequeño que ese algo especial viene con ausencias incorporadas. Eso forma a un niño de una manera muy específica, lo hace orgulloso y solo al mismo tiempo lo hace creer que no puede bajar la cabeza, que si su apellido pesa, él tiene que pesar más.

 Un gallo no baja la cabeza. Esa idea no nació en un escenario. Nació en Pitiquito en los años en que Valentín aprendía quién era y qué se esperaba de él. La música entró en su vida de la única manera en que entra cuando eres hijo de músico, no como decisión, sino como clima. los corridos, la banda, el sonido norteño que no pide disculpas por lo que es y su voz, esa voz que después haría gritar a miles en los palenques, no era educada ni de conservatorio.

Era tierra seca, abriéndose bajo la lluvia, el tipo de voz que no se fabrica porque ya viene formada desde adentro. Pero aquí viene algo que casi nadie cuenta. Valentín estudió derecho en la Universidad de Sonora. Piensa en eso un momento. El futuro gallo de oro sentado en un aula escuchando hablar de códigos civiles y jurisprudencia.

 una vida ordenada, una vida donde nadie lo esperaría afuera de un palenque en la madrugada con intenciones que no iban a poder contenerse. Pero el escenario lo llamaba de una manera que los libros de derecho no podían competir. Era el tipo de jalón que sientes en el pecho cuando sabes, sin poder explicarlo, que hay algo para lo que fuiste hecho.

 El 24 de junio de 1998 llegó el momento. Bácame Nuevo, Sonora, un festival local. Nada de grandes reflectores, nada de multitudes gigantescas, solo un escenario, un micrófono y un muchacho de 19 años que cantó como si su vida dependiera de que alguien lo escuchara. La gente no escuchó a un estudiante de leyes, escuchó a alguien que traía la vida del norte metida en la garganta.

 ¿Sabes lo que es tener un momento donde repente sabes con toda claridad para qué estás hecho? Valentín lo tuvo en Bácame Nuevo frente a gente que ni siquiera sabía su nombre todavía y fue suficiente. Un año después, en 1999, lanzó Regresan los mafiosos con musical y desde ahí todo empezó a moverse. Vete ya, lobo domesticado, te quiero así.

Canción tras canción, su nombre empezó a correr por las radios, las camionetas, los bares, los puestos de discos. El gallo de oro había nacido, pero el mismo orgullo que lo lanzó al escenario, esa incapacidad de bajar la cabeza, también lo hacía vulnerable, no ante los extraños, ante los que llevaban su mismo apellido. Eso todavía no lo sabía.

 Lo que vino después fue mucho más complicado de lo que cualquier corrido podría haber anticipado. En 1999, Valentín tenía 20 años, una voz que nadie podía ignorar y una decisión que ya no podía revertirse. El derecho quedó atrás. Adelante. Había solo una cosa, pero querer el escenario y conquistarlo son dos cosas distintas.

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