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“TEMPO” NO MÁS: UN CAMIONERO FUGITIVO ATROPELLÓ A ‘TEMPO’ EN MOTOCICLETA.”

“TEMPO” NO MÁS: UN CAMIONERO FUGITIVO ATROPELLÓ A ‘TEMPO’ EN MOTOCICLETA.”

El viernes 29 de mayo de 2026, un hombre salió de casa de su padre en Iztapalapa con su máscara guardada en la mochila, la motocicleta encendida y una historia de Instagram que promocionaba la función donde esa noche sería el luchador estelar. Nunca llegó. A las 3:42 de la tarde sobre el eje 3 oriente de la ciudad de México, Antonio Sirio Flores, conocido en el mundo de la lucha libre como Tempo, El amo del tiempo, perdió la vida sobre el asfalto de la alcaldía Itacalco mientras un conductor fugitivo abandonaba la escena. Tenía en el

antebrazo un tatuaje que decía Un día a la vez, el mismo tatuaje que lleva su padre. Y esa tarde el tiempo de tempo se detuvo para siempre. Para entender quién era Antonio Sirio Flores, hay que entender de dónde vino. Creció en la colonia Escuadrón 2011, en la Alcaldía Iztapalapa, una de las zonas más populosas y trabajadoras del oriente de la Ciudad de México.

 Desde pequeño la familia fue su mundo y el comercio fue su escuela. Su padre Gerardo Nolasco le enseñó que la vida se vive de frente y que el trabajo honesto no tiene atajos. En casa de los sirio Flores, los días se construían uno a la vez. De ahí el tatuaje que tanto el padre como el hijo llevarían marcado en la piel para siempre.

 Antonio heredó de su familia más que un apellido. Heredó sangre de luchadores. En el mundo del pancracio nacional era conocido como Tony Sirio Jr. Hijo de Tony Sirio, señor y miembro de la dinastía Reyes. Un linaje luchístico vinculado a figuras históricas como 100 caras y máscara año 2000, leyendas que marcaron generaciones enteras de aficionados mexicanos.

 Entrar a esa tradición no era poca cosa. Significaba cargar con el peso de un apellido que ya tenía historia y la obligación de escribir la propia. Fue alrededor de 2018 cuando Antonio Sirio Flores se puso la máscara azul, blanca y rosa por primera vez en el circuito independiente y se presentó ante el público como tempo el amo del tiempo.

 El personaje le quedó como anillo al dedo. No era un luchador de grandes arenas ni de contratos millonarios. era un gladiador del pueblo, de las funciones de barrio, de esas arenas que huelen a palomitas y sudor, donde los aficionados se saben los nombres de todos los luchadores porque los ven semana a semana.

 Se presentó en la Arena Nesa, en la Arena Afición de Pachuca, en el coliseo Ecatepec y en decenas de recintos independientes repartidos por el Valle de México y el resto del país. Con el tiempo también llegó a funciones de 3PA, donde comenzó a mostrarse ante un público más amplio. Lo que distinguía a tempo no era únicamente lo que hacía dentro del cuadrilátero, aunque eso también lo tenía, era su carisma, su capacidad para conectar con la gente.

 En cada función, al terminar la pelea, se quedaba en la orilla del ring para hablar con los aficionados, tomarse fotos, firmar autógrafos, vender sus productos. No había barrera entre el luchador y su público, y eso en un circuito independiente donde los gladiadores muchas veces pasan desapercibidos, lo convirtió en una figura querida y reconocida.

 Pero Tempo no se conformaba con el ring. Era, en sus propias palabras, un bisnero desde chamaco. Su familia tenía tradición comerciante. Vendían mochilas, trabajaban en el mercado. Le enseñaron desde niño que la creatividad para vender era tan importante como cualquier otra habilidad. Y él llevó esa filosofía al mundo de la lucha libre de una manera que nadie había visto antes.

 Lanzó su propia línea de ropa interior, tangas, con su nombre estampado en la parte trasera y su máscara impresa en el frente que vendía en las funciones y promocionaba en sus redes sociales. La idea era simple y genial al mismo tiempo, descarada, divertida, completamente suya. se volvió viral en el circuito independiente.

 Las aficionadas la compraban, los medios especializados la cubrieron. El Universal Querétaro le dedicó una entrevista donde Tempo explicaba con orgullo su lógica. ¿Cuándo has visto que un luchador venda tangas? Nunca. Esa era su marca. Además de emprendedor, Tempo había comenzado a trabajar como entrenador.

 Material promocional y videos en redes sociales lo mostraban al frente de una pequeña escuela de lucha libre donde enseñaba a jóvenes que querían entrar al oficio. Estaba construyendo algo más que una carrera. estaba construyendo un legado y en su casa en Istacalco vivía con su hijo, un niño pequeño que lo admiraba y mantenía una relación cercana y cálida con su padre Gerardo, a quien visitaba regularmente.

 Ese viernes 29 de mayo había estado con él antes de partir hacia lo que sería su última función. La tarde del viernes 29 de mayo de 2026 comenzó como cualquier otra tarde de función. Tempo tenía todo listo. La noche estaba programada en el deportivo del Sindicato Mexicano de Electricistas, ubicado en Calzada del Hueso 380, en la zona de Cuapa al sur de la Ciudad de México.

 La empresa organizadora era Universal Lucha Company y el evento se llamaba Invasión. Tempo estaba anunciado en la lucha estelar, la pelea más importante de la noche, la que todo el público esperaba ver. No era una función cualquiera para él. Antes de salir subió una historia a su Instagram. Era un rail de la empresa que detallaba el evento, la ubicación, el horario, las 8:30 de la noche y los luchadores participantes.

Tempo aparecía mencionado como el luchador estelar. Era su manera de avisar a sus seguidores, de invitarlos, de mantener ese vínculo digital que había cultivado con paciencia durante años. Era la última publicación que haría en su vida. tomó su motocicleta color verde con negro, guardó su mayón de luchador entre sus pertenencias y salió de casa de su padre en dirección al sur de la ciudad.

 Para llegar a Cuapa desde Istapalapa, la ruta natural lo llevaba por el eje tres Oriente Francisco del Paso y Troncoso, una de las arterias viales más transitadas del oriente capitalino. Era una tarde como cualquier otra en la Ciudad de México. Tráfico denso, camiones de carga circulando por los mismos carriles que las motocicletas, la convivencia caótica y cotidiana.

 Entre vehículos de todos los tamaños que caracteriza las grandes avenidas de la capital, a las 3:42 de la tarde, a la altura de la calle Miguel Aedo Barrios, en el barrio Los Reyes de la Alcaldía Izacalco, a unos metros de la estación recreo de la línea 5 del metrobús, algo salió mal. Las versiones sobre la mecánica exacta del accidente presentan algunas variaciones entre sí, pero el resultado fue el mismo y devastador.

 De acuerdo con los primeros reportes de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, la motocicleta de tempo derrapó sobre la carpeta asfáltica. El luchador salió proyectado de su moto y cayó sobre el pavimento. En ese momento, una camioneta de 3 y toneladas que circulaba por la zona lo arrolló. Otros testimonios de testigos presentes señalan una secuencia ligeramente diferente, que momentos antes del derrapé hubo un presunto conflicto vial entre Tempo y el conductor de otro vehículo, que ese vehículo impactó a la motocicleta

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