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¡PRI EN LLAMAS! Coahuila destapa el escándalo que Alito no quiere explicar

¡PRI EN LLAMAS! Coahuila destapa el escándalo que Alito no quiere explicar

Alejandro Alito Moreno, dirigente nacional del PRI y uno de los políticos más polémicos de la oposición mexicana, acaba de hacer  algo que tiene a todos hablando. Se metió de lleno a defender el último gran bastión priista del país, justo cuando vuelven a salir a la luz sombras del llamado Moreirato en Coahuila.

 Pero no solo eso, mientras Alito recorre el país denunciando la corrupción del gobierno actual, aparece respaldando una estructura política ligada a señalamientos de deuda pública, poder familiar, exoneraciones cuestionadas y casi un siglo de control del mismo partido en el mismo estado. ¿Qué revela realmente que Alito defienda a Coahuila  como vitrina del PRI cuando ese estado carga con la memoria de 38,000 millones de pesos de deuda y denuncias por miles de millones más? Lo vamos a descubrir al final.

 Suscríbete si estás cansado de la corrupción, que al final vamos a conectar todas las piezas y  vas a entender por qué esta historia no se trata solo de dos hermanos ni de una elección local. ni de un partido viejo tratando de sobrevivir. Se trata de un sistema que durante décadas aprendió a blindarse desde adentro.

Para entender esta historia, tú tienes que mirar primero el mapa  político de México con calma, porque Coahuila no es un estado cualquiera para el PRI, es una plaza más. No es un territorio simbólico sin importancia. Coahuila es quizá la última gran prueba de vida de un partido que durante décadas gobernó México como si el país entero fuera  una extensión de su maquinaria interna.

Mientras en otros estados el tricolor fue cayendo, perdiendo gubernaturas, perdiendo congresos, perdiendo presidencias municipales,  perdiendo presencia territorial y perdiendo hasta la capacidad de imponer agenda nacional, Coahuila se mantuvo ahí. firme, cerrado, controlado. Una fortaleza que resistió incluso cuando el resto del mapa cambió de color.

 Y eso importa hoy más que nunca. ¿Por qué? Porque el PRI ya no es el gigante que fue. El PRI de hoy no es aquel partido que podía decidir sus sesiones presidenciales, repartir candidaturas, disciplinar gobernadores y operar elecciones desde una estructura vertical  que nadie se atrevía a desafiar. El PRI de hoy es un partido acorralado, reducido, cuestionado y obligado a defender cada pedazo de poder que le queda.

 Y cuando un partido llega a ese punt, cada bastión se vuelve más que una  plaza electoral, se vuelve un argumento de existencia, se vuelve una bandera, se vuelve una trinchera. Alito Moreno lo sabe, por eso Coahuila le importa tanto, porque si el PRI puede decir que todavía gobierna Coahuila, todavía puede decir que tiene territorio.

Si puede decir que mantiene una estructura local, entonces todavía puede negociar. si puede decir que sigue ganando ahí, entonces todavía puede venderse como partido competitivo. Pero si Coahuila cae, si Coahuila se vuelve políticamente indefendible, eh el PRI queda obligado a una pregunta  brutal que le queda realmente al tricolor después de casi un siglo de poder.

Aquí entran los Moreira. Humberto Moreira y Rubén Moreira no son solamente dos exgobernadores priistas, son un símbolo de una etapa política que marcó profundamente  a Coahuila. Dos hermanos, el mismo apellido, el mismo estado, años consecutivos de gobierno entre ambos. Y sobre esa continuidad pesan señalamientos que durante años han perseguido al priilense: endeudamiento público, investigaciones, denuncias, acusaciones de irregularidades, una exoneración que sigue generando preguntas y una sensación de impunidad que nunca terminó

de cerrarse  ante la opinión pública. Humberto Moreira gobernó Coahuila de 2005  a 2011. Después llegó Rubén Moreira, su hermano, de 2011 a 2017. Y ahí está el primer dato que golpea. En un país donde los políticos suelen hablar de democracia,  alternancia, rendición de cuentas y pluralidad, Coahuila vivió una transición de poder dentro del mismo apellido.

No del mismo partido, únicamente del mismo apellido. ¿Qué significa eso para una democracia local? ¿Qué significa para las instituciones? ¿Qué qué significa para los órganos encargados de revisar cuentas,  investigar irregularidades o sancionar abusos? Porque cuando el poder cambia de manos, pero no cambia de grupo, muchas cosas quedan intactas,  los archivos no se abren, las lealtades no se rompen, los funcionarios no se sienten amenazados, los expedientes avanzan lentamente o no avanzan.

 La memoria institucional se vuelve selectiva y la rendición de cuentas deja de ser una obligación para convertirse en una negociación  interna. Ese es el corazón de este caso. No solo cuánto se debe, no solo quién firmó, qué documento, no solo qué denuncia se presentó, el corazón  es este. ¿Qué ocurre cuando un partido gobierna un estado durante tanto tiempo que las instituciones encargadas de vigilarlo terminan  formando parte del mismo ecosistema político, Coahuila ha sido gobernado por el PRI de

manera ininterrumpida durante décadas. Esa continuidad para los prias suele presentarse como estabilidad. Para sus críticos, en cambio, es la evidencia de un sistema  cerrado, disciplinado y resistente a la alternancia. Y ahí empieza la disputa narrativa. El PRI dice, “Coahuila funciona porque nosotros sabemos gobernar.

” Sus críticos responden, “Cuahuila sigue bajo control porque el sistema nunca permitió una rendición de cuentas real. ¿Quién tiene razón? Para  responder hay que entrar a los antecedentes y ahí es donde la historia se pone más pesada, porque el PRI no nació en Coahuila, pero en Coahuila encontró una de sus expresiones más duraderas.

Durante generaciones, el partido construyó una red de poder territorial basada en sindicatos,  liderazgos locales, operadores, alcaldías, congresos, burocracia, empresarios cercanos, estructuras rurales, secciones  electorales y una cultura política donde cambiar de partido parecía casi imposible.

 Tienes que entender esto. Cuando un partido gobierna un lugar por décadas, no solo controla cargos, controla costumbres, controla expectativas, controla miedos, controla favores, controla carreras políticas, controla hasta la idea de lo posible. Y ahí aparece Humberto Moreira, un político carismático con fuerte arraigo local que llegó al gobierno de Coahuila  con discurso popular, capacidad de movilización y un estilo que durante años fue presentado como  cercano a la gente.

 Pero con el paso del tiempo su administración quedó marcada por uno de los temas más explosivos de la historia reciente del Estado, la deuda pública. Según señalamientos ampliamente difundidos durante años,  el endeudamiento de Coahuila creció de manera enorme durante ese periodo. Las cifras que se han repetido en el debate público hablan  de decenas de miles de millones de pesos en y ahí es donde el caso dejó de ser una discusión técnica para convertirse en una herida política.

 que deuda pública no es solo una cifra en una hoja, no es una tabla que leen contadores, no es un concepto aburrido de finanzas estatales, deuda pública es dinero que el Estado  compromete hacia el futuro. Es presupuesto que  después no se puede usar con la misma libertad. Expresión sobre hospitales, expresión sobre escuelas, expresión sobre obras, expresión sobre servicios.

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