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MANTEQUILLA NÁPOLES: El ASQUEROSO SECRETO DETRÁS DE SU FAMILIA

MANTEQUILLA NÁPOLES: El ASQUEROSO SECRETO DETRÁS DE SU FAMILIA

campeón mundial del Consejo Mundial de Boxeo. 81 victorias, 54 knockouts. Y ese mismo hombre, muerto a los 79 años en una asquerosa cama de hospital, desquiciado, sin que su esposa se despidiera de él, enterándose de la muerte por una publicación de internet. La versión que el público mexicano conoce de él es la versión limpia.

 Hoy vas a saber la triste realidad, la barbaridad que sus propios hijos le hicieron a Mantequilla Nápoles. La verdad es mucho más asquerosa que la mentira que nos contaron. Para saber cómo terminó viviendo entre cartones en la calle sin dinero, tienes que ver de dónde vino. José Ángel Nápoles nació el 13 de abril de 1940 en el barrio de los Hoyos en Santiago de Cuba, una casa de madera con techo de cinco oxidado.

 La madre se llamaba Caridad Nápoles, la bandera. El padre se llamaba Ángel Nápoles, estivador del puerto de Santiago. Cargaba sacos de azúcar de 50 kg por 2 pesos cubanos a la semana. Y lo que esa familia Nápoles todavía no sabía esa madrugada de abril de 1940, mientras Caridad cargaba al recién nacido contra el pecho en la casa de madera de los hoyos, era que ese niño iba a convertirse 29 años después en el mejor boxeador welter del mundo, comparado por la cadena Hatch B o con Sugar Ray Robinson, ídolo personal del actor mexicano que interpretó a Don

Ramón en El Chavo del Ocho. y que iba a terminar 79 años después de eso, muerto en una cama de un hospital de la Ciudad de México sin que su propia esposa pudiera despedirse de él. A los 6 años, el padre Ángel Nápoles empezó a beber romba cardí todas las noches. Llegaba a la casa a las 11 de la noche gritando los nombres de su mujer y sus tres hijos.

 El pequeño José Ángel escuchaba los pasos desde la cama. sabía que iban a empezar los golpes contra su madre Caridad cada noche durante 10 años. Pero lo que el pequeño José Ángel Nápoles vio cada noche en esa casa de madera de Santiago de Cuba durante los siguientes 10 años, esa rutina del ron Bacardí y los gritos y los golpes contra su madre caridad no fue solo el trauma de su infancia, fue exactamente la escena que 40 años después, en una casa de la colonia Polanco de la Ciudad de México, José Ángel Nápoles iba a repetir contra la madre de sus propios hijos. A

los 9 años, José Ángel entró al gimnasio Rafael Trejo, del centro de Santiago de Cuba. El entrenador, Inocencio González, cobraba dos pesos por mes. Caridad le ofreció a Inocencio lavarle la ropa a cambio de las clases de su hijo. Inocencio aceptó y durante 10 años Caridad pagó las clases de su hijo con su propio trabajo.

 Esa decisión de Caridad Nápoles es tarde de 1949. Esa decisión de lavarle la ropa al entrenador inocencio para que su hijo pudiera entrenar no fue solo un gesto de amor maternal. Fue exactamente la primera deuda emocional que José Ángel Nápoles 40 años después no supo devolver a la madre de sus propios hijos. Entre 1949 y 1958, José Ángel peleó 475 veces como Amateur, 435 victorias y el entrenador Inocencio le puso un apodo desde el primer día, le decía Mantequilla, porque los rivales, decía, se le escurrían como si fueran mantequilla en la sartén. El 2 de agosto

de 1958 debutó como profesional en el coliseo de La Habana. Bolsa 12 pesos cubanos. Lo noqueó en cuatro asaltos. Durante los siguientes 5co meses peleó siete veces más, siete victorias. Y todo cambió la madrugada del primero de enero de 1959. Esa madrugada, mientras José Ángel Nápoles dormía en un cuarto rentado de La Habana al lado de un compañero de gimnasio llamado Ultimio Ramos, mejor conocido como Sugar Ramos, llegó por la radio una noticia que iba a cambiar la vida de los dos boxeadores cubanos y la decisión que tomaron esa misma madrugada

del primero de enero, sin pensar en sus madres, sin avisar a sus familias, sin despedirse, fue exactamente la decisión que 20 años después iba a destruir a sus propios hijos. Esa noticia de la radio decía que Fidel Castro había tomado el poder de Cuba, que el boxeo profesional iba a ser prohibido, que los boxeadores profesionales tenían dos opciones: aceptar el régimen y volver al boxeo a Mateur sin cobrar o irse de Cuba.

 José Ángel Nápoles con 18 años recién cumplidos y Suga Ramos con 22 decidieron irse. Esta misma semana, según contó Mantequilla, 40 años después, al periódico La Jornada, tomaron un barco de carga mexicano que salía del puerto de Santiago hacia Veracruz. Pagaron el pasaje con todo el dinero ahorrado de las primeras ocho peleas profesionales, 800 pesos cubanos, $50 al cambio y dejaron en Cuba a sus madres, a sus padres, a sus hermanos, a sus novias.

 Pero José Ángel Nápoles en 1959 no dejó solo a su madre caridad en la casa de madera del barrio de los hoyos. Dejó algo más. Una novia, una mujer cubana de 17 años, hija de la dueña de la casa donde Caridad lavaba ropa, llamada Marlene Estrada. Y Marlene Estrada. Esa madrugada del primero de enero, cuando José Ángel se fue al puerto de Santiago sin avisarle.

 estaba embarazada de 4 meses. José Ángel Nápoles, según contó el mismo en 1995 a la revista Vanidades de México, no supo que Marlene Estrada estaba embarazada hasta 10 años después, hasta 1969, cuando ya era campeón mundial, cuando ya vivía en una mansión de la colonia Polanco, cuando ya manejaba un cadilac negro. Una carta llegó al gimnasio de los baños Roma de la Ciudad de México un martes por la mañana.

 La carta venía de Santiago de Cuba. La firmaba Marlene Estrada. Le contaba que el primero de mayo de 1959, 4 meses después de que José Ángel se fuera, había nacido un niño. Le pusieron el nombre del padre, José Ángel Nápoles Estrada, y le decía que el niño ya tenía 10 años. y que necesitaba conocer a su padre. Mantequilla Nápoles.

 Esa mañana en el gimnasio de los Baños Roma, según el testimonio que dio a Vanidades, leyó la carta dos veces, la rompió en cuatro pedazos, la tiró al bote de basura del vestidor y no contestó. Marlene Estrada durante los siguientes 30 años le escribió 42 cartas más. Mantequilla nunca contestó ninguna.

 Y el niño de la primera carta, ese hijo cubano abandonado en Santiago de Cuba, cumplió 59 años en 1999 sin haber visto nunca a su padre. Pero antes de llegar a esa carta de vanidades, hay 10 años de la vida de mantequilla Nápoles en México que cambiaron todo. Llegó al puerto de Veracruz el 12 de enero de 1959 junto con Sugar Ramos.

Sin papeles, sin contactos, sin un peso en el bolsillo. Tomó un autobús de segunda clase hasta la Ciudad de México y se presentó en el gimnasio de los baños Roma de la calle Jesús Carranza del centro de la ciudad. El dueño del gimnasio era un cubano que había emigrado en 1942. Se llamaba Cuco Conde.

 Tenía 48 años y según contaría décadas después al diario Esto de México. Reconoció a Mantequilla Nápoles desde la puerta. Le ofreció un cuarto en una pensión de la colonia Doctores. Le ofreció comida, le ofreció entrenamiento y le ofreció firmar un contrato como apoderado por 20 años. Mantequilla, con 18 años firmó el contrato esa misma tarde sin entender los términos.

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