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La triste vida de José Luis Abarca en Prisión: Enfermo y con Más de 112 Años de Condena

La triste vida de José Luis Abarca en Prisión: Enfermo y con Más de 112 Años de Condena

José Luis Abarca Velázquez pasó de vender joyería a convertirse en uno de los hombres más poderosos de Iguala. Acumuló una fortuna millonaria, construyó un centro comercial de 300 millones de pesos y llegó a la alcaldía sin experiencia política. Hoy, más de una década después, vive encerrado en un penal federal de máxima seguridad con más de 112 años de condenas acumuladas y una salud cada vez más deteriorada.

 La historia de cómo pasó de sentirse intocable a enfrentar el resto de su vida tras las rejas es mucho más oscura de lo que parece. En este video conocerás la historia de José Luis Abarca Velázquez, cómo construyó su fortuna, cómo llegó al poder, los crímenes que lo llevaron a prisión y sobre todo cómo vive hoy tras más de 11 años encerrado en un penal federal.

Verás cómo es su vida en la cárcel, el deterioro de su salud y la batalla legal que mantiene para recibir atención médica. Quédate hasta el final porque los documentos judiciales revelan un estado físico mucho más grave de lo que la mayoría imagina. Suscríbete al canal si quieres descubrir cómo es realmente la vida tras las rejas para políticos, narcotraficantes, empresarios y figuras públicas que alguna vez tuvieron poder, dinero e influencia.

 Aquí contamos lo que ocurre cuando las cámaras se apagan y comienza la realidad del encierro. Para entender cómo José Luis Abarca terminó donde está hoy, hay que ir al principio. Nació el 18 de marzo de 1961 en Arselia, en la región de Tierra Caliente de Guerrero, una zona que históricamente ha sido uno de los corredores más violentos y conflictivos del país.

 Su familia no tenía dinero, pero sí tenía olfato comercial. Su padre, Nicolás Abarca, tenía un negocio de venta de sombreros y vestidos de novia. Su madre, Ester Velázquez Villegas tenía su propio negocio de venta de oro. En esa familia el comercio no era una opción, era la única forma de vida que conocían. Desde joven, José Luis Abarca aprendió a vender.

 No se quedó detrás de un mostrador. Recorrió el país ofreciendo aretes, collares, pulseras y todo tipo de joyería de oro a quien quisiera comprar. Era un vendedor ambulante con ambición. Esa vida de recorrer ciudades y ferias lo llevó a conocer gente, a construir contactos y a entender cómo funcionaba el negocio del oro desde adentro.

 Con los años, ese trabajo errante se convirtió en algo más formal. Llegó a ser propietario de seis locales dentro del centro joyero de Iguala, que es uno de los mercados de joyería más importantes de todo guerrero. El vendedor de sombreros se había convertido en un empresario del oro. Fue precisamente en el negocio familiar donde conoció a la mujer que definiría el resto de su vida.

 María de los Ángeles Pineda Villa. La madre de Pineda era proveedora de vestidos del negocio de su padre Nicolás. Así se conocieron, así empezó todo. Se casaron en 1983 y tuvieron cuatro hijos, tres mujeres y un varón, todos dedicados también al negocio familiar de la joyería. Durante años, los Abarca Pineda fueron una familia de comerciantes conocidos en Iguala, sin mayor escándalo público.

 Pero lo que las autoridades descubrirían al seguir la pista de ese dinero iba mucho más allá de un empresario exitoso. Y lo que estás a punto de conocer explica por qué el nombre de José Luis Abarca terminó asociado a uno de los capítulos más oscuros de la historia, reciente de México. Lo que las investigaciones posteriores revelaron es que los hermanos de María de los Ángeles Pineda Villa, Mario y Alberto Pineda Villa, eran operadores financieros del cártel de los Beltrán Leiva, uno de los grupos criminales más poderosos de México en aquella época.

Eso significa que desde antes de llegar al poder político, la familia Abarca estaba conectada por la vía del matrimonio con el crimen organizado. José Luis Abarca, cuando era alcalde, llegó a decir en público, “Me escasé con ella, no con sus hermanos.” Una frase que sonaba defensa, pero que también reconocía implícitamente que sabía perfectamente quiénes eran esos hermanos.

 En 2008, con el negocio joyero ya consolidado, Arsca Velázquez anunció lo que sería su proyecto más visible, el complejo Galerías Tamarindos, con una inversión declarada de 300 millones de pesos. La pregunta que nadie hizo en voz alta en ese momento, pero que los investigadores se harían años después era simple.

 ¿De dónde salieron esos 300 millones de pesos para un joyero de Iguala? Esa pregunta nunca tuvo una respuesta pública completamente satisfactoria. A simple vista parecía la historia de un comerciante que había logrado más que nadie en su ciudad. Pero detrás de esa imagen había conexiones, preguntas y decisiones que permanecieron ocultas durante años.

 Y lo que vas a descubrir a continuación cambia por completo la forma de entender cómo llegó realmente al poder. En 2012, sin haber ocupado jamás un cargo político, sin haber sido regidor, diputado ni nada que se le parezca, José Luis Abarca fue postulado como candidato externo del PRD a la presidencia municipal de Iguala.

 No era militante del partido, no tenía trayectoria en ningún movimiento social. Lo nominaron como candidato externo a través de la corriente nueva izquierda con el respaldo de quien en ese momento era una figura relevante en Guerrero. Ganó las elecciones. Asumió el cargo el primero de octubre de 2012.

 El joyero de Arselia era ahora el alcalde de Iguala. Durante su gestión, su esposa María de los Ángeles Pineda Villa fue designada presidenta del DIF Municipal. el organismo de asistencia social del Ayuntamiento. El matrimonio controlaba formalmente la estructura más importante del gobierno local. Ella organizaba eventos, daba informes de labores, aparecía en fotografías de obra social.

Él firmaba contratos, presidía sesiones de cabildo y representaba al municipio ante el gobierno estatal. Desde afuera, todo parecía la historia de un empresario exitoso que se metió a hacer política para servir a su comunidad. Mientras gobernaba, Abarca acumuló un patrimonio que llamó la atención de las autoridades.

 La entonces, Procuraduría General de la República detectó 65 propiedades ligadas al matrimonio y a sus hijas, entre casas, departamentos y negocios. Solo en el estado de Guerrero, la familia tenía 31 casas y departamentos, nueve empresas registradas y 13 joyerías activas. Eso sumaba a los negocios ya existentes, incluyendo el centro comercial que su hermana Roselia administraba.

Era un patrimonio colosal para alguien cuya única fuente de ingresos declarada era la joyería. Todo parecía estar funcionando a su favor. Más dinero, más influencia y más control que nunca. Pero mientras su imperio alcanzaba el punto más alto, ya se estaba acercando el acontecimiento que lo destruiría todo.

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