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La nieta de Franco se casó tres veces para huir. La última vez, su marido llegó a ¡Hola! primero

La nieta de Franco se casó tres veces para huir. La última vez, su marido llegó a ¡Hola! primero

Hay una foto que recorrió todas las revistas del corazón en el verano de 2013. En ella, Carmen Martínez Bordiw sonríe a cámara con los brazos abiertos como si por fin respirara. Detrás de esa imagen, su marido acababa de contar  en portada de hola, que ella lo había dejado por otro hombre. Ella llevaba más de 60 años escapando y siempre había alguien contando como en la portada de Hola que salió a los kioscos en el verano de 2013.

 José Campos miraba a cámara con cara de hombre que acaba de perder algo y no sabe muy bien si era suyo. El titular lo decía todo sin decir nada. Cuando Carmen me cuenta que hay una tercera persona, todo se acaba. una frase que podría haber dicho cualquier marido de cualquier divorcio de cualquier  ciudad de España.

 Pero este marido no era cualquiera, era el tercer marido de la nieta de Francisco Franco. Y  eso en este país nunca es solo un divorcio. Carmen Martínez Bordio  y Franco había nacido en el Palacio del Pardo el 26 de febrero de 1951 en el cuarto de siglo más vigilado de España.  Creció viendo como su abuela Carmen Polo cedía su puesto en la mesa a los visitantes  para que la niña mayor del dictador ocupara el centro.

 Aprendió desde pequeña que su nombre era una carga pública antes de ser una identidad privada. y aprendió también muy pronto que la única manera de salir de esa carga era casarse. Así que se casó y volvió a casarse y volvió a casarse. Para cuando José Campos entró en su vida, Carmen tenía 52 años, dos divorcios a sus espaldas, un hijo muerto en un accidente de tráfico, una hija a la que había conocido tarde y la certeza de que ninguno de sus matrimonios anteriores había sido del todo libre.

 El primero con Alfonso  de Borbón fue un pulso dinástico disfrazado de enlace nupsial. El segundo con Janmarie Rossi fue una fuga que acabó en custodia perdida. Y entonces  llegó Campos, cntabro, empresario, 13 años más joven, sin apellido de carga ni título de arrastre.

 Por primera vez en su vida, Carmen parecía haber encontrado algo que no le pedían que fuera. La pregunta que nadie formuló en aquel verano  de 2013 no era si el matrimonio había fracasado. La pregunta era, ¿por qué el final de ese matrimonio,  como todos los finales anteriores, terminó siendo contado por alguien que no era ella? ¿Por qué Carmen Martínez Bordiu  a los 62 años seguía siendo el personaje secundario de su propia historia? Para entender lo que ocurrió en ese kosco de 2013, hay que volver décadas atrás  a una

capilla en el Po, a un vestido de valenciaga y a una boda que, según la propia novia nunca debió celebrarse.  Cuando Carmen me cuenta que hay una tercera persona, todo se acaba. José Campos, hola. Verano de 2013. El 18 de junio de 2006, los vecinos de Santander se agolparon en las calles para ver pasar a la nieta de Franco del brazo  de un empresario local.

 al que muchos conocían de toda la vida. José Campos García era lo que en la prensa del corazón se llama un hombre normal, santanderino, exatleta reconvertido en empresario, sin fortuna de abolengo ni apellido que pesara. Y eso en la trayectoria sentimental de Carmen Martínez Bordiu era casi una declaración de  intenciones.

La boda se celebró en Casaya de la Sierra, en Sevilla y la fiesta se trasladó después a Santander, la tierra  de él. Las revistas del corazón cubrieron el enlace con el tono cálido que reservan para los matrimonios que parecen honestos, sin demasiado protocolo, sin invitados de casa real, sin insinuaciones de conveniencia. Hola.

Y lecturas  publicaron fotografías de la pareja en las que Carmen sonreía de otra manera, no como en las fotos de su primer matrimonio, donde la sonrisa era parte del protocolo, no como en las del segundo, donde la sonrisa tenía siempre algo de fuga. Aquí había algo que la prensa identificó instintivamente como alivio.

Durante los 7 años siguientes, el matrimonio Campos Martínez Bordiu  funcionó como material constante para la crónica social española. Carmen apareció en Mira quién baila, el concurso de baile de Tel 5 que en 2010 reunía a famosos de diversas generaciones en una pista que era también un escenario de redención  personal.

 Cobró, según fuentes de la época recogidas por pronto, alrededor de 30,000 € a la semana. Publicó un libro Cumple años, Gana Vida, en el que hablaba de la madurez, sin el tono de lamento con el que muchos  esperaban que hablara de ella. Se instalaron en Santander, lejos del Madrid de los Palacios y las revistas, lejos del apellido que perseguía a su familia.

 Para el público español de aquella época, el tercer matrimonio de Carmen Martínez Bordiu era el más legible de todos. No había geopolítica dinástica como en el primero,  no había fuga romántica a París como en el segundo. Había una mujer de más de 50 años que había decidido por fin vivir sin que su apellido fuera el protagonista  y junto a ella un hombre de Santander que la miraba sin reverencia ni ambición.

 Eso en el ecosistema de la prensa del corazón española es una historia que se cuenta sola. Lo que nadie vio entonces  o nadie quiso ver era la arquitectura de esa historia, quién la construía, quién la sostenía y a quién pertenecería cuando empezara  a romperse. Carmen con su tercer marido se prodigó más que nunca en los medios.

 Pronto, 2022.  Hay algo que vale la pena entender antes de hablar del final y es lo que hizo  que ese matrimonio durara 7 años y no dos. Carmen Martínez Bordiu  llegó a José Campos después de décadas de vida pública en la que cada relación había tenido un elemento de performance.

 La primera boda era una función de estado, la segunda declaración de rebeldía ante el régimen que agonizaba, las relaciones intermedias, material  constante para cubiertas de revistas que necesitaban mantener vivo el apellido franco  en la crónica social, aunque ya no lo necesitaran en la política.

 Con campos, algo cambió en la mecánica. Él no venía del mundo de los títulos ni del mundo de los medios. era empresario en Cantabria con una vida anterior a Carmen y una vida que tenía intención de  continuar después. Según crónicas de la época, fue una relación que comenzó gradualmente, construida sobre viajes, sobre la cotidianidad del norte,  sobre una lógica de pareja que no necesitaba portadas para sostenerse.

 Carmen publicó que había disfrutado con él de una  vida que nunca había tenido, la de una mujer sin escolta mediática permanente. Pero también hay que mirar lo que Carmen llevaba consigo cuando llegó a ese matrimonio. En el año 1984, cuando ya vivía en París con Jan Marie Rossy y había perdido la custodia  de sus dos hijos en favor de Alfonso de Borbón, ocurrió el accidente.

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