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Katy Jurado: Nominada al Óscar y sin Dinero ni para Medicinas.. Quien la Salvó lo Hizo en Secreto

Katy Jurado: Nominada al Óscar y sin Dinero ni para Medicinas.. Quien la Salvó lo Hizo en Secreto

Katy Jurado, primera actriz latinoamericana nominada a Lascar como mejor actriz de reparto, la que ganó el globo de oro cuando ninguna mujer de su país había llegado tan lejos. La que compartió pantalla con Gary Cooper, Spencer Tracy, Marl Brando, John Wayn, la que conquistó Hollywood sin pedir permiso y sin hablar inglés perfecto.

Esa mujer tiene una estrella de bronce en el 7065 de Hollywood Boulevard. Miles de personas la pisan cada día sin bajar la vista. Turistas que buscan otra estrella, actores que van apurados a una audición. Estudiantes que no saben quién fue la mujer cuyo nombre está grabado en ese metal.

 Y en eso hay algo que dice más sobre cómo funciona esa industria que cualquier discurso de entrega de premios. En los últimos años de su vida, la pensión que le asignó la Asociación Nacional de Actores no le alcanzaba para pagar sus medicamentos. No es una exageración, es lo que relataron personas que la conocieron en Cuernavaca durante esa época, la primera latinoamericana nominada a Lascar con una pensión que no cubría la farmacia mensual.

 Hay una distancia enorme entre esas dos imágenes, entre la estrella de bronce en el 7065 y la mujer que necesitaba que alguien pagara en secreto lo que el sistema no cubría. Y esa distancia tiene nombre. Se llama la maquinaria. Se llama el sistema que te aplaude cuando brillas y que desaparece cuando lo necesitas de verdad.

 Esta historia empieza por el final. En una habitación en Cuernavaca, sobre una silla, había un vestido doblado con cuidado. Un vestido que Kerry Joraro había elegido ella misma años antes, el vestido con el que la iban a enterrar. Si entiendes por qué una mujer que había perdido el control de casi todo en su vida necesitaba tener ese control, vas a entender esta historia desde adentro.

Hoy te voy a contar cuatro cosas sobre Katy Jurado que la prensa de espectáculos nunca quiso juntar en un solo lugar. La primera, el primer matrimonio de Kry Joraron no fue un acto de amor, fue un documento firmado a los 15 años para escapar de una familia que quería encerrarla. Y eso explica todo lo que vino después.

La segunda, en Roma en 1961, mientras filmaba una de las producciones más caras de esa década, alguien la encontró inconsciente en una habitación de hotel. Esa persona no era un médico, era su hija Sandra y ese detalle estuvo enterrado décadas. La tercera. La muerte de su hijo Víctor Hugo en diciembre de 1981 no fue solo una tragedia personal.

Fue el momento en que la industria le demostró que el contrato tiene más peso que el duelo, porque después del funeral volvió al set. Y la cuarta, el sistema que la aplaudió durante 30 años la abandonó con una pensión que no alcanzaba para la farmacia. Y la única persona que apareció a pagar lo que ese sistema no pagaba lo hizo en secreto, sin cámaras, sin declaraciones, sin que nadie supiera.

 Te aviso cuando lleguemos a cada una. Y si te vas antes del final, te pierdes la cuarta. Y la cuarta es la que explica quién fue esa persona y por qué lo hizo. Guadalajara. 16 de enero de 1924. El país todavía cargaba lo que deja una revolución cuando termina. Polvo, promesas a medias y la sensación de que todo está por decidirse.

 Y en ese contexto, en una casa donde el apellido pesaba más que el dinero, nació María Cristina Estela Marcela Jurado García. Antes de que existiera Kryorado, existía una niña atrapada entre dos mundos que no conversaban entre sí. Su padre, Luis Jurado Ochoa, era abogado, un hombre de autoridad, de reglas, de reputación, el tipo de persona para quien el apellido es una responsabilidad, no un adorno.

 Su madre, Vicente Estela García de la Garza, cantaba en la radiodifusora XW. La voz que mucha gente en México escuchaba en sus casas. Por un lado la ley, por el otro el escenario. Y María Cristina creció justo en ese cruce. Los Jurado García no eran cualquier familia, habían sido terratenientes. En Jalisco, gente con tierras, con conexiones políticas, con un primo que llegó a ser presidente de México, Emilio Portes Hill, que gobernó el país entre 1928 y 1930.

En otras palabras, Katy nació con el tipo de apellido que abre puertas y también con el tipo de apellido que puede cerrarte para siempre si haces algo que manche el nombre. Pero la revolución no respetó apellidos. Las tierras que los Jurados García habían tenido durante generaciones se fueron.

 El dinero se encogió y quedó algo que es peor que la pobreza, la riqueza de la apariencia, el orgullo sin los bienes que alguna vez lo respaldaron. ¿Tú sabes cómo es eso? Haber tenido algo y tener que actuar como si todavía lo tuvieras cuando ya no está. Es un encierro que no necesita rejas, solo necesita el peso del que dirán.

 La familia la mandó a escuelas católicas. La enseñaron a caminar derecho, a hablar bajo, a no mirar más lejos de lo que una mujer de ese apellido debía mirar. La preparaban para ser abogada, para continuar la línea respetable de una casa que había perdido las tierras, pero no había perdido el orgullo. Y entonces la vio Emilio Fernández, el director más importante del cine mexicano de esa época, el que filmaba México con luz dura y silencios que pesaban.

 La vio siendo muy joven y quiso llevarla a la pantalla. El proyecto era La Isla de la Pasión, 1941. Imagínate eso. Tienes 16 años. Un director de cine llega y te dice que quiere que aparezcas en pantalla. Para cualquiera eso sería el sueño del que no despiertas. Para la familia Jurado García fue una alarma. La abuela habló de convento, el padre habló de internado.

 La respuesta fue directa y sin margen. Una hija de esta familia no se mete al cine. No se mezcla con actores, camerinos y rumores. El cine era brillo, sí, pero también era peligro. Y la familia eligió el orgullo sobre el brillo. Guarda este momento, porque lo que Katy hizo a continuación define todo lo que vino después. No lloró, no esperó, calculó.

  1. Katy tiene 15 años y firma un contrato, no un contrato con Hollywood, un contrato de matrimonio. El nombre del hombre era Víctor Velázquez, actor mayor que ella más de una década. Ya insertado en el mundo artístico que su familia quería mantenerla alejada. Y aquí está la primera cosa que te prometí contar.

 Ese matrimonio no fue un romance, fue una llave. En esa época en México, una mujer menor de edad estaba bajo tutela legal de su familia. No podía firmar contratos de trabajo, no podía actuar sin autorización de sus padres, no podía elegir. Pero si se casaba, esa tutela pasaba al esposo. Y si el esposo era alguien que no iba a oponerse a su carrera artística, ya entendiste.

Katy Jurado usó el único instrumento legal disponible para una mujer de su época y de su situación, el matrimonio. para comprometerse con un hombre, para salir del control de una familia que iba a encerrarla de por vida. Esta es la primera revelación y ya la tienes. Si eso te parece duro, espera. Porque lo que viene después muestra que ese instinto de calcular salidas, de encontrar la puerta antes de que te la cierren iba a servirle de mucho en Hollywood y una vez iba a fallarle de una forma que no pudo anticipar.

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