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JESÚS GIL lo diseñó todo. MARISOL YAGÜE entró en prisión. Él murió libre

JESÚS GIL lo diseñó todo. MARISOL YAGÜE entró en prisión. Él murió libre

El 29 de marzo de 2006,  la Policía Nacional detuvo a Marisol Yahweé antes de que amaneciera. 3 años antes, esa misma mujer había jurado el cargo de primera alcaldesa  en la historia de Marbella. Los periódicos la llamaron entonces el fin del Gilismo. Ese titular era mentira, no porque Yahwe lo fuera,  sino porque nadie, incluida ella, comprendía aún que el Gilismo no era un hombre, era una máquina. y ella llevaba años dentro.

Era el primer día de abril de 2006.  Marisol Yahweé cruzó las puertas de un centro penitenciario acompañada de otra exconcejal de Marbella. Las cámaras la esperaban. 3 años antes, esas mismas cámaras la habían fotografiado en el salón de plenos del Ayuntamiento de Marbella, sonriendo con la banda de alcaldesa puesta  por primera vez en la historia de la ciudad sobre sus hombros.

Entonces también la esperaban. Pero el significado de ese umbral era diferente. En agosto de 2003, los titulares hablaban de ella como de un símbolo. La primera mujer en gobernar Marbella, la concejal que se había atrevido a volverse contra el aparato del Hill para quitarle el sillón a Julián Muñoz, España la aplaudió.

Los periodistas que llevaban años cubriendo los desmanes  del gilismo escribieron que quizás quizás algo estaba cambiando en la ciudad que más  tiempo había vivido bajo un solo nombre. Lo que esos titulares no contaban era lo que Yahweeh diría años después en el estrado  de un tribunal.

 Él era el jefe y le debíamos lealtad. Ese él era Jesús Hill y Hill, el hombre que había convertido Marbella  en su feudo personal durante 11 años como alcalde. El hombre que había usado el dinero de los vecinos para pagar los costes de su club de fútbol. el hombre que había construido un sistema donde las licencias de obra tenían precio de mercado y los concejales cobraban en efectivo.

 Y el hombre que cuando la justicia le forzó a abandonar el sillón en 2002 no desapareció, simplemente eligió a su sustituta. Jesús Hill murió el 14 de mayo de 2004, 10 meses después de que Yahweé se convirtiera en alcaldesa.  murió sin ser juzgado, por lo que la operación malaya revelaría dos años después.

 Murió con el sistema que él había diseñado todavía, funcionando a pleno rendimiento, y murió dejando detrás a todas las personas que habían confiado en ese sistema. Marisol Yahweé era una  de ellas. ¿Qué sabía realmente sobre la red que la sostenía? cuando dejó de ser una pieza del tablero para convertirse  en una cómplice consciente, ¿fue la primera alcaldesa de Marbella o la última beneficiaria del gilismo? Y la pregunta que los archivos judiciales plantean sin responderla del todo, ¿puede alguien sobrevivir  12

años dentro de una máquina corrupta y salir inocente? Para entender eso hay que retroceder a 1995. Marbella en los años 90 era un estado de ánimo antes de ser una ciudad. Para el resto de España representaba algo concreto. El sol,  el lujo al alcance de quien pudiera pagarlo, los yates en el puerto, el nombre de los borbones circulando por las terrazas de las urbanizaciones  de la milla de oro.

 Y presidiendo todo eso con la soltura de quien nunca ha necesitado pedir permiso,  estaba Jesús Hill. Hill llegó al Ayuntamiento de Marbella en junio de 1991  con mayoría absoluta y la ciudad se lo dio una y otra vez. No era un político  al uso, era un empresario que hablaba sin filtro en televisión, que insultaba a sus rivales  con la satisfacción de quien sabe que nadie le puede castigar por ello, que presidía el Atlético de Madrid los mismos años en que gobernaba Marbella.

 Su nombre era, al mismo tiempo, el nombre de su partido, el grupo  independiente liberal, el guil, como si la identificación entre el hombre y la institución fuera algo natural, algo inevitable. Bajo ese paraguas entró Marisol Yahweé en 1995. Tenía 43 años. era concejal por primera vez  y ocupó su lugar en un gobierno municipal donde la lealtad al jefe no era una opción política, sino el principio organizador de todo.

 Dentro del Hill no se cuestionaba a Hill, se ejecutaban sus decisiones, se agradecían sus  favores, se devolvían las deudas. Lo que se fue construyendo en Marbella durante esos años no era visible desde fuera. Las licencias urbanísticas se firmaban en despachos a los que la prensa no tenía acceso. Los sobornos circulaban por una contabilidad paralela que su artífice, el asesor urbanístico Juan  Antonio Roca, mantenía con una meticulosidad que años después  dejaría sin argumentos a todos los que negaron saberlo.

Mientras tanto,  la ciudad crecía. Los bloques de apartamentos se levantaban sobre suelo que el planeamiento municipal destinaba a colegios y zonas  verdes. Los promotores pagaban y construían y el Ayuntamiento de Marbella seguía ganando elecciones. Hacia el año 2000, el gilismo empezaba a mostrar sus primeras señales de fragilidad.

 El caso camisetas, la investigación que demostró que fondos municipales habían sido usados  para patrocinar al Atlético de Madrid con el logo de Marbella en la camiseta, colocó a  Gil ante la justicia. En 2002, el Tribunal Supremo ratificó su inhabilitación durante 28 años. Gil abandonó el ayuntamiento el 24 de abril de 2002.

 Yahwe seguía  dentro, pero lo que los vecinos de Marbella y los periodistas que cubrían el caso no terminaban de ver era lo que  ocurría por debajo de los titulares. La maquinaria que Gill había puesto en marcha no se había  detenido con su salida. Juan Antonio Roca, el hombre que la dirigía en la  sombra, seguía en su puesto y los concejales que habían sobrevivido al gilismo seguían en sus despachos, gestionando el día a día de una ciudad que, sin que nadie lo hubiera anunciado todavía, ya estaba técnicamente en quiebra. 

Para entender por qué Marisol Yahwé siguió dentro del sistema durante todos esos años, hay que entender qué era ser mujer en la política española  de los 90 y en particular qué era ser mujer en el entorno de Jesús Hill. Hill no era conocido por su sensibilidad hacia las mujeres  en política.

era conocido exactamente por lo contrario. Su estilo era el del cacique clásico, el hombre que reparte cargos y favores entre los suyos con la naturalidad del que cree que la cosa pública es, en el fondo, un asunto privado. En ese  entorno, una mujer que llegaba a concejal no llegaba como excepción ni como símbolo, llegaba como lealtad premiada.

Yahwe había construido su  posición dentro del Hill a lo largo de años a base de no contradecir, de ejecutar, de estar disponible. Eso no era ingenuidad. Era la única forma de sobrevivir en un partido donde el jefe se llamaba a sí mismo jefe sin ironía. Y en esa dinámica, la lealtad tenía una recompensa concreta, el cargo, la visibilidad, el acceso a la primera línea de la política municipal en una de las ciudades más mediáticas de  España.

 Cuando Jesús Hill organizó la moción de censura contra Julián Muñoz en agosto de 2003, una maniobra que, según la propia Yahweh, fue organizada por Hill, el mensaje era claro. El jefe la había elegido a ella, no a otro, a ella. primera alcaldesa de Marbella. Con ese nombramiento llegaba no solo el cargo, sino algo más difícil de medir, la sensación de que todos los años de lealtad habían tenido sentido.

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