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JC CHAVEZ JR: LA ASQUEROSA RAZÓN POR LA QUE TERMINÓ PRESO

JC CHAVEZ JR: LA ASQUEROSA RAZÓN POR LA QUE TERMINÓ PRESO

campeón mundial del peso medio del Consejo Mundial de Boxeo. 52 victorias profesionales con 32 knockouts. Y ese mismo hombre, esposado con los ojos vendados sobre el asiento trasero de una camioneta militar, llevado a una cárcel de máxima seguridad del norte del país, casado con la viuda del hijo del Chapo Guzmán.

 Y lo peor, traicionado en cadena nacional por su propio padre, Julio César Chávez, con una asquerosa frase que le rompió el corazón adentro de la celda federal. Hoy vas a saber como el hijo del más grande campeón mexicano pasó del cuadrilátero internacional a una asquerosa celda federal. Y lo más oscuro, como el Chapo Guzmán le arruinó la vida sin haberlo tocado nunca.

 Pero antes debe saber cómo llegó ahí Julio César Chávez Junior. El 16 de febrero del año 1986, dentro de una casa pintada de blanco del barrio del Tierra Blanca de la ciudad de Culiacán del estado de Sinaloa, nació un muchacho que iba a cargar sobre los hombros durante los siguientes 40 años cumplidos el peso aplastante de un solo apellido.

Chávez, el apellido más grande del boxeo mexicano de toda la historia. Llenaba estadios completos durante los años 80. Ganó 107 peleas profesionales sin perder una sola durante 13 años continuos y aparecía sobre las portadas de todas las revistas deportivas del país durante el mismo periodo exacto.

 El niño se llamaría también Julio César, pero con un junior pegado al final del nombre para distinguirlo del padre. Y ese Junior iba a marcarlo para siempre porque cargar el nombre completo del más grande boxeador mexicano de la historia dentro del barrio del Tierra Blanca de la ciudad de Culiacán del estado de Sinaloa iba a pesarle como una condena silenciosa durante el resto de los siguientes 40 años del calendario adulto.

 La madre del niño se llamaba Amalia Carrasco Cárdenas. Tenía 24 años cumplidos. Era madre soltera durante los primeros dos años del muchacho, mientras el padre legendario peleaba sin parar dentro del cuadrilátero internacional. Porque cuando nació Julio César Chávez Junior, el padre estaba en Las Vegas defendiendo un cinturón mundial, 3,000 km lejos del barrio del Tierra Blanca, 3,000 km lejos de la mano izquierda del muchacho recién nacido.

 El padre llegó a conocer al hijo 5co días después del nacimiento. bajó de una camioneta blanca con dos guardaespaldas armados, cargó al niño durante 40 segundos, le dio un beso en la frente, le entregó a la madre un sobre con $2,000 al contado y se subió nuevamente al vehículo rumbo al aeropuerto regional. El padre estuvo presente en la vida del muchacho durante el resto de la infancia, pero estuvo presente como una sombra gigantesca, no como un papá.

 Una sombra que llenaba la sala de la casa familiar con cinturones mundiales colgados sobre las paredes pintadas de blanco, que aparecía dentro del televisor cada mes con peleas internacionales transmitidas por la cadena Televisa y que regresaba al barrio del Tierra Blanca cada 3 meses con maletas llenas de dinero en efectivo, regalos importados del lado estadounidense, fotografías firmadas para los vecinos del barrio popular y siempre se iba a Las Vegas.

a Atlantic City, a Madison Square Garden, a Tokio, a Río de Janeiro, a todos los rincones del cuadrilátero internacional del boxeo profesional mundial durante toda la primera década completa de la vida del muchacho del barrio del Tierra Blanca de la ciudad de Culiacán, del estado de Sinaloa, el pequeño Julio César Chávez Jor creció dentro de aquella casa pintada de blanco del barrio popular, escuchando la voz del padre por el teléfono familiar de marca Sony del año 87.

Una llamada por semana, 5 minutos por llamada, 500 km de distancia mínima entre la voz del padre legendario y la oreja del muchacho de la casa del barrio del Tierra Blanca. A los 5 años, el padre le regaló al niño un par de guantes profesionales rojos de la marca Reyes, talla extra chica, bordados con el logotipo del Consejo Mundial de Boxeo.

 A los 7 años le construyó un gimnasio privado completo dentro del patio trasero de la casa pintada de blanco. A los 8 años, el muchacho del barrio del Tierra Blanca subió por primera vez a un cuadrilátero amateur del gimnasio Las Águilas del centro histórico de la ciudad de Culiacán. Su primera pelea Mateur frente a otro muchacho del mismo barrio popular.

 Ganó por knockout técnico durante el segundo asalto del combate a Mateur y la prensa deportiva del estado fronterizo de Sinaloa publicó al día siguiente un titular específico que iba a marcar el rumbo del resto de la vida. adulta del muchacho del barrio del Tierra Blanca, nace el heredero del César. Esa frase publicada dentro del periódico El debate del centro histórico de la ciudad de Culiacán, el sábado 22 de mayo del año 1994, a las 6:14 de la mañana del estado fronterizo de Sinaloa, fue la primera de un total de 200,000 notas periodísticas

que iban a comparar al muchacho con el padre legendario durante los siguientes 30 años continuos de la vida adulta. El muchacho jamás iba a salir de aquella comparación silenciosa y aquella comparación silenciosa iba a empujarlo 30 años más tarde hacia el primer arresto formal del servicio de inmigración y control de aduanas estadounidense durante la madrugada del miércoles 2 de julio del año 2025 dentro de una mansión rentada del distrito residencial de Studio City del condado de los Ángeles del estado de California

del lado norteamericano. Pero estamos adelantándonos. A los 12 años de edad, durante el verano del año 1998, el muchacho del barrio del Tierra Blanca empezó a esnifar cocaína por primera vez dentro del baño público del gimnasio Las Águilas, del centro histórico de la ciudad de Culiacán. Tenía 12 años cumplidos.

 Pesaba 32 kg sobre la báscula del gimnasio. Medía 1,52. cargaba sobre el cuerpo profesional cuatro cinturones amateur del estado fronterizo de Sinaloa y empezó a esnifar cocaína por insistencia silenciosa de tres compañeros mayores del mismo gimnasio Amateur, tres muchachos del barrio popular del Tierra Blanca, hijos de pescadores del puerto de Topolobampo, que le ofrecieron una raya pequeña sobre el ababo del baño público del gimnasio durante una tarde de verano del año 98.

Julio César Chávez Junior aceptó la raya sin pensarlo durante 12 segundos completos. Esnifó la cocaína por la fosa nasal derecha del rostro adolescente. Sintió el polvo blanco entrar a la sangre del cuerpo prepú 14 segundos seguidos. El corazón empezó a latir a 200 pulsaciones por minuto adentro del pecho de 12 años cumplidos.

y la euforia silenciosa de la primera dosis de clorhidrato pura del barrio popular del Tierra Blanca lo agarró durante los siguientes 21 minutos completos del verano sinaloense y se enganchó al instante. A los 14 años, el muchacho ya consumía 2 g diarios de cocaína pura del barrio popular sinaloense.

 pesaba 41 kg, medía 1,62 y cargaba sobre el cuerpo profesional adolescente seis cinturones amateur adicionales. El padre Julio César Chávez Senior no se enteró de la adicción del hijo durante los siguientes 6 años continuos del calendario familiar. Estaba demasiado ocupado defendiendo cinturones mundiales sobre el cuadrilátero internacional, bebiendo tequila reposado dentro de los bares privados de Las Vegas y peleando contra sus propias adicciones personales durante toda la década completa.

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