Posted in

IRMA SERRANO: La CACHETADA que le dio al PRESIDENTE… y la ESPOSA que la DESTRUYÓ para SIEMPRE

IRMA SERRANO: La CACHETADA que le dio al PRESIDENTE… y la ESPOSA que la DESTRUYÓ para SIEMPRE

Primero de marzo de 2023. Rancho Las Querendas, Chiapas. No hay reflectores, no hay mariachis, no hay cámaras de televisión esperando en la entrada. Solo el silencio espeso de la selva chiapaneca, el calor húmedo de la mañana y una mujer de 89 años que se queda dormida por última vez en la tierra que la vio nacer.

 Su corazón se detiene a primera hora de la mañana, sin aviso, sin agonía, con la misma bravura con que vivió todo lo demás. Su sobrina María del Carmen Serrano es quien da la noticia al mundo y en menos de una hora el nombre de Irma Serrano inunda los titulares de México entero. Pero lo verdaderamente inquietante no es su muerte.

 Lo verdaderamente inquietante es lo que su muerte destapa, porque en los días que siguen, mientras el país le rinde homenajes y los programas de espectáculos repasan su carrera, empieza a emerger pedazo a pedazo la historia completa de una mujer que durante seis décadas vivió de una manera que nadie más se atrevió a vivir. Una mujer que amó a un presidente, que le robó regalos del Estado, que entró a Los Pinos con mariachis, que le dio una cachetada al hombre más poderoso del país y que sobrevivió para contarlo.

 Una mujer a la que la esposa de ese presidente intentó destruir usando el poder del gobierno y que respondió haciendo algo que ninguna amante presidencial había hecho antes. Sentarse en el mismo Senado de la República donde sus enemigos creían haberla enterrado para siempre. 35 años antes, en 1968, esa misma mujer caminaba por los pasillos del hotel del Prado, en la Ciudad de México, con un vestido rojo de escote pronunciado y el maquillaje recargado, que ya era su sello inconfundible. Tenía 34 años.

 Era una de las actrices más reconocidas del cine mexicano, con más de 20 películas en su haber, con canciones que sonaban en la radio de todo el país, con una presencia escénica que hacía que los hombres más poderosos de México se pusieran de pie cuando ella entraba a un cuarto. Y esa noche, en una reunión privada a la que solo asistían figuras del gobierno y del mundo de los negocios, conoció a un hombre feo, con anteojos gruesos, con una mirada que muchos describían como intimidante, con las manos de alguien que había subido desde muy abajo hasta

el lugar más alto del país. Ese hombre era Gustavo Díaz Ordaz, presidente de la República Mexicana, casado, padre de familia. Y en ese momento, a unos pocos meses de ordenar la masacre más sangrienta de la historia moderna de México, Irma Serrano lo miró durante un instante y decidió con la misma velocidad con que tomaba todas sus decisiones que ese hombre le interesaba.

Pero detrás de esa imagen había algo que nunca se quiso mirar de frente. 6 años de regalos, de poder, de secretos y de un final que nadie en la historia del espectáculo mexicano había protagonizado. Un final con cachetada. Hoy vas a descubrir cuatro cosas que cambian por completo lo que muchos creían saber sobre Irma Serrano.

Primero, como una niña nacida en la miseria de Chiapas en 1933, hija de un padre que la abandonó y de una madre que sobrevivió cociendo ropa ajena, terminó convirtiéndose en la actriz más escandalosa del cine de oro mexicano, en amante del presidente más sanguinario del siglo XX y en senadora de la República, todo en una sola vida.

Segundo, ¿qué ocurrió realmente durante los 6 años que Irma Serrano y Gustavo Díaz Ordaf se vieron en secreto? ¿Qué le regaló él usando bienes que pertenecían al Estado mexicano? ¿Qué ocurrió la noche en que ella se presentó en Los Pinos con Mariachis a cantarle en la cara a la esposa del presidente? ¿Y qué pasó cuando el presidente bajó a agradecerle la serenata y se encontró con algo que ningún mandatario en la historia del país había recibido jamás, una bofetada.

 Tercero, como Guadalupe Borja, la primera dama, usó el poder del Estado mexicano para intentar destruir la carrera de Irma Serrano. ¿Cómo activó al secretario de Gobernación para vetarla? ¿Cómo la bloqueó de contratos, de películas, de apariciones en televisión? ¿Y por qué ese veto, lejos de acabar con Irma la convirtió en una leyenda? Y cuarto, como el amor verdadero de la vida de Irma Serrano no fue el presidente, sino un empresario llamado Alejo Peralta, un hombre que murió en 1997 sin haberle dado el hijo que ella quiso tener hasta el final. ¿Y por qué Irma a

los 70 años intentó quedar embarazada con el esperma que él había guardado antes de morir? En este vídeo verás fragmentos de su libro A calzón amarrado, donde ella misma relató: declaraciones que dio en vida en programas como El minuto que cambió mi destino, testimonios de sus compañeros de la farándula y los registros históricos de la época de Día Zordaz que confirman lo que Irma siempre dijo.

 Pero para entender por qué una mujer chiapaneca criada en la pobreza terminó abofeteando a un presidente en funciones, primero hay que volver al principio. Porque para entender el valor de Irma Serrano, primero hay que entender de dónde sacó ese valor. Todo comenzó el 9 de diciembre de 1933 en Chiapas de Corzo, Chiapas, un pueblo colonial a orillas del río Grijalba, donde el calor y la humedad son constantes, donde las flores de Bugambilia crecen sobre las paredes de adobe y donde la miseria de los años 30 en el sureste mexicano se sentía en cada

casa, en cada mesa, en cada par de zapatos rotos. Irma Consuelo Cielo Serrano Castro llegó al mundo en ese contexto. Su padre era un hombre que no se quedó. Su madre, una mujer de carácter duro, forjado por la necesidad, que cocía ropa ajena para mantener a sus hijos y que le enseñó a Irma desde muy niña dos cosas fundamentales.

 La primera, que nadie iba a venir a salvarla. La segunda, que si quería algo en esta vida, tenía que ir a buscarlo ella misma con los pies descalzos si era necesario. Pero ir Chiapas de los años 40 era en términos prácticos otro país dentro de México, mientras la capital vivía el auge del cine de oro, mientras Pedro Infante y Jorge Negrete llenaban los cines, mientras María Félix y Dolores del Río eran portada de las revistas.

 En el sureste mexicano la gente vivía en una realidad tan distinta. que la ciudad de México podría haber sido otro continente. Irma Serrano creció en ese mundo de dos velocidades. Creció escuchando la radio cuando había electricidad, viendo de lejos los carteles de las películas cuando alguien los pegaba en la pared del mercado, soñando con un escenario que no existía en su pueblo, pero que ella podía imaginar con una claridad sobrenatural.

Tenía algo. Desde muy pequeña, todos en Chapa de Corzó lo veían. una presencia, una manera de ocupar el espacio que era distinta a la de los demás niños. Cuando Irma entraba a un cuarto, el cuarto cambiaba. No sabías exactamente por qué, pero cambiaba. A los 15 años, Irma Serrano tomó la primera decisión grande de su vida. decidió irse.

 Decidió dejar Chiapas, dejar a su madre dejar la pobreza conocida y lanzarse a la ciudad de México con lo que cabía en una maleta de cartón y con la certeza irracional, pero inquebrantable de que ahí había algo esperándola. Llegó a la capital en 1948. Tenía 15 años. No conocía a nadie. No tenía contactos en la industria.

 No tenía dinero para pagar más de una semana de renta en una vecindad de la colonia Guerrero. Lo que tenía era una voz, una figura. y esa presencia que hacía cambiar los cuartos. Y lo que hizo con eso fue lo único que una mujer en su posición podía hacer. Empezó a tocar puertas una por una con la paciencia de quien no tiene nada que perder porque no tiene nada.

Read More