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HARFUCH GOLPEA DE NUEVO: cae el séptimo alcalde y esta foto lo cambia todo

HARFUCH GOLPEA DE NUEVO: cae el séptimo alcalde y esta foto lo cambia todo

Hay un video. Dura poco. La imagen tiembla, pero ahí está todo. Una mesa, hombres sentados alrededor y en una de las cabeceras un sujeto con chaleco balístico y un arma larga apoyada cerca. Lo que ves no salió de una película. Es una reunión real grabada en algún punto del oriente de Morelos.

Dos de los que están en esa mesa eran en ese momento presidentes municipales electos, gente que iba a gobernar, que iba a mandar sobre la policía, que iba a decidir sobre la seguridad de miles de personas y ahí estaban sentados frente a un hombre rodeado de fusiles. Esa grabación es el motivo por el que hoy el alcalde de Cuautla duerme en un penal federal de máxima seguridad en Sonora.

Antes de que sigamos, déjame el like, dale al botón de hype que está ahí mismo si me ves desde el celular y suscríbete, porque lo que vamos a desarmar hoy es una de las piezas más claras de cómo el crimen se sienta en la silla del poder municipal en México. El sábado 6 de junio de 2026, la Fiscalía General de la República informó algo que llevaba más de un año cocinándose.

Un juez federal con sede en Hermosillo vinculó a proceso a Jesús Corona Damián, presidente municipal de Cuautla, por delincuencia organizada y extorsión. La audiencia se alargó más de 24 horas. Su defensa peleó cada minuto. Al final, el juez ratificó la prisión preventiva oficiosa y fijó 4 meses para cerrar la investigación complementaria.

Corona seguirá ese proceso desde el Centro Federal de Readaptación Social número 11. el penal conocido como CPS Sonora, lejos de Cuautla, lejos de su gente y lejos sobre todo de la estructura que durante años lo protegió. Pero para entender por qué este caso importa más allá de un alcalde caído, hay que volver al video, porque ese video no apareció la semana pasada, apareció hace mucho y lo que tardó en convertirse en una orden de aprensión, cuenta una historia que tiene que ver contigo, con tu municipio, con el dinero

que pagas de impuestos y con quién decide a quién se extorsiona en tu calle. Vamos por partes. Primero, ¿qué pasó en términos claros? Jesús Corona Damián fue detenido el 30 de mayo de 2026 en Acapulco en la colonia Costa Azul. No estaba en Cuautla. Llevaba alrededor de 10 días prófugo esquivando una orden de apreensón que ya tenía nombre y apellido.

Cuando los agentes lo ubicaron, le aseguraron una pistola. Ese detalle, el arma va a regresar más adelante porque dice mucho sobre la gente que se mueve en este nivel. La captura se dio dentro del operativo enjambre. Si no conoces el término, te lo explico rápido. Enjambre es la estrategia federal que se dedica a investigar los vínculos entre autoridades municipales y el crimen organizado, alcaldes, directores de policía, regidores, la gente que en teoría debería cuidarte.

El operativo lo instruyó la presidenta Claudia Shainbaum y lo coordina el gabinete de seguridad que encabeza Omar García Harfuch. Y aquí entra el dato que da título a todo esto. Con la caída de corona, ya son siete los presidentes municipales en funciones detenidos dentro de enjambre. Siete alcaldes activos sentados en su silla gobernando hasta que la federación tocó la puerta.

Más de 85 funcionarios y exfuncionarios en total. Esa cifra la sostiene el propio gabinete de seguridad. Siete alcaldes, detente a pensarlo un segundo y para que dimensiones de dónde sale ese número, hay que rebobinar hasta el origen del operativo, porque enjambre no empezó en Morelos ni empezó este año. Arrancó el 22 de noviembre de 2024 en el Estado de México, apenas unas semanas después de que Shainbound asumiera la presidencia.

Aquella madrugada, fuerzas federales y estatales salieron a cumplir 14 órdenes de aprensión en varios municipios al mismo tiempo. Cayeron siete en esa primera tanda, entre ellos la alcaldesa de Amanalco y varios directores de seguridad pública de municipios mexiquenses. Desde entonces, el operativo no paró, se extendió a por lo menos 10 estados del país, Jalisco, Puebla, Tlaxcala, Chiapas, Morelos.

Para mediados de 2026, los recuentos periodísticos hablaban de más de 140 servidores públicos detenidos en total desde el arranque entre alcaldes, exalcaldes, presidentes municipales electos, directores de seguridad, tesoreros y secretarios de ayuntamiento. La cifra exacta baila según quién la cuente y qué fecha se tome, porque crece casi cada semana, pero la dirección es clara, el cerco se ensancha y los casos atraviesan todo el espectro político, lo cual conviene subrayar.

Han caído alcaldes y exalcaldes ligados a Morena, también de Movimiento Ciudadano, también del Verde, presidentes municipales de Jalisco, de Puebla, de Tlaxcala, de Chiapas, señalados por delitos que van de la extorsión al secuestro y al homicidio. No hay un partido limpio en esta lista y eso, lejos de ser un detalle menor, es la prueba más clara de que la captura criminal del municipio es un problema de diseño del Estado mexicano, no de una sola fuerza política.

Y hay un dato del Estado de México que pone en perspectiva el peso real de todo esto. Allá donde el operativo lleva más tiempo, una veintena de exfuncionarios ya recibió sentencia. Sumadas, esas condenas superan los 11 años de prisión. O sea, que enjambre no se quedó en el espectáculo de la captura. En el estado pionero ya empezó a producir castigo firme.

Ese es el rasero contra el que habrá que medir lo que pase en Morelos. El propósito del operativo, en palabras del propio gobierno, es desarticular las redes de protección que el crimen organizado teje dentro de los gobiernos municipales y las policías locales. Participan la Defensa, la Marina, la Guardia Nacional, la Fiscalía, el Centro Nacional de Inteligencia y las Corporaciones estatales.

En los hechos, casi toda la fuerza del Estado mexicano apuntando hacia adentro, hacia sus propios funcionarios. Eso en un país acostumbrado a la impunidad de la clase política local por sí solo. Ahora, ¿cómo se sabe todo esto? Aquí es donde el video vuelve a la mesa. Literal. La grabación que mencioné al principio muestra a los entonces presidentes municipales electos de Cuautlá y de Atlatlahucan, sentados frente a un hombre al que las autoridades identifican como Júpiter Araujo Bernard, alias el Barbas, señalado como el operador del cártel de

Sinaloa en el oriente de Morelos. En la imagen, el Barbas porta chaleco balístico. A su alrededor, hombres con armas que la propia fiscalía describió como de uso exclusivo del ejército. Cuando la fiscalía especializada en materia de delincuencia organizada vio esas armas en el video, atrajo el caso de inmediato.

Porque una cosa es un político tomándose una foto incómoda. Otra muy distinta es un político electo sentado a la mesa con un hombre rodeado de fusiles militares. La diferencia entre esas dos lecturas es justo lo que un proceso penal tiene que demostrar. Aquí viene el primer matiz importante y quiero que lo tengas presente todo el video.

Lo que el video prueba es que hubo una reunión. Lo que la fiscalía sostiene es que esa reunión es parte de una relación de colaboración. Corona se presume inocente mientras no haya sentencia. Eso lo dice la propia FGR en su comunicado y nosotros lo respetamos. Si aparece prueba pública, cambia la lectura, pero el peso de lo que un juez ya consideró suficiente para vincularlo a proceso está ahí sobre la mesa.

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