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¡HARFUCH CAZA al ALCALDE de SAN LUIS POTOSI con ARMAMENTO de USO EXCLUSIVO MILITAR y DINERO! 

¡HARFUCH CAZA al ALCALDE de SAN LUIS POTOSI con ARMAMENTO de USO EXCLUSIVO MILITAR y DINERO! 

Atención, México. Harfuch lideró un brutal operativo donde elementos del ejército reventaron una base, un búnker lleno de sicarios. Omar García Haruch ordenó el operativo la noche anterior. Lo que sus equipos encontraron al romper el cerco esa madrugada no era un campamento improvisado de narcos en la sierra de Nayarit.

 Era una instalación táctica diseñada para resistir un asalto federal. Y lo que ningún noticiero te dijo es esto. Esos 118 cargadores recuperados estaban todos cargados. Todos. Eso no es un campamento de descanso. Eso es una fortaleza calculada para sostener 90 minutos de combate activo antes de que lleguen los refuerzos.

 El grupo adentro no esperaba rendirse, pero hay algo más que los noticieros no te van a contar. Los cuatro menores de edad que estaban dentro de esa base no llegaron ahí por accidente. Aparecen en un documento interno del grupo recuperado durante el aseguramiento, registrados bajo una categoría específica. Eso lo vamos a abrir en este video.

 Y hay una pregunta que este operativo dejó sin responder públicamente, una que tiene que ver con quién sabía lo que venía, cuánto tiempo antes lo supo y desde qué institución se filtró esa información. Esa pregunta tiene nombre en los archivos de Harf. Pero hay algo que los noticieros no te van a contar. Quédate porque el operativo duró 24 minutos y cada uno de esos minutos cuenta una historia diferente.

 El municipio de Acaponeta está en el extremo norte de Nayarit, a menos de 40 km de la frontera con Sinaloa. No es una ciudad, es un corredor, una franja de tierra entre sierra y costa, por donde durante décadas han circulado cargamentos, personas y órdenes que nunca aparecen en ningún registro oficial. La localidad del Duraznito no aparece en los mapas turísticos.

 Es una mancha verde en la fotografía satelital. Vegetación densa, caminos de terracería sin señal de celular estable, con una sola entrada principal que cualquier vigía puede controlar desde 200 m de distancia. Ese era el punto. No era un escondite improvisado, era una elección táctica. El grupo que operaba en ese campamento no era una célula menor.

 14 armas largas de distintos calibres, incluyendo rifles de asalto en configuración 7,62 y 5,56. Cuatro chalecos tácticos con placas balísticas, 10 fornituras completas. Ese equipo no se consigue en un mercado negro de fin de semana. Ese equipo se solicita, se espera, se recibe en un cargamento coordinado. Alguien con estructura y con recursos lo autorizó.

La temperatura esa madrugada en la sierra de Acaponeta era de 16 ºC. El aire olía a tierra húmeda y a pino quemado. Ese olor específico de las noches de mayo en la Sierra Nayarita, cuando la temporada de lluvias todavía no llega, pero la humedad ya se siente en el pecho. Los hombres en el campamento llevaban horas despiertos.

Algunos dormían por turnos, los vigías rotaban cada 2 horas. Lo que ninguno de ellos sabía es que llevaban 11 días siendo observados. Y entonces llegó el dato que lo cambió todo. La 1tercera zona militar había registrado actividad inusual en ese corredor desde el 15 de mayo. No era una sospecha, era una certeza con coordenadas.

 Y esa certeza llegó al escritorio de Harfuch con una recomendación: actuar antes del fin de semana. Nadie en ese campamento era estúpido, eran arrogantes. Y la diferencia entre estúpido y arrogante es que el arrogante toma decisiones que funcionaron antes y asume que volverán a funcionar. Esa arrogancia los mató en tres movimientos. Los tres en orden.

 El primero lo cometieron tres semanas antes. El comandante del grupo tomó la decisión de mover la base de operaciones desde un rancho cercano a Tecuala, más expuesto, más visible desde carretera federal hacia el duraznito. La lógica era impecable. Más cobertura vegetal, menos tráfico vehicular, acceso controlable desde un solo punto de entrada.

 Era la decisión correcta si nadie te estuviera mirando desde arriba. Lo que el comandante no sabía era que un dron de reconocimiento de la 1 decimtercera zona militar llevaba 11 días sobrevolando ese corredor en patrones de vuelo nocturnos a 4,000 pies de altitud con cámara infrarroja de segunda generación. El movimiento de vehículos desde Tecuala hacia el duraznito fue registrado, analizado y marcado.

 No se ocultaron, señalaron solos. Ese fue Pumbel primero, el segundo error lo cometieron 5 días antes. Llegó un cargamento, los 14 fusiles, los 118 cargadores, la granada. El protocolo del grupo indicaba dispersión, dividir el armamento en al menos tres puntos distintos para que un solo golpe no comprometiera la capacidad total.

 El comandante decidió concentrarlo todo en el duras nito. La justificación tenían una operación planeada para el fin de semana y necesitaban los recursos unificados. Eficiencia logística, control centralizado. Pareció inteligente. Lo que no sabía era que el incremento de actividad vehicular en las 48 horas posteriores al cargamento fue detectado por inteligencia aérea.

 Tres vehículos entrando, dos saliendo, patrones de movimiento inconsistentes con actividad rural normal. El campamento dejó de ser una sospecha y se convirtió en objetivo prioritario. Detente un segundo aquí porque lo que sigue es peor. El tercer error lo cometió el comandante a las 3:14 de la madrugada del 26 de mayo.

 Uno de los vigías reportó por radio frecuencia 154,370 MHz, la que usaban para comunicación interna que había escuchado movimiento en la loma norte. Pasos no ganado, dijo. Pasos humanos. El comandante lo descartó en 16 segundos. Dijo que era ganado, que ya había habido falsas alarmas antes, que no levantaran la guardia porque necesitaban dormir.

 Ordenó silencio en la frecuencia. No activó el protocolo de dispersión, no movió a los menores, no mandó un segundo vigía a verificar. Lo que no sabía era que ese movimiento en la Loma Norte era el equipo de avanzada del ejército, completando el último arco del cerco. Para cuando el vijía intentó reportar de nuevo, la frecuencia ya estaba intervenida.

 El ejército llevaba escuchando los 40 minutos. Ese tercer error fue lo último que calculó mal, porque esa madrugada Harfush ya tenía todo lo que necesitaba. A las 2:47 de la madrugada del 26 de mayo, las primeras unidades del ejército mexicano comenzaron a moverse desde su punto de concentración hacia el duraznito, sin sirenas, sin luces.

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