HARFUCH CATEA la CLÍNICA DETOX de PUEBLA y REVELA CÓMO SACARON a BLANCA ADRIANA SIN VIDA
una mujer de 37 años que desapareció tras acudir junto a su esposo a la clínica estética Detox Clínica. Así desapareció Blanca. Atención, atención. Una mujer de 37 años entró caminando a una clínica en Puebla el 18 de mayo. Salió en un bulto. Su esposo fue sacado con engaños mientras el procedimiento ocurría.
La clínica amaneció vacía al día siguiente. El cuerpo de Blanca Adriana Vázquez apareció tres días después en una zanja de aguas negras en Atlayanca. Tlacala. La mujer que operaba esa clínica no tenía cédula profesional, ni ella ni su hijo han sido detenidos y las cámaras de seguridad grabaron todo. Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, leyó el reporte una vez, cerró el folder y activó el protocolo de búsqueda con coordinación entre Puebla, Tlaxcala y la Fiscalía General de la República antes de que los
medios locales terminaran de publicar la primera nota. Pero hay algo que los noticieros no te van a contar. El esposo de Blanca no se fue por voluntad propia, lo convencieron de salir. Alguien en esa clínica lo distrajo, lo entretuvo, lo movió del lugar con una historia que todavía no ha sido explicada en ningún comunicado oficial.
Y cuando él regresó ya no había nada. Esa pregunta tiene nombre en los archivos de Arfuch. Quédate hasta el final porque en este video vas a saber exactamente qué pasó desde el momento en que Blanca Adriana cruzó la puerta de esa clínica en Puebla, hora por hora. lo que las cámaras captaron, lo que los peritos encontraron cuando llegaron al lugar, lo que había dentro de ese consultorio que no era consultorio y quién es la persona que todavía está libre y cuya historia, según los investigadores, no termina con Diana Alejandra Pala Fox Romero ni con
su hijo Carlos. También vamos a hablar de algo que afecta a miles de familias en este país. Las clínicas estéticas, sin registro, sin cédula, sin protocolos de emergencia que operan en colonias residenciales con nombres que suenan a salud y a tecnología y que nadie supervisa hasta que algo sale muy mal. Porque el caso de Blanca no es el primero y si no se hace algo, no vas a ser el último.
Vamos a empezar desde el principio. Blanca Adriana Vázquez tenía 37 años. vivía con su esposo en Puebla. Trabajaba, tenía una vida ordinaria cotidiana, del tipo que no genera titulares hasta que algo la destroza. A finales de abril de 2026 contactó a la clínica Detéox, un establecimiento ubicado en la ciudad de Puebla que se anunciaba en redes sociales como especialista en procedimientos de reducción de grasa, moldeado corporal y tratamientos estéticos no quirúrgicos.
La clínica tenía presencia en redes, fotos de antes y después, testimonios, precios que no eran baratos, pero tampoco eran los de una clínica de lujo. El tipo de oferta que parece razonable, el tipo de oferta que miles de mujeres en México consultan cada semana desde el celular, sentadas en la cocina o en la sala, mientras la televisión está prendida de fondo.
Blanca agendó una cita. El procedimiento reducción de grasa, una práctica que en clínicas certificadas con personal médico real y equipo registrado tiene protocolos específicos, requiere valoración previa, historial clínico con sentimiento informado. En la clínica Detéox lo que existía era otra cosa. El 18 de mayo de 2026, Blanca y su esposo llegaron juntos al lugar. Eso es importante.
Él estaba ahí. entró con ella, pero en algún momento durante esa tarde alguien en la clínica le dijo al esposo que necesitaba salir. La versión exacta de lo que le dijeron no ha sido confirmada oficialmente, pero el resultado fue el mismo. Él salió solo y Blanca se quedó adentro. Eso no fue un accidente, eso fue un movimiento deliberado.
Cuando el esposo regresó, Blanca no estaba. La clínica todavía estaba abierta en ese momento, pero algo en el ambiente ya era distinto. Las personas que atendían el lugar le dieron explicaciones que no cuadraban. Le dijeron que el procedimiento había terminado, que Blanca había salido antes, que seguramente ya estaba en camino a casa.
Él llamó a su celular, no contestó. Esa noche Blanca Adriana Vázquez fue reportada como desaparecida. La familia presentó la denuncia ante la Fiscalía del Estado de Puebla. En paralelo, empezaron a buscar por su cuenta. Regresaron a la clínica y lo que encontraron cuando llegaron al día siguiente, el 19 de mayo, fue una clínica vacía.
Diana Alejandra Palafox Romero, quien se presentaba ante sus clientes como doctora y quien operaba el establecimiento, había desaparecido. Su hijo Carlos también. El lugar estaba abandonado con una velocidad que no deja margen para pensar que fue una decisión espontánea. Alguien sabía lo que venía y salió antes de que llegara.
Los investigadores de la Fiscalía de Puebla solicitaron de inmediato las grabaciones de las cámaras de seguridad del exterior del edificio donde operaba la clínica. Lo que encontraron en esas grabaciones es el elemento que convirtió una denuncia de desaparición en una investigación por probable homicidio. Las cámaras captaron el momento en que Diana Alejandra y su hijo Carlos subían un bulto a un vehículo.
Un bulto del tipo que tiene un tamaño y un peso que no corresponde a maletas ni a equipo médico. El tipo de imagen que los peritos en video forense analizan cuadro por cuadro porque el detalle importa, porque el tamaño importa, porque la manera en que dos personas cargan algo juntas, con cuidado o con urgencia dice cosas que las palabras no dicen.
Ese video existe, está en manos de los investigadores y fue uno de los primeros elementos que se presentaron cuando la coordinación entre la Fiscalía de Puebla y las autoridades de Tlaxcala se activó formalmente porque Blanca no apareció en Puebla. El 21 de mayo de 2026, 3 días después de su desaparición, el cuerpo de Blanca Adriana Vázquez fue localizado en Atelzayanc Laxcala, en una zanja de aguas negras.
a kilómetros de la clínica donde entró caminando el 18 de mayo. Atelzayanca es un municipio pequeño al norte de Tlaxcala con menos de 20,000 habitantes. Una carretera que pasa campos, el tipo de lugar donde algo se puede arrojar con la expectativa de que tarde en encontrarse. Tardó 3 días. Los peritos que procesaron la escena del hallazgo trabajaron bajo los protocolos de cadena de custodia que la Fiscalía General de la República exige en casos de esta naturaleza.
La identidad de Blanca fue confirmada. La causa de muerte está siendo determinada por el servicio médico forense. Los resultados periciales completos no han sido publicados al momento en que este video fue grabado, pero la carpeta de investigación ya tiene carácter de probable homicidio. Harfuch ordenó que la coordinación interestatal entre Puebla y Tlxcala se mantuviera activa y que la Fiscalía General de la República siguiera el caso en paralelo a las fiscalías locales.
Esa decisión tiene un propósito claro, evitar que la investigación se fragmenten entre dos estados y que Diana Alejandra y su hijo Carlos caigan en los espacios que existen entre una jurisdicción y otra, porque eso pasa, pasa con más frecuencia de lo que se reporta. Un caso que ocurrió en un estado cuya víctima apareció en otro, cuyo sospechoso huyó hacia un tercero.
Puede perderse en la burocracia de los límites territoriales si nadie activa el cerco desde arriba. Harf activó. Ahora bien, Diana Alejandra Palafox Romero. Hay que hablar de ella con los datos que existen. Se presentaba como doctora. Usaba ese título frente a sus clientes en sus redes sociales, en la manera en que decoró el espacio donde atendía bata, instrumental, terminología médica, todo el lenguaje de la medicina sin la credencial que la respalda.
Porque Diana Alejandra Pala Fox Romero no tiene cédula profesional de médico. Los registros de las instituciones que expiden y validan cédulas en México no arrojan ningún resultado que la acredite como profesional de la salud. Y aún así operó durante tiempo suficiente como para tener clientes, para tener antes y después en redes, para que Blanca Adriana, una mujer de 37 años con acceso a internet y a las mismas herramientas de búsqueda que cualquiera de nosotros la encontrara y confiara en ella.
Eso merece detenerse un momento. Cuando alguien busca una clínica estética en redes sociales, lo que ve es lo que la clínica decidió mostrar. Fotos. Resultados, precio, ubicación. Una cuenta activa con seguidores sugiere operación real, confiabilidad, presencia. Ninguna red social verifica cédulas profesionales.
Ninguna plataforma cruza el nombre de quien publica con los registros de la Secretaría de Salud o de las universidades que expiden títulos médicos. Esa verificación la tiene que hacer el cliente y la mayoría no sabe cómo hacerla o no sabe que debería hacerla. Blanca no tenía por qué saber que Diana Alejandra era una impostora.
Buscó un procedimiento estético. Encontró una opción que parecía legítima. pagó, fue. Lo que ocurrió adentro de esa clínica el 18 de mayo de 2026 todavía está siendo reconstruido por los peritos, pero hay elementos que los investigadores ya tienen. El interior del consultorio, cuando fue procesado por personal de la fiscalía, contenía material que los peritos describieron como inconsistente con los procedimientos que la clínica deseía ofrecer.
Había instrumental, había sustancias y había algo más. Algo que los investigadores encontraron en el lugar y que forma parte de la evidencia que está siendo analizada en este momento. Una libreta no de pasta negra, sino de pasta verde con hojas cuadriculadas del tipo que se vende en papelerías de barrio. Esa libreta contenía anotaciones, nombres, fechas, cantidades.
Los investigadores la catalogaron como pieza clave desde el primer día de procesamiento de la escena. Lo que está escrito en esas páginas no ha sido revelado en ningún comunicado oficial, pero su existencia fue confirmada por fuentes cercanas a la investigación y los analistas que la están procesando dicen que lo que contiene conecta el caso de Blanca con algo más amplio que una clínica clandestina operada por una sola persona y su hijo.
Ese es el bucle que esta investigación todavía no ha cerrado, porque hay una pregunta que los investigadores tienen anotada desde el primer día. Si Diana Alejandra y Carlos salieron del lugar con suficiente anticipación como para vaciar la clínica antes de que llegaran las autoridades, alguien los avisó o alguien los estaba esperando o ambas cosas.
Y esa persona tiene un nombre que no han aparecido en ningún comunicado de prensa. Los investigadores lo llaman internamente en los reportes que circulan entre las fiscalías de Puebla y Tlaxcala como el enlace. una figura que no operaba en la clínica, que no aparece en las cámaras del exterior, que no figura como propietario del inmueble ni como socio registrado de ningún negocio vinculado a Diana Alejandra, pero que según las anotaciones en la libreta de pasta verde tenía comunicación regular con ella.
Una comunicación que los analistas de telecomunicaciones de la fiscalía están rastreando a través de los registros de las torres de telefonía más próximas a la clínica. El enlace sigue libre. Su nombre completo no va a aparecer en este video porque la fiscalía no lo ha confirmado públicamente, pero está en la carpeta y esa carpeta está abierta.
Hay un tercer elemento que los investigadores tienen documentado y que cambia la dimensión del caso. 40 minutos antes de que Blanca entrara a la clínica el 18 de mayo, una persona salió del lugar, una persona que había estado adentro, que no era cliente ese día, que no era empleada regular, que llegó, estuvo 40 minutos y se fue.
Las cámaras exteriores la captaron. Los investigadores tienen su imagen, tienen un nombre, se llama Rodrigo Esteban Merino Gutiérrez. ¿Quién es exactamente qué hacía en esa clínica ese día y qué relación tiene con Diana Alejandra Palafox Romero? Y con el enlace es lo que la siguiente etapa de esta investigación está buscando responder.
Lo que sí se sabe es que salió 40 minutos antes de que Blanca llegara y que desde entonces no ha dado declaración voluntaria ante ninguna fiscalía. Su historia se completa en el próximo video. Volvamos a Blanca porque en todo lo que acabamos de describir, en la reconstrucción cronológica en los elementos periciales, en los bucles abiertos de la investigación, hay el riesgo de que se diluya lo que este caso realmente significa para las personas que lo están viendo.
Blanca Adriana tenía 37 años, fue a una clínica para un procedimiento estético, llevó a su esposo, él estaba ahí y aún así algo salió tan terriblemente mal que tres días después la encontraron en una zanja en otro estado. Si tienes una hija, una hermana, una nieta, una amiga que tiene en el celular guardado el número de alguna clínica estética que encontró en redes, este caso es para ellas.
para decirles que el riesgo no tiene que ver con ser descuidadas ni con ser ingenuas, tiene que ver con un sistema de verificación que no existe, con registros que no se cruzan, con autoridades municipales y estatales que no supervisan los establecimientos que ofrecen procedimientos médicos sin serlo hasta que alguien muere.
Eso es lo que hay que analizar ahora y es la pregunta política y estructural que este caso obliga a hacer. En México los procedimientos estéticos están regulados en teoría por la Secretaría de Salud, tanto federal como estatal. Un establecimiento que ofrece procedimientos que implican penetración corporal, aplicación de sustancias o manipulación de tejido.
Requiere registro sanitario, personal médico certificado con cédula profesional verificable, equipamiento que cumpla con normas específicas y en muchos casos protocolo de emergencia activo. Eso dice la ley. Lo que existe en la práctica es otra cosa. Las clínicas clandestinas, las que operan sin registro o con registros falsos, las que usan espacios comerciales ordinarios como locales o departamentos, sin ninguna señalización que las identifique como establecimientos médicos, llevan años multiplicándose en ciudades de todos los
tamaños en el país. Operan en redes sociales con la misma presencia digital que una clínica certificada. Sus precios son competitivos, sus resultados publicitados son atractivos y la verificación es prácticamente imposible para alguien que no sabe exactamente qué buscar ni dónde. La Secretaría de Salud de Puebla tiene un registro de establecimientos autorizados.
es público, está en línea, pero para acceder a él hay que saber que existe, hay que buscar el nombre exacto del establecimiento y hay que hacer esa búsqueda antes de agendar la cita, no después. Diana Alejandra Palafox Romero no figuraba en ese registro. La clínica Detox no tenía autorización sanitaria, pero seguía operando, seguía atendiendo clientes, seguía publicando en redes.
Eso plantea una pregunta que ningún comunicado oficial ha respondido todavía. ¿Quién sabía que existía y no hizo nada? Porque una clínica no opera de manera completamente invisible. Tiene un local que paga renta, tiene un propietario del inmueble que firmó un contrato, tiene vecinos. tiene proveedores, tiene clientes que llegaron antes que Blanca y que salieron sin problema y que tal vez no sabían que algo estaba mal, pero que interactuaron con el lugar.
Alguien en algún momento pudo haber reportado la falta de registro o nadie lo consideró necesario hasta el 18 de mayo. Eso es el daño sistémico y el caso de Blanca lo expone de una manera que no puede ignorarse. Arfuch, desde la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, autorizó en las horas posteriores al hallazgo del cuerpo la activación de un protocolo de revisión de establecimientos estéticos sin registro en los estados de Puebla y Tlaxcala, con instrucción de cruzar los datos con los registros de la Secretaría de Salud Federal. Ese operativo de
verificación que incluye visitas físicas a establecimientos reportados como irregulares está en curso. Los resultados preliminares, según fuentes cercanas a la operación, ya muestran docenas de casos de establecimientos que operan sin los permisos necesarios solo en el municipio de Puebla. docenas solo en un municipio y cada uno de ellos es un lugar al que alguien podría haber mandado a su hija esta semana con la misma confianza con la que Blanca Adriana caminó hacia la clínica Detox el 18 de mayo. La búsqueda de Diana
Alejandra Pala Fox Romero y de su hijo Carlos está activa con ficha de búsqueda emitida por la Fiscalía de Puebla y con coordinación entre las policías estatales de Puebla, Tlacala y la Policía Federal de Investigación. Los registros migratorios están siendo monitoreados. Las cuentas bancarias vinculadas a los nombres de ambos fueron bloqueadas preventivamente por solicitud de la fiscalía dentro de las 48 horas posteriores al hallazgo del cuerpo.
Todavía no han sido localizados. La libreta de pasta verde sigue siendo analizada. Los registros de telecomunicaciones vinculados al enlace están siendo procesados. y Rodrigo Esteban Merino Gutiérrez. La persona que salió de la clínica 40 minutos antes de que Blanca llegara no ha dado declaración.
Cada uno de esos elementos es un hilo abierto y la investigación los está jalando al mismo tiempo. Lo que este caso ya demostró con el cuerpo de Blanca en Natel Sayanka y con las cámaras que grabaron a Diana Alejandra y a su hijo cargando ese bulto, es que el mecanismo existía, que el lugar funcionaba, que alguien lo operó durante tiempo suficiente como para tener clientes y para tener una libreta con nombres y fechas y que cuando algo salió mal, el plan de salida ya estaba listo.
Eso merece una última reflexión antes del cierre. Cuando algo sale mal en una clínica legítima con médico real y equipo registrado, el protocolo es llamar a emergencias, documentar, reportar, asumir las consecuencias dentro del sistema que regula esa práctica. Cuando algo sale mal en un lugar como la clínica Detox, el protocolo es otro.
El protocolo es el bulto en el video. El protocolo es la clínica vacía al día siguiente. El protocolo es la zanja en Atelzayanca. Eso dice todo lo que hay que saber sobre qué tipo de lugar era ese y sobre qué sabían las personas que lo operaban acerca de lo que estaban haciendo. Eso es lo que este canal existe para contarte.
No el titular que dice hayan cuerpo de mujer en Tlaxcala. No el conteo de fichas de búsqueda activas en el estado, lo que existe detrás, la libreta de pasta verde que los investigadores encontraron y que conecta el caso con algo más grande, el enlace que todavía está libre, el hombre que salió 40 minutos antes de que Blanca llegara y cuya historia completa todavía no se puede contar.
el esposo al que sacaron con engaños mientras adentro ocurría lo que ocurrió y el sistema de verificación que no existe y que convierte a miles de mujeres en México en clientes potenciales de lugares como ese. Suscríbete, activa la campana, no porque sea una fórmula, sino porque el próximo video va a continuar desde donde este termina.
Rodrigo Esteban Merino Gutiérrez salió de esa clínica 40 minutos antes que Blanca. Los investigadores tienen su imagen, tienen su nombre y lo que están encontrando al rastrear su relación con el enlace cambia la escala de este caso, de una manera que todavía no ha aparecido en ningún noticiero. Pero antes de llegar al próximo video, hay algo que quedó pendiente en esta historia y que no puede esperar.
Hablamos de la libreta de pasta verde, hablamos del enlace, hablamos de Rodrigo Esteban Merino Gutiérrez saliendo de esa clínica 40 minutos antes de que Blanca llegara. Pero hay una dimensión de este caso que los investigadores están documentando en paralelo y que tiene que ver con algo que muchas familias en México van a reconocer de inmediato, el dinero.
No el dinero del soborno, ni el del crimen organizado, el dinero ordinario, el que una mujer de 37 años juntó para pagarse un procedimiento estético, el que entregó en esa clínica el 18 de mayo a cambio de algo que nunca recibió. Los investigadores se encontraron al revisar las cuentas vinculadas a Diana Alejandra Pala Fox Romero, un volumen de transacciones que no corresponde con una operación pequeña ni reciente.
Los registros financieros que la fiscalía está analizando muestran depósitos regulares durante al menos 18 meses anteriores al 18 de mayo. Transferencias de montos que van desde 3,000 hasta 15,000 por operación. Pagos que los analistas están cruzando con los nombres que aparecen en la libreta de pasta verde.
Algunos de esos nombres son clientes. Personas que fueron a la clínica, pagaron, recibieron algún tipo de atención y se fueron sin saber del todo se les aplicó ni bajo qué condiciones. Otras personas, cuyos nombres aparecen en esas páginas no tienen perfil de cliente, tienen perfil de proveedor o de intermediario. Y ahí es donde la libreta deja de ser el registro contable de una clínica clandestina y empieza a parecerse a otra cosa.
Los investigadores de la Fiscalía de Puebla compartieron con sus contrapartes en Txcala una hipótesis de trabajo que todavía no ha sido confirmada públicamente, pero que está siendo desarrollada con la evidencia disponible. La hipótesis es esta. La clínica Detéox no operaba sola, tenía una red de referencia, personas que mandaban clientes, personas que recibían una comisión por cada cliente enviado, un esquema de captación que usaba las redes sociales como escaparate, pero que en el fondo funcionaba con la lógica de un negocio de referencias personales.
Eso explica varias cosas que al principio no cuadraban. explica por qué Blanca llegó con confianza, por qué alguien en quien ella confiaba le recomendó el lugar. Esa persona, cuyo nombre los investigadores ya tienen, no sabía lo que ocurría dentro. O al menos eso es lo que declaró cuando fue citada a comparecer ante la fiscalía en los días posteriores al hallazgo del cuerpo.
Fue quien recomendó la clínica, fue quien le dijo a Blanca que era buena, que era de confianza, que ella misma había ido o conocía a alguien que había ido. Esa cadena de recomendaciones personales es exactamente lo que hace que este tipo de establecimientos sobrevivan sin publicidad formal. No necesitan anunciarse en directorios médicos verificados.
No necesitan pasar por ningún filtro institucional. Solo necesitan que alguien confíe en alguien que confió en alguien antes. Y en ese tejido de confianzas encadenadas es donde se esconde el riesgo real. Porque Diana Alejandra Palafox Romero entendía eso. Lo entendía con la precisión de alguien que llevaba tiempo en ese negocio.
Sabía que su clientela no llegaba por un anuncio en el periódico, llegaba por el boca a boca. Llegaba porque una vecina le dijo a otra vecina que le había ido bien y esa economía de la recomendación personal era su mejor protección contra cualquier tipo de verificación externa. Si nadie se queja, nadie investiga.
Si nadie investiga, nadie clausura. Si nadie clausura, el negocio sigue hasta el 18 de mayo. Hay algo más que los peritos documentaron en el interior de la clínica y que los comunicados oficiales no han detallado todavía. Al procesar el consultorio donde se realizaban los procedimientos. El equipo forense encontró evidencia de que el espacio había sido usado recientemente para algo que no corresponde con reducción de grasa ni con ningún procedimiento estético convencional.
Las sustancias identificadas en los análisis preliminares de los instrumentos y superficies del lugar están siendo analizadas por el laboratorio forense de la Fiscalía General de la República. Los resultados completos tardarán días, pero los peritos que procesaron la escena ese primer día describieron el interior del consultorio como un espacio que generó preguntas inmediatas sobre la naturaleza real de los procedimientos que ahí se realizaban.
Preguntas que la libreta de pasta verde con sus anotaciones de nombres y cantidades podría empezar a responder si los analistas logran cruzar cada nombre con cada fecha y cada monto. Ese trabajo está en curso. El esposo de Blanca ha sido entrevistado en múltiples ocasiones por los investigadores de la fiscalía.
Su testimonio es consistente en un punto que los agentes consideran central. Él no tomó la decisión de salir de la clínica por su propia cuenta. Alguien lo convenció. le dijo algo que en ese momento sonó razonable y él confió, “Los investigadores están reconstruyendo exactamente qué le dijeron y quién se lo dijo. Porque esa persona, quien sea que haya hablado con el esposo de Blanca en los minutos previos a que él saliera del lugar, es un testigo clave.
Puede ser que esa persona no supiera lo que iba a ocurrir. Puede ser que simplemente estuviera siguiendo instrucciones de Diana Alejandra sin entender el propósito real. Pero lo que dijo y la manera en que lo dijo es parte de la reconstrucción cronológica que la fiscalía necesita completar para presentar el caso ante un juez.
Y esa reconstrucción depende también de las cámaras, porque hay más cámaras de las que se reportaron inicialmente. El edificio donde operaba la clínica tiene cámaras en el acceso principal, en el pasillo del primer piso y en el estacionamiento lateral. Los videos de todas esas cámaras fueron asegurados por los investigadores dentro de las primeras horas de la investigación y lo que muestran en conjunto es una secuencia que los agentes describen como suficientemente clara para establecer una línea de tiempo sin ambigüedades
desde la llegada de Blanca y su esposo hasta el momento en que el vehículo con el bulto salió del estacionamiento. Esa secuencia de video es la columna vertebral del caso. es lo que convierte una hipótesis en evidencia y es lo que hace que la carpeta de investigación, según fuentes cercanas al proceso, esté en un estado que los agentes describen como sólido para cuando Diana Alejandra y Carlos sean localizados y detenidos.
El cerco sigue cerrándose, lento pero se cierra. Y mientras tanto, la libreta de pasta verde sigue sobre la mesa de análisis con sus páginas cuadriculadas llenas de una caligrafía que los peritos están descifrando entrada por entrada con nombres que todavía no han sido pronunciados en público, con fechas que corresponden a días en que otras personas antes que Blanca cruzaron la puerta de esa clínica y salieron o no salieron.
Esa es la pregunta que nadie ha hecho todavía en voz alta y que este canal no va a dejar pasar. En algún lugar de Puebla o de un estado que todavía no se confirma, Diana Alejandra Palafox Romero y su hijo Carlos están prófugos esta noche. La libreta de pasta verde está sobre la mesa de análisis de la fiscalía y en Atlsayanka Tlaxcala, la zanja donde encontraron a Blanca Adriana sigue siendo parte de una escena del crimen que los peritos no han cerrado todavía.
Blanca tenía 37 años, fue caminando. Esto es Informativo Toponazo y si quieres saber más te veo en el siguiente
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