Posted in

HARFUCH ATACA al OPERADOR CLAVE de la CHAPIZA y la MAYIZA tras EMBOSCADA a POLICIAS en COLIMA

HARFUCH ATACA al OPERADOR CLAVE de la CHAPIZA y la MAYIZA tras EMBOSCADA a POLICIAS en COLIMA

En Sinaloa, la Secretaría de Marina detuvo a 13 presuntos integrantes del cártel de Sinaloa durante un operativo realizado en las inmediaciones de la autopista Tepique. Domingo 24 de mayo de 2026, dos emboscadas, dos estados, un solo operador detrás de ambos ataques y una respuesta que llegó antes de que cayera la noche.

 Lo que ocurrió este domingo en las carreteras de Colima y Sinaloa no fue violencia espontánea ni un estallido aislado de grupos que operan sin coordinación. Fue una acción calculada, sincronizada y ejecutada con la precisión que solo es posible cuando existe un mando único que conecta a dos facciones que el país entero creía irreconciliables.

La Chapiza y la Malliza, las dos estructuras que emergieron del fraccionamiento del cártel de Sinaloa y que desde entonces han convertido el noroeste del país en escenario de una guerra interna que ha cobrado cientos de vidas. actuaron esta tarde como una sola unidad operativa operativa bajo las órdenes de un lugar teniente cuyo nombre la inteligencia federal ya tenía en su radar desde semanas atrás.

 Lo que no tenían era la ubicación exacta hasta hoy, porque mientras los elementos heridos de la Policía Federal eran atendidos en hospitales de Colima y Culiacán, Omar García Harfuch recibía en tiempo real la información que sus analistas habían estado construyendo durante semanas y que esta tarde con las emboscadas como confirmación operativa de su validez se convirtió en orden de asalto.

 una finca fortificada en las afueras de Culiacán. Un objetivo de alto valor, un despliegue de la Secretaría de la Defensa Nacional, la Guardia Nacional y Fuerzas especiales que llegó con la contundencia que define cada movimiento de esta ofensiva, cuando el objetivo justifica la magnitud de la respuesta. Escribe en los comentarios si alguna vez imaginaste que la Chapiza y la Miza, dos facciones que se han matado entre sí durante meses, fueran capaces de coordinarse para atacar a policías federales en dos estados al mismo tiempo. Porque lo que este domingo quedó

demostrado es que la guerra entre facciones no elimina la capacidad de cooperación táctica cuando el enemigo común es el Estado. Para entender por qué este operativo de la tarde del domingo 24 de mayo representa un punto de inflexión dentro del arco completo de esta ofensiva, es necesario retroceder varias horas y reconstruir la secuencia de eventos que llevó a Harfar el asalto a esa finca antes de que terminara el día.

 La primera emboscada ocurrió aproximadamente a las 10 de la mañana en una carretera secundaria del municipio de Tecomán en el estado de Colima, un convoy de cuatro unidades de la policía federal que realizaba labores de patrullaje de rutina en una zona donde en las últimas semanas se habían registrado movimientos inusuales de vehículos sin placas fue interceptado por un grupo de entre 20 y 25 hombres armados que habían posicionado dos camionetas de carga atravesadas en la carretera para forzar la detención del convoy. El ataque fue simultáneo desde

ambos flancos de la vía con el armamento de alto calibre que incluyó rifles de asalto y al menos un lanzagranadas cuya utilización quedó documentada por los daños registrados en una de las unidades policiales. Tres elementos de la policía federal resultaron heridos, dos de ellos con heridas de gravedad que requirieron traslado inmediato en helicóptero al hospital militar más cercano.

 Los agresores se retiraron por caminos de terracería hacia zonas de vegetación densa que dificultaron la persecución inmediata de las unidades de refuerzo que llegaron al lugar del ataque aproximadamente 12 minutos después de la primera llamada de emergencia. Lo que convirtió esa emboscada en algo cualitativamente diferente a los ataques contra fuerzas federales que esta ofensiva ha enfrentado desde su inicio no fue solo su brutalidad ni la coordinación táctica que evidenciaba, fue la firma operativa. los patrones de

posicionamiento de los agresores, la metodología del bloqueo vehicular, el uso de armamento específico y la ruta de repliegue utilizada coincidían con los protocolos que la inteligencia federal había documentado como característicos de las células de seguridad de la chapiza en la región costera de Colima, donde esa facción ha mantenido presencia al IVA desde que el fraccionamiento del cártel de Sinaloa redibujó los territorios de control en el occidente del país, pero la firma no estaba completa.

Y lo que completó el cuadro llegó 2 horas y 40 minutos después, a más de 400 km de distancia. La segunda emboscada ocurrió en una carretera federal del municipio de Mazatlán, en el estado de Sinaloa, a la 1:17 minutos de la tarde. Un vehículo blindado de la Guardia Nacional que se desplazaba en misión de enlace entre de dos puntos de control, fue atacado por un grupo que utilizó una metodología de bloqueo idéntica a la empleada en Tecomán horas antes.

 Las diferencias estaban en los detalles que importaban desde el punto de vista de la inteligencia operativa. El grupo agresor en Mazatlán era de menor tamaño, entre 15 y 18 elementos, según las estimaciones iniciales de los equipos respuesta. Pero el armamento utilizado incluía equipos de comunicación encriptada del tipo que los analistas de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana habían asociado específicamente con las estructuras de seguridad de la Miza en la zona costera de Sinaloa. Dos elementos de la Guardia

Nacional resultaron heridos. El vehículo blindado sufrió daños estructurales severos, pero resistió el impacto sin que ninguno de sus ocupantes perdiera la vida, lo que los propios elementos presentes describieron posteriormente como el resultado directo de los protocolos de seguridad vial que esta ofensiva ha implementado para los desplazamientos en zonas de riesgo elevado.

 Dos emboscadas, dos estados, dos facciones que llevan meses enfrentadas entre sí. Esa combinación, procesada en tiempo real por los sistemas de análisis de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, generó una conclusión que los analistas describieron como inevitable dado el volumen de evidencia convergente. Alguien estaba coordinando a ambos grupos desde un punto central.

 Alguien con la autoridad suficiente para ordenar operaciones simultáneas a células de facciones rivales. Alguien que funcionaba como enlace operativo entre la chapiza y la malliza, no en términos de reconciliación política entre las estructuras de mando superiores de cada facción, sino en términos de coordinación táctica para objetivos específicos que ambas facciones compartían.

 Y ese objetivo este domingo era atacar a las fuerzas federales en dos frentes simultáneos con la intención de demostrar capacidad operativa y generar un efecto de presión sobre la ofensiva que Harfou ha conducido durante los últimos meses. Piensa un momento en lo que eso significa. No estamos hablando de dos grupos que casualmente decidieron atacar a policías el mismo domingo.

 Estamos hablando de una operación coordinada que requirió planificación previa, comunicación entre estructuras que públicamente se presentan como enemigas y un mando que tuviera la legitimidad y la influencia suficiente para que ambas facciones ejecutaran sus instrucciones. Eso no es improvisación, eso es una arquitectura de comando que la inteligencia federal tardó semanas en identificar.

 y que este domingo reveló su existencia de la peor manera posible para quienes la construyeron. El nombre que emergió de ese procesamiento de inteligencia en tiempo real no era desconocido para los analistas de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. Era un lugar teniente de alto nivel cuyo perfil había aparecido de manera recurrente en los testimonios de operadores capturados durante los operativos previos de esta ofensiva, siempre en el contexto de las zonas de contacto entre los territorios controlados por la Chapiza Isla Magiz en

Read More