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ERNESTO ALONSO: La ASQUEROSA VERDAD que Ocultó 50 Años… y la EMPLEADA que se QUEDÓ con TODO

ERNESTO ALONSO: La ASQUEROSA VERDAD que Ocultó 50 Años… y la EMPLEADA que se QUEDÓ con TODO

7 de agosto de 2007, Polanco, Ciudad de México, detrás de los muros de una residencia discreta, en una de las colonias más caras de la capital, un hombre de 90 años exhala por última vez. Afuera las cámaras ya esperaban. El olfato de la prensa del espectáculo mexicano siempre supo cuando algo estaba por terminar.

 En cuestión de minutos, la televisión activó su liturgia de siempre. Imágenes de archivo, música solemne, voces quebradas, elogios impecables pronunciados por personas que en vida le habían tenido más miedo que afecto. Todos repetían el mismo nombre. Ernesto Alonso, el señor telenovela, el hombre que durante casi cinco décadas había decidido que lloraba México cada noche frente al televisor.

 Pero adentro de esa residencia, mientras los comunicados oficiales se redactaban y los floreros empezaban a llegar, había algo que ningún noticiero iba a mencionar esa noche. Había una mujer que no era su esposa. Había una mujer que no era su hija porque sus hijos eran adoptados. era su nuera, la misma mujer que había llegado a esa casa décadas atrás como empleada doméstica.

 La misma que había embarazado a su hijo adolescente en 1975. La misma a la que él había mirado con furia la primera vez que supo lo que había pasado. Y la misma a la que con el tiempo eligió sobre su propio hijo. Esa mujer se llamaba Teresa Anaya. Y fue ella quien cerró los ojos de Ernesto Alonso.

 Fue ella quien compró el nicho en la iglesia de San Antonio de Padua, donde [música] descansarían sus cenizas. Fue ella quien encabezó el sepelio mientras el hijo biológico adoptivo Juan Diego miraba desde un lugar que nadie supo describir del todo. Y fue ella quien, según el testamento que Ernesto [música] Alonso había dejado en perfecta orden, heredó todo.

 Las propiedades, las cuentas, las 172 obras registradas, el imperio completo que el señor telenovela había construido en 50 años de trabajo. El hijo se quedó sin nada. Y había algo más, algo que tampoco apareció en los comunicados [música] oficiales, algo que circulaba en los pasillos de Televisa desde hacía años con la discreción específica de los secretos que todo el mundo conoce, pero nadie confirma en voz alta.

 algo que tenía nombre, un nombre conocido, un actor que había llegado a la fama precisamente porque Ernesto Alonso lo había descubierto trabajando en un bar de la zona rosa de Ciudad de [música] México y había decidido que ese muchacho merecía estar frente a una cámara. [música] Eduardo Yáñez, lo que presuntamente existió entre ellos, lo que según testimonios recogidos por periodistas que investigaron la vida privada del productor, duró aproximadamente 4 años, lo que ninguno de los dos confirmó jamás [música] públicamente. Era la otra historia que

Ernesto Alonso se llevó a la tumba junto con el nombre de su hijo abandonado y el secreto del sótano que nadie en Televisa quiso abrir después de su muerte. Hoy vas a descubrir [música] cuatro cosas que cambian por completo lo que México creyó saber sobre el señor telenovela. Primero, como un niño nacido en Aguascalientes el 28 de febrero de 1917, sin apellido artístico, sin familia del espectáculo, sin ningún contacto en la industria que entonces ni siquiera existía como tal, terminó convirtiéndose en el hombre más poderoso de la

televisión mexicana con 157 telenovelas producidas en 50 años. Segundo, ¿qué ocurrió presuntamente entre Ernesto Alonso y Eduardo Yáñez desde aquella noche en un bar de la zona rosa hasta el departamento que después de la muerte del productor terminó siendo motivo de demanda judicial? Tercero, ¿cómo por qué Ernesto Alonso tomó la decisión más brutal de su vida privada? Elegir a su nuera sobre su propio hijo, romper relaciones con Juan Diego, dejarlo morir 2 años después, prácticamente solo, y entregarle a una mujer que había llegado

a su casa como empleada doméstica el control de un imperio que valía decenas de millones de pesos. [música] Y cuarto, ¿qué hay realmente en la historia del sótano, de los objetos rituales? De la telenovela El maleficio que en 1983 [música] llevó el satanismo al horario estelar de Televisa. Y por qué esa historia no es un rumor de internet, sino el resultado de decisiones concretas de un hombre que durante toda su vida fue mucho más complicado de lo que el comunicado oficial de su muerte quiso reconocer. Esta no es la historia

del señor telenovela que hizo llorar a México. [música] Esa ya la conoces. Esta es la historia de lo que ese hombre eligió y lo que esas elecciones le costaron a los que vivieron cerca de él. Empecemos desde el principio. Aguas Calientes. [música] 28 de febrero de 1917. Nace Ernesto Ramírez Alonso.

 El apellido artístico el que México terminaría conociendo era en realidad su segundo apellido. Ramírez era el primero, el que heredó de una familia de clase media aguascalentense, estructurada, conservadora, marcada por esa rigidez específica del México profundo de principios del siglo XX, donde el orden no se discutía y la obediencia no se negociaba.

 Su hermano mayor fue torero, Alfonso Ramírez Alonso, conocido como el calecero, uno de los matadores mexicanos más reconocidos de su época. [música] Esa imagen, la del hermano que entraba al ruedo con capote y traje de luces mientras el público rugía, le enseñó a Ernesto desde muy joven algo sobre el poder del escenario, sobre lo que pasa cuando una sola persona ocupa el centro de la atención de una multitud sobre cómo la presencia bien usada puede convertir a un hombre común en algo que el público necesita ver.

 Ernesto no quería ser torero, quería [música] ser actor. Estudió teatro en Bellas Artes. A los 20 años ya trabajaba como extra. Su primera aparición documentada fue en La Zandunga, la única película que Lupe Vélez filmó en México. Un papel sin nombre, sin líneas, sin ningún elemento que sugiriera lo que vendría después.

Pero Ernesto Alonso [música] observaba esa era su habilidad más poderosa desde niño y lo siguió siendo durante toda su carrera. observar, registrar, entender cómo funcionaban los mecanismos del poder en cada habitación donde entraba. El gran salto llegó por accidente, como suelen llegar los grandes saltos.

 La compañía de teatro de las hermanas Blanch pasó por Aguascalientes. Isabel y Anita Blanch conocieron al joven Ernesto. Vieron algo en él que les pareció prometedor y se lo llevaron a Ciudad de México. Esa mudanza fue la bisagra de un lado Aguascalientes y su rigidez provincial. Del otro, la capital y sus posibilidades.

 En Ciudad de México trabajó en cine durante los años 40 y 50. Filmó alrededor de 50 películas. Trabajó con las figuras más grandes del cine de oro mexicano, con María Félix, con Dolores del Río, con Libertad La Marc, con Sara García, con Rosita Quintana, con Miroslava. Y en ese tránsito por los estudios [música] construyó algo más valioso que cualquier crédito cinematográfico.

Construyó una red, una red de lealtades, de favores, de informaciones, de personas que le debían algo y de personas a las que él les debía algo. La red que décadas [música] después sería la infraestructura invisible de su poder dentro de Televisa. Porque Ernesto Alonso [música] entendió antes que casi nadie, algo que la industria del cine tardó años en procesar, que la televisión iba a cambiar todo, que el futuro no estaba en la sala oscura del cine, sino en la pantalla pequeña de la sala de la casa, que el público que

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