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Enrique Peña Nieto: Le Pagaron $25 Millones Para Espiar a México y Nadie lo ha Podido Juzgar

Enrique Peña Nieto: Le Pagaron $25 Millones Para Espiar a México y Nadie lo ha Podido Juzgar

Enrique Peña Nieto camina hoy por el barrio de Salamanca en Madrid con escoltas diplomáticos españoles a su lado y una carpeta de investigación abierta en México con su nombre, porque en julio de 2025 un periódico israelí publicó las declaraciones de dos empresarios que dijeron haberle pagado 25 millones de dólares mientras era presidente.

No a México, a él. Ese número, 25 millones de dólares, es el hilo que conecta lo que vas a escuchar hoy. La mansión de Sierra Gorda, el software espía instalado en el teléfono de un niño. Los padres de 43 estudiantes desaparecidos cuyas llamadas podían estar siendo escuchadas por el mismo gobierno al que le pedían explicaciones.

la visa dorada en España y la impunidad que 11 años después sigue funcionando con la precisión de un reloj que alguien ajustó muy bien. Este no es otro repaso de los escándalos del sexenio. Eso ya lo hicieron otros, siempre en pedazos, siempre incompleto. Este es el guion que cuenta la caja registradora, el que suma lo que cobró, lo que hizo con ese dinero y lo que dejó detrás de él. Hoy vas a descubrir cuatro cosas.

La primera, ¿cómo funcionó el pago de los 25 millones de dólares? ¿Quiénes fueron los empresarios israelíes? ¿Qué contratos entregó a cambio? ¿Y por qué esa revelación salió primero en un periódico de Telabib y no en ningún diario mexicano? La segunda, ¿qué hizo con esa tecnología? El software que los israelíes vendieron a su gobierno con su dinero en el bolsillo llegó a teléfonos de personas que nunca representaron ninguna amenaza para la seguridad nacional.

 solo representaban una amenaza para su imagen. La tercera, el rastro completo del dinero, la mansión de 7 millones de dólar, los sobornos de Odebrecht, la estafa maestra, la visa dorada española, cada fuente, cada destino, cada número que nunca logró explicar con credibilidad. Y la cuarta, ¿por qué después de 11 años de una sentencia de la Corte Interamericana de carpetas abiertas en la Fiscalía General de la República, Enrique Peña Nieto sigue caminando tranquilo por Madrid? ¿Y por qué esa impunidad no es un error del sistema? Es

el sistema. Quédate porque cada revelación tiene fechas concretas, nombres propios y cifras verificadas. Y cuando las juntes todas, lo que vas a entender es que nada de esto fue improvisado. Para entender cómo llegó ahí, hay que volver al principio. Y el principio no está en Los Pinos. Está en un municipio del Estado de México que durante décadas fue el laboratorio más silencioso y más eficiente de la política mexicana.

Atlacomulco, un municipio al noroeste de Toluca que desde afuera aparece uno más de los miles de municipios ordinarios del país. Mercado, iglesia, presidencia municipal, carreteras de dos carriles. Pero por dentro, durante generaciones, fue el lugar donde una red política producía sus cuadros con la misma lógica con que una fábrica produce sus piezas, con control de calidad, con selección rigurosa de materiales y con la certeza de que el producto final iba a cumplir exactamente con las especificaciones del encargo. El 20 de julio de 1966 nació

ahí Enrique Peña Nieto. Su padre era ingeniero eléctrico de la Comisión Federal de Electricidad. su madre, maestra de escuela primaria. Los oficios suenan modestos. El apellido no lo era. Fíjense en esto. Su bisabuelo, Severiano Peña, fue presidente municipal de Acamballa en cuatro ocasiones distintas. Un primo hermano de su padre, Alfredo del Mazo González, fue gobernador del Estado de México.

 Arturo Montiel Rojas, pariente de su madre y su padrino político, también fue gobernador. Y su abuelo materno, Enrique Nieto Montiel, fue presidente municipal de Atlacomulco en los años 50, casado con la hermana de otro gobernador más. En México hay miles de familias que tienen un pariente en política. Este hombre nació en una familia donde los que no tenían cargos todavía eran la excepción.

Eso no es un árbol genealógico, es un consorcio de poder con apellidos compartidos. El niño Enrique creció dentro de ese consorcio. Aprendió muy temprano que la política no es una vocación que se descubre, sino un destino que se hereda como se hereda una hacienda. Y cuando tenía 13 años y viajó a Menos Unidos a estudiar inglés un verano, ya les decía a los que preguntaban que iba a ser gobernador del Estado de México.

No médico, no abogado, gobernador. A los 13 años, a los 18, en 1984 hizo dos cosas simultáneas. se inscribió en la Facultad de Derecho de la Universidad Panamericana y se afilió al Partido Revolucionario Institucional. No llegó al PR como alguien que busca su lugar, llegó como alguien que regresa a casa. Y en esos años universitarios hay una sombra que ninguna campaña de imagen pudo borrar del todo.

 En agosto de 2016, el portal Aristegi Noticias publicó una investigación titulada de plagiador a presidente. Los periodistas analizaron la tesis con la que Peña Nieto se tituló como licenciado en derecho y encontraron que cerca del 30% de ese documento contenía párrafos copiados de otros autores sin citarlos correctamente.

 No paráfrasis, no inspiraciones, párrafos enteros reproducidos palabra por palabra. Copió al historiador Enrique Krause. Copió al expresidente Miguel de la Madrid, copió a varios académicos más. Párrafos completos presentados como propios en un documento académico. Y hay un detalle que hace ese plagio más revelador que cualquier declaración.

Años después, en la feria internacional del libro de Guadalajara, cuando le pidieron que nombrara tres libros que hubieran marcado su vida, mencionó a Enrique Krause como uno de sus autores más influyentes, el mismo autor al que había plagiado, la misma boca que copió las palabras usadas después para rendirle homenaje al que no supositar.

Guarda ese patrón, lo vamos a encontrar en muchas otras partes de esta historia. la capacidad de decir una cosa mientras se hace la contraria, sin que aparentemente exista ninguna fricción interna entre ambas. Para 2003 ya era diputado local por el distrito 13 de Atlacomulco. Para 2005, con 39 años, ganó la gubernatura del Estado de México con el 49% de los votos.

El producto del consorcio político de Atlacomulco estaba listo para el primer turno real de prueba, pero mientras la carrera pública subía con la mecánica precisa de un reloj, por dentro el hombre real era otra cosa. Una cosa que ningún traje impecable, ningún discurso bien ensayado ni ninguna cobertura favorable de Televisa podía maquillar para siempre.

 Mónica Pretelinisa y Enrique Peña Nieto se conocieron en 1993. Él trabajaba como tesorero en una campaña política. Ella era presidenta de una asociación de colonos en Toluca. Se casaron el 12 de febrero de 1994 en la iglesia de Santa Teresita, en las Lomas de Chapultepec. Tuvieron tres hijos, Paulina, Alejandro y Nicole. Los que conocieron a Mónica la describen como una mujer de carácter fuerte, lealtad sin reservas y convicción genuina en la carrera de su marido.

 Era la primera en llegar a los eventos de campaña y la última en irse. Creía en él. Enrique Peña Nieto le pagó esa convicción construyendo una segunda vida en paralelo. El nombre es Maritza Díaz Hernández. era administradora de empresas vinculada al entorno político del Estado de México.

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