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El ASQUEROSO Secreto que OBLIGÓ a Adela Noriega a DESAPARECER (y un PRESIDENTE lo sabe)

El ASQUEROSO Secreto que OBLIGÓ a Adela Noriega a DESAPARECER (y un PRESIDENTE lo sabe)

Adela Noriega lo tuvo todo y un día lo dejó todo para desaparecer. 18 años sin una entrevista, sin una sola foto. Se borró tan a fondo que hoy hay gente que ni siquiera sabe si sigue con vida. Una mujer no renuncia a una vida así por nada. Durante 30 años, una sospecha ha perseguido su nombre. Una que mucha gente todavía cuenta en voz baja, porque llega hasta Los Pinos el corazón del poder en México.

 Quédate hasta el final. Vas a escuchar las dos versiones, la de los periodistas y la que la propia Adela dijo frente a una cámara en 1998. Esa noche usó una sola palabra para describirlo todo. Terrible. Y después cayó para siempre. Al final vas a tener que decidir tú una cosa, si escondía un secreto o si fue la víctima de la mentira más cruel jamás contada sobre una mujer que no se quiso defender.

Y para este video desenterramos lo que el tiempo había tapado, lo que su escolta personal confesó de los años que vivió pegado a ella, lo que un libro se atrevió a contar sobre un hospital, un parto y la esposa de un presidente y lo que un periodista asegura tener guardado hasta hoy, un nombre, una edad y una dirección.

piezas que llevan 30 años regadas, que casi nadie recuerda y que casi nadie ha juntado. Nosotros las juntamos. El cuadro completo lo vas a ver al final de este vídeo. Y te adelanto una cosa, no es el que esperas. ¿Qué tendría que pasarte a ti para renunciar a que te quieran millones de personas? Esa es la verdadera pregunta y la respuesta empieza mucho antes de lo que crees.

 Para acercarnos a ella hay que volver al principio. Y el principio de Adela Noriega esconde un detalle que casi nadie subraya. Ella nunca salió a buscar esta vida. Esta vida cayó sobre ella y no le pidió permiso. Tenía 12 años. Estaba en un centro comercial de la ciudad de México un día. cualquiera. Cuando un cazatalento se le acercó a hablarle de cámaras y de contratos, a los 13 ya modelaba.

 Antes de tener edad para decidir qué quería ser de grande, su rostro ya le pertenecía a la televisión. Quinceañera la dio a conocer. Yesenia la convirtió en protagonista y después llegó una racha que hoy parece de ciencia ficción. Dulce desafío. María Isabel. El privilegio de amar con cifras de audiencia que ningún melodrama ha vuelto a rozar.

 Cuando el nombre de Adela Noriega aparecía en los créditos, Televisa dormía tranquila porque el país entero se sentaba a verla. Pero aquí aparece lo extraño. Mientras su rostro se hacía gigante, la mujer detrás de ese rostro se hacía cada vez más pequeña, más difícil de encontrar. Apenas daba entrevistas, no se le conocían amistades dentro del medio y de su vida privada no soltaba absolutamente nada.

Actores que grabaron a su lado durante meses enteros admitieron después una cosa incómoda que en realidad nunca la conocieron. Años después, el hombre que aseguró haber sido su escolta personal entre mayo de 1995 y febrero de 2001 habló con una revista. Describió a Adela con una imagen que se quedó pegada en quien la leyó.

una caja de Pandora. Dijo que no le conocía amigos. Dijo que en su mirada vivía una tristeza que no se apagaba nunca. Y dejó caer algo más, una frase que vas a necesitar recordar dentro de un rato. Que las decisiones grandes de la vida de Adela, a dónde ir y a quién recibir, no las tomaba ella, las tomaba alguien más.

Guárdate esa idea. Alguien más decidía por ella. Va a volver y va a doler. Por eso, cuando en 2008 Adela Noriega grabó su última escena y no regresó jamás, los que la admiraban de lejos no entendieron nada y los que la conocían de cerca casi no se sorprendieron. Adela Noriega llevaba casi toda su vida escondiéndose.

El 2008 fue sencillamente el día en que dejó de salir. La única pregunta que de verdad importa es de qué se escondía. Y la respuesta empezó a escribirse 30 años atrás con una cámara encendida, un rumor imposible de matar y el nombre de un hombre que estaba a punto de llegar a la presidencia de México.

 Para entender por qué una mujer decide borrarse del mundo, primero hay que verla cuando el mundo entero quería un trozo de ella. Año 1987. Adela Noriega tiene 17 años y por primera vez su nombre encabeza el reparto. La telenovela se llama Yesenia. Es su primer protagónico de verdad y funciona desde el primer capítulo. Televisa, que llevaba décadas aprendiendo a leer un rostro antes que cualquier otro estudio del continente, entendió enseguida lo que tenía entre las manos.

Una chica a la que la cámara no quería soltar. Ese mismo año llega a Quinceañera y Quinceañera no fue un éxito más en una lista de éxitos. Fue un terremoto, una historia de adolescentes que se atrevió a tocar las drogas, los embarazos no deseados, esa frontera delgadísima entre seguir siendo niña y dejar de serlo de golpe.

 Un país entero se sentó a verla. Adela compartió pantalla con otra joven que también iba a marcar a una generación y juntas convirtieron la telenovela en el tema obligado de cada casa, cada salón de clases, cada sobremesa de domingo. Adela tenía 17 años y ya le pertenecía a millones de personas que no la habían visto nunca en persona.

 ¿Y dónde estaba la familia mientras todo esto ocurría? Esa pregunta pesa mucho más de lo que parece porque su respuesta es el primer eslabón de la jaula. Hay que detenerse en ese punto porque es el primero de muchos. A los 17 casi todo el mundo todavía está decidiendo quién quiere llegar a ser. Adela ya no tenía esa opción.

 Su cara estaba en las portadas. Su nombre abría las secciones de espectáculos. Su valor se medía en puntos de rating cada noche. La niña a la que un cazatalentos abordó en un centro comercial transformado en algo muy rentable. Y algo muy rentable en esa industria deja muy pronto de pertenecerse a sí mismo.

 Y para responderla hay que mirar a la casa de la que venía. El padre de Adela había muerto cuando ella era todavía casi una niña. Su ausencia dejó a la familia con un vacío económico y con la madre al frente de absolutamente todo. En ese contexto, cuando un cazatalento se acercó a una niña de 12 años en un centro comercial, aquello significó dos cosas al mismo tiempo.

un sueño para la niña y un sueldo para una casa que lo necesitaba. Y cuando un menor se transforma en una fuente de ingresos para los suyos, ocurre algo callado y muy difícil de revertir. Poco a poco deja de ser tratado del todo como un menor. Quinceañera terminó de sellar ese destino. Aquella telenovela se atrevió con asuntos que en su momento incomodaban a buena parte del país y convirtió a Adela y a una joven llamada Talía en el espejo de toda una generación de adolescentes.

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