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EDWIN VALERO: La ASQUEROSA Verdad Que Pasó Después De Pelear En Monterrey 

EDWIN VALERO: La ASQUEROSA Verdad Que Pasó Después De Pelear En Monterrey 

doble campeón mundial, 27 victorias, 27 knockouts. Y ese mismo hombre, 70 días después de salir de México, mató a su esposa de 24 años a sangre fría. Pero eso no fue lo más asqueroso. Lo más asqueroso fue por qué la mató y lo que hizo en las horas siguientes con el cuerpo. Mientras dos hijos pequeños esperaban en otra ciudad sin saber que su mundo se acababa de partir en dos.

Quédate hasta el final porque vas a saber el motivo real por el que Edwin Valero mató a Jennifer Viera esa madrugada, lo que la policía encontró en esa habitación 6 horas después y cómo terminó el hombre más temido del boxeo mundial 48 horas después del crimen. Pero antes de llegar a esa habitación de hotel en Valencia en abril de 2010, hay algo que tienes que entender, porque lo que pasó esa madrugada no empezó esa madrugada.

 Empezó 30 años antes en un pueblo perdido de los Andes venezolanos, donde un niño de 7 años vio a su padre cerrar la puerta para no volver nunca. Aquí es donde todo cambia. Bolero Alto. Estado Mérida, Venezuela. 3 de diciembre de 1981. Nace Edwin Antonio Valero Vivas, el tercero de cinco hermanos. Su madre Eloía Vivas, ama de casa.

 Su padre Domingo Valero, chóer de camiones que pasaba más tiempo en la carretera que en la casa. Edwin tenía 7 años cuando una mañana domingo se levantó, agarró su maleta de chóer, salió por la puerta principal sin despedirse y nunca más volvió. Eloía se quedó sola con cinco hijos. Edward, el mayor, Yaurima, la única hija mujer, Edwin y los dos pequeños, Jinet y Luis.

 ¿Sabes lo que comía una familia venezolana de seis personas en los años 80 cuando el sueldo del padre desaparecía de un día para otro? Comía un plato de arroz blanco repartido entre cinco platos, sin carne, sin frijoles, algunas noches sin pan. Y Edwin, a los 8 años ya rezaba todas las tardes esperando que su madre llegara con algo de comida para que los cinco pudieran cenar.

 Guarda esto en tu mente porque va a regresar. A los 10 años, Eloisa se mudó con los hijos a un barrio llamado La Palmita, en las afueras de El Vigía, un barrio duro, un barrio donde los niños jugaban en la calle hasta tarde porque adentro de las casas casi nunca había que comer. Y fue en una esquina de La Palmita, en 1991, donde Edvin Valero, con 11 años apenas cumplidos, probó las drogas por primera vez.

 pegamento, inhalantes, después alcohol. A los 12 años ya tenía dentro del cuerpo cosas que ningún niño debería tener. Pero a esa misma edad pasó otra cosa, algo que iba a contener la oscuridad por 16 años. Edward, el hermano mayor, había empezado a vender frutas en el vigía. Edwin se fue con él. En la misma calle donde vendían frutas había una tienda de bicicletas.

 El dueño Dimas García había sido boxeador en los años 70 y Dimas vio en Edwin algo. Lo mandó al gimnasio de boxeo del barrio. Desde la primera noche, Edwin le pegó al saco hasta que los nudillos le sangraron. El entrenador, después de mirarlo media hora, le dijo a Dimas una sola frase. Este muchacho es un animal, tiene rabia vieja.

 Esa rabia tenía nombre. Se llamaba Domingo Valero, el padre que se había ido. Se llamaba plato de arroz, repartido entre cinco. Se llamaba pegamento a los 11 años. Y Edwin la convirtió en oficio. A los 14 ganaba peleas en Mérida. A los 16 era tres veces campeón amateur de Venezuela. A los 17 tenía un récord de 86 victorias, seis derrotas, 45 por knockout como aficionado.

 Pero a los 17 años pasó algo más, algo que vamos a volver a tocar al final de esta historia. Una tarde de 1999, Edwin Valero estaba entrenando en el gimnasio de El Vigía. vio caminar por la calle a una niña delgada, morena, de cabello largo, que iba a visitar a una tía suya que vivía al lado. Edwin bajó los guantes, se quedó parado en la puerta y le dijo al entrenador delante de todos los compañeros una sola frase que el gimnasio entero recordó durante años.

 Esa niña tan linda va a ser mi esposa. La niña se llamaba Jennifer Carolina Viera. Tenía 13 años. Edwin tenía 17. 4 años de diferencia. Una niña que apenas estaba terminando la primaria, un boxeador adolescente que ya había probado de todo y que no estaba dispuesto a esperar a que ella creciera. Edwin la persiguió, la buscó, la convenció.

 A los pocos meses, sin que la familia de Jennifer lo supiera bien, la convenció para fugarse con él en un viejo camión de frutas, una niña de 13 años, un boxeador de 17 que ya consumía drogas desde hacía 6 años y un camión de carretera que se alejaba de el Vigía a las 3 de la mañana sin que nadie supiera a dónde iba.

 Esa fuga fue el primer pecado de Edwin Valero contra Jennifer y no iba a ser el último. Vamos a volver a esa niña, te lo prometo. 5 de febrero de 2001. Edwin tiene 19 años, tiene una novia de 15, tiene un sueño profesional a punto de cumplirse y esa tarde se sube a una motocicleta sin casco, conduce por la avenida principal de Elvijía y choca de frente contra un coche.

 Fractura de cráneo, coágulo cerebral. Lo operan de urgencia en el hospital de los Andes de Mérida y los médicos le advierten algo que él decide no escuchar. Le dicen que ese golpe en la cabeza lo había cambiado para siempre, que la lesión cerebral podía generar episodios de descontrol emocional, brotes de violencia inexplicable, decisiones impulsivas.

 Le dicen que el boxeo profesional con esa cabeza era jugar con dinamita. Edwin firmó la salida voluntaria del hospital tres días después sin terminar el tratamiento y al año siguiente debutó como profesional. Aquí es donde todo cambia. Lo que vino después fue peor de lo que cualquiera podía imaginar, porque Edwin Valero, 2 años después del accidente debutó como profesional el 9 de julio de 2002 y noqueó a su rival en el primer asalto.

 El segundo rival, primer asalto. El tercero, primer asalto. El cuarto, primer asalto. Edwin Valero ganó sus primeras 18 peleas profesionales, todas por knockout en el primer asalto. 18. Un récord mundial, una marca histórica que rompió la que había impuesto un boxeador llamado Jong Otto en 1905, 100 años sin que nadie pudiera romper esa marca y un venezolano de un barrio pobre de Mérida lo hizo.

 Imagina por un momento que tienes 23 años, eres campeón del mundo, ganas en un mes lo que tu padre nunca ganó en su vida y al mismo tiempo tienes adentro de la cabeza un coágulo cerebral que los médicos te dijeron que era una bomba, ¿qué harías? Edwin Valero hizo lo que más rápido le hacía olvidar el miedo. Hizo lo mismo que había hecho a los 11 años en la palmita. Consumió.

 Y no consumió en pequeñas cantidades, consumió como solo un campeón mundial podía consumir. Sin límites, sin testigos, sin gente que se atreviera a decirle que parara. 5 de agosto de 2006, Tokio, Japón. Edwin noquea al panameño Vicente Mosquera en el décimo asalto. Conquista su primer título mundial, el peso super pluma de la Asociación Mundial de Boxeo.

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