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¡DESTROZÓ A UNA FAMILIA! JOAO MALECK: IBA EBRIO, CHOCÓ Y PAREJA JAMÁS VOLVIÓ A CASA ¿Y LA JUSTICIA?

¡DESTROZÓ A UNA FAMILIA! JOAO MALECK: IBA EBRIO, CHOCÓ Y PAREJA JAMÁS VOLVIÓ A CASA ¿Y LA JUSTICIA?

A las 9 de la mañana, una avenida de Zapopan dejó de ser una calle cualquiera. En segundos, el ruido de un motor, el golpe seco de un Mustang blanco contra un Aveo gris y el silencio posterior partieron una historia [música] en dos. Dentro del Aveo viajaban María Fernanda Peña y Alejandro Castro Martínez, recién casados, todavía con la vida por delante, todavía con planes, llamadas pendientes, familia esperando [música] una celebración que no había terminado.

 Pero aquella le mañana ya no hubo regreso. Alejandro murió en el lugar. María Fernanda perdió la vida después mientras recibía atención médica. El conductor del otro vehículo era el futbolista Joao Malek Robles y desde ese instante nada volvió a ser igual [música] para nadie. Porque esto no cambió solamente la vida de dos personas, cambió la vida de cinco familias.

 La familia de María Fernanda, que tuvo que convertir una boda en duelo. La familia de Alejandro que tuvo que explicar una muerte imposible de explicar. Los hijos de Alejandro, reconocidos después como víctimas indirectas. La familia de Joao, que vio como una carrera prometedora se un día en un proceso penal y la propia vida de Joao, que pasó de ser un joven futbolista con futuro [música] en Europa, a un hombre señalado, procesado y sentenciado por homicidio culposo agravado.

 Y aquí aparece la primera pregunta que debería incomodarnos a todos. ¿Cuántas vidas caben dentro de una sola decisión irresponsable? Porque cuando alguien toma alcohol [música] y después toma el volante, no está solamente encendiendo un coche, está encendiendo una posibilidad de tragedia. Está poniendo en riesgo al peatón, al ciclista, al conductor que va con su familia, a la pareja que apenas empieza su vida, al niño que espera a su papá, a la madre que espera una llamada y al propio conductor que cree por unos minutos que a él no le va a pasar. Antes

de seguir, suscríbete a Alerta Roja, porque aquí vamos caso por caso, pista por pista, hasta donde otros no quieren mirar. Lo más doloroso de este caso es que no hablamos de [música] una escena anónima. Hablamos de nombres: María Fernanda, Alejandro, hablamos de una mujer joven que acababa de celebrar su matrimonio.

 Hablamos de un hombre que era padre. Hablamos de hijos que quedaron sin su papá. Hablamos de padres que no pudieron volver a abrazar a sus hijos. Y hablamos de un país donde demasiadas veces la frase fue un accidente. Se usa para suavizar lo que en realidad fue una cadena de decisiones. Porque sí, un choque puede ocurrir por una falla mecánica, por una distracción mínima, por una condición inesperada, pero cuando aparecen alcohol, exceso de velocidad y una muerte, la palabra accidente ya no alcanza para explicar el tamaño de la pérdida. Un tribunal determinó después

que Joao Malek conducía bajo los efectos [música] del alcohol all y a exceso de velocidad y eso fue parte central del fallo condenatorio por homicidio culposo agravado. Y entonces viene otra pregunta, ¿en qué momento alguien cree que puede beber, acelerar y llegar intacto [música] a casa? ¿En qué momento se vuelve normal decir, “Yo manejo bien, yo aguanto, solo fueron unas copas, no [música] está lejos, me voy despacio.

” Esa es la trampa. La tragedia casi nunca empieza con una intención de matar. [música] Empieza con una excusa pequeña, con una llave en la mano, con un no pasa nada, con un yo controlo y después ya no hay control. Según la información pública, Yao venía de estar en un centro nocturno.

 La versión periodística señaló que incluso había publicaciones en redes sociales de esa noche. Horas después, al filo de la mañana, ocurrió el impacto en avenida Tepella y Playa de Hornos. Testigos hablaron de velocidad. Las imágenes del lugar mostraron la violencia del choque y después llegó la parte que ninguna familia está preparada para vivir.

 Las llamadas, los cuerpos, los trámites, la incredulidad, la rabia, la pregunta repetida una y otra vez, ¿por qué ellos? María Fernanda y Alejandro no salieron esa mañana pensando que serían parte de un expediente. No salieron pensando que su historia terminaría en audiencias, peritajes, notas, abogados, [música] indemnizaciones y sentencias.

 Salieron como sale cualquiera, confiando en que los demás también respetan la vida. Y ahí está una de las verdades más duras de manejar. Cuando conduces, no solo llevas tu vida en tus manos, también llevas la vida de desconocidos. El caso dejó una marca pública porque no era solo un futbolista involucrado, [música] era una pareja recién casada, muerta.

Era un vehículo deportivo, era la sospecha de alcohol, era el exceso de velocidad, era la sensación de que una decisión de minutos había destruido años de amor, crianza, trabajo, [música] proyectos y esperanza. Y lo confirmado ya era grave. Lo que vino después abrió heridas nuevas. El proceso legal, la reparación del daño, los perdones legales, la inconformidad de la familia y una sentencia que para muchos no pareció proporcional al dolor causado.

Después del impacto empezó otra tragedia, la judicial. Porque cuando una familia pierde a alguien así, no solo enfrenta el duelo, enfrenta expedientes, enfrenta audiencias, enfrenta declaraciones, enfrenta términos legales que suenan [música] fríos frente a una tumba. Homicidio culposo, daño a las cosas, reparación del daño.

 Víctimas directas, víctimas indirectas, fianza, beneficio de libertad. Y cada palabra pesa distinto cuando quien la escucha acaba de enterrar a su hija, a su esposo, a su padre. Al principio, una parte clave fue discutida. La prueba de alcoholemia se realizó varias horas después del choque y en ese momento no todas las agrabantes quedaron acreditadas ante el juez de control.

 Esa demora se volvió un punto crítico, porque en casos de alcohol al volante el tiempo importa. Cada hora puede modificar resultados, abrir debates periciales y alimentar dudas. Pero más adelante, durante el juicio, el tribunal sí tuvo por acreditadas las agravantes de alcohol, de alcohol y exceso de velocidad.

 Ese detalle cambió jurídicamente el caso y aquí viene lo extraño para muchas personas. Aunque el tribunal lo encontró culpable y lo sentenció a 3 años, 8 meses y 15 días de prisión por homicidio culposo agravado, la duración de la pena permitió que pudiera acceder a beneficios legales mediante reparación del daño y fianza. La reparación fue fijada en alrededor de 3 millones de pesos para víctimas directas e indirectas.

 Entre ellas estaban María Fernanda, Alejandro y dos menores relacionados con Alejandro. Entonces aparece una pregunta que duele. ¿Cuánto vale una vida cuando la justicia la convierte en monto? Para una aseguradora puede ser una cifra. Para un expediente puede ser una reparación. Para una audiencia puede ser una cantidad.

 Pero para una madre, para un hijo, para una familia, no hay cifra que devuelva una silla vacía, no hay cheque regrese una voz, no hay pago que reconstruya una boda convertida en velorio. La madre de María Fernanda, Marta Tálvareza, fue clara desde el principio. No aceptaría un acuerdo económico porque la vida de su hija no tenía precio.

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