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ASÍ CAYÓ EL ALCALDE DE MORELOS: HARFUCH REVELA su PACTO con EL CÁRTEL DE SINALOA

ASÍ CAYÓ EL ALCALDE DE MORELOS: HARFUCH REVELA su PACTO con EL CÁRTEL DE SINALOA

Hay más casos de políticos vinculados al cártel de Sinaloa, seis funcionarios de Morelos que fueron detenidos este miércoles, sábado 23 de mayo de 2026. Así cayó el alcalde de Morelos. El martes por la mañana se tomó una foto con la Guardia Nacional. El miércoles por la noche era el hombre más buscado de Morelos.

 Y el jueves, mientras las autoridades federales rastreaban cada movimiento posible para localizarlo, los sicarios del cártel con el que había pactado su protección asesinaban a un chóer de la ruta nueve. en las calles de su propio municipio, el municipio que él había jurado gobernar. Jesús Corona Damián, alcalde de Cuautla, no solo entregó su ciudad al cártel de Sinaloa, la entregó con nombre, con firma, con acuerdos específicos y con la suficiente confianza en su propia impunidad como para posar sonriente junto a elementos

de la Guardia Nacional 24 horas antes de convertirse en prófugo de la justicia mexicana. Lo que Omar García Harfuch reveló este sábado 25 de mayo de 2026. en la ciudad de México no fue solo la caída de un alcalde, fue la autopsia completa de un pacto entre el poder municipal y el crimen organizado que operó durante años a plena luz del día en un municipio donde los negocios pagaban extorsión, donde los chóeres de transporte público suspendían rutas por miedo y donde el hombre que tenía el mandato constitucional de garantizar la

seguridad de su población era el mismo que coordinaba con el jefe del cártel de Sinaloa en la región oriente de Morelos para que esa extorsión ese miedo y esa violencia siguieran funcionando sin interferencia. Piensa un momento en lo que eso significa. un alcalde electo con votos reales de ciudadanos reales que depositaron su confianza en él, utilizando el cargo no para gobernar, sino para facilitar la operación del crimen organizado dentro de su propio territorio.

 como cómplice distante que mira hacia otro lado, como parte activa de un esquema documentado con video, con cuentas bloqueadas, con seis funcionarios detenidos y con una orden de aprensión que todavía, al momento en que estas palabras están grabando, no ha podido ejecutarse porque Corona Damián sigue sin ser localizado.

 Escribe en los comentarios si alguna vez viviste en un municipio donde sentiste que la autoridad y el crimen eran la misma cosa. Porque lo que esta semana se documentó en Quutla, Morelos no es una excepción que sorprende a los analistas, es la confirmación, con evidencia física y audiovisual de algo que millones de mexicanos han sospechado durante años sobre la relación entre ciertos gobiernos municipales y las estructuras del crimen organizado que operan en sus territorios.

 Para entender la magnitud de lo que Harfuch expuso este sábado, es necesario entender primero quién es Jesús Corona Damián y cuál es el camino que lo llevó desde la presidencia municipal de Cuautla hasta convertirse en el hombre más buscado del estado de Morelos. Corona Damián no es un personaje menor ni una figura de perfil bajo dentro de la política regional.

Gobernó Cuautla por primera vez entre 2019 y 2021 bajo las siglas de Morena, el partido que encabeza la actual transformación política del país. Eso solo ya es un dato que los analistas están procesando con toda su complejidad, porque significa que su primera aproximación al poder municipal ocurrió dentro de la estructura política del gobierno que hoy lo busca.

 Pero el dato que hace su trayectoria especialmente reveladora es lo que ocurrió después. En la elección de 2024, Corona Damián regresó a la boleta, esta vez bajo la coalición opositora PRIPAN PRD y ganó. Es decir, cambió de bandera política con la misma facilidad con la que, según lo que la evidencia reveló esta semana, manejaba sus compromisos con estructuras que no tienen ninguna bandera política, sino solo intereses económicos y territoriales.

 Y ganó con votos con ciudadanos que creyeron que estaban eligiendo a alguien que gobernaría para ellos. Lo que la investigación que llevó al operativo de esta semana comenzó a documentar es que esa segunda presidencia municipal no fue el resultado de un proyecto político genuino, sino la consolidación de una relación con el cártel de Sinaloa que ya llevaba tiempo construyéndose de Cuautla para operar con la cobertura institucional.

Titucional que ningún acuerdo informal puede proporcionar de manera estable. Cuautla no es un municipio cualquiera dentro del mapa del crimen organizado en Morelos. Es el segundo municipio más poblado del estado con una posición geográfica que lo convierte en punto de paso obligatorio entre distintas regiones del país, con una economía local que incluye mercados, transporte público y comercio informal que durante años han sido identificados por las autoridades de inteligencia como estructuras susceptibles de ser

utilizadas para el cobro sistemático de extorsiones. Tener el control del gobierno municipal de Cuautla significa tener acceso a información sobre operativos de seguridad, a la capacidad de interferir en denuncias ciudadanas antes de que lleguen a instancias federales y a una legitimidad institucional que hace mucho más difícil para cualquier autoridad externa intervenir sin generar fricción política.

 Eso es exactamente lo que el cártel de Sinaloa necesitaba en esa región. Y eso es exactamente lo que Corona Damián, según la evidencia encontrada esta semana, acordó proveer. Las primeras alertas sobre la relación entre Corona Damián y las estructuras del cártel de Sinaloa en la región oriente de Morelos no aparecieron de manera abrupta ni llegaron a través de una denuncia anónima que de pronto aterrizó en los escritorios de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

 emergieron de la misma metodología de cruce de datos de inteligencia financia y análisis de patrones de comportamiento que ha caracterizado cada uno de los operativos de esta ofensiva. Los analistas que monitoreaban los flujos financieros vinculados a las redes de extorsión en el transporte público del Estado de Morelos comenzaron a identificar un patrón que no correspondía con la estructura normal de una organización criminal operando sin protección institucional.

 Las extorsiones en la ruta 9 y en otras rutas de transporte de Cuautla no generaban la respuesta municipal que debería generar cualquier denuncia documentada de cobros sistemáticos a operadores de transporte. Las quejas llegaban, se registraban y después desaparecían del flujo normal de seguimiento sin que nadie dentro de la administración municipal pudiera explicar con claridad qué había ocurrido con ellas.

 Ese patrón, repetido en docenas de casos durante meses, apuntaba hacia una interferencia deliberada dentro de la estructura administrativa del municipio. Apuntaba hacia arriba. La semana sigue y entes de investigación llevaron a los analistas a rastrear las comunicaciones entre los mandos operativos del cártel de Sinaloa en la región y los funcionarios municipales de Cuautla.

 Fue entonces cuando el nombre de Júpiter Araujo Bernard apareció con una frecuencia que superó cualquier umbral de coincidencia. de estadística. Araujo Bernard, identificado por las autoridades federales con el alias de El Barbas, es el líder del cártel de Sinaloa en la región oriente de Morelos. un operador con años de presencia territorial en la zona y con una estructura de mando que los analistas de inteligencia describen como una de las más consolidadas del Estado.

 Lo que los datos comenzaron a mostrar no era la relación de distancia calculada que ciertos funcionarios corruptos mantienen con las organizaciones criminales para tener siempre un margen de negación plausible. Era una relación de coordinación directa con comunicaciones regulares, con acuerdos operativos específicos y con una cercanía que ninguna de las partes parecía considerar peligrosa porque ambas confiaban en que el nivel de protección que el acuerdo les proporcionaba era suficiente para mantenerlas fuera del alcance de

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