En Estados Unidos, la reforma migratoria de pues fracasaba en el Senado. En México, los canales de remesas representaban ya el segundo ingreso de divisas del país. 13.6 se puntos de rating. Eso no ocurre por casualidad de casting. Ocurre cuando una empresa lleva décadas aprendiendo a leer el termómetro social y colocar la imagen correcta en el momento exacto.
Angélica Rivera no era consciente de todos los cálculos que se hacían en los pisos superiores mientras ella ensayaba en los foros de abajo. Probablemente nadie le explicó los engranajes completos. Ese no era el trato. El trato era tú apareces. Nosotros decidimos cuándo, dónde y junto a qué.
Y en 2007, cuando el rating de Destilando Amor llegó a 13.6 puntos, la empresa entendió algo que convirtió ese activo en política. Había construido la cara del México que vota. Y en 2008 alguien entendió exactamente cuánto valía ese capital y para qué podía usarse el cálculo político. Guarden esta fecha, 5 de abril de 2008. una oficina en Nomas de Chapultepec, Ciudad de México.
Un gobernador del Estado de México que llevaba 15 meses viudo y una campaña para la presidencia de la República que ya [música] se estaba diseñando dos años antes de las elecciones. El escritor [música] Alberto Tavira en su libro Las mujeres de Peña Nieto documentó que antes de ese encuentro hubo una solicitud, una petición al liderazgo de Televisa, una lista [música] de actrices con trayectoria, con imagen pública limpia, con el tipo de reconocimiento que llegaba hasta las televisiones de los estados donde el PR necesitaba recuperar
confianza. Enrique Peña Nieto recibió esa lista. Pero para entender qué fue lo que ocurrió cuando Angélica Rivera entró a esa oficina, hay que saber quién era el hombre que la esperaba. El 11 de enero de 2007, 15 meses antes de ese encuentro, había muerto Mónica Pretelin Sainens, la esposa de Peña Nieto, 44 [música] años.
Madre de sus tres hijos, Paulina, Alejandro [música] y Nicole. La versión oficial habló de un parocardíaco seguido de una crisis epiléptica. Las preguntas sobre esa versión circularon en medios como proceso durante años sin recibir una respuesta oficial que la cerrara del todo. Y entonces hay un dato que casi nadie mencionó con el peso que merece.
El 31 de enero de 2007, 20 días después de la muerte de Mónica Pretelini, murió Luis Enrique. Luis Enrique Peña de la Madrid tenía 14 meses. Era hijo de Enrique Peña Nieto y de una mujer llamada Yaseka de la Madrid Telles, economista, con quien el gobernador había iniciado una relación en 2005, mientras su matrimonio con Mónica seguía vigente.
El niño había sido diagnosticado con cáncer. murió mientras Peña Nieto llevaba apenas 20 días de haber enviudado. Dos muertes en 20 días, una esposa, un hijo secreto, el mismo nombre al lado de las dos. Fíjense en ese dato, 20 días. Porque hay muertes que una sociedad procesa con preguntas y hay muertes que una sociedad decide no procesar.
Las de Peña Nieto en enero de 2007 fueron del segundo tipo. Antes de Yase que de la Madrid estaba Maritza Díaz Hernández, funcionaria del gobierno del Estado de México durante la administración del tío de Peña Nieto, Arturo Montiel Rojas. Con ella nació en 2004 un hijo, Diego Alejandro Peña Díaz. Peña Nieto lo reconoció solo después de que Marita lo demandara en los tribunales.
Y 4 meses después de la muerte de Mónica, el gobernador fue presentado en la fiesta de cumpleaños del vicepresidente de Televisa, Bernardo Gómez, a la conductora Rebeca de Alba. La presentación la hizo el empresario Carlos Bremer. Fue el 5 de mayo de 2007. La relación duró un año. Terminó en 2008. El motivo, una infidelidad.
con Angélica Rivera. Cuando Angélica aceptó salir con Enrique Peña Nieto, sabía lo que había detrás. Dos hijos reconocidos fuera del matrimonio. Un matrimonio anterior con dudas sin resolver. Un historial de relaciones simultáneas que la prensa de espectáculos documentaba sin que nadie pidiera que parara.
Ella tenía dos décadas en Televisa. Esa industria no guarda secretos de sus propios productores. En julio de 2008, la revista quien los fotografió cenando juntos en el restaurante San Angelín en agosto de nuevo. En septiembre una tercera vez. El 12 de noviembre de 2008 en el programa Salalá de TV Azteca, [música] el periodista le preguntó directamente al gobernador, “¿Sonos?” Peña Nieto se acomodó en el sillón y respondió con una sola palabra.
Sí, esa palabra echó a rodar una maquinaria que muchos no vieron construirse. La iglesia de Fátima. Un gobernador priista con tres hijos que acababan de perder a su madre no podía casarse en una catedral con una mujer que seguía siendo esposa ante los ojos de la Iglesia Católica. No en el México de 2010, no con la imagen presidencial que se estaba construyendo.
Angélica Rivera estaba casada religiosamente con el Gerüero Castro. El divorcio civil se resolvió en diciembre de 2008. Trámite de firma. Pero el matrimonio religioso era otra cosa. La Iglesia Católica no reconoce el divorcio, solo reconoce la anulación. Y la anulación exige demostrar que el matrimonio original nunca fue válidamente contraído, que no existió como sacramento.
El problema era que ese matrimonio sí había existido. Existía en los registros parroquiales de la Iglesia Nuestra Señora de Fátima, en la colonia del Valle, Ciudad de México. Existía en el acta matrimonial con las firmas de los contrentes, los testigos y el sacerdote. un sacerdote al que en la industria del espectáculo llamaban el sacerdote de las estrellas.
Había casado a los actores durante años. Había bautizado a sus hijos. Se llamaba José Luis Salina Saranda. Para resolver el problema de la anulación, el Tribunal Eclesiástico de la Arquidiócesis de México construyó una versión alternativa. Dijo que la verdadera ceremonia había sido una bendición informal en Acapulco, sin valor sacramental.
[música] que lo que ocurrió en la iglesia de Fátima había sido solo un gesto simbólico, que no había existido realmente un matrimonio válido, era mentira. Y había dos personas que lo documentaron por escrito. La primera fue el propio Gerero Castro. En octubre de 2010, semanas antes de la boda en Toluca, firmó una carta a mano.
En esa carta declaró textualmente [música] que en todo momento ambos habían sido conscientes de que el acto sacramental se realizaba en la iglesia de Fátima, tal como quedaba constancia en el acta matrimonial con las firmas de los contrayentes, el sacerdote y los testigos. El exmarido testificó por escrito contra la versión del tribunal.
La Arquidiócesis lo ignoró. La segunda persona fue el padre Salinas. El 5 de noviembre de 2010, exactamente tres semanas antes de que sonaran las campanas de la Catedral de Toluca, le escribió una carta personal al gobernador Enrique Peña Nieto. Carta larga en papel membretado con fecha y firma. le decía que el proceso canónico de anulación estaba lleno de irregularidades, que el tribunal había cerrado el caso sin permitirle defenderse, que estaban a punto de construir sobre una mentira documental.
Guarden [música] esto, Peña Nieto recibió esa carta, la leyó y tres semanas después se casó igual. Angélica Rivera sabía del testimonio escrito de su exmarido, no podía no saber y se casó igual. Hay personas que cometen ciertos actos sin entender del todo lo que están firmando y hay personas que los cometen con la documentación del error en la mano y deciden seguir adelante.
El 27 de noviembre de 2010, 8 de la noche, Catedral de Toluca, 300 invitados. Vestido blanco de Macario Jiménez, velo de 2 m. El cardenal Norberto Rivera Carrera viajó desde la capital para dar la bendición final. La ceremonia fue presidida por el arzobispo de Chihuahua, Constancio Miranda Beckman, que antes había sido obispo de Atlacomulco, la tierra natal del novio.
Seis hijos caminaron por ese pasillo esa noche. Las tres hijas de Angélica con el Hüero Castro, que tenían 14, 11 y 5 años, y los tres hijos de Peña Nieto con Mónica Pretelini, que habían perdido a su madre menos de 4 años antes. La menor de ellos cargaba la Biblia y el rosario mientras su padre se casaba con otra mujer.
Los aplausos de 300 personas resonaron en una catedral cuyo fundamento documental era una mentira aprobada por el propio tribunal que debía proteger la verdad. ¿Se imaginan ustedes estar en esos primeros bancos esa noche? Aplaudir sin saber que el sacerdote que casó a la novia por primera vez estaba en ese momento intentando llegar al Vaticano con las pruebas de lo que había pasado.
El padre Salinas pagó la factura. Le retiraron sus facultades sacerdotales. Le prohibieron dar misa, oficiar bodas, administrar sacramentos. Lo marcaron de por vida. Él llevó el caso hasta la signatura apostólica del Vaticano. Dos canonistas de la Universidad Pontificia de México dictaminaron por escrito que el proceso había sido irregular, que las irregularidades eran graves y que el castigo era injusto.
El expediente terminó años después sobre el escritorio del Papa Francisco. Para cuando eso pasó, la boda ya había producido lo que necesitaba producir, las fotografías, la cobertura nacional de Televisa y la primera dama de México. Esa es la primera pieza que completa el rompecabezas, la estructura.
Hay un dato que la investigación periodística publicó en 2016 y que casi nadie conectó con lo que vino después. La empresa que figura como propietaria de la Casa Blanca, Ingeniería Inmobiliaria del Centro fue constituida ante notario el 13 de noviembre de 2008. El día anterior, el 12 de noviembre, Peña Nieto había confirmado públicamente en el programa Salala que Angélica Rivera y él eran novios.
24 [música] horas. Una empresa nueva aparece en los registros mercantiles exactamente 24 horas después del momento en que la relación se hizo oficial ante el país. Eso no es una coincidencia, es una estructura. Y una estructura que se arma el día siguiente del inicio público de una relación no se improvisa. Alguien la tenía preparada.
Alguien sabía que la relación iba a hacerse pública. Alguien decidió que ese era el momento de legalizar el andamiaje que acompañaría a esa relación durante los próximos 10 años. Angélica Rivera no armó esa estructura, pero vivió dentro de ella. En mayo de 2013, la revista española Hola publicó un reportaje que la propia primera dama gestionó.
Abrió las puertas de la residencia a los fotógrafos de la publicación. Las imágenes mostraron mármoles blancos, jardines esculpidos, piscina climatizada, un elevador interior, sistemas de iluminación que transformaban los espacios en naranja, [carraspeo] rosa o violeta según el momento del día. Diseño del arquitecto Miguel Ángel Aragonés.
La revista se agotó en días y cuatro periodistas mexicanos se quedaron mirando esas fotos con una pregunta que nadie había hecho todavía. Una pregunta simple, ¿de quién es esa casa? Rafael Cabrera, Daniel Isárraga, Irvin Huerta y Sebastián Barragán del equipo de investigaciones especiales de Aristeg y Noticias tardaron 13 meses en encontrar la respuesta.
13 meses de registros públicos, solicitudes de transparencia, archivos del Instituto de la Función Registral, visitas a la colonia Lomas de Chapultepec. El 9 de noviembre de 2014 publicaron el reportaje La Casa Blanca de Enrique Peña Nieto. Simultáneamente en proceso, en Sin embargo, en el Wall Street Journal, en el New York Times, en el Guardián, en el Economist.
La casa registrada en Sierra Gorda 150 estaba a nombre de ingeniería inmobiliaria del centro. propietario de esa empresa, Juan Armando Inojosa Cantú, empresa madre, Grupo IGA. Y Grupo IGA, durante los 6 años que Peña Nieto gobernó el Estado de México, había obtenido contratos de obra pública por más de 8,000 millones de pesos.
Después, como contratista federal, participó en la licitación del Tren México Querétaro, uno de los proyectos de infraestructura más grandes del sexenio. La revocación de ese contrato se firmó el 6 de noviembre de 2014, tr días antes de que saliera el reportaje. Nadie creyó que fuera casualidad. La casa de la primera dama era de uno de los contratistas más favorecidos por su esposo.
Hay otro detalle que el reportaje también documentó. La casa de paseo de Las Palmas 1325 que Televisa supuestamente le había dado a Angélica Rivera como parte del finiquito de su contrato de exclusividad en diciembre de 2010, era colindante con la Casa Blanca. compartían un muro y cuando los periodistas marcaron el número oficial de ingeniería inmobiliaria del centro, la persona que atendió confirmó que ambas residencias compartían con mutador telefónico.
Estaban conectadas, en la práctica eran una sola propiedad con dos fachadas y dos direcciones. La parte pequeña era lo que Televisa le había transferido a Angélica Rivera. La parte grande, la del mármol, el elevador y los jardines de diseñador, la construyó y la financió grupo IGA. Y las dos juntas formaban la residencia de la familia presidencial.
Guarden ese dato. El video Peña Nieto estaba en Bellin cuando el reportaje salió. participaba en la cumbre APEC frente a Sillin Pin, presidiendo la Alianza para el Gobierno Abierto. Una iniciativa sobre transparencia que México coordinaba ese año. La ironía no se le escapó a la prensa internacional. Durante 48 horas no dijo nada.
Siguió con su agenda oficial. Al regresar a México se reunió con su equipo de comunicación en Los Pinos. cuatro o cinco personas, asesores, un operador político, el presidente. Sabemos cómo funcionaban esas reuniones porque varios de sus integrantes hablaron con la prensa en años posteriores. Angélica Rivera no estaba en esa reunión. La llamaron después.
Le dijeron que era la única salida, que la prensa no atacaría a una mujer con su imagen, que si ella explicaba que la casa provenía de su trabajo en Televisa, el país lo creería. Le prometieron que sería rápido, 3 minutos, un guion preparado, un video en su página personal, sin preguntas de prensa, sin conferencia.
Ella [música] aceptó. A lo mejor usted también ha conocido ese momento, el momento en que alguien de confianza le dice que hay una sola salida y que esa salida pasa por usted, por su cara, por su voz, por la credibilidad que usted construyó durante años. Y uno acepta porque confía y porque en ese momento parece que no hay otra opción.
Los días anteriores al 18 de noviembre fueron de ensayo. Le pasaron el borrador del texto. Ella revisó, pidió cambios menores, que no sonara defensiva. La mañana del 18 desayunó con sus tres hijas en la Casa Blanca. Por la tarde llegó el equipo de producción. Montaron la cámara. probaron el audio. Angélica se cambió tres veces de blusa.
Eligió Blanca. A las 9 de la noche encendieron la cámara. 3 minutos y 47 segundos. El Gan explicaba que había trabajado 25 años en Televisa desde los 15, que al renovar su contrato de exclusividad en 2008, Televisa le concedió el uso de una casa en Paseo de Las Palmas, que al dar por terminado ese contrato en junio de 2010, la empresa le pagó un finiquito de 88,631,000 pesos más IVA junto con las escrituras de esa casa que firmó una cláusula de no competencia por 5 años.
que con ese dinero adquirió la residencia de Sierra Gorda. Y al final las palabras que cerraban el video, yo no tengo nada que esconder. Al día siguiente [música] el video era tendencia mundial. Angélica Rivera en el séptimo lugar global de Twitter [música] y dos días después los periódicos mexicanos sacaron sus calculadoras.
Si el salario máximo que Televisa pagó en su historia a una actriz era de aproximadamente $10,000 mensuales y Angélica Rivera trabajó en la empresa 19 años, ¿cuántos años de trabajo al sueldo más alto jamás pagado necesitaría para acumular 86 millones de pesos? 53 años, no 19, 53. No cuadraba, no podía cuadrar.
Y encima la casa de paseo de las palmas que Televisa le había transferido y la Casa Blanca de Sierra Gorda compartían muro y conmutador. En la práctica eran la misma propiedad. Lo que Televisa le dio como finiquito era el inmueble menor. La parte principal la había construido Grupo Diga para la pareja presidencial. El guion que Angélica Rivera leyó en cámara el 18 de noviembre de 2014 no era verdad y ella lo sabía y los hombres que escribieron ese guion lo sabían.
4 años después, en agosto de 2018, Peña Nieto lo confirmó en entrevista con Televisa. Nunca debía haber dejado que Angélica explicara la Casa Blanca. Y en otra entrevista más adelante añadió, “Esta casa la compramos los dos.” Era un asunto de matrimonio. [música] Él mismo la desmintió cuando ya no importaba.
Lo que pasó en los meses siguientes tuvo una geometría que el país registró, pero no siempre conectó. El reportaje de la Casa Blanca se publicó el 9 de noviembre de 2014. El 10 de marzo de 2015, exactamente 4 meses después, Carmen Aristegui fue despedida de MVS Radio. La razón oficial que presentó la empresa fue el uso no autorizado de su nombre en una campaña en redes sociales para que regresara a Radio Fórmula.
Aristegui rechazó esa versión. Dijo que el contrato había sido rescindido bajo presión del gobierno federal. MVS lo negó. Lo que quedó fue este hecho documentado. 4 meses después de publicar la investigación más dañina del sexenio de Peña Nieto, la directora del equipo periodístico que la produjo perdió su plataforma de trabajo.
Rafael Cabrera, uno de los cuatro periodistas que firmaron el reportaje, fue también separado de MVS. Irvin Huerte y Sebastián Barragán dejaron la empresa en los días siguientes. El equipo de investigaciones especiales de Aristegi Noticias quedó disuelto. No hubo proceso penal para ninguno de los involucrados en Los Pinos.
Pero los cuatro periodistas que preguntaron a quién pertenecía a la casa de la primera dama no volvieron a trabajar juntos en la misma redacción. Y Angélica Rivera, que había aparecido en cámara para defender la casa que esa investigación había identificado, siguió viviendo en ella durante 4 años más. Esa fue la segunda pieza, Activea y el entorno familiar.
[música] Mientras el país miraba la Casa Blanca, había otra estructura creciendo en silencio, una estructura que tenía nombre de empresa y apellido familiar. Activé a Sociedad Anónima de Capital Variable. Antes de que Peña Nieto llegara a la presidencia en diciembre de 2012, Activea era una empresa de logística de eventos con un rastro modesto, alrededor de 10 contratos y 47 millones de pesos acumulados en varios años, nada que levantar a una bandera roja.
A partir de 2012, el crecimiento fue vertical. Para 2016, la empresa sumaba 97 contratos y más de 500 millones de pesos provenientes del erario público. No era una empresa con suerte, era una empresa cuyo crecimiento coincidía con precisión matemática con el acceso al poder de la primera dama. Fíjense en las cifras concretas.
77,600,000 pesos para la organización de la cumbre iberoamericana en Veracruz. 10 millones para una visita diplomática. 30 millones para la visita del Papa Francisco a México en 2016. La empresa que organizó la llegada del Papa cobró 30 millones del estado y la persona conectada a esa empresa tenía el mismo apellido que la [música] primera dama, Adriana Rivera, la hermana de Angélica.
entre 2013 y 2019. Según los reportes financieros que rodearon el caso, las operaciones con tarjetas American Express dentro del entorno familiar alcanzaron 112,500,000es, 10,400,000 pes vinculados a Angélica, 27,900,000 a Adriana, el resto repartido, entre otras dos integrantes del círculo familiar. Y en los registros aparecían también cheques de Adriana Rivera hacia una empresa llamada Ial Plus, vinculada al universo de Grupo Iga, el mismo contratista que ya había construido la Casa Blanca. El sistema se alimentaba de
sí mismo. El dinero público llegaba a Activea. Parte de ese dinero regresaba a través de Yellow Plus hacia el ecosistema financiero del mismo contratista que vivía al lado de la primera dama. Un dato más. En octubre de 2019, la organización Fundar ganó una batalla legal de 4 años para obligar al Servicio de Administración Tributaria a publicar la lista de personas a las que el Estado mexicano les había condonado impuestos entre 2007 y 2015.
En esa [música] lista, bajo el año 2007 aparecía el nombre de Angélica Rivera Hurtado. 2007. El año de Destilando amor. El año en que ella interpretaba en televisión nacional a una gimadora humilde que cortaba a Gabe bajo el sol de Jalisco, ganando lo que una familia mexicana de pocos recursos ganaba en un mes. Ese mismo año, el gobierno mexicano le perdonó 1,784,676 pesos en impuestos.
En la misma lista aparecieron también Juan Gabriel, José José, Paulina Rubio, pero el nombre que acaparó los titulares fue el de la exesposa del presidente. No fue casualidad. Las coincidencias en esta historia hace mucho que se agotaron. Las hijas, Y aquí quiero que se detengan un momento, porque hasta ahora hemos hablado de Angélica Rivera como la figura central de esta historia y lo es.
Pero hay tres personas que vivieron todo esto sin haber elegido ninguna de las decisiones que los pusieron en el centro. Sofía [música] Castro, Fernanda Castro, Regina Castro. Tenían 14, 11 y 5 años cuando su madre se casó en la catedral de Toluca en noviembre de 2010. Tenían 18, 15 y 9 cuando su madre apareció en cámara con el video de 3 minutos y 47 segundos y tenían 22, 19 y 13 cuando esa misma madre salió de Los Pinos en una camioneta negra al amanecer del primero de diciembre de 2018.
Fíjense en ese recorrido. 14 años la mayor cuando entró a Los Pinos, 22 cuando salió. 8 años de adolescencia y primeros años de adultez dentro de la residencia presidencial más observada del país. Sofía Castro tiene hoy 29 años. Trabaja como actriz. Siguió a su madre en la industria que las vio crecer.
Tiene su propia carrera, su propio nombre en los créditos y ese nombre es Castro. El apellido de su padre, [música] el gero, el productor de Televisa, que siguió trabajando en la misma empresa mientras su exesposa vivía en Los Pinos. Ese detalle no es menor. Las tres hijas mantuvieron su apellido paterno durante todos los años de Los Pinos.
No tomaron el apellido Peña Nieto. Siguieron siendo hijas del Hüero Castro. Y el Gerero Castro nunca habló públicamente del matrimonio de Angélica con el presidente, nunca declaró, nunca filtró. siguió produciendo telenovelas en la empresa donde todos se [música] conocen. Esa discreción también tiene un precio. Y Sofía Castro, que creció entre los foros de Televisa y los Pasillos de Los Pinos, carga con la suma de todas esas discreciones.
No habla de lo que vio, no habla de lo que sabe. Como su madre, mide cada palabra pública con el cuidado de quien aprendió desde pequeña que las palabras en esta industria tienen consecuencias específicas y documentadas. [música] A lo mejor ustedes también conocen esa sensación, la sensación de cargar con algo que no [música] pidieron, de heredar una historia que otros escribieron, de tener que demostrar cada día que tu apellido no te define cuando la mitad del país conoce ese apellido por razones que tú no controlaste.
Las tres hijas de Angélica Rivera heredaron eso sin haber firmado nada. Y los tres hijos de Peña Nieto con Mónica Pretelini, Paulina, Alejandro y Nicole heredaron algo diferente, pero igualmente pesado. La versión televisada de una familia reconstituida dentro de la residencia oficial [música] con cámaras de Televisa y portadas de ola, mientras ellos procesaban la pérdida de su madre a una edad en que ningún niño debería tener que procesar nada.
Seis hijos de dos historias distintas obligados a convivir dentro de la residencia más fotografiada del país, sin haber elegido ninguna de las decisiones que los pusieron ahí. Esa es la tercera pieza, el fin del sexenio. En los últimos dos años del gobierno, los periodistas [música] que cubrían presidencia empezaron a notar cosas pequeñas.
Cuando Peña Nieto viajaba al interior del país, Angélica ya no siempre lo acompañaba. En los actos oficiales conjuntos, los hombros estaban tensos. En las fotografías protocolarias no se miraban de la misma manera en que se miran dos personas que se han elegido. Algo se rompía ahí adentro. El país no lo sabía, pero las cámaras lo registraban en detalles que solo se leen en retrospectiva.
En mayo de 2016, en Madrid, Peña Nieto asistió a la boda de un familiar de la ex Miss Universo Jimena Navarrete. Entre los invitados estaba una modelo de San Luis Potosí. Se llamaba Tania Ruiz y Chelman. Tenía 32 años. Angélica Rivera también estaba en esa boda esa noche. Nadie conectó los puntos.
El primero de diciembre de 2018, Peña Nieto entregó la banda presidencial a Andrés Manuel López Obrador. Sin ceremonias de despedida, sin fotografía de cierre. Él viajó a Europa, se instaló en Madrid. Angélica Rivera se quedó en Ciudad de México. El primero de diciembre de 2012, cuando Peña Nieto había tomado posesión, las imágenes que circularon por el mundo mostraban disturbios afuera del Congreso, gas, pimienta, piedras, detenidos, una ciudad que no celebraba.
Los primeros minutos del gobierno que prometía modernizar a México llegaron con humo en las calles. 6 años después, la escena fue diferente. No hubo disturbios. Hubo silencio. Peña Nieto llegó al Congreso con Angélica Rivera del Brazo. Ese fue el último acto oficial de ella como primera dama. Subió al estrado.
Vio como su esposo entregaba la banda tricolor a un hombre que había pasado 12 años diciéndole al país que el sistema que Peña Nieto representaba era exactamente lo que México necesitaba romper. La escena duró menos de 10 minutos. No hubo abrazo de cierre en el podio. No hubo gesto que el país pudiera leer como una despedida emotiva.
Al terminar la ceremonia, Angélica Rivera caminó hasta la salida del Congreso, subió a una camioneta negra de la Secretaría de Gobernación y el vehículo se fue sin cobertura especial de Televisa, sin operativo de seguridad que bloqueara las calles con anticipación. La primera dama más fotografiada del sexenio salió del servicio público en silencio y en un vehículo que ya no le pertenecía, sin la estructura de seguridad de 78 personas que había acompañado cada uno de sus movimientos durante 6 años, sin los servicios del Estado Mayor, con una
historia entera guardada dentro de ella y sin el canal para contarla. El 11 de enero de 2019, en el funeral del exgobnador Alfredo del Mazo González en Toluca, Angélica Rivera y Enrique Peña Nieto aparecieron juntos por última vez ante el público. [música] No se tocaron, no se hablaron, miraron el ataúd.
Sería la última vez que se verían en público como pareja. 20 días [música] después, el 31 de enero, a la redacción de la revista Quien llegó una fotografía de Madrid, un hombre y una mujer caminando por el barrio de Salamanca. Él apoya la mano en la espalda de ella. Ella sonríe. La [música] mujer es Tania Ruiz y Chelman.
La revista tardó 4 días en verificar. El 7 de febrero, la portada [música] salió. El 8 de febrero de 2019, Angélica Rivera Hurtado publicó en Instagram un texto de 186 palabras. Las primeras, lamento profundamente esta situación tan dolorosa para mí y nuestros hijos. Por tal motivo, he tomado la decisión de divorciarme. Las últimas nada más ni ataques, ni reclamos, ni explicaciones, ni detalles íntimos.
El 2 de mayo de 2019, Peña Nieto publicó también en Instagram. Las últimas líneas decían, “Angélica, [música] muchas gracias por todo.” Después de la catedral de Toluca, después del Vaticano, después del rey de España que la condecoró, después de los 6 años en Los Pinos, después de los 3 minutos y 47 segundos con el guion que no era suyo.
Gracias por todo. Ella nunca respondió públicamente. El silencio. Y entonces empezaron los 7 años más raros de la cultura pública mexicana reciente. Una mujer que sabe más que cualquier periodista del país sobre algunos de los secretos más pesados de un sexenio entero, no habla, [música] no da entrevistas de fondo, no escribe, no filtra, no hace nada que no esté cuidadosamente medido.
7 años de silencio riguroso. En un tiempo donde cada divorcio de figura pública produce libros de memorias, documentales, podcast, [música] revelaciones escalonadas diseñadas para maximizar la atención, Angélica Rivera eligió algo que ya casi nadie elige, no decir nada. Hay dos explicaciones posibles y no son excluyentes.
La primera es que el silencio tiene un precio pactado, que el acuerdo de divorcio incluyó cláusulas que se reflejan en su patrimonio actual. Ninguna de las dos partes lo confirmó. La segunda es que ella sabe cosas cuyo costo de revelar es más alto que el costo de callar. En 2022, cuando desde la Unidad de Inteligencia Financiera empezaron a circular referencias a investigaciones sobre movimientos financieros relacionados con el entorno del expresidente, los nombres de Angélica Rivera y sus hermanas aparecieron en
conversaciones que llegaron a la prensa, pero no a los juzgados. El expediente original de la Casa Blanca desapareció de los archivos de la Secretaría de la Función Pública. En 2022, un juez cerró el caso sin una sola sanción penal. Los tres empleados que perdieron el expediente recibieron trabajo comunitario.
Ni Peña Nieto, ni Angélica Rivera, ni Inojosa Cantú fueron llevados a juicio. El caso se cerró sin culpables, sin documentos, sin nada. Y en un pasillo del aeropuerto de Ciudad de México, en algún momento de 2019, la conductora de Telemundo, María Celeste Rará, se cruzó con Angélica Rivera por casualidad. Sin cámaras, solo dos personas en un pasillo.
A Raras le preguntó cómo estaba. Angélica le respondió con siete palabras. Algún día voy a dar mi versión. Eso fue hace 6 años. Esa versión no ha llegado y el silencio se fue instalando como una segunda piel. En 2021, 3 años después del divorcio, fue vista por primera vez en un evento masivo, un concierto de Chayán en el Auditorio Nacional.
Fue con sus hijas sentadas en palco privado, sin comunicado de prensa, sin fotógrafo coordinado. El teléfono de un espectador la captó mientras aplaudía. Las redes sociales tardaron 15 minutos en identificarla. Al día siguiente, los tabloides escribieron sobre cómo estaba, si se veía bien, si sonreía, si parecía feliz. Angélica Rivera no respondió a ninguna cobertura.
Publicó en Instagram la misma tarde una foto de sus nietos comiendo helado. Era el nuevo protocolo. Cada vez que la prensa encendía el ciclo de noticias sobre ella, su respuesta era una imagen de sus hijas o de sus nietos. como un mensaje en código. Yo estoy aquí, pero en este lugar, no en el que ustedes buscan.
En 2022, la Unidad de Inteligencia Financiera publicó una serie de reportes relacionados con operaciones financieras del sexenio anterior. En los meses siguientes, conversaciones que llegaron a la prensa, pero no a los juzgados incluían referencias a movimientos del entorno de Los Pinos. El nombre de Angélica Rivera aparecía de manera tangencial en algunas de esas conversaciones.
El de Adriana Rivera, su hermana, también. Ninguna de las dos fue citada. Ninguna de las dos declaró. Lo que sí ocurrió fue que el expediente original del caso de la Casa Blanca, el que la Secretaría de la Función Pública había abierto en 2014, se declaró extraviado. En 2022, un juez cerró el caso sin una sola sanción penal.
Los tres servidores públicos responsables del extravoo recibieron trabajo comunitario sin multas, sin proceso. El caso más documentado de conflicto de interés del siglo XXI en México se cerró sin culpables, sin documentos y sin consecuencias. Y Angélica Rivera siguió callada. El regreso y la cuarta pieza. En octubre de 2024, en ese mismo aeropuerto de Ciudad de México, Angélica Rivera se encontró de nuevo con reporteros de espectáculos.
Les dijo que está abierta al amor. Tiene cuatro [música] nietos. Sus construyeron sus vidas. Sofía, actriz. Fernanda, en otro campo, Regina modelo. Y meses después llegó el guion. Con esa misma mirada, una serie de Televisa para la plataforma BX, un remake de señora Isabel, la telenovela colombiana que en México se adaptó en 1997 como mirada de mujer con Angélica Aragón en el papel principal.
El personaje que le ofrecieron se llama Eloisa, una mujer mayor de 50 años cuyo esposo la abandona para irse con una mujer mucho más joven. Eloía pierde su mundo, aprende a reconstruirse, recupera su deseo y su autonomía. Angélica Rivera no está interpretando a un personaje, está actuando su propia historia con otro nombre.
Fíjense bien en lo que está pasando aquí, porque es la cuarta pieza del rompecabezas. Televisa tomó la historia de vida de Angélica Rivera, la convirtió en argumento dramático y le pidió a la propia Angélica Rivera que la actuara. Para eso hay dos lecturas posibles y las dos son verdad al mismo tiempo. La primera lectura para Angélica, actuar a Eloía es la única forma que le queda de decir en voz alta lo que no puede decir directamente.
No puede dar la conferencia de prensa, no puede escribir el libro, pero puede ponerse delante de una cámara y actuar a una mujer que vivió exactamente lo que ella vivió y dejar que el país saque sus propias conclusiones. es la forma más segura de dar su versión sin violar ningún acuerdo. La segunda lectura, Televisa, la empresa que la construyó, que la prestó al PR, que la recibió de vuelta después del divorcio, encontró la manera de rentabilizar su historia una tercera vez.
La primera fue la gaviota de 2007, la segunda fue la primera dama de 2010 a 2018, la tercera es Eloía de 2025. Eso es Televisa. Cada historia tiene tres usos mínimos. En la presentación a prensa de la serie, cuando le preguntaron sobre el tema, Angélica Rivera dijo algo corto y preciso. El hombre que deja a su familia para irse con alguien más joven es algo que en esta época no ha cambiado.
Lo que me gustaría es que los hombres supieran que los hijos sufren. No nombró a Peña Nieto. No necesitó. Los rumores de un posible romance con su coprotagonista, el actor español. Clan, 20 años menor que ella, circularon en las primeras semanas. Ambos los negaron, pero las redes sociales notaron algo que tiene su propia geometría.
Peña Nieto la dejó cuando ella tenía 49 años para empezar con Tania Ruiz, que tenía 30. Ahora, a los 55 a Angélica se le atribuye un romance con un hombre 20 años menor. Lo que alguien comenzó con ella, ella parece estar completando con sus propias reglas. ¿O no? Porque hay personas que aprenden del dolor y hay personas que lo convierte en algo que nadie esperaba, el guion que nadie le escribió.
Y entonces llegamos al principio. Los foros de Televisa, el guion en las manos. Angélica Rivera leyendo a Eloisa. Pienso en lo que tuvo que cruzar por su cabeza en ese momento. No solo el personaje, la historia entera, los 17 años de trabajo que la llevaron a la gaviota, los 2008 en que alguien revisó una lista y eligió su nombre.
Los dos años de proceso canónico que destruyeron la carrera de un sacerdote. La noche de Toluca con seis hijos de dos mujeres caminando por el mismo pasillo. Los 6 años en Los Pinos, donde fue la mujer más fotografiada del país. Los 3 minutos y 47 segundos con el guion que no era suyo.
La mañana del primero de diciembre de 2018 en una camioneta negra antes del amanecer. Las 186 palabras de Instagram. Y el gracias por todo de alguien que le debía infinitamente más que eso. Y ahora un guion nuevo de Televisa, la misma empresa, los mismos foros, las mismas luces. Ella tiene 55 años, tiene tres hijas, tiene cuatro nietos y tiene una historia que prometió que algún día iba a contar. Quizás Eloisa es esa versión.
Quizás Televisa la escribe por ella porque Angélica Sola no puede escribirla. Quizás los dos. Lo que sí sabemos es que cuando el público vea a Eloisa reconstruirse después de que la abandonaron, millones de mexicanos van a pensar en la misma mujer, no en el personaje, en la actriz, en lo que le hicieron a ella, en lo que eligió callar, en lo que detrás de un personaje de ficción está dejando decir 7 años de silencio y al final Televisa le escribe el guion de la liberación o le escribe el guion del siguiente. uso.
En esta historia las dos cosas siempre fueron la misma. Hay una pregunta que llevo años queriendo hacerle a Angélica Rivera. Una sola. ¿Usted sabía cuando dijo que si la primera vez lo que iba a costar? Déjenme su respuesta abajo. ¿Creen que esta vez en 2025 el trato es diferente? Y si quieren entender como el mismo sistema que usó a Angélica Rivera usó también a otra mujer que estuvo exactamente en la misma posición y que también terminó pagando un precio que nadie le dijo de antemano, el siguiente video está aquí mismo, porque en este
canal siempre llegamos hasta donde los demás se detienen. Y la conexión entre esas dos historias es la misma conexión que une todo lo que hemos contado, el peso específico de los apellidos que se prestan se cobran y no se perdonan. M.