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ANA LUISA PELUFFO: Por ESTO un HOMBRE MURIÓ en su CASA y todo se TAPÓ

ANA LUISA PELUFFO: Por ESTO un HOMBRE MURIÓ en su CASA y todo se TAPÓ

27 de junio de 1965, Cuernavaca, Morelos. Una casa de descanso, una fiesta, risas, alberca, alcohol. Entre los invitados hay un hombre joven de apenas 29 años, guapo, periodista, exnovillero, casado nada menos que con la sobrina de un expresidente de México. Esa tarde entra vivo a esa casa y de esa casa va a salir muerto.

 La versión oficial dirá que se ahogó en la alberca, pero cuando los forenses abran su cuerpo, encontrarán algo que no encaja, algo que pone los pelos de punta, el cráneo fracturado, el hígado reventado, golpes por todo el cuerpo que ninguna alberca explica y en el salón sillas rotas y botellas hechas pedazos, como si ahí dentro se hubiera librado una batalla a muerte.

 La dueña de esa casa, una de las mujeres más bellas, más deseadas y más escandalosas del cine mexicano. La mujer que años antes se había atrevido a hacer algo que ninguna mexicana había hecho jamás frente a una cámara. algo que escandalizó a un país entero. Su nombre, Ana Luisa Pelufo. Quédate conmigo porque lo que pasó en aquella casa de Cuernavaca es uno de los misterios sin resolver más oscuros del espectáculo mexicano.

 Y hoy te lo voy a contar entero con todo lo que la autopsia reveló y lo que la justicia jamás pudo aclarar. Pero te aviso una cosa. Para entender cómo una mujer termina con un cadáver en su jardín, primero tienes que entender quién era. Y su historia es mucho más grande, más valiente y más trágica de lo que imaginas.

 Porque este, el de la muerte de aquel hombre en su casa, es solo uno de los secretos que esta mujer se acaba de llevar a la tumba. Ana Luisa Pelufo murió hace muy poco, el 4 de marzo de 2026, a los 96 años en un rancho de Jalisco y con ella se fueron para siempre las respuestas a preguntas que México lleva 60 años haciéndose. Hoy en este expediente vamos a abrir todas esas preguntas una por una.

 Hoy abrimos su carpeta, La tumba de Ana Luisa Pelufo, la mujer que enseñó lo que nadie se atrevía a enseñar, la que hizo el primer desnudo de la historia del cine mexicano y escandalizó a todo un país. la que fue señalada en la calle, repudiada por la Iglesia, reprendida por su propio padre, la que se casó una y otra vez buscando un amor que durara y nunca encontró, y la que en plena gloria, en lo más alto de su fama, quedó marcada para siempre por un cadáver que apareció en su jardín una tarde de domingo. Hoy las tumbas

hablan. Bienvenidos. a un nuevo expediente de las tumbas de la fama. Antes de empezar, hazme un favor, que para este canal lo es absolutamente todo. Dale ahora mismo al botón de me gusta, aunque el video acabe de empezar, aunque todavía no te haya contado nada. Ese gesto tan pequeño tuyo le dice al algoritmo de YouTube que esta historia merece la pena, que merece llegar a más gente y es completamente gratis.

 Es la forma más sencilla que tienes de ayudar a que estas historias no caigan en el olvido. Y suscríbete al canal porque aquí en las tumbas de la fama desenterramos con respeto, pero sin miedo las verdades que el espectáculo mexicano prefirió tapar y esconder bajo la alfombra. Pero sobre todo, y esto es lo que más me importa, déjame ya un comentario, aunque sea una sola palabra.

Escríbeme de qué ciudad o de qué país me estás viendo en este momento. Quiero ver en los comentarios con mis propios ojos, hasta dónde llega hoy la historia de Ana Luisa Pelufo. Quiero ver el mapa de toda la gente que se reúne aquí a recordar a nuestras leyendas. Hazlo ahora de verdad.

 Te lo agradezco en el alma y te espero ahí abajo. Te voy a contar cinco cosas en este expediente y te aviso al llegar a cada una. Primero, ¿quién era de verdad Ana Luisa Pelufo antes del escándalo? La nadadora, la bailarina acuática, la muchacha de Querétaro que llegó al cine casi por accidente y que escondía un carácter de hierro.

 Segundo, el día que se quitó la ropa frente a la cámara y partió en dos la historia del cine mexicano, el escándalo que sacudió al país, la censura, los ataques y lo que le dijo aún más doloroso su propio padre. Tercero, sus amores, los maridos que tuvo uno tras otro y la búsqueda incansable de un amor que durara, un amor que siempre se le escapaba justo cuando creía haberlo encontrado.

 Cuarto, y agárrate bien a la silla, porque esto es lo más fuerte, la muerte misteriosa en su casa. El hombre joven, el cadáver en la alberca, la autopsia que no cuadraba con nada, el expresidente de por medio y el caso que nunca jamás en 60 años se resolvió. Y quinto, sus últimos años y su muerte hace apenas unos meses. ¿Cómo terminó realmente la mujer más escandalosa del cine de oro mexicano? Y el contraste brutal, casi increíble, entre la rebelde que enfureció a todo un país y la anciana serena que se apagó en paz en un rancho. Te voy a avisar al

llegar a cada parte y quédate hasta el final, porque lo que vas a escuchar sobre lo que pasó en aquella casa de Cuernavaca no te lo han contado nunca con todos los detalles que hoy vas a conocer. Vamos al principio de todo para entender cómo una mujer termina con un cadáver en su jardín y su nombre manchado para siempre, primero hay que entender quién era.

 Y Ana Luisa Pelufo no empezó siendo una diva del escándalo. No nació siendo la escandalosa. Empezó siendo una niña en el agua, una muchacha con un sueño, igual que tantas otras. Para entender el final, siempre hay que volver al principio. Y el principio de Ana Luisa está muy lejos de las luces, los flashes y las polémicas que la rodearían después.

 Ana Luisa de Jesús Quintana Paz Pelufo, nació en Querétaro en 1929, una muchacha de provincia, como tantas de las que hemos conocido en este archivo, pero Ana Luisa tenía algo distinto, algo que la separaba del resto desde muy joven, una belleza que detenía el tráfico, que hacía girar las cabezas en la calle y un cuerpo de atleta fuerte y armonioso.

 Porque antes de ser actriz, antes de las cámaras y los escándalos, Ana Luisa fue nadadora y bailarina acuática. Formó parte del balet acuático del Club Deportivo Chapultepec. Esos espectáculos de natación sincronizada que en aquella época eran la última moda, la elegancia hecha deporte, algo que dejaba al público con la boca abierta. Imagínatela.

joven hermosísima, deslizándose por el agua con una gracia y una coordinación que parecían imposibles, como una sirena de verdad, esa disciplina del agua, ese control absoluto del cuerpo, esa naturalidad con la que se movía sin pudor delante de la gente en traje de baño, cuando otras muchachas se morían de vergüenza.

 Todo eso iba a marcar profundamente todo lo que vino después. Porque una niña que aprende desde pequeña a usar su cuerpo como un instrumento de arte, a exhibirse con orgullo y sinvergüenza ante un público, a no esconderse. Es una niña que de mayor no le va a tener miedo a las cámaras, ni a los prejuicios, ni al qué dirán.

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