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What REALMENTE ocurrió en el momento de la muerte de Jesús en el año 33 d.C VL

What REALMENTE ocurrió en el momento de la muerte de Jesús en el año 33 d.C

Mateo lo escribió con una sobriedad que no hace sino aumentar su peso. En el momento en que Jesús exhaló su último aliento en la cruz, las tumbas se abrieron. No una tumba, no unas pocas. Las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían dormido se levantaron. [carraspeo] Es uno de los versículos más breves y más densos de todo el Nuevo Testamento y durante 20 siglos ha generado más preguntas que respuestas.

¿Quiénes eran esos santos? ¿A dónde fueron después? ¿Qué vieron quienes los encontraron en las calles de Jerusalén? ¿Y por qué este acontecimiento tan extraordinario como la resurrección misma ocupa apenas dos versículos en toda la literatura sagrada? Este guion nació de esas preguntas, no para especular libremente, sino para hacer algo más difícil y más honesto.

tomar todo lo que el texto bíblico dice, todo lo que el contexto histórico del siglo i primero nos permite conocer y toda la profundidad teológica que este evento contiene y construir con eso una respuesta que sea fiel, que sea rigurosa y que al mismo tiempo sea capaz de sacudir el corazón de quien escucha.

Porque lo que ocurrió en Jerusalén en ese viernes de la Pascua del año 33 no fue un adorno narrativo, fue una declaración. Fue Dios mismo firmando con su propia mano lo que acababa de ocurrir en el Golgota. Para entender lo que sucedió ese día, necesitamos situarnos dentro del mundo en que ocurrió. Jerusalén en el año 33 era una ciudad cargada de tensión religiosa, [música] política y espiritual.

La Pascua reunía en sus calles a entre dos y 3 millones de peregrinos provenientes de toda la diáspora judía, desde Egipto hasta Mesopotamia, desde Roma hasta las costas de Asia Menor. Los romanos reforzaban su presencia militar durante estas festividades, precisamente porque sabían que la memoria del éxodo encendía el alma de un pueblo que nunca había olvidado completamente lo que significaba ser libre.

En ese contexto, un rabino galileo había sido arrestado la noche anterior, juzgado en dos tribunales distintos [música] antes del amanecer y conducido a la ejecución pública en uno de los métodos más infamantes que el imperio conocía. Para quienes lo habían seguido durante 3 años, para quienes habían escuchado sus enseñanzas y visto sus milagros.

Ese viernes representaba el final de todo. El sueño se había roto, el maestro había muerto. Pero hay algo que los evangelios registran con una precisión que merece toda nuestra atención. El momento exacto en que ocurrieron los fenómenos que acompañaron la muerte de Jesús. Mateo 27 50 al 53 los describe en una secuencia que no es casual.

Primero, Jesús clamó a gran voz y entregó el espíritu. Inmediatamente después, el velo del templo se rasgó de arriba a abajo. Luego, la tierra tembló y las rocas se partieron. Y entonces, en ese orden específico y en ese instante preciso, las tumbas se abrieron. El texto griego original usa el auristo pasivo, un tiempo verbal que indica una acción puntual, completa, definitiva.

No fue un proceso gradual, fue un acto y ese acto estuvo directamente vinculado a lo que acababa de ocurrir en la cruz. El velo del templo merece un momento de atención antes de continuar, porque su ruptura no es un detalle decorativo. Era una cortina de aproximadamente 18 m de altura y 30 cm de grosor, tejida con lino fino de cuatro colores, según las instrucciones del libro del Éxodo, y separaba el lugar santo del lugar santísimo, donde se creía que habitaba la presencia de Dios.

Ningún israelita común podía pasar más allá de esa cortina. Solo el sumo sacerdote, una vez al año, en el día de la expiación podía entrar al otro lado llevando la sangre del sacrificio. Cuando esa cortina se rasgó de arriba hacia abajo, el mensaje era imposible de malinterpretar para cualquier judío del siglo iero.

El acceso a la presencia de Dios ya no estaba restringido. El sacrificio perfecto acababa de ser ofrecido. La mediación del sistema levítico había llegado a su cumplimiento. Y en ese mismo instante, mientras el humo de los sacrificios de la Pascua aún subía desde los atrios del templo, mientras los sacerdotes realizaban sus funciones rituales, sin saber aún lo que acababa de ocurrirse a 400 m de distancia, Dios rasgó la cortina desde adentro hacia afuera, de arriba hacia abajo, porque ninguna mano humana alcanza desde arriba.

Simultáneamente a esta señal en el templo, la tierra respondió, “El terremoto que sacudió Jerusalén en ese momento no es solo un registro del Evangelio de Mateo. Hay registros geológicos en los sedimentos del Mar Muerto que documentan actividad sísmica significativa en la región durante el periodo que abarca el primer tercio del siglo iero.

Y aunque la correlación exacta con fechas específicas requiere cuidado metodológico. La geografía del área entre Jerusalén y el Mar Muerto está atravesada por la falla del Jordán, una de las fallas geológicas más activas del Medio Oriente, lo que hace que la descripción de un terremoto en ese contexto sea completamente coherente con la naturaleza física del lugar.

Las rocas se partieron, dice Mateo. Y cuando las rocas se partieron, las tumbas quedaron abiertas. Aquí es donde necesitamos detenernos, porque el texto bíblico hace algo muy preciso que con frecuencia se lee de manera apresurada. Mateo 27 52 y 53 dice lo siguiente: “En una lectura literal del griego y los sepulcros se abrieron y muchos cuerpos de los santos que habían dormido se levantaron y saliendo de los sepulcros después de la resurrección de él vinieron a la santa ciudad y aparecieron a muchos.

” Hay dos momentos distintos en esta descripción que el texto distingue cuidadosamente. Las tumbas se abrieron en el momento de la muerte de Jesús, pero los cuerpos resucitados [música] salieron de las tumbas después de la resurrección de él. Esto significa que hubo un intervalo. Las tumbas quedaron abiertas durante el tiempo que transcurrió entre el viernes de la crucifixión y el domingo de la resurrección.

Y solo entonces, cuando Jesús salió victorioso del sepulcro, los santos resucitados salieron también. Él es las primicias, como lo explicaría Pablo años más tarde en Primera de Corintios 15, el primero en resucitar para nunca más morir. Y solo después de esa primicia los demás. Esta secuencia tiene una importancia teológica profunda que no se puede pasar por alto.

Si los santos resucitados hubieran salido antes que Jesús, el orden de la resurrección habría quedado invertido. Habría sido como si los frutos de la cosecha llegaran al mercado antes de que el primero de los granos hubiera brotado de la tierra. Pero Dios no trabaja con desorden. La resurrección de Jesús es el fundamento ontológico, el evento que hace posible toda resurrección, como lo expresa el apóstol Pablo en Primera Corintios 15:20.

Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos. Primicias de los que durmieron es hecho. Solo después de que la primicia estuvo en pie, los demás pudieron levantarse también. El domingo en la mañana, cuando María Magdalena y las otras mujeres llegaron al jardín y encontraron la piedra removida y el sepulcro vacío, ese fue el momento en que la historia cambió de manera irreversible.

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