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Una carta encontrada en el barrio gótico de Barcelona que reveló la verdad oculta

Una carta encontrada en el barrio gótico de Barcelona que reveló la verdad oculta

La lluvia caía sobre las piedras antiguas del Barrio Gótico de Barcelona como si la ciudad quisiera borrar un pecado demasiado viejo para ser contado. Las luces amarillas de las farolas apenas atravesaban la niebla húmeda de aquella madrugada cuando Valeria Ortega salió temblando del pequeño café de la calle del Bisbe con una carta arrugada entre las manos.

Una carta.

Una maldita carta escondida dentro de un libro viejo en una tienda de antigüedades.

Y lo peor no era el papel amarillento.

Lo peor era la firma.

“Lucía.”

Su mejor amiga.

La mujer que llevaba diez años abrazándola en cada cumpleaños, secándole las lágrimas después de cada discusión amorosa y organizando, incluso, su despedida de soltera.

Valeria sentía el corazón golpeándole el pecho con tanta fuerza que apenas podía respirar.

—No… no puede ser… —susurró mientras retrocedía bajo la lluvia.

Volvió a leer la frase escrita con tinta azul:

“Daniel nunca dejará a Valeria por sí solo. Tendré que seguir alejándolos poco a poco hasta que él entienda que conmigo sería feliz.”

El mundo se detuvo.

La respiración de Valeria se cortó.

Las manos comenzaron a temblarle tanto que casi dejó caer la carta al suelo mojado.

Porque Daniel era su prometido.

El hombre con el que iba a casarse en apenas tres semanas en un castillo antiguo de Segovia.

Y Lucía…

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