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Un brutal “toponazo” entre fuerzas armadas y presuntos sicarios desató el terror en plena madrugada, mientras Harfuch ordenaba una ofensiva sin precedentes para recuperar el control de la zona VL

Un brutal “toponazo” entre fuerzas armadas y presuntos sicarios desató el terror en plena madrugada, mientras Harfuch ordenaba una ofensiva sin precedentes para recuperar el control de la zona

En Baja California Sur, un enfrentamiento armado en el municipio de Los Cabos dejó una persona muerta y siete lesionadas. Atención, atención. Un brutal enfrentamiento, un mega toponazo se vivió en Los Cabos, un lanzagranadas abastecido, 15 cuchillas de acero sembradas en el asfalto y un turista de California que nunca llegó a su hotel.

Pero Harfuk ya contraatacó a los sicarios. Esa noche en Los Cabos, Baja California Sur, Omar García Harfich recibió el reporte a las 23:04 horas y activó el protocolo de respuesta inmediata desde el Centro Nacional de Inteligencia. Lo que sus analistas tenían en pantalla no era una balacera ordinaria, era la arquitectura de una emboscada diseñada para matar soldados mexicanos en una de las zonas turísticas más visitadas del país.

Una trampa con nombre, con coordenadas, con cuatro vehículos en formación táctica y un arma que los noticieros mencionaron de pasada, pero que nadie te explicó completamente. Porque lo que ningún noticiero te va a decir es que esa noche había un lanzagranadas acoplado, abastecido, con una granada dentro, apuntando hacia el convoy de la Sedena y estuvo a segundos de disparar.

Hay tres preguntas que este video va a responder. ¿Cómo detectó el ejército la trampa antes de caer en ella? ¿Quién dio la orden de montar esa emboscada? ¿Y dónde está ahora? Y la más importante, ¿quién era el ciudadano americano que falleció en esa carretera a las 11 de la noche? ¿Qué hacía ahí? ¿Y por qué su nombre no aparece en ningún comunicado oficial? Esa última pregunta tiene nombre en los archivos de Harfush.

Pero hay algo que los noticieros no te van a contar. Los Cabos no es solo un destino turístico, es una plaza. Y las plazas en México no se administran, se conquistan, se defienden y se sangran. Desde principios de 2025, Baja California Sur, vive una guerra que el gobernador Víctor Manuel Castro Cocío ha reconocido públicamente, pero que los hoteles de cinco estrellas en la zona hotelera prefieren no nombrar.

De un lado, los chapitos Limitis, los hijos de Joaquín Guzmán Loera, la facción que heredó la estructura operativa más sofisticada del cártel de Sinaloa, del otro los mayos, la Pipbow. La facción de Ismael Zambada, golpeada pero no destruida, que aún controla rutas y tiene sangre por cobrar. La carretera transpeninsular que corre paralela al mar como una avena abierta entre San José del Cabo y Los Cabos es el corredor donde esa guerra se hace visible.

Es la misma carretera donde esa noche un grupo de civiles regresaba a casa y terminó atrapado en un fuego cruzado que no era suyo. La noche del sábado en Santa Anita olía a mar y a polvo caliente. Era una de esas noches de Baja California Sur, donde el calor no cede, aunque el sol lleve horas bajo el horizonte.

La temperatura rozaba a los 28º. La carretera estaba iluminada solo por los faros de los vehículos que circulaban en ambas direcciones, sin saber que a menos de 400 m cuatro camionetas pickup estaban estacionadas en formación táctica con los motores apagados y los hombres afuera en posición esperando. Los chapitos llevaban semanas consolidando su presencia en el corredor turístico.

habían ejecutado al menos tres ataques contra estructuras asociadas a los mayos en el municipio durante los 60 días anteriores. Cada uno más audaz que el anterior, cada uno enviando el mismo mensaje. Esta plaza ya tiene dueño. Lo que no calcularon es que cada movimiento audaz deja rastro y Harfuch llevaba semanas siguiendo ese rastro y entonces llegó el dato que lo cambió todo.

No fue mala suerte lo que destruyó a esa célula en Santa Anita. Fue una cadena de tres decisiones que en su momento parecieron correctas y que en retrospectiva fueron una sentencia escrita con semanas de anticipación. El primer error lo cometieron tres semanas antes del enfrentamiento. La célula de los chapitos en Los Cabos decidió cambiar su ruta de reabastecimiento de armamento.

El corredor terrestre Tijuana Encenada se había vuelto demasiado peligroso. Los retenes de la Sedena habían aumentado en frecuencia y los riesgos de interceptación eran inaceptables. La solución pareció elegante. Lanchas rápidas desde la costa de Sonora cruzando el Golfo de California. Desembarcando en puntos ciegos de la costa de BCCS, sin retenes, sin cámaras, sin contacto terrestre hasta el último kilómetro.

Era en teoría la ruta perfecta. Lo que la célula no sabía era que en enero de 2025 La Sedena había instalado un sistema de bollas de monitoreo acústico submarino frente a la costa de Baja California Surativo Mar Abierto. Cada lancha rápida de más de 180 caballos de fuerza genera una firma de sonido única, irrepetible, identificable.

Cada cruce quedó registrado, cada horario documentado y cuando el cargamento que incluía el lanzagranadas llegó a la costa, ya había un archivo abierto con el nombre de la célula. Ese fue el primero. El segundo error lo cometieron 4 días antes del enfrentamiento. El jefe de la célula, un hombre que los informantes de inteligencia conocen como operador de nivel medio, con experiencia en Guerrero, antes de ser reubicado en BCS, ordenó montar una operación de demostración de fuerza en la transpeninsular.

El objetivo era intimidar a los halcones de los mayos que aún operaban en la zona costera. La coordinación se hizo por radio en la frecuencia 154,375 MHz, la misma que el grupo usaba desde hacía 6 meses sin que nadie la hubiera tocado. 6 meses de silencio de inteligencia enemiga, los había convencido de que esa frecuencia era segura. No lo era.

Un equipo de inteligencia de señales de la Sedena llevaba 11 días monitoreando ese espectro exacto después de que el análisis de patrones de comunicación identificara un incremento inusual de tráfico de radio en la zona norte de Los Cabos. La conversación donde el jefe de célula dio la orden de movilizar los cuatro vehículos con armamento pesado quedó grabada en su totalidad.

Fecha ahora número aproximado de elementos. descripción del equipo táctico. Pero lo que nadie esperaba, ni la inteligencia militar era que el tercer error fuera el más visible de todos. Dos horas antes del enfrentamiento, el grupo llegó a Santa Anita con tiempo suficiente para preparar el terreno.

15 ponchallantas, artefactos de acero con puntas hacia arriba diseñados para reventar llantas de vehículos en movimiento bipo Eco. Fueron sembrados en el asfalto de la transpeninsular en el tramo exacto donde planeaban detener al convoy. Era doctrina básica de emboscada. controla el terreno antes que el enemigo. Era tácticamente lo correcto.

Lo que no vieron fue el dron. Desde las 21 30 horas, un vehículo aéreo no tripulado de vigilancia de la Sedena patrullaba el corredor de la transpeninsular en modo de monitoreo pasivo. Cámara térmica activa. Transmisión en tiempo real hacia el centro de operaciones. A las 21:47, el operador del dron reportó cuatro vehículos estacionados en formación táctica.

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