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Nuera en Mallorca descubre cámaras ocultas instaladas por su suegra en su propia casa bajo la excusa de vigilar a los nietos

Nuera en Mallorca descubre cámaras ocultas instaladas por su suegra en su propia casa bajo la excusa de vigilar a los nietos

Acto I: Una visita inocente

(La escena transcurre en el salón de un piso luminoso en Palma de Mallorca. Elena revisa unos planos sobre la mesa. Entra Mateo con una caja grande y una sonrisa cansada).

Mateo: ¡Ya estoy aquí, cariño! No sabes el tráfico que había en el centro.

Elena: (Sin levantar la vista) Te lo dije. Los viernes por la tarde en Mallorca son un caos. ¿Qué es esa caja tan enorme?

Mateo: (Dejándola sobre el mueble de la televisión) Un regalo de mi madre. Ha venido a traernos unas cosas para los niños y… bueno, esto para nosotros.

Elena: (Suspira de reojo) ¿Otra planta artificial? ¿O más figuritas de porcelana que no pegan con la casa?

Mateo: No seas así, Elena. Es un jarrón precioso. Dice que lo vio en una tienda de antigüedades en Valldemossa y pensó en tu salón.

Elena: (Se levanta y se acerca) A ver… Vaya, pues es verdad. Tiene un diseño geométrico bastante moderno para ser de tu madre. Qué raro.

Mateo: ¿Ves cómo juzgas antes de tiempo? Además, ha tenido un detalle con los peques. Ha comprado un oso de peluche enorme para el cuarto de juegos.

Elena: Aprecio el detalle, de verdad. Pero Mateo, sabes perfectamente que tu madre viene demasiado a menudo cuando no estamos. Tiene la llave para “emergencias”, no para hacer mudanzas los días laborables.

Mateo: Solo quiere ayudar con los niños, mujer. Le encanta ver cómo crecen. Desde que nos mudamos aquí, se siente sola.

Elena: Una cosa es ayudar y otra es que ayer me encontrara la ropa de los cajones recolocada. “Por orden de colores”, según ella. Me agobia un poco, lo sabes.

Mateo: Hablaré con ella, te lo prometo. Pero no le hagas un feo con el jarrón. Lo ha puesto ella misma ahí para ver cómo quedaba.

Acto II: El eco de las palabras

(Dos días después. Elena está en la cocina hablando por teléfono con su amiga Sonia mientras prepara la cena. Se escucha el extractor a fondo).

Elena: Te lo juro, Sonia, es como si tuviera un sexto sentido. El martes comenté en voz baja, aquí sola en la cocina, que odiaba el detergente que me recomendó. Pues ayer me mandó un enlace de otro producto diciendo: “Para que no te quejes”.

Sonia: (Al otro lado del teléfono) Menudo repelús, tía. ¿No se lo habrás dicho a Mateo y él se lo ha soltado?

Elena: Qué va, si Mateo estaba en la oficina. A veces pienso que tengo paranoia, pero hay más cosas. El otro día me criticó que el niño cenara pizza. ¡Pero si no se lo conté a nadie!

Sonia: A ver si va a ser que los niños hablan de más… ya sabes cómo son.

Elena: Dani solo tiene tres años, Sonia. No sabe ni decir la palabra “ingredientes”. Es rarísimo.

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