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Lupita D’Alessio vuelve al centro de la atención tras una confesión sobre su vida privada VL

Lupita D’Alessio vuelve al centro de la atención tras una confesión sobre su vida privada

 Livianos en el sentido de que todavía no había llegado el peso, que todavía el mundo entre ellos tenía el espacio que tienen las cosas antes de que la vida les ponga encima todo lo que la vida les pone encima con el tiempo. Lupita en esa época era una mujer que vivía en dos velocidades simultáneas. la velocidad de la carrera, que era alta y que no daba señales de querer reducirse, que pedía más y más de ella con esa voracidad específica del éxito cuando está en su momento de mayor aceleración y la velocidad de la vida privada, que era completamente diferente, que tenía

la cadencia de las cosas que no están expuestas a la luz pública y que por eso mismo pueden ser lo que son sin administrar lo que muestran. Jorge Vargas pertenecía a esa segunda velocidad. Era el espacio donde Lupita podía ser la mujer antes que la figura, donde podía tener las conversaciones que no caben en los escenarios, ni en las entrevistas, ni en ninguno de los espacios que el mundo reserva para las personas de su nivel de exposición, donde podía ser insegura o cansada o simplemente humana, sin que eso tuviera

consecuencias sobre la imagen que millones de personas habían construido sobre ella y que de alguna manera ya no le pertenecía completamente porque era también de ellos. Jorge escuchaba. Eso es algo que Lupita describe con esa economía de palabras que tiene cuando habla de las cosas que realmente importaron.

 No lo describe con adjetivos ni con elaboraciones. Lo dice simplemente que escuchaba, que tenía esa capacidad de estar completamente presente en una conversación que se vuelve extraordinaria cuando la mayoría de las personas que te rodean están en la conversación contigo, pero también en otras 10 conversaciones simultáneas con sus propios intereses y sus propias agendas.

 Lo que construyeron con el tiempo tenía esa solidez de las cosas construidas sobre la honestidad. No era una relación sin problemas, no era la versión idealizada que producen los recuerdos cuando los pule el tiempo. Tenía sus fricciones y sus momentos difíciles y sus periodos de distancia que son parte constitutiva de cualquier relación real que existe entre personas reales con vidas reales que no siempre apuntan en la misma dirección al mismo tiempo.

 Pero tenía algo que Lupita no encontraba en otros lados. Tenía verdad. La noticia llegó en la primavera. No voy a decir que llegó como una sorpresa completa, porque las sorpresas completas en estos temas son menos frecuentes de lo que la narrativa oficial suele sugerir. Llegó con esa mezcla específica de lo esperado y lo inesperado, que tienen las cosas que en algún lugar de ti sabías que podían llegar, pero ante las cuales cuando llegan descubres que saber que podían llegar no te preparó completamente para el momento en que llegan. Lupita lo supo primero. Se lo

dijo a Jorge de la manera en que se dicen estas cosas cuando la relación entre dos personas tiene la honestidad que tenía la de ellos. Sin rodeos, sin la construcción previa de un escenario diseñado para administrar la reacción, con la directness de quien confía en que la persona que tiene enfente puede recibir lo que le va a dar, aunque lo que le va a dar sea algo que cambia las cosas. Jorge lo recibió en silencio.

que existía, que creció en algún lugar mientras Lupita Dalesio seguía siendo Lupita Dalesio en los escenarios y en las pantallas y en el corazón de millones de mexicanos que la amaban sin saber que detrás de esa mujer que cantaba con toda su alma había algo que esa mujer cargaba en silencio, que existía en el espacio más privado de su vida, que no tenía lugar en la narrativa pública, pero que era tan real como cualquier nota que había cantado en cualquier escenario de su vida.

 A sus años, Lupita Dalecio llegó a un punto, el punto al que llegan todos los que han cargado algo durante demasiado tiempo, cuando el peso ya no tiene la misma justificación que tenía antes, cuando los argumentos que usabas para mantener el silencio han ido perdiendo fuerza con los años hasta que llega el momento en que miras esos argumentos y ya no reconoces en ellos la solidez que tenían cuando los construiste.

Mexican Singer Lupita D'Alessio To Receive “Legend Award” At The 2022 Latin  AMAs – Celeb Secrets

 Y decidió hablar. ¿Quién es esa hija? ¿Qué fue lo que ocurrió entre Lupita Dalecio y Jorge Vargas en aquella época? ¿Y cómo cambia todo lo que creía saber sobre la mujer que ha sido la voz más honesta del espectáculo mexicano cuando escuchas la historia que guardó durante décadas? Para entender el peso real de lo que Lupita reveló, hay que entender primero quién era ella cuando esta historia entró en su vida.

 No laita d’alecio que el mundo conoce ahora, la que era entonces la que estaba construyendo algo enorme con sus propias manos, sin saber completamente hacia dónde la estaba llevando lo que construía. Y hay que entender quién era Jorge Vargas, porque Jorge Vargas no es un nombre cualquiera en esta historia, es el centro de Ella. Lupita Dalecio llegó al mundo del espectáculo mexicano desde Veracruz con algo que no se fabrica y que no se aprende.

 llegó con una voz que tenía dimensiones que las voces ordinarias no tienen, que llegaba a lugares que la mayoría de las voces no alcanzan, que tenía esa capacidad específica de hacer que quien la escuchaba sintiera que la canción había sido escrita exactamente para lo que estaba viviendo en ese momento, aunque la canción hubiera sido escrita antes de que ese momento existiera.

 Esa voz la llevó a los escenarios con una velocidad que ella misma en los primeros tiempos no siempre podía procesar completamente. Las carreras que se construyen sobre el talento real tienen esa característica, que no piden permiso, que no esperan que estés lista, que van a la velocidad que el talento impone y que la persona detrás del talento tiene que aprender a seguir esa velocidad, aunque a veces sea más rápida de lo que se siente preparada para ir.

 Lupita siguió esa velocidad, lo dio todo en los escenarios con esa generosidad de los intérpretes que no se guardan nada, que ponen en cada actuación algo que no siempre tienen de sobra, que saben que entre ellos y el público hay un pacto que se honra o no se honra y que ellos van a honrarlo siempre, aunque eso tenga costos que el público no puede ver.

 Y mientras construía todo eso, mientras se convertía en la figura que el mundo estaba empezando a reconocer con esa claridad de lo que va a durar, conoció a Jorge Vargas. No en un escenario, no en el tipo de encuentro que las historias de figuras públicas suelen tener, con el glamur que el mundo imagina cuando piensa en cómo se conocen las personas de ese nivel de exposición.

 Lo conoció de la manera en que se conocen las personas que van a importar de verdad en un momento ordinario, en un espacio sin reflectores, con esa arbitrariedad aparente de los encuentros que la vida diseña, aunque no lo parezca. Jorge Vargas era del tipo de hombre que no necesita hacer nada especial para que la gente lo note.

 Tenía esa presencia que es constitutiva, que no viene de lo que hace, sino de lo que es, que existe en cualquier espacio que ocupe con la misma intensidad, independientemente de si ese espacio es grande o pequeño, si hay muchas personas mirando o ninguna. Tenía también algo que Lupita, en el periodo específico de su vida en que lo conoció, necesitaba encontrar, aunque no supiera que lo necesitaba.

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