La noche más oscura de Nicodemo quedó oculta durante siglos
Nicodemus, el peso de la noche, como vivió un fariseo. Después del viernes santo ano 30 [música] y 3 después de Cristo, la elección entre la muerte del alma y la vida del mundo. Gu cinematográfico documental [música] de largo formato. Voz enof español latinoamericano. El aire de Jerusalén huele diferente esa manana.
No como siempre, [música] no como el sábado que conoces de memoria con su pan fresco enfriándose en los hornos del barrio bajo con las conversaciones que bajan de volumen al cruzar frente a la sinagoga, como si el silencio [música] fuera un tributo espontáneo, con el olor familiar de la madera quemada desde antes del alba y el aceite de las lámparas que siguen encendidas.
Aunque el cielo ya clarea, no es ese sábado, [música] este es otro. Este sábado huele a sangre, seca a sudor [música] de multitud, que ya no está, pero que dejó en el aire su rastro pesado. [música] Como deja su rastro el mar después de la tormenta, huele a isopo empapado en vinagre [música] y al incienso desesperado que los sacerdotes queman en el templo desde anoche, como si el humo de las ofrendas pudiera borrar lo que sus propias manos aprobaron.
Huele a mirra, a luz, al aroma denso [música] y extrañamente dulce. de los cuerpos preparados para la Tierra. Imagina por un momento que esta sagi es el año 33 de nuestra era, más precisamente es el amanecer del día 15 del mes de Nissan, según el calendario [música] hebreo. el día que nosotros llamamos sábado en la ciudad de Jerusalén, una ciudad que en este momento alberga entre [música] 200 y 300,000 personas, el doble quizás el triple [música] de su población habitual, hinchada por la marea de peregrinos que llegaron para la Pascua, desde
Babilonia, desde Alejandría, desde las colonias [música] judías de Roma, desde los bordes más lejanos de la diáspora, familias que recorrieron semanas de camino para [música] estar aquí, que durmieron en tiendas en los montes circundantes, porque las casas de la ciudad no alcanzaban para contenerlos, que llegaron con la expectativa anual de celebrar la liberación de Egipto [música] y se encontraron en cambio con algo que ninguno de ellos habra de explicarle bien a nadie cuando regresen a casa. [música] Estas en el barrio alto
de la ciudad, la ciudad alta, el lugar donde viven los sacerdotes principales, [música] los escribas, los hombres del sanedrín, las casas aquí. No son las casas humildes de [música] los pescadores galileos ni los cuartos estrechos de los artesanos del mercado. Son estructuras de piedra caliza tallada de [música] dos y tres pisos con patios internos pavimentados con cisternas propias [música] excavadas directamente en la roca viva bajo los cimientos con vanos rituales Las Migba, esculpidas en [música] la piedra para la purificación

diaria. Los arqueólogos que excavaron este barrio en el siglo XX, específicamente el equipo de Nagma Navigat, que trabajó [música] durante más de una década, a partir de 1969, en lo que hoy [música] se llama el barrio judío de la ciudad vieja encontraron en estas ruinas mesas de piedra, finamente labradas vasos de alabastro y pesas de bronce [música] para el comercio, frescos de estilo helenístico en las paredes y evidencia de una cultura material extraordinariamente [música] sofisticada para su tiempo y su lugar
eran casas de gente que tenía mucho que perder. [música] Aquí vivió Nicodemo. No sabemos su nombre completo con certeza histórica. El texto griego del evangelio de Juan simplemente lo [música] llama Nicodemos, un nombre de raíz selenítica, que significa victorioso entre el pueblo Nicos.
Victoria, Demos, pueblo, era un nombre común entre los judíos de la época [música] helenística que adoptaban nombres griegos junto a sus nombres, hebreos con la misma naturalidad, con que hoy un hombre puede llamarse Jose en su casa [música] y Joseph en su pasaporte. El Talmud de Babilonia en el tratado Tanit menciona a un cierto Ndimón Ben Gurion, un hombre extraordinariamente rico de Jerusalén, conocido por su generosidad con los pobres.
[música] Y por ciertos eventos milagrosos que las escuelas rabinicas todavía discuten generaciones después de su muerte. Algunos eruditos serios, entre ellos Joachim Jeremías, [música] en su obra magistral sobre la Jerusalén del siglo io han sugerido que este podría ser el mismo hombre. La evidencia [música] es indirecta, pero hay demasiados puntos de contacto para ignorarla por completo.
[música] Lo que si nos dice el evangelio es suficiente para trazar un perfil preciso. Nicodemo era fariseo, era miembro del Sanedrín, el tribunal supremo religioso de Israel, pues el texto griego lo designa con la expresión archontón Eudaimón, gobernante de los judíos, un título técnico [música] para los 70 y un hombres que componían ese cuerpo.
y era un hombre de riqueza considerable, [música] como lo demostrará un gesto suyo, que examinaremos con detenimiento en unos momentos, un gesto tan desproporcionado que solo puede entenderse como la declaración pública [música] de alguien y que ya no le teme al costo. Pero ahora mismo, en este amanecer del sábado, Nicodemo, está despierto.
Ha estado despierto [música] toda la noche. Retrocedamos 36 horas. Necesitamos el contexto [música] completo para entender el peso de lo que este hombre está cargando el jueves por la noche. El 14 de Nissan víspera de la [música] Pascua, Jesús de Nazaret celebró una última cena con sus discípulos [música] en un aposento alto, un Iper en griego ubicado en alguna casa del sector que hoy conocemos como el monte Sion.
A menos [música] de 500 met de la casa de Nicodemo, la proximidad geográfica [música] es importante porque en Jerusalén todo sucede peligrosamente. Cerca de todo lo demás. Esa misma noche, antes de la medianoche, Jesús fue arrestado en el huerto de Getsemaní, cuyo nombre hebreo, Gahmanim, [música] significa prensa de aceite.

Un nombre con su propia [música] ironía trágica. El lugar donde los olivos dan su fruto aplastados. Es también el [música] lugar donde el Hijo del Hombre es aplastado por el peso de lo que viene. El arresto fue ejecutado por guardias del templo acompañados de una unidad de [música] soldados romanos, una fuerza mixta que evidencia la colaboración ya sellada entre la aristocracia sacerdotal y la administración imperial.
[música] Judas Iscariote había recibido 30 piezas de plata, por señalar el lugar 30 ciclos de [música] plata, exactamente el precio que fijaba el éxodo como compensación por un esclavo que había sido muerto. Un detalle que los evangelistas registran como el cumplimiento preciso de la profecía de Zacarías, capítulo 11, versículo 12.
El proceso judicial que siguió fue [música] desde cualquier perspectiva legal de la época una irregularidad sistémica. Para entender [música] la magnitud de esa irregularidad, hay que entender lo que era el sanedrín. No era simplemente un tribunal religioso, era el gobierno autónomo de Israel dentro [música] del marco del Imperio Romano, el único órgano que tenía autoridad para emitir penas de muerte en asuntos de ley judía, aunque la ejecución en sí requería la aprobación del gobernador romano sus normas de procedimiento.
Estaban [música] codificadas con una minuciosidad que habría avergonzado a más de un sistema jurídico moderno. La misna en el tratado Sanedrín [música] las establece con claridad. Los juicios capitales no podían celebrarse [música] de noche, no podían celebrarse en día festivo ni en víspera [música] de día festivo.
Debían comenzar siempre con los argumentos de la defensa, nunca con los de la acusación. Requerían una mayoría [música] de al menos dos tercios de los miembros. para condenar, no para absolver [música] el acusado, no podía ser condenado. Únicamente sobre la base de su propia confesión, principio, que en el derecho [música] romano se llamaría Nemo Tenetur, Seipsum, Acusare.
Y entre la sentencia [música] de muerte y la ejecución debía transcurrir al menos un día completo para dar lugar [música] a que cualquier testigo nuevo pudiera presentarse con evidencia de inocencia. Cada una de estas reglas fue violada en la noche del 14 de Nissan del ano 33.
La reunión fue convocada en la madrugada [música] en la residencia privada del sumo sacerdote Caifás, cuyo nombre completo era Joseph Barayafa. Este hombre no es un personaje abstracto. Su osario de piedra caliza, con su nombre inscrito en arameo, fue descubierto en 1990 [música] durante obras de construcción al sur de Jerusalén en el lugar conocido como Jibat [música] Amiftar y hoy se conserva en el museo de Israel.
La reunión [música] no fue una sesión plenaria del Sanedrín, fue una convocatoria de urgencia de los miembros más alineados con la posición [música] de Caifás, precedida por alguien que ya había tomado la decisión antes de que [música] comenzara cualquier deliberación. El propio Juan registra que Caifás había dicho meses antes [música] que era conveniente que un solo hombre muriera por el pueblo para que no pereciera toda la nación.
Una profecía involuntaria, comenta Juan con la elegancia [música] de quien sabe exactamente lo que está haciendo, que Caifás pronunció sin entender lo que decía, dónde estaba Nicodemo [música] esa noche, el texto no lo dice y ese silencio es en sí mismo una forma de testimonio. Si Nicodemo era miembro del Sanedrín y el evangelista Juan es completamente explícito.
En esto entonces fue o debió ser convocado a [música] esa reunión. Y aquí la historia abre dos caminos igualmente oscuros. O Nicodemo [música] fue convocado y no asistió, en cuyo caso su ausencia era un acto de resistencia política [música] cuyas consecuencias él conocía perfectamente. O Nicodemo asistió, escuchó y guardó silencio, [música] en cuyo caso su silencio era la traición más costosa de todo, la traición a lo que ya sabía en su propio interior [música] desde aquella primera noche, 3 años atrás. Hay un detalle que
Lucas pone casi de pasada con la naturalidad de quien anota [música] algo que considera obvio, pero que en realidad es explosivo. En el capítulo 23, versículo 50 y 1, al hablar de José de Arimatea, Lucas, dice que este hombre no había consentido [música] en el plan y en la acción del sanedrín. El texto griego usa el participio sin catateza y menos que literalmente significa no había puesto su voto junto con el de ellos.
Era un hombre que había votado diferente o que había rehusado votar. Hizo lo mismo. Nicodemo o el miedo lo aplastó completamente esa noche. La historia no nos lo dice con certeza, pero lo que sí sabemos es lo que Nicodemo hizo 16 horas después [música] de la crucifixión. Y ese acto habla más claro que cualquier declaración judicial que pudiera haber hecho en una sala llena de enemigos el viernes 15 de Nissan.
La hora nona, [música] según el sistema romano de contar las horas desde el amanecer, lo que en nuestros términos [música] corresponde a las 3 de la tarde en la colina que los romanos llamaban calvaria del latín [música] calbus, calavera y que los judíos llamaban gulgulta en arameo, con idéntico significado una colina que se elevaba apenas 8 met sobre el nivel del [música] camino, pero que era perfectamente visible desde las murallas de la ciudad.

Tres hombres estaban muriendo la crucifixión romana. No era simplemente [música] un método de ejecución, era una tecnología del terror social cuidadosamente desarrollada por un imperio que comprendía que el poder descansa tanto en el miedo como [música] en la fuerza. El crucificado era expuesto en el lugar más visible posible, generalmente junto a los caminos de entrada a la ciudad, para que todos los que llegaran y salieran lo vieran.
[música] El cuerpo era dejado en la cruz durante días o semanas, consumido por las aves de Carroña, como advertencia permanente sobre lo que Roma hacía con quienes perturbaban [música] su orden solo. En circunstancias excepcionales se permite al descenso y el entierro. Pero había algo que complicaba esta [música] lógica del terror en Jerusalén.
Ese día, la ley del Deuteronomio, capítulo 21, versículos 22 [música] y 23 ordena que un hombre ejecutado y expuesto en un madero debe ser descolgado y enterrado antes de la puesta del sol para [música] no contaminar la tierra y durante la Pascua, con 200,000 personas en la ciudad, [música] con el templo en plena actividad litúrgica, con la mirada de la diáspora judía entera puesta en Jerusalén.
Violar esa ley públicamente habría creado un conflicto que ni Pilato ni [música] Caifás podían permitirse alguien tenía que actuar. El sol bajaba, quedaban pocas horas. [música] El que actuó fue José de Arimatea. El evangelista Marcos usa para describir la ida de José ante Pilato la palabra griega Tolmao, que significa atreverse reunir valor como quien recoge coraje del piso antes de hacer algo que sabe que va a costarle.
Presentarse ante el gobernador romano para solicitar el [música] cuerpo de un hombre ejecutado como rey rival de César con la inscripción Yesus Nadarenus Rex Yudaeorum. todavía clavada sobre su cabeza, era firmar públicamente tu asociación con un traidor político. Era el equivalente de [música] lo que hoy llamaríamos ponerse del lado incorrecto de la historia, excepto que en el siglo iero [música] el lado incorrecto de la historia podía terminar en una cruz propia. José lo hizo.
[música] Y ahí entra Nicodemo, el evangelio de Juan, en el capítulo 19, versículos 39 y 40, lo introduce con una sola frase, que es en sí misma un retrato psicológico de extraordinaria [música] precisión. También Nicodemo, el que antes había venido a él de noche, llevó una mezcla [música] de mirra y aloes de unas 100 libras.
El evangelista no puede evitarlo. [música] Lo define por su noche Nicodemo es el que había venido de noche después de 3 años, después de todo lo que sucedió. El sello [música] que Juan le pone a este hombre sigue siendo ese fue de noche, como si toda su identidad anterior estuviera encerrada en esa hora de oscuridad.
Pero ahora es de día. Es la tarde más pública del ano judío [música] y Nicodemo está cargando especias. Detengámonos en el peso de esas especias, porque el evangelista Juan es tan preciso en este detalle que la precisión misma se convierte en una clave teológica que no podemos pasar por alto.
Unas 100 libras romanas, [música] dice el texto, la libra romana, la libra pondo del sistema de pesos imperial, equivale a 327 g con40 y 5g. [música] 100 libras romanas. eran aproximadamente 32 kg y g casi 33 [música] kg de una mezcla de mirra y aloes no es la cantidad los que trae una familia humilde [música] para ungir a su difunto.
Es la cantidad que se reservaba para los reyes para entender lo que representaba económicamente [música] ese gesto. Hay que entender el mercado de especias en el [música] Mediterráneo del siglo. Primero, la mirra en hebreo mor. En griegos, Mirna era la resina seca del [música] árbol comífora, mirra originario del sur de Arabia y del noreste africano.
Llegaba a Jerusalén a través de las caravanas de los nabateos [música] que controlaban las rutas comerciales del desierto desde su capital Petra, la ciudad rosada tallada en la roca de lo que hoy es Jordania. El aloe que se mezclaba con la mirra para los ungimientos fúnebres. Era probablemente el Galbud, una resina aromática del sudeste asiático que llegaba a Oriente Medio [música] a través de las rutas del incienso del océano.
Indico ambas especias [música] eran caras. Los textos rabinicas del periodo registran precios [música] de mirra que oscilaban entre 5 y 15 denarios. Por Libra, un denario, era el jornal de un día de trabajo para [música] un obrero agrícola ordinario, lo que el evangelio de Mateo, capítulo 20 confirma como el salario estándar, cinco denarios por [música] libra multiplicado por 100.
Libras daba un total de 500 denarios, el salario de 500 días de trabajo, casi un año y medio de jornal para un trabajador común, para un hombre de la clase social de Nicodemo, quizás representaba menos [música] en términos relativos, pero el gesto seguía siendo extravagante de una manera que nadie podía interpretar. Como accidental, [música] Nicodemo llegó con el equivalente de una fortuna pública, con las manos llenas de algo que no se puede cargar.
sin que todos los que te ven sepan exactamente de qué lado [música] estás. El ritual de preparación del cuerpo en la tradición judía, la taará que en hebreo significa purificación. Era un acto de amor concreto y meticuloso. [música] El cuerpo era lavado con agua tibia, era ungido con aceites y especias aromáticas, era envuelto con tiras de lino, la sozonia en griego, comenzando por los pies y subiendo por las piernas, [música] el torso, los brazos, la cabeza que recibe a un pano separado el sudarión latino, la sudaria que cubre al
rostro la mirra y los aloes se depositaban [música] directamente en las capas del lino, perfumando el cuerpo, retardando la descomposición, transformando El acto biológico [música] de la muerte en algo que la dignidad humana podía mirar de frente era un acto sagrado. Era también [música] un acto que requería tocar el cuerpo, lavarlo, sentir su peso, ver sus heridas.
Nicodemo tocó ese cuerpo, sintió el peso de sus 33 anos sobre sus propios brazos. Vio los senos hechos [música] por los clavos en las muñecas. Porque los romanos no clavaban a sus crucificados por las palmas de las manos, que no soportaban el peso del cuerpo sin desgarrarse, sino por las muñecas [música] vio la herida del costado, porque un soldado romano había atravesado [música] el pecho con una lanza para verificar la muerte.
Y del costado había brotado sangre y agua un detalle que Juan [música] registra con la insistencia de un testigo que sabe lo que vio y necesita que el lector lo sepa. También Nicodemo envolvió en lino blanco a ese hombre que tres anos antes le había dicho, “En la intimidad de una noche de primavera, el que creyere en mí, aunque esté muerto, vivirá.
” Y luego cerraron la piedra. Y Nicodemo regresó a su casa en la [música] ciudad alta, con las manos oliendo a mirra con la espalda cansada del peso de las especias, con las rodillas que no temblaban de fatiga, sino de algo más profundo, algo para lo que [música] el hebreo y el griego tienen palabras, pero el español moderno apenas [música] alcanza el temblor específico de quien acaba de hacer algo irreversible y lo sabe.
Ahora es el sábado, no un sábado cualquiera. Sábado [música] santo, el día del silencio absoluto, el día en que el cielo calla y la tierra todavía no sabe lo que viene. Los teólogos del siglo XX le dieron ese nombre con una elegancia que a veces la academia alcanza a pesar de sí misma, el [música] día entre el viernes de la muerte y el domingo de la resurrección, el [música] día que no aparece en ningún himno, el día que nadie celebra el día de esperar, sin saber si hay algo que esperar para entender lo que Nicodemo está viviendo en este sábado, [música]
es necesario entrar en la arquitectura emocional de la fe. judía del siglo iero, el judaísmo que Nicodemo conocía desde la infancia, [música] el judaísmo que había estudiado durante décadas bajo maestros de la Torá, el judaísmo que ordenaba cada hora de [música] su día, desde el Shemá matutino hasta la oración nocturna.
Este judaísmo tenía una relación con la muerte que era a la vez más concreta y más misteriosa que la nuestra. No tenía el aparato conceptual del purgatorio o del cielo inmediato que la teología cristiana [música] posterior desarrollaría. Tenía, en cambio, una promesa que al final de los tiempos Dios levantaría a [música] los muertos para el juicio y la restauración.
El libro de Daniel, capítulo 12, versículo 2, lo decía con una claridad, que los fariseos citaban en sus debates con los saduceos, quienes la rechazaban muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán unos [música] para vida eterna y otros para vergüenza y confusión perpetua. Los fariseos crean en la resurrección.
Nicodemo creía en la resurrección, pero la resurrección [música] que Nicodemo creía era un evento futuro colectivo cósmico. Al fin de los tiempos [música] no una persona, no un hombre específico, no alguien que había dicho con las mismas palabras [música] con que Dios se identifica ante Moisés en la zarza ardiente.
Yo soy la resurrección y la vida ego. Amy e Anastasis [música] Cooe. y las dos palabras del éxodo convertidas en la afirmación más radical que un ser humano puede hacer sobre sí [música] mismo. Y ese hombre estaba ahora muerto en una tumba a 500 m de la casa de Nicodemo, que hace una mente cultivada [música] y entrenada en la lógica de la Torá con esta información que hace Nicodemo con el olor de la mirra todavía en sus manos.
[música] Y esa frase resonando en la memoria, la mente entrenada hace lo que siempre hace, vuelve al principio. Nicodemo regresa [música] a la noche de hace 3 años porque para entender dónde está ahora tiene que entender dónde empezó. Pero antes de [música] ir a esa noche, necesitamos hablar de lo que significa ser fariseo.
No en el sentido peyorativo, con que la palabra ha llegado a nuestros días esa imagen del hipócrita ostentatoso que Jesús critica [música] en el sermón del Monte, imagen que, por cierto, es caricatura de una minoria y no retrato de la mayoría. El movimiento [música] farisco en el siglo iero era en su esencia un movimiento de democratización religiosa [música] extraordinariamente revolucionario para su tiempo.
Mientras los saduceos [música] reservaban el acceso a Dios, principalmente para la clase sacerdotal y el templo, los fariseos enseñaban que cualquier judío podía [música] y debía santificar su vida ordinaria, su mesa, su trabajo, su cuerpo a través del cumplimiento cotidiano de la Torá. que la santidad [música] no era un privilegio de los que nacían en las familias sacerdotales correctas, [música] sino una práctica disponible para cualquiera que eligiera vivirla.
En ese sentido, los fariseos fueron los demócratas espirituales de su época. Nicodemo había pasado su [música] vida entera dentro de esta visión del mundo. Había estudiado la Torá desde los 5 años, según la costumbre que la misna describe como el currículum estándar para los ninos judíos. Torá a los cinco, Misna a los 10.
los mandamientos a los 13, Talmud a los 15, había sentado a sus propios [música] discípulos y les había transmitido lo que él había recibido, porque eso era el judaísmo rabínico, [música] una cadena viva de transmisión de generación en generación, donde el maestro no solo [música] enseñaba ideas, sino modelos de vida, maneras de estar en el mundo, posturas del cuerpo y del alma.
Ante lo sagrado, había debatido con [música] los mejores intérpretes de la ley de su generación. había acumulado la clase de autoridad que solo se consigue con décadas de estudio honesto y de vida coherente. Y entonces llegó un hombre de Nazaret y le dijo que con todo eso no alcanzaba que la suma de 50 anos de estudio y práctica y autoridad [música] no era suficiente para ver el reino de Dios que había que nacer de nuevo.
No es difícil entender porque esa afirmación resultó incomprensible para Nicodemo. No fue torpeza, [música] fue la resistencia completamente razonable de un hombre al que le estaban diciendo que el edificio [música] entero de su vida tenía que ser reconstruido desde los cimientos dais y de la HW la primera noche.
El capítulo 3 del Evangelio de Juan era el primer [música] ano del ministerio público de Jesús, probablemente el ano 30 o los primeros meses del 30 y uno de nuestra era Jesús, había llegado a Jerusalén para [música] la Pascua y había causado una conmoción que la élite religiosa de la ciudad no podía ignorar. Había entrado al atrio del templo, [música] había volcado las mesas de los cambistas, había arrojado a los vendedores de palomas, había dicho palabras que sonaban simultáneamente a blasfemia y a profecía: “Destruid [música] este templo y en tres días lo
levantaré.” Los miembros del Sanedrín reaccionaron de las maneras [música] que los poderosos siempre reaccionan ante lo que no pueden controlar con furia, [música] con desprecio, con estrategia. Algunos furiosos, algunos asustados, [música] uno que sepamos, estaba intrigado de una manera que no podía apagar con ninguna de las respuestas que su formación [música] le ofrecía.
Nicodemo fue a verlo de noche. El texto griego dice: “Nictos de noche con la especificidad de quién quiere que quede claro [música] que no fue de día.” Los comentaristas han debatido durante 20 siglos. El por qué fue miedo a ser visto, fue prudencia política de un hombre. que sabía lo que le costaba a su reputación ser asociado públicamente [música] con un rabino galileo sin credenciales en las academias de Jerusalén, [música] fue el deseo de una conversación íntima lejos del ruido y la vigilancia del día. Probablemente fue
[música] todo esto junto en proporciones que no podemos medir, pero hay algo en el uso de la noche que el evangelista Juan Carga con una intención que va [música] más allá de la mera logística en el evangelio de Juan, la luz y la oscuridad son categorías teológicas [música] antes que meteorológicas. La oscuridad no es solo la hora sin sol, es la condición del [música] ser humano que todavía no ha encontrado lo que busca.
Nicodemo, llego en la oscuridad, llego buscando y lo que encuentro esa noche lo cambio de maneras que el mismo tardaría anos en comprender plenamente [música] la conversación que Juan registra en el capítulo 3. Es desde cualquier ángulo que se la examine una de las piezas [música] más extraordinarias de literatura religiosa del mundo antiguo.
Nicodemo comienza con la apertura de un diplomático de alguien entrenado en el arte de la negociación de alto nivel. Rabi, sabemos que has venido de Dios como maestro porque nadie puede hacer estas señales [música] que tú haces si no está Dios con él. Es una declaración que reconoce la realidad de los milagros.
[música] sin comprometerse con ninguna interpretación de ellos. Es con el lenguaje de alguien que quiere tener la [música] conversación, pero que todavía no está dispuesto a pagar el precio de tenerla en público. Pero Jesús [música] no le responde a su declaración, le responde a su pregunta interior, la que Nicodemo todavía no ha formulado en voz alta.
[música] La pregunta que trajo como combustible hasta esa casa en la noche de primavera. De cierto, de cierto te digo, le dice Jesús. Y la doble énfasis del amén. [música] Amén. Es en el arameo de la época la señal de que lo que viene a continuación no es opinión, sino declaración que el [música] que no naciere de nuevo no puede ver el reino de Dios.
La palabra griega que Juan usa aquí es ano y es necesario detenerse en ella porque contiene en sí misma todo el malentendido y toda la verdad de la conversación. Anoten, puede significar [música] de nuevo como en una segunda vez y también puede significar de arriba como desde el cielo. Es una ambigüedad [música] que en griego no es un defecto del lenguaje, sino un recurso del mismo.
El texto dice las dos cosas a la vez, en capas superpuestas como las capas de lino sobre [música] el cuerpo. En la tumba, Nicodemo entiende el primer significado, el más literal, el más carnal, y queda genuinamente [música] perplejo. ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? Le pregunta, ¿puede acaso entrar por segunda [música] vez en el vientre de su madre? Es una pregunta torpe, pero es una pregunta honesta.
Y hay algo [música] en la honestidad de esa torpeza que Juan parece apreciar porque la conserva exactamente así, sin suavizarla, sin hacerla más inteligente de lo que fue. Nicodemo el [música] gobernante, el maestro de Israel, el hombre que había pasado 40 o 50 años estudiando la Torá, no entendió en [música] ese momento lo que le estaban diciendo.
Y eso es importante porque la fe real, la fe que cuesta algo, no nace de la comprensión [música] instantánea, nace de algo mucho más lento y mucho más difícil. La respuesta que recibe Nicodemo a continuación contiene una frase que en los 20 siglos siguientes aparecería en billones de conversaciones en miles de idiomas, pintada en estadios deportivos, [música] bordada en cojines, grabada en lapidas, porque de tal manera amo [música] Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él [música] cree no se pierda, sino que tenga vida eterna.
Juan 31 16 versículos de un capítulo que comienza con un hombre que viene de noche y termina con [música] una de las declaraciones más luminosas de la historia de la religión, entendió Nicodemo esa noche el texto con esa elocuencia [música] particular del silencio que los mejores escritores manejan mejor que cualquier palabra, simplemente [música] no lo dice.
Lo último que escuchamos de Nicodemo en esa escena es una pregunta, ¿cómo puede [música] hacerse esto? Y después el texto avanza el entendimiento. Si llego, llego después, llego en capas. Como llega todo entendimiento [música] verdadero despacio con resistencia, con los sedimentos que la vida va dejando, hay un segundo momento, uno que los lectores [música] descuidados del evangelio de Juan pasan por alto, pero que es fundamental para entender el arco [música] de este hombre.
Capítulo 7, versículos 45 al 52. Estamos aproximadamente 2 [música] años después de la primera conversación nocturna. El ministerio de Jesús está en su punto de mayor tensión. Las multitudes lo siguen, los milagros se [música] multiplican, la presión sobre el sanedrín es máxima. Los fariseos y sacerdotes principales [música] han enviado alguaciles del templo a arrestar a Jesús.
Los alguaciles regresan con las manos vacías y [música] una explicación que los deja perplejos a ellos mismos. Jamás, hombre, alguno ha hablado como este hombre. Y los líderes del Sanedrín estallan. [música] También vosotros habéis sido engañados. ¿Acaso ha creído en el alguno de los gobernantes o de los fariseos? Esta gente que no sabe la ley [música] es y entonces, en ese momento de presión máxima, en ese salón lleno de hombres iracundos y asustados, Nicodemo habla por primera vez en público sobre Jesús y lo que dice es, por un lado,
cautelosamente [música] formulado, sin declarar su fe de manera directa, pero en el contexto de lo que está sucediendo en esa sala, [música] lo que dice representa un acto de coraje que no debemos subestimar porque no va acompañado de trompetas. Juzga acaso nuestra ley a un hombre, si primero no le oye y sabe lo que ha hecho es una pregunta procedimental, es el [música] argumento de un abogado.
Nicodemo no dice, creo en él, dice, “La ley requiere [música] un proceso. Justo es lo mínimo, pero en ese salón, en ese momento, es suficiente para revelar dónde [música] está su corazón. La respuesta que recibe es el insulto que los poderosos tienen reservado para los que se atreven a cuestionar su poder [música] desde adentro.
Eres tú también Galileo escudrina y ve de Galilea. Nunca se ha levantado. Profeta era una respuesta históricamente errónea, además de injusta, porque el profeta Jonás era originario de Gadefer en la Galilea [música] y el profeta Naú era posiblemente de la misma región, pero no era un debate histórico. Lo que estaba en juego era una advertencia, sin posibilidad de malinterpretación.
Si sigues por este camino, te convertirás en uno de ellos. Nicodemo guardó silencio después de eso, pero había hablado y había sido visto hablando. Y en la política del honor y la vergüenza que ordenaba la [música] vida social del Mediterráneo del siglo iero, una vez visto, no puede ser, no visto, ese gesto, esa pregunta mínima de procedimiento legal había quedado registrada en la memoria colectiva de [música] Sanrin.
Nadie lo había olvidado y Nicodemo lo sabía. Ahora, [música] en este sábado de silencio, Nicodemo está recorriendo estos tres [música] momentos. La noche de la primera conversación, el salón del tribunal y ayer la tarde del viernes, el peso de las especias, el lino blanco, el olor de la mirra mezclado con el olor de la muerte y la piedra que ruedo para cerrarse con ese sonido definitivo [música] que tiene la piedra cuando se asienta sobre su que está pensando.
Nicodemo en [música] este sábado. Aquí es donde la arqueología del alma es más difícil que la arqueología de la tierra. No tenemos sus pensamientos, pero tenemos algo mejor. Tenemos sus actos. Y los actos de Nicodemo el viernes por [música] la tarde dibujan la dirección de su corazón con una precisión que ninguna declaración verbal [música] habría podido igualar para entender por qué ese acto era irreversible.
Necesitamos entender [música] la estructura del poder en Jerusalén en el ano 33. El Sanrín no era solo un [música] tribunal, era un universo social completo. Controlaba el templo, [música] la institución económica más poderosa de Judea, con sus propias finanzas, su sistema bancario, sus reservas de [música] oro, controlaba la educación, el calendario, los mercados del sagrado recinto.
Los impuestos religiosos que llegaban [música] de toda la diáspora ser miembro del sanedrín era tener acceso a poder real, a influencia [música] real, a seguridad personal y familiar real. Perder ese puesto no era simplemente [música] perder un cargo, era ser expulsado del único mundo que conocías. Y Nicodemo, al aparecer públicamente en el jardín del sepulcro, con 32 [música] kg de mirra en los brazos, había saltado desde ese mundo sin red de protección [música] Caifás.
Lo sabía. Los otros sacerdotes lo sabían los guardias del templo que patullaban los alrededores del Gólgota durante la crucifixión. Lo habían visto y Nicodemo lo sabía. Hay una tensión que los lectores modernos a veces no captan en toda su dimensión porque vivimos en culturas [música] que, al menos en principio, valoran la libertad de conciencia.
La tensión que Nicodemo vivió [música] durante esos 3 años no fue simplemente la tensión entre la fe privada y la cobardía pública. Fue la tensión [música] entre dos visiones del mundo completamente incompatibles. del hombre que él había sido toda su vida, el fariseo riguroso, el gobernante [música] respetado, el intérprete autorizado de la Torá y la del hombre que la conversación de aquella noche había sembrado en él sin pedirle [música] permiso dos identidades que no podían coexistir indefinidamente, que eventualmente, inevitablemente,
reclamaban una elección. Y aquí es donde esta [música] historia deja de ser historia antigua y se convierte en algo que te concierne a ti directamente. Porque yo quiero preguntarte algo. Quiero detenerme aquí un momento y hablarte [música] directo de la pantalla a donde estás sentado ahora mismo. ¿Has vivido alguna vez esa tensión? No necesariamente sobre Dios o la fe, aunque quizás sí me refiero a esa tensión más amplia y más humana de cargar durante anos dos versiones de ti mismo [música] que no caben en el mismo
espacio. La persona que el mundo conoce y espera y la persona que solo tú sabes que estás tratando de ser el profesional que sigue en un trabajo [música] que ya no lo representa porque el costo de irse parece demasiado alto la persona. en una relación que hace tiempo dejó de ser verdadera, pero que todavía no se ha atrevido a decirlo.
en voz alta el creyente que tiene preguntas [música] enormes, pero que las guarda de noche como Nicodemo, porque de día [música] el precio de formularlas parece demasiado el sábado santo o de Nicodemo. No es solo un día en el calendario del siglo primero, es ese momento específico en la vida de cualquier ser humano en que ya tomaste la decisión [música] que no tiene retorno, ya cargaste las especias hasta el jardín, ya hiciste [música] lo que tenías que hacer y ahora estás en el silencio del día siguiente, sin saber todavía si algo va a [música] resucitar
o si simplemente lo perdiste todo. Estás en ese lugar ahora mismo, en ese sábado tuyo, ese espacio entre lo que fue y lo que todavía no llego, esa zona de espera sin garantías [música] ni señales claras. Escríbeme en los comentarios. No es una fórmula retórica, [música] es una invitación real.
Dímelo con tus propias palabras. ¿En qué sábado santo estás hoy? ¿Qué es lo que dejaste atrás el viernes? ¿Qué es lo que esperas que llegue el domingo? Porque las personas que están en [música] su sábado santo necesitan saber que no están solos ahí. Y yo necesito leer sus historias porque son las más honestas que existen. Volvamos a Nicodemo porque hay una [música] dimensión teológica de su historia que no podemos dejar sin examinar y es probablemente [música] la más importante de todas en aquella primera noche, antes de llegar [música]
a la frase del amor de Dios por el mundo, Jesús le había citado a [música] Nicodemo una imagen del Antiguo Testamento que un fariseo de su formación conocía de memoria desde los 5 [música] años. La había estudiado en las escuelas rabinicas, la había comentado con sus maestros, la había enseñado a sus [música] propios discípulos.
Era la historia de la serpiente de bronce en el desierto, registrada en [música] Números, capítulo 21. El contexto, el pueblo de Israel lleva décadas [música] en el desierto después del éxodo y en un momento de rebelión y desaliento es atacado por serpientes venenosas que matan a muchos Dios. Instruye a Moisés que fabrique una serpiente de bronce y la coloque sobre un hasta en medio del campamento.
Todo el que haya sido mordido [canto] y mire a ella vivirá. La lógica visual es desconcertante [música] al principio. Una serpiente, el símbolo del engano, desde el Génesis, puesta sobre un madero, elevada por encima de todos y el acto de [música] mirarla produce vida a los padres de la Iglesia del siglo segundo en adelante.
interpretarían esto como una [música] las prefiguraciones más perfectas de la crucifixión, el que concentra [música] en sí mismo el peso de la maldición del mundo elevado sobre un madero y capaz de dar vida a todo el [música] que lo mire. Pero lo que Jesús le dice a Nicodemo es específico. Y como Moisés levantó la serpiente [música] en el desierto, le dice, “Así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado.
” La palabra griega es ipsosenai, [música] ser elevado, ser exaltado, ser puesto en alto. Era una palabra que el griego [música] de la época usaba tanto para la exaltación gloriosa como para la ejecución en un madero. Juan va a usar exactamente [música] la misma palabra más adelante, cuando Jesús diga, “Yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.
” Y el propio evangelista aclara esto. [música] Decía dando a entender de que muerte iba a morir. Nicodemo había escuchado esto. Había estado presente [música] cuando fue dicho. Y ahora, en este sábado de silencio, lo recordaba, [música] el Hijo del Hombre tenía que ser levantado como la serpiente en el desierto.
Y quien mirara [música] a ese levantado, viviría la pregunta que debió haberle resultado insoportable en este sábado era esta. Había sido eso. Lo que Jesús intentaba [música] decirle aquella noche había sido el viernes, el cumplimiento de lo que prometió en la noche. Y si eso era cierto, si el levantamiento [música] sobre la cruz era el centro de la historia y no su fin.
Entonces, ¿qué significaba la piedra cerrada sobre el sepulcro? [música] Esta es la teología del Sábado santo, el momento en que la esperanza no tiene evidencia a favor y la desesperación tiene toda [música] la evidencia de su lado. Pero algo, una frase recordada a la medianoche, el olor persistente de la mirra en las manos, la imagen de un hombre que dejó todo con una serenidad que no se parece al [música] fracaso.
Algo se niega a rendirse del todo. Los teólogos tienen una palabra griega para este estado, queenosis vaciamiento. [música] El momento en que Dios parece haberse retirado del escenario, el momento [música] en que el sepulcro está cerrado y el silencio es total. Y la única pregunta que queda en pie es si uno sigue o si uno abandona.
Es el [música] estado de Elías bajo el árbol de enebro cuando le pide a Dios que se lleve su vida. Es el estado de Job sentado [música] en el muladar. Es el estado de todos los que han amado algo profundamente y lo han visto morir y todavía no saben si eso es el final o el principio de algo que todavía no tiene nombre.
Nicodemo conocía ese estado y lo estaba viviendo en este sábado con toda la intensidad de alguien que acababa de quemar públicamente los puentes que lo conectaban con la única [música] vida que había conocido. Hay algo más que debemos examinar en la figura de Nicodemo, algo que tiene [música] que ver con el tiempo y con la edad, porque no es un detalle menor.
Cuando Nicodemo fue a ver a Jesús, aquella primera noche era un hombre mayor. El texto griego lo indica con la palabra Herón anciano. En la pregunta que Nicodemo mismo formula cómo puede un hombre nacer siendo viejo. [música] Era un hombre que había construido su vida entera dentro de un sistema específico, [música] dentro de una institución, dentro de una forma de entender el mundo que llevaba décadas [música] sosteniéndolo.
Y a esa edad recibió la invitación al nacer de nuevo. Esto no es un detalle menor, porque en la cultura mediterránea del siglo iero, como en muchas culturas [música] tradicionales del mundo, la edad trae a consigo una expectativa social de fijeza. Los jóvenes cambian, eso se espera y se acepta. Los ancianos permanecen, eso se exige y se honra la conversión en la vejez.
No solo era inusual, era socialmente escandalosa, [música] porque implicaba una declaración pública de que lo que uno había creído y enseñado y defendido [música] durante décadas podía haber estado equivocado. No hay humillación más cara para alguien de la clase y la posición de Nicodemo que admitir que pasó 40 años [música] buscando en la dirección equivocada y que la respuesta llegó en forma de un carpintero galileo de 30 años sin credenciales académicas.
Y sin embargo, Nicodemo cambió, no de golpe, no, en un instante [música] de exaltación emocional, cambio como cambia la roca bajo el agua, casi imperceptiblemente, [música] ano tras ano, sin que nadie pueda señalar el momento. Exacto. En que la piedra dejó de ser la misma piedra, tres anos de sedimentos sobre sedimentos, [música] tres anos de preguntas nocturnas que no podían responderse durante el día.
tres [música] anos de un hombre que cargaba dos vidas simultáneas y que un viernes por la tarde finalmente dejó caer una de ellas la señal más poderosa de ese cambio. No fueron las palabras Nicodemo dice muy pocas palabras. En todo el evangelio la [música] señal fue el dinero, las 100 libras de mirra, porque en la economía real de la fe, el dinero es siempre el último bastión [música] que cae.
Damos nuestro tiempo antes que nuestro dinero. Damos nuestra energía antes que nuestro dinero. Damos nuestras palabras, incluso palabras arriesgadas, mucho [música] antes que nuestro dinero. Cuando alguien abre la bolsa y saca una fortuna para derramarla sobre un muerto que ya no tiene ningún poder político, [música] ninguna influencia, ningún ejército, ninguna institución que [música] lo respalde ese gasto.
Dice algo que ninguna declaración berbaína puede decir con la misma contundencia. Dice, “Creo sin complemento, sin condición, sin la salida de emergencia del sí. Resulta que tenías razón. Creo, creo que fuiste quien dijiste [música] que eras. Creo que tu muerte no es el final de tu historia, sino el centro [música] de ella.
Creo que el que dijo, “Soy la resurrección”. No puede permanecer muerto de manera definitiva, [música] porque eso sería una contradicción en los términos. Y si estoy equivocado, si el domingo llega y el sepulcro sigue sellado como lo deje, entonces [música] habré perdido una fortuna en especias y habré perdido mi puesto en el tribunal que gobierna Israel y habré [música] perdido la protección de la institución que me definía.
Y aún así vale la pena, porque hay cosas por las que vale la pena perder lo que el mundo llama. Todo esta es la lógica de Nicodemo y es también dos milenios después. La única lógica de la fe que resiste la presión [música] de la realidad sin romperse. No la fe que no cuesta nada, sino la fe que ya pagó el precio y espera sin garantías [música] que sabemos de la vida de Nicodemo después de este sábado.
Imaginemos lo que debieron ser las semanas que siguieron [música] al domingo de la resurrección para un hombre en su posición. La noticia no se difundió en silencio, ni con lentitud [música] de estallo en Jerusalén, con la velocidad desordenada de algo que nadie sabía cómo contener. Las mujeres que llegaron al sepulcro contaron lo que habían visto Pedro y Juan corrieron al jardín y [música] encontraron los lienzos vacíos con la precisión.
Forense de hombres que saben lo que están mirando. Jesús apareció a María Magdalena. En el jardín mismo apareció a dos discípulos. Durante el camino [música] de 11 km que llevaba a la aldea de Emaús, apareció a los 11 en el aposento cerrado y con la puerta [música] trabada por dentro y les mostró las manos.
Y el costado apareció en Galilea. Apareció durante 40 días, según lo que Lucas registra en el prólogo de los Hechos de los Apóstoles. Pablo escribiría anos después en su primera carta a los Corintios [música] que en una aparición Jesús había sido visto por más de 500 personas al mismo tiempo, la mayoría de las cuales todavía [música] vivían cuando Pablo escribía esas palabras como invitando al Esteprico a ir a preguntarles directamente sin intermediarios, sin que Pablo tuviera que garantizar nada que ellos mismos no pudieran corroborar para Nicodemo, que
conocía personalmente [música] a muchos de estos testigos que vivía en la misma ciudad donde todo esto sucedía a distancia de minutos caminando, que tenía la formación teológica para calibrar exactamente el peso de lo que se afirmaba esas semanas, debieron haber sido [música] de una intensidad que pocas experiencias en la vida de un ser humano pueden igualar, ¿no? Porque la idea de la resurrección le resultara extraña o incomprensible.
Los fariseos creían en la resurrección de los muertos. [música] era uno de los artículos centrales de su fe. El punto de mayor diferencia con los saduceos, lo que debía haberlo descolocado era que el que había resucitado era el mismo que le había dicho a él cara a cara en una noche 3 anos antes, que era la resurrección en persona, y que el mismo que había hecho milagros, que Nicodemo había reconocido como evidencia de la presencia de Dios, estaba ahora caminando [música] por Jerusalén y siendo visto por decenas centenares de personas, la lógica
farisea aplicada honestamente y sin el filtro del prejuicio institucional, no tenía demasiados lugares donde ir con esa evidencia. [música] Y Nicodemo, hombre de lógica y de honestidad intelectual, probada por su gesto del viernes, debió haberla [música] alcanzado antes que muchos. El evangelio de Juan no lo menciona más después del [música] jardín, los Hechos de los Apóstoles que narran, la historia de la primera comunidad cristiana en Jerusalén [música] no lo nombran de manera específica, pero hay rastros,
indicios que no prueban, pero que iluminan. La primera comunidad cristiana en Jerusalén, [música] tal como la describe el libro de los Hechos en los capítulos 2 al 6, era una comunidad radical en su economía interna. Ninguno decía ser [música] suyo propio. Nada de lo que poseía vende sus propiedades y distribuye a todos según la necesidad de cada uno.
En ese contexto, José de Arimatea, descrito en el Evangelio de Marcos como un hombre rico que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, aparece prestando su sepulcro propio, un sepulcro nuevo que nadie había [música] usado para el entierro de Jesús. Tradición posterior de la Iglesia desde los siglos segundo y tercero en adelante presenta a José como alguien que [música] se integró plenamente a la comunidad de los seguidores de Jesús después de la resurrección.
No hay razón histórica [música] para pensar que Nicodemo hizo menos el evangelio apócrifo de Nicodemo, conocido también [música] como los acta Pilati. Los Hechos de Pilato es un texto del siglo segundo o tercero que no tiene valor histórico directo, que es claramente [música] una elaboración narrativa posterior, pero refleja algo importante, la memoria que las primeras generaciones de cristianos tenían sobre este hombre, [música] la memoria de alguien que lo perdió todo y que fue alojado y protegido por José de Arimatea [música]
cuando las autoridades del templo lo expulsaron de Jerusalén. Puede ser que esa memoria sea exacta. Puede ser que sea una elaboración piadosa, pero incluso como elaboración nos dice como la Iglesia primitiva entendía la trayectoria [música] de este hombre, no como un cobarde redimido por un gesto final, sino como alguien que pagó un precio real. y continuó pagándolo.
Pero lo que más importa de Nicodemo, lo que Juan, construyó con la paciencia y la precisión de un arquitecto [música] que sabe que el edificio tardará décadas en completarse, es el arco narrativo completo. Juan comienza su evangelio con un prólogo que es uno de los textos más densos y hermosos de toda la [música] literatura antigua.
Y en el versículo 5 de ese prólogo dice, “La luz en las tinieblas [música] resplandece y las tinieblas no prevalecieron contra ella. Y después [música] en el capítulo 3 presenta a un hombre que llega de noche a buscar esa luz y al final del evangelio, en el capítulo 19, ese [música] mismo hombre está parado a plena luz del día frente a todos, cargando especias para ungir el cuerpo del que había dicho, “Ser la luz del mundo.
” El arco es perfecto porque es humano. La noche se convierte en [música] día, el miedo se convierte en acto. pregunta torpe de aquella madrugada, ¿cómo puede hacerse esto? Se convierte en una respuesta diurna que no necesita palabras porque está [música] escrita en 30 y 2 kg de mirra sobre los hombros de un hombre que ya decidió que el [música] costo no importa tanto como la verdad.
Hay una palabra que el Nuevo Testamento usa [música] para describir lo que le pasó a Nicodemo, metanoya del griego, meta, más allá, inusmente. Se traduce habitualmente como arrepentimiento, pero esa traducción es estrecha la palabra, significa [música] un cambio radical de orientación mental, un resentimiento del yo alrededor de un nuevo [música] punto de referencia.
No simplemente lo siento, sino ya no soy el mismo que era no un ajuste de conducta, sino una transformación de la persona que [música] realiza la conducta. Este es el nacer de nuevo que Jesús le describió en aquella noche. No un evento [música] emocional instantáneo, sino una reorientación profunda de todo el ser que puede comenzar en una conversación [música] nocturna y completarse anos después en un jardín con olor a mirra y [música] a muerte.
Y algo que todavía no tiene nombre, pero que al tercer día lo tendrá el sol. Comienza a bajar sobre Jerusalén. El sábado se acerca a su fin. Pronto las tres [música] estrellas aparecerán en el cielo nocturno, que es la señal que los judíos usan para marcar el fin del sábado y el comienzo del nuevo día.
Pronto las calles comenzarán a despertar del silencio obligatorio. Pronto los peregrinos recogerán sus cosas para volver [música] a Babilonia, a Alejandría, a Roma, llevando consigo el recuerdo confuso [música] de una semana que empezó con palmas y océanas y terminó con una piedra cerrada sobre un jardín. Pero en una casa de la ciudad alta un hombre con las manos que huelen a mirra, espera, no con la certeza del que ya sabe con la esperanza frágil y terco, [música] del que eligió creer sin pruebas suficientes, porque algo en el fondo de su interior le decía que
algunas verdades tienen que ser vividas antes de ser [música] comprendidas con la esperanza que Pablo anos después describirá en su carta a los Hebreos con una de las definiciones más hermosas que el lenguaje humano haya producido. La certeza [música] de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
La fe no es la certeza del [música] que ya vio. La fe es la postura de Nicodemo. En el sábado ya actué como si fuera verdad. Ya pagué el precio como si fuera verdad. [música] Ya queme los puentes como si fuera verdad. Ahora espero ahora el resto no está en mis manos. Y en ese preciso estado de espera [música] sin garantías, algo sucede antes del alba del domingo, que ninguno de los que estaban durmiendo en Jerusalén, [música] esa noche pudo haber anticipado una mujer llamada María Magdalena.
Llega al sepulcro antes de que [música] salga el sol. Llega con especias propias con las manos, llenas de la misma lógica de amor que la semana anterior había. [música] Vaciado un frasco de perfume sobre los pies de Jesús y había secado ese perfume con su propio cabello, llega esperando encontrar un cuerpo y encuentra la piedra [música] quitada.
Encuentra los lienzos puestos, las tiras de lino que Nicodemo y José habían envuelto con sus propias manos, ahora vacíos caídos sobre sí mismos con la forma vaga del cuerpo que ya no contienen. y encuentra el sudario [música] el pan, que había cubierto el rostro doblado y puesto aparte un detalle que Juan registra con la precisión de alguien que estuvo presente, porque un cuerpo robado no deja el sudario doblado los 30 [música] y 2 kg de mirra ya no estaban cumpliendo su función el cuerpo, al que habían sido aplicados con amor y con miedo y con una
esperanza [música] que no se atrevía todavía a decir su nombre. había dejado vacíos los lienzos, había dejado vacía, la tumba, había dejado vacío el sábado de silencio. [música] El que dijo, “Yo soy la resurrección.” No era únicamente la resurrección de los muertos. Al fin de los tiempos, el evento [música] cósmico futuro en que los fariseos creían era la resurrección ahora aquí en este jardín, en esta madrugada de primavera, con el sol rompiéndose [música] sobre los olivos y el olor de la tierra mojada mezclado con el olor de
la mirra que había quedado impregnada en la piedra y [música] en el suelo alrededor de la tumba. Era una mujer que lloraba y que dejaba de llorar porque escuchaba su nombre y pronunciado de una manera en que ninguna otra voz en la historia del mundo había pronunciado un nombre María.
Y ella se volvió [música] y la noche de Nicodemo terminó, aunque él todavía no lo sabía, porque las noches no terminan con un anuncio, terminan con un nombre dicho de cierta manera, con una [música] piedra quitada con la ausencia específica de lo que estaba seguro que iba a seguir ahí. Hay una última cosa que necesito decirte antes [música] de que esta historia cierre.
El evangelio de Juan fue escrito en las últimas décadas del siglo iero, [música] probablemente entre el ano 80 y el 100 de nuestra era, según el consenso de la mayoría de los estudiosos bíblicos serios, entre ellos Raymond Brown, [música] en su comentario monumental de dos volúmenes, que sigue siendo una referencia [música] ineludible en los estudios joánicos, cuando Juan escribe sobre Nicodemo, está escribiendo para una comunidad que ya conoce el final, ya celebra la resurrección, ya tiene décadas [música] de historia como comunidad. Ya vio como la semilla de
aquella primera asamblea en Jerusalén se extendió [música] por todo el Imperio Romano. ¿Por qué entonces contar la historia de un hombre [música] que tardó 3 años en entender que vailo, que guardo silencio cuando debió haber hablado que vino de noche porque de día tenía [música] miedo? Porque Juan sabe algo que los relatos triunfalistas siempre olvidan que la fe real no nace completa, que la fe [música] real tiene preguntas, tiene noches, tiene momentos de parálisis y de duda que duran meses o anos, que el [música] camino de Nicodemo
desde aquella oscuridad, primera hasta la mirra en las manos bajo el sol de la tarde [música] del viernes, es el camino de cualquier ser humano que haya intentado amar algo más grande que su propia seguridad. Juan preserva la torpeza de Nicodemo, preserva sus vacilaciones, preserva incluso su silencio culpable en el tribunal, no para avergonzarlo, sino para que todos los que vengan después puedan reconocerse en él [música] para el que viene de noche, porque de día tiene miedo para el que formula preguntas torpes, porque son las únicas preguntas
[música] que tiene para el que tarda anos en entender lo que le dijeron en una sola conversación, para el que un día [música] sin poder decir exactamente cuando tomó la decisión, se da cuenta de [música] que ya está cargando la mirra a plena luz del día y que ya no le importa tanto lo que pierda.
Para todos esos, [música] la historia de Nicodemo el Sol sale sobre Jerusalén el domingo por la mañana y en alguna casa de la ciudad alta, en alguna habitación con olor a mirra que todavía no se ha disipado. Un hombre anciano [música] que no ha dormido bien en tres días. Oirá antes del mediodía a alguien que llegara corriendo con noticias que no tendrá palabras para contar correctamente que la tumba [música] está vacía, que Josée fue al jardín y los lienzos estaban ahí, pero el cuerpo no que una mujer lo había visto [música] y había dicho que estaba vivo. Y Nicodemo,
el que había venido de noche, el que había cargado la mirra bajo el sol, el que había esperado el sábado con las manos, oliendo a las especias que [música] ya no cumplían su función, abrir a los ojos un poco más de lo que los tenía, entendera que el [música] nombre que le pusieron al nacer, victorioso entre el pueblo, no había sido una descripción de lo que era, había sido una profecía de lo que llegaría a ser.
No victorioso, por supuesto, en el tribunal, [música] no victorioso por su riqueza o su influencia victorioso, porque una noche hace 2000 [música] años, en lugar de quedarse en la cama con sus certezas, ya resueltas camino bajo las estrellas de primavera, hasta la casa de un hombre que tenía las [música] respuestas a las preguntas que él todavía no sabía formular, y porque tr años después, [música] sin trompetas, sin audiencia, que lo aplaudiera, cargó 32 kg.
[música] os de amor sobre sus hombros viejos hasta un jardín con una tumba nueva y espero. Y el domingo llegó, siempre llega. El domingo siempre llega, pero primero hay que tener el coraje de pasar el [música] sábado antes de cerrar hoy. Una última pregunta para ti y necesito que la tomes en serio.
[música] ¿En cuál de los tres Nicodemos te reconoces hoy? En el de la noche primera. El que busca, pero todavía en secreto, [música] el que tiene preguntas enormes, pero las guarda para la oscuridad, porque de día el costo parece demasiado alto. O en el del tribunal, el que ya dijo algo pequeño en defensa de algo grande, el que hizo el gesto mínimo y recibió como [música] respuesta el insulto y el desprecio.
Y ahora guarda silencio. Pero no es el mismo silencio de antes porque ya sabe lo que [música] cuesta hablar. O en el del jardín, el que ya cargo la mirra, el que ya quemo los puentes, el que está en el sábado [música] de espera sin garantías con las manos que huelen a una decisión que no tiene [música] marcha atrás.
Escríbeme en los comentarios dónde estás tú hoy, qué es tu mirra, [música] que estás esperando que resucite, que es el sepulcro frente al cual todavía no te rindes del todo. Aunque toda la lógica del mundo dice que debería estar definitivamente [música] cerrado, escríbemelo con tus propias palabras, porque estas historias necesitan ser dichas [música] y escuchadas.
Y porque la persona que este sábado que viene lea tu comentario, [música] puede encontrar exactamente ahí la señal de que su propio sábado no es el último día de la historia, sino el día que precede al domingo. La oscuridad no tiene [música] la última palabra Nicodemo. Lo aprendió de noche, lo confirmo un viernes por la tarde y lo compruebo un domingo antes del alba.
Y esa misma posibilidad, esa misma lógica improbable e indestructible [música] está disponible para ti. Si te atreves a cargar las especies, fuentes y referencias de producción, textos bíblicos consultados en griego y en traducción, Evangelio de Juan, capítulos 3, 7 y 19. [música] Evangelio de Lucas, capítulo 23.
Evangelio de Marcos, capítulo 15. Números 21. contra [música] cuatro hasta 9 Isaías 40 y cuatro contra tres. Ezequiel 36 contra 25 Zacarías 11 12 Deuteronomio, [música] 21 22 23 Hebreos 11 contra uno. Fuentes históricas y arqueológicas. Nahmavigad [música] Discovering Jerusalem Thomas Nelson 19 [música] y 3 Sevi Gringat.
Descubrimiento del osario de Caifás en Gibat Hamiftar, Jerusalén 1990. Publicado en Israel Exploration, Journal 402 Raymond. A brown the gospel according to [música] John Anchor Bible commentary double day 1966 Yim Jeremias Jerusalem in the time of Jesus [música] fortress press 1969 Charles Questno. [música] The church of the holy sepulc in Jerusalem.
Oxford University Press 1,74 Martin [música] Hangle, Crucifixion In the Ancient World, Fortress Press, 1977, [música] Plinio, El viejo Historia Naturalis. Libro 12, para datos sobre comercio de especias en el Mediterráneo [música] del siglo iero. Textos rabinicas, Mishna tratados a Nedrín, secciones cuatro. A seis Talmud de Babilonia, tratado Taanit para la referencia Aagmon Ben Gurion.
Etimologías [música] y notas lingüísticas. Nicodemos victorioso entre el pueblo del griego. Nique y Demos anocen de nuevo [música] y de arriba ambigüedad semántica intencional del texto joánico ipsocenai. Ser elevado o exaltado. Juan 314 y 12 30 y dos. Metanoya. Cambio radical [música] de orientación mental, no simplemente arrepentimiento.
Quenosis, vaciamiento, tolmao, atreverse reunir valor. Marcos 15:40 y tres tajará. Purificación [música] ritual del cuerpo. En la tradición judía, Ghmanim, prensa de aceite, el nombre hebreo de Getsemani, conversión de unidades. La libra romana, [música] libra pondo, equivale a 327 g con45. Centigramos 100 libras romanas [música] equivalen a aproximadamente 32 kg y 700 g.
Un denario era el jornal diario estándar [música] de un trabajador agrícola, según Mateo 20 contra 2, al precio conservador de cinco denarios por libra. Registrado en fuentes [música] tanaíticas, 100 libras de mirra representaban 500 denarios equivalentes al jornal de aproximadamente 500 [música] días de trabajo para un obrero común. Yeah.