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Heredera en Sevilla pierde el patrimonio familiar tras caer en la trampa de un seductor aliado en secreto con su mejor amiga

Heredera en Sevilla pierde el patrimonio familiar tras caer en la trampa de un seductor aliado en secreto con su mejor amiga

Acto I: Un brindis por el futuro

(El escenario es una terraza con vistas a la Giralda de Sevilla. Atardece. Lucía y Blanca comparten una copa de vino. Entra Mateo, impecable, con una carpeta de cuero).

Mateo: Siento llegar tarde, de verdad. El tráfico por el Paseo Colón estaba imposible. Pero os prometo que la espera ha merecido la pena.

Lucía: (Sonriendo, tomándole la mano) No te preocupes, mi amor. Blanca me estaba haciendo compañía. Le estaba contando por encima tu propuesta para expandir las bodegas.

Blanca: Sí, Lucía me ha dado unas pinceladas, Mateo. Pero ya sabes cómo soy con los negocios de mi “hermana”. Quiero asegurarme de que todo sea perfecto para ella. El legado de su padre no es cualquier cosa.

Mateo: (Con una mirada cómplice a Blanca que Lucía no nota) Me parece perfecto, Blanca. De hecho, me alegra que estés aquí. Tu criterio estético para los nuevos hoteles boutique en los terrenos de la finca es justo lo que necesitamos. Miren esto…

(Mateo despliega unos planos sobre la mesa. Lucía los mira con ojos brillantes).

Lucía: Es… es precioso, Mateo. Es exactamente lo que mi padre siempre quiso: modernizar la firma sin perder la esencia de Sevilla.

Blanca: (Examinando los papeles) Reconozco que tienes talento, Mateo. El diseño respeta los patios de naranjos. Pero, ¿y la financiación? Lucía no debería arriesgar la liquidez de la familia en un solo movimiento.

Mateo: Ahí está la clave. No lo hará. He conseguido que el fondo de inversión de Ginebra aporte el setenta por ciento. Lucía solo tiene que poner las escrituras de la finca de Carmona y el palacete del centro como aval de garantía temporal. Una formalidad de tres meses, hasta que se liberen los fondos.

Lucía: ¿Mis propiedades como aval? Olmedo, el abogado de la familia, siempre me dijo que nunca firmara un aval sobre el patrimonio histórico.

Blanca: (Acariciando el hombro de Lucía) Lucía, cariño… Olmedo es un hombre de otra época. Piensa en el siglo pasado. Si te quedas estancada por miedo, los impuestos de sucesiones se van a comer lo que te queda. Mateo está arriesgando su reputación por ti.

Mateo: Tampoco quiero presionarte, Lucía. Si no lo ves claro, lo dejamos aquí. Para mí, tú estás primero. El negocio es lo de menos. Puedo romper el preacuerdo mañana mismo.

Lucía: No, no… lo siento. Es solo el vértigo del momento. Confío en ti. Eres el hombre con el que voy a compartir mi vida, ¿no?

Blanca: (Sonriendo de lado) Claro que sí, tonta. Y yo voy a estar ahí para verlo. Venga, brindemos por la nueva Sevilla.

Acto II: La firma del destino

(Semanas después. Despacho del Abogado Olmedo. Un ambiente pesado, rodeado de libros antiguos. Lucía, Mateo y el Abogado Olmedo están sentados).

Abogado Olmedo: No lo veo claro, Lucía. Te lo digo como amigo de tu difunto padre. Este contrato tiene cláusulas de rescisión automática en caso de retraso de pago por parte de la empresa matriz. ¿Quién es exactamente este fondo de inversión, señor Mateo?

Mateo: (Manteniendo la compostura, con tono firme pero educado) Don Carlos, entiendo su celo profesional. Es una filial de inversión registrada en Delaware. Toda la documentación está validada por la auditoría externa. Blanca, que es experta en arte y tasación, ha revisado los activos.

Abogado Olmedo: Blanca es marchante de arte, no abogada mercantil. Lucía, por favor, dame veinticuatro horas para que mi equipo revise este entramado. Hay algo en la firma del pagaré que no me cuadra.

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