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El secreto oculto en las montañas de los Pirineos que cambió el destino de una familia humilde para siempre VL

El secreto oculto en las montañas de los Pirineos que cambió el destino de una familia humilde para siempre

ESCENA 1: EL PESO DE LA SANGRE

(La tormenta azota con furia una vieja casa de piedra en un pueblo casi abandonado de los Pirineos aragoneses. El viento aúlla colándose por las grietas. La familia Valbuena está al borde del abismo. No solo por el banco que les quitará la casa mañana a primera hora, sino por lo que está ocurriendo en el centro del salón).

(DIEGO, el abuelo de 82 años, yace en el suelo de madera. Está tosiendo sangre. Su respiración es un estertor agónico. MATEO, su hijo, de 45 años, con el rostro curtido y ojeras profundas por el exceso de trabajo y las deudas, presiona un trapo contra la boca del anciano. ELENA, su esposa, llora desesperada en una esquina. LEO, el hijo de 17 años, observa la escena con los ojos muy abiertos, sosteniendo una pesada barra de hierro en las manos, tal como su abuelo le acaba de ordenar).

MATEO: (Gritando sobre el ruido del trueno) ¡Elena, llama a la ambulancia! ¡Joder, se nos muere!

ELENA: (Temblando, con el teléfono en la mano) ¡No hay cobertura, Mateo! ¡La tormenta tiró la antena del valle! ¡Estamos aislados!

DIEGO: (Agarrando la camisa de Mateo con una fuerza sobrenatural para un moribundo. Susurra con voz rasposa) No… médicos no… No hay tiempo.

MATEO: Papá, por favor, aguanta. Voy a arrancar la furgoneta. Te llevaré al hospital del pueblo.

DIEGO: (Escupe sangre y niega con la cabeza violentamente. Gira el cuello hacia su nieto) ¡Leo! ¡La chimenea! ¡Rompe… la puta… piedra!

LEO: (Dudando, mirando la pesada barra de hierro) Abuelo, estás delirando…

DIEGO: (Con un grito desgarrador que le desgarra la garganta) ¡Hazlo o moriremos todos siendo unos muertos de hambre! ¡Rómpela! ¡La piedra negra!

(Leo traga saliva. Mira a su padre. Mateo, desesperado y sin saber qué hacer para calmar al anciano, asiente levemente. Leo levanta la barra de hierro y golpea con todas sus fuerzas la gran piedra negra incrustada en el centro de la antigua chimenea. Una, dos, tres veces. La piedra cruje. Al cuarto golpe, se hace añicos).

(Un hueco oscuro queda al descubierto. Un olor a humedad, a tierra vieja y a algo metálico inunda la habitación. Leo mete la mano, temblando. Saca una caja de munición de la Guerra Civil, oxidada y pesada. La deja caer al suelo. El pestillo está roto. La tapa se abre sola por el impacto).

(El silencio cae en la habitación, rompiendo incluso el sonido de la tormenta. Elena ahoga un grito. Mateo cae de rodillas. Leo retrocede, horrorizado).

(Dentro de la caja no hay fotos viejas. No hay recuerdos. Hay un cráneo humano. Pequeño. Como el de un niño. Pero eso no es lo que les hiela la sangre. Las cuencas vacías del cráneo están rellenas de oro fundido. Y debajo de los huesos, descansan tres lingotes de oro macizo con un sello nazi, un enorme rubí del tamaño de un huevo de gallina que brilla con la luz de los relámpagos, y un fajo de documentos manchados de sangre seca).

LEO: (Tartamudeando, pálido como un fantasma) ¿Qué… qué es esto? ¿De quién es esa cabeza?

DIEGO: (Sonríe, mostrando los dientes manchados de rojo. Su respiración se apaga) El oro… es vuestro. La deuda… está pagada. Pero el dueño… el dueño viene a por su cabeza. Corred a la montaña. Al Pico del Cuervo. Encontrad el resto… antes que… él.

(Los ojos de Diego se quedan fijos en el techo. Su pecho deja de moverse. Ha muerto).

ESCENA 2: LA DECISIÓN Y EL PÁNICO

(Pasan diez minutos. El cuerpo del abuelo ha sido cubierto con una manta. La caja sigue en el centro del salón. Nadie se atreve a tocarla).

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