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¡Durante años se creyó que “El Duque” había perdido su oportunidad por mala suerte… pero ahora salen a la luz documentos y testimonios que apuntan directamente a Fidel VL

¡Durante años se creyó que “El Duque” había perdido su oportunidad por mala suerte… pero ahora salen a la luz documentos y testimonios que apuntan directamente a Fidel

Durante años te contaron un cuento de hadas, un cuento de aguas infestadas de tiburones de una balsa destartalada, a punto de hundirse de un beisbolista heroico luchando contra las tormentas para nadar hacia la libertad. George Stein Brenner lo llamó una bañera. La prensa estadounidense llevó a los tiburones a los titulares.

Se escribieron guiones de Hollywood. Una historia hermosa. Tiene un solo problema. Es completamente inventada. La verdad es que Orlando Hernández partió en un barco pesquero sólido de 30 pies con un motor diésel de 480 caballos de fuerza. El mar estaba tan calmo que el capitán del barco, Juan Carlos Romero, diría: “Años después el clima era perfecto. El mar estaba liso.

Su esposa Heidiy fue aún más clara. Nunca vimos ningún tiburón. Este mito fue fabricado porque la comisión que entraría en el bolsillo del manager Joe Cubas crecería proporcionalmente al dramatismo de la historia. El capitalismo estadounidense necesitaba tiburones para comercializar la historia de un refugiado que huía del comunismo.

Pero la historia real es mucho más aterradora que los tiburones inventados. La historia real es como un estado intentó destruir con paranoia enfermiza al héroe que él mismo había creado. Y como ese héroe tomó su venganza ante los ojos de todo el mundo. Ahora detente un segundo y digiere esto. Un estado solo porque su hermano escapó.

Jumilló en las calles a su campeón más leal. sin que hubiera cometido crimen alguno, lo expulsó de los estadios, lo obligó a trabajar en un hospital psiquiátrico por $8 al mes y finalmente lo empujó a lanzarse al mar. Eso es paranoia. Quédate conmigo porque hoy en Cuba oculta no te voy a contar el cuento, te voy a contar la verdad para entender como un hombre llegó a ese barco en la noche de Navidad de 1997.

Primero tienes que conocer quién era antes de que el régimen decidiera borrarlo del mapa. Orlando Hernández Pedroso nació el 11 de octubre de 1965 en Villa Clara, aunque creció en Oajay, un barrio rural del municipio habero Rancho Bolleros. Su padre Arnaldo Hernández Montero era lanzador de un equipo importante y del hospital psiquiátrico de La Habana.

Y aquí viene el primer dato que cambia todo. El apodo el duque no era originalmente de Orlando, era de su padre. El entrenador chico fuentes se lo puso a Arnaldo en los años 60 inspirándose en el legendario Duke Snyider. Cuando Orlando heredó ese apodo, heredó también un peso histórico que lo perseguiría toda su vida.

Arnaldo era un mujeriego empedernido que tuvo hijos con al menos cuatro mujeres diferentes. Abandonó a la familia cuando Orlando tenía apenas 2 años. Su madre María Julia Pedroso, técnica de laboratorio en el mismo hospital psiquiátrico. Crió sola a Orlando y a su hermano mayor, Arnaldo Junior. La pobreza era tan extrema que Orlando recordaba tener un solo par de pantalones, los que él llamaba los semanales, que usaba todos los días, excepto los sábados.

Pero aquí viene lo más importante de una de las aventuras de su padre. Nació Eisler Livan Hernández Carreda el 20 de febrero de 1975, 10 años menor que Orlando, madre diferente Miriam Carredas, criado en la isla de la juventud a 50 millas de la costa sur de Cuba, Orlando y Libán, no se conocieron hasta que Libán cumplió 10 años.

Dos hermanos de sangre que crecieron en mundos completamente distintos. Orlando era disciplinado, leal al régimen padre de familia. Libán era talento, puro, indisciplinado, rebelde. Esa diferencia de carácter marcaría el destino de ambos. Y ahora fíjate en este detalle porque es clave para entender la ironía brutal de lo que vendría después. Orlando.

Usó durante toda su carrera el número 26. Ese número no es cualquier cifra en Cuba. Representa el movimiento 26 de julio, el asalto al cuartel Moncada de 1953 que inició la revolución Orlando. Llevaba en su espalda el símbolo sagrado del régimen. Era literalmente un hijo de la revolución. Y vaya que lo demostró en el terreno.

Durante 10 temporadas con industriales de La Habana. El equipo más prestigioso de Cuba Orlando, compiló números que siguen siendo récord, 126 victorias contra 47 derrotas, un porcentaje de victorias de 0.728, el más alto en la historia de la serie nacional. Ese récord no ha sido superado hasta el día de hoy. Una efectividad de 3.05 en más de 1514 entradas lanzadas.

Campeón nacional en 1992. y 1996. Y en la Arena Internacional con la selección cubana, que en un momento ganó 152 juegos consecutivos. Orlando, conquistó el oro olímpico en Barcelona 1992. Se convirtió en el primer jugador de la historia en ganar tanto una medalla de oro olímpica como una serie mundial. Y todo esto ganando aproximadamente $875 al mes.

Cuando periodistas extranjeros le preguntaban sobre desertar, él respondía, “Sé que la palabra más bonita del mundo es dinero, pero creo que palabras como lealtad y patriotismo también son muy hermosas. Esa era la imagen que el régimen vendía al mundo, el atleta socialista, incorruptible, el producto perfecto de la revolución. Pero lo que viene ahora demuestra que esa lealtad no significaba absolutamente nada para el aparato del Estado.

En septiembre de 1995, la selección cubana de béisbol estaba en Monterrey, México, para un torneo internacional Libán Hernández, el hermano menor de Orlando. Tenía apenas 20 años y ya era una estrella en ascenso. Pero Libán estaba harto. El periodo especial había devastado Cuba. No había combustible, no había comida, no había artículos básicos.

Los atletas de élite regresaban a casa ganando entre 10 y 16 al mes, lo que colmó el vaso del Iván. No fue una epifanía política, fue algo mucho más cotidiano y humillante. En 1995, durante una gira por Japón Libán, recogió champús y jabones de los hoteles para llevárselos a su familia, porque esos artículos básicos eran lujos inalcanzables incluso para un héroe nacional.

Pero a su regreso los funcionarios de seguridad cubanos le confiscaron todo y lo amenazaron con prohibirle viajar si volvía a intentarlo. Para un muchacho de 20 años que podía lanzar una pelota a 90 y 5 mill por hora, esa humillación fue demasiado. En Monterrey, una admiradora se le acercó para pedirle un autógrafo, pero en lugar de un papel le pasó discretamente un número de teléfono.

Era el número de Joe Cubas, el manager cubano americano de Miami, que se había especializado en sacar beisbolistas de la isla Libán, salió caminando del hotel una noche y desapareció. viajó a través de México Venezuela y finalmente República Dominicana, donde firmó un contrato de 4 años y 4,5 millones de dólares con los Florida Marlins, una fortuna solo 2 años después, en 1997, Libán Hernández llevó a los Marlis a la Serie Mundial y fue nombrado el jugador más valioso.

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