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Desprecio absoluto en la Costa del Sol: Cómo un joven humilde se convirtió en el dueño del destino de su novia L

Desprecio absoluto en la Costa del Sol: Cómo un joven humilde se convirtió en el dueño del destino de su novia

El Precio de la Máscara

Personajes:

Javier: El protagonista, un multimillonario que esconde su fortuna.

Lucía: Su novia, que lo ama sinceramente.

Doña Carmen: La madre de Lucía, calculadora y clasista.

[Escenario: Una terraza en el barrio de Santa Cruz, Sevilla. El calor de la tarde es sofocante.]

Doña Carmen: (Lanzando el bolso de piel sobre la mesa con desdén) ¿Esto es lo mejor que puedes ofrecerle a mi hija, Javier? ¿Un café en un bar de mala muerte? Lucía merece diamantes, no migajas.

Javier: (Bajando la mirada, fingiendo humildad) Doña Carmen, trabajo duro en el taller. El sueldo no es mucho, pero es honrado.

Doña Carmen: (Riéndose con amargura) El trabajo honrado no paga el alquiler de un piso en Nervión. Eres un lastre. Lucía tiene pretendientes que conducen deportivos, mientras tú… tú llegas en ese autobús público que huele a sudor y pobreza. ¿De verdad crees que el amor se come? El amor se marchita si no hay una cuenta bancaria detrás que lo riegue.

Lucía: (Con voz temblorosa) Mamá, basta. Él me hace feliz. Me da lo que nadie más me ha dado: tiempo, atención, honestidad.

Doña Carmen: (Se inclina hacia ellos, bajando la voz, con un veneno apenas contenido) La felicidad es una careta que se cae cuando llega la primera factura de la luz. He visto tu ficha, Javier. No tienes nada. Ni ahorros, ni propiedades, ni futuro. Estás arrastrando a mi hija a un pozo de miseria del que nunca saldrá. Ella es una joya que tú, un simple peón, no sabes pulir.

Javier: (Sintiendo un nudo en el pecho, pero manteniendo la calma) ¿Y si le dijera que las cosas no siempre son lo que parecen, Doña Carmen?

Doña Carmen: (Mirándolo con desprecio absoluto) No me vengas con cuentos. Los pobres siempre tienen fantasías de grandeza para compensar sus fracasos. Mañana vendrá Alejandro a cenar. Es hijo de constructores. Si tienes un ápice de decencia, desaparece. No vuelvas a llamar a mi hija. O mejor aún… ponle un precio. ¿Cuánto quieres para dejarla en paz?

Lucía: (Impactada) ¡Mamá! ¡¿Cómo puedes decir eso?!

Doña Carmen: (Ignorándola, fijando sus ojos en los de Javier) Dime, ¿cuántos billetes necesitas para admitir que no puedes darle la vida que merece? Puedo escribir el cheque ahora mismo. Que sea una cifra redonda. Que sea el precio de tu dignidad, si es que te queda algo.

Javier: (Un destello frío recorre sus ojos) ¿Un precio, Doña Carmen? ¿Está usted realmente dispuesta a pagar lo que sea necesario para deshacerse de mí?

Doña Carmen: (Con una sonrisa triunfante) Todo en esta vida tiene un precio, querido. Y el tuyo, por lo que veo, debe ser muy barato.

Javier: (Se levanta lentamente, manteniendo el contacto visual) Entonces, prepárese. Porque mañana, en esa cena, conocerá el verdadero valor de las cosas. Y le aseguro una cosa: no va a ser usted quien tenga el talonario en la mano.

(La tensión en la mesa es insoportable. Doña Carmen se siente dueña de la situación, ignorando que el hombre frente a ella está a punto de desmantelar su mundo entero. Javier, bajo su ropa sencilla, es el dueño de la empresa de logística más grande del sur de España, y la cena de mañana en la casa de los padres de Lucía será el escenario de una venganza tan elegante como devastadora.)

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