Había hecho saber, a través de sus agentes que quería una egipcia musulmana, virgen, de buena familia, pero no aristocrática. joven, fértil y que pesara menos de 50 kg. La condición del peso era una obsesión personal del rey, quien siendo él mismo obeso, no soportaba imaginarse al lado de una mujer también gorda. Cuando Faruk entra esa tarde a la joyería de su tío, no está oficialmente buscando a Narriman, pero los agentes secretos del palacio le habían enseñado dos semanas antes una fotografía de la prometida de Saki Hashim, una fotografía
robada por un fotógrafo profesional pagado por el palacio durante una cena social del Sporting Club. Faruk había mirado la foto durante varios minutos. Había acariciado el rostro de Narryman en la imagen con un dedo grueso y había dicho a su asesor principal una sola frase: “Esa muchacha tiene una boca con un brillo de humor vivo y los ojos bailan con una amabilidad gentil.
Quiero conocerla.” Ah, el encuentro en la joyería esa tarde de octubre no es casual. Faruk se acerca al sillón verde donde está Narriman, la saluda, le pregunta cómo se llama. La conversación dura 20 minutos. Zaki Hashim, parado al lado, no puede intervenir uno no interrumpe al rey de Egipto. Narriman responde a las preguntas del rey con timidez, pero con dignidad.
No tiene idea de que está siendo evaluada en tiempo real. Cuando Faruk finalmente se despide de ella, le besa la mano, le dice, “Espero volver a verla pronto, señorita Sadeek.” Y sale de la joyería sin haber comprado nada. Una semana después, una emisaria del palacio se presenta en la casa de Sadik Bay, en el barrio de Garden City.
Le explica al padre de Nariman que el rey Faruk ha decidido casarse con su hija. Le explica que la familia tiene una semana para romper el compromiso con Saki Hashim. Le explica que Narriman será enviada a la embajada egipcia de Roma para una formación intensiva durante 6 meses antes del matrimonio oficial. Hussein Fami Sadik se queda en silencio durante varios minutos y después, sin atreverse a contradecir abiertamente la voluntad real, dice una frase que va a perseguirlo el resto de su vida.
Es un honor para mi familia. Lo aceptamos. Esa misma noche, Hussein le explica la decisión a su hija. Narriman llora durante 3 horas seguidas. No quiere casarse con Faruk. Está enamorada de Saki y Hashim. No quiere ir a Roma. No quiere ser reina, no quiere los diamantes, no quiere los palacios. Pero su padre, con la voz quebrada le explica que en el Egipto de 1950 una familia no le dice no a un rey, que si rechazan la propuesta, Hussein podría perder su cargo, que toda la familia Sadik podría caer en desgracia. Inarman,
17 años, sin recursos propios, sin alternativa viable, sede. La carta de ruptura del compromiso, Asaki Hashim, es escrita por su propio padre Hussein, no por Narimen. Es una carta corta, formal, sin explicaciones detalladas. Dice solamente mi hija Narryman Sadek se ve obligada por motivos de estado a romper el compromiso de matrimonio que la unía con usted.
Distinguido señor Saki Hashim. Lamentamos profundamente este desenlace. Le pedimos comprensión. Saki Hashim recibe la carta, la lee dos veces y nunca contesta. Va a quedar célibe el resto de su vida, según contarían sus colegas del bufete décadas después. Narim es subida a un avión de la KLM Royal Dutch Airlines en el aeropuerto del Cairo. El 15 de diciembre de 1950.
Su madre Asila acompaña hasta la escalerilla del avión llorando. Su padre Husain no asiste a la despedida, no se siente capaz. Y Narriiman aterriza esa misma tarde en Roma, donde la esperan funcionarios de la embajada egipcia con un cadilac negro, un séquito de tres mujeres asistentes y un programa de formación de 6 meses que va a transformarla según las órdenes precisas de Faruk en una reina apropiada para Egipto.
Durante esos 6 meses en Roma, Nariman estudia el francés, el italiano y el inglés durante 6 horas al día. Aprende a saludar a los embajadores. Aprende a sentarse a la mesa en cenas de estado. Aprende a sonreír sin mover los labios. Aprende a callar cuando los hombres hablan y lo más cruel de todo, aprende a pasar hambre porque Faruk había ordenado por escrito que ella perdiera 15 kg antes del matrimonio.
Una dietista italiana le sirve cada comida una taza de caldo y una pequeña porción de pollo a la plancha. Narriman, que en su casa de el Cairo comía tres platos copiosos cada día con su madre, pasa cada noche durmiendo con dolor de estómago. Cuando finalmente regresa a Egipto, en mayo de 1951 pesa 48 kg exactos.
Sus padres casi no la reconocen al recibirla en el aeropuerto. Está pálida, tiene ojeras profundas. Y según contaría décadas después, una de sus primas, que la vio esa tarde tenía la mirada de una mujer que ya había aceptado en su corazón que la felicidad no iba a ser parte de su vida. 6 de mayo de 1951. Palacio Abdén, El Cairo.
Una ceremonia de matrimonio que va a quedar registrada en los libros de historia como una de las más caras del siglo XX. Narriman tiene 17 años y 6 meses. Está de pie en el vestíbulo principal del palacio, esperando que las puertas de oro se abran para que pueda caminar hacia el altar de mármol blanco, donde la espera Faruk.
Lleva un vestido que ha sido cocido durante 4 meses por las 30 mejores modistas de Egipto bajo la dirección de la casa Worth de París. Es un vestido de raso blanco. Está completamente bordado con diamantes auténticos. 20,000 diamantes exactos. según el inventario oficial del palacio, comprados a la Casa Cartier de Londres. La cola del vestido mide 3,5.
La tiara que lleva sobre la cabeza tiene además seis esmeraldas colombianas talladas en forma de gota y los zapatos hechos a mano en Florencia tienen suelas de cuero pintadas en oro 24 kilates. El valor total del vestido, según los expertos en joyería que lo evaluaron años más tarde, era superior a los 2 millones de libras egipcias de la época, el equivalente en valor actual a más de 40 millones de dólares.
Las puertas se abren. Narim camina hacia el altar al ritmo de una marcha nupsial tocada por una orquesta de 100 músicos. Faruk la espera. Vestido con su uniforme militar de gala, bordado con condecoraciones, sonriendo con todos los dientes. Lo une el padre de Nariman al ofrecerle la mano de su hija.
El Imán de Alazhar realiza la ceremonia religiosa en árabe clásico y a las 2:30 de la tarde exactas, Narriman Sadeek se convierte oficialmente en la reina Narriman de Egipto y de Sudán, segunda esposa del rey Faruk Io, última reina de la dinastía Mohamad Ali, que había gobernado el país desde 1805. Hay un detalle de la ceremonia que solo los testigos más cercanos al altar pudieron percibir aquel día.
Un detalle que Asila, la madre de Narriman, contaría a sus hermanas semanas después en una conversación que iba a circular por las familias del Cairo durante años. Cuando Narryman pronunció en árabe las palabras rituales de aceptación del matrimonio, su voz tembló de manera casi imperceptible. Solamente Asila, que estaba en la primera fila, lo notó.
Y solamente Asila vio el momento exacto en que su hija, antes de pronunciar el sí definitivo, miró hacia abajo durante un segundo y cerró los ojos con fuerza, como si estuviera tomando aire para sumergirse en aguas profundas. Esa fracción de segundo, esa sola fracción contenía todo el miedo de una niña de 17 años que ya sabía en el fondo de su alma que estaba diciéndole a Dios a la vida que había imaginado para sí misma.

Asila, al ver el gesto, sintió un nudo terrible en el estómago, pero no dijo nada porque ya era demasiado tarde, porque ya nadie podía detener lo que estaba a punto de ocurrir. La población egipcia recibe a la nueva reina con un entusiasmo inicial impresionante. La apodan inmediatamente la cenicienta del Nilo, por su origen no aristocrático.
Las revistas árabes publican retratos suyos cada semana. Las muchachas del Cairo se peinan Alan Harryan. Los productores de cine egipcio le ofrecen contratos imaginarios para protagonizar películas con tratos que Faruk rechaza con desprecio. Y durante algunas semanas, la juventud egipcia parece creer que esa boda de cuento de hadas puede ser el principio de un renacimiento de la monarquía.
Pero los problemas empiezan inmediatamente. La luna de miel prevista para durar 3 meses se hace en la costa azul francesa, en una villa privada cerca de Kan. que el rey Faruk había alquilado durante todo el verano. Los primeros días son agradables. Faruk lleva a Narriman al casino de Mónaco, la presenta al príncipe Rainier, la invita a cenar en los restaurantes más caros de Nisa, pero a partir de la segunda semana, Faruk empieza a desaparecer cada noche durante varias horas. Va al casino sin narriman.
Apuesta sumas enormes, 10, 20, 50,000 libras esterlinas por noche, sin que nadie en el séquito real pueda detenerlo. Y vuelve a la villa cada amanecer borracho de champaña, ya con olor de perfume femenino en la camisa. Narriman, sola en la villa cada noche durante semanas seguidas empieza a comprender la verdad de lo que se ha casado.
Faruk no la quiere a ella personalmente. Quiere lo que ella representa, un cuerpo joven capaz de producirle un heredero varón después del fracaso de su primer matrimonio. Y mientras espera el embarazo, Faruk va a seguir viviendo como había vivido siempre, como un rey caprichoso, infiel, glotón, indisciplinado. Hay una escena específica de aquella luna de miel en la Costa Azul que Narriman iba a contarle décadas después a una sola persona, su segunda hija, ARAM, durante un viaje que hicieron juntos a Alejandría en 1998.
La escena era una madrugada de agosto de 1951, alrededor de las 3:30 de la mañana en la villa cerca de Kan. Narryman se había despertado por unos ruidos extraños en el pasillo del primer piso. Había bajado descalza con su bata de seda blanca, pensando que era algún servidor que se había caído por borracho.
Al llegar al pie de la escalera principal había visto a su esposo Faruk. El rey de Egipto, vestido todavía con su frag de cena, completamente borracho, abrazando a una mujer rubia muy joven que ella jamás había visto antes. Sentados los dos en el primer escalón de la escalera de mármol, la mujer rubia tenía los pechos al aire, el frag de Faruk estaba desabrochado y los dos se reían a carcajadas sin haber notado todavía la presencia de Nariman en el corredor.
Narryman se quedó parada durante 10 segundos absolutos. Después subió las escaleras sin decir una palabra. Volvió a su habitación, cerró la puerta con llave y se quedó sentada en el piso al pie de la cama hasta que salió el sol, sin dormir, sin llorar, sin pensar en nada, simplemente mirando el reloj de la pared y contando los segundos.
Esa madrugada, esa única madrugada de agosto en una villa de la Costa Azul, fue el momento exacto en que Narryman supo, con una claridad absoluta y definitiva, que su matrimonio con Faruk ya estaba muerto, a pesar de tener solamente 3 meses de existencia. En septiembre de 1951, durante el viaje de regreso a Egipto, Narriman se queda embarazada.
El bebé está previsto para mayo del año siguiente. Faruk está exultante. Manda anunciar la noticia por todas las radios del país. Manda construir una cuna especial de plata maciza para el futuro heredero y le promete a Narriman que después del nacimiento todo va a cambiar, que va a dejar de ir al casino, que va a quedarse en casa con ella y el niño, que van a ser una familia normal.
Narriman intenta creerle, pero ya está cansada. Pasa los meses del embarazo, principalmente sola en el palacio de Montasa, en Alejandría, mientras Faruk pasa la mayor parte del tiempo en el Cairo, manejando los asuntos políticos cada vez más complicados de un Egipto al borde de la revolución.
El 16 de enero de 1952, dos meses antes de la fecha prevista, Narriman entra en trabajo de parto en el palacio. Es una emergencia médica. El bebé es prematuro y está en posición invertida. Faruk, avisado por teléfono, llega corriendo desde una reunión del Consejo de Ministros. entra a la habitación del parto sin que los médicos puedan detenerlo.
Agarra la mano de Nariman y durante 4 horas seguidas, según contarían años más tarde las enfermeras presentes, Faruk se queda al lado de su esposa repitiendo la misma frase en inglés una y otra vez con lágrimas en los ojos. Push nani, push, push, nani, push. El bebé nace finalmente a las 5:20 de la mañana. Es un varón.
Pesa solo 2, g, pero está vivo. Y Faruk, mirando a su hijo en los brazos del médico, llora durante 10 minutos seguidos sin poder controlarse. Le da el nombre de Ahed Fuad Amed, por su antepasado fundador de la dinastía Fuad, por su propio padre, el rey muerto en 1936. Y ese bebé prematuro de 2,g 200 g se convierte en ese instante exacto en el heredero oficial del trono de Egipto y de Sudán.
Nadie en la habitación sabe todavía que ese bebé va a ser rey solo 6 meses más tarde y que va a ser el último rey de Egipto. Not. Antes de continuar, cuéntanos en los comentarios desde qué ciudad o país nos estás viendo hoy. Nos encanta descubrir hasta dónde llegan estas historias. Los seis meses entre enero y julio de 1952 son los más felices de la vida de Nariman como reina.
Está agotada por el parto prematuro, pero está rodeada de afecto. Su madre, Asila, ha venido a vivir al palacio de Montasa para ayudarla con el bebé. Su padre Hussein visita cada semana. Las nodrizas turcas y francesas que cuidan al pequeño Ahmed Fuad son cariñosas. Y Faruk durante esos meses excepcionales está más presente que nunca. Cumple su promesa.
Reduce las visitas al casino. Pasa las tardes con su hijo en los jardines del palacio. Compra él mismo los pañales especiales que el bebé necesita por ser prematuro y le dice cada noche a Nariman antes de dormir, “Esta es la familia que siempre soñé. Nunca te voy a fallar.” Pero afuera del palacio, en las calles de El Cairo y Alejandría, el país entero está hirviendo.
Egipto venía perdiendo confianza en Faruk desde hacía años. La derrota humillante en la guerra árabe israelí de 1948. La corrupción galopante de la corte real, la obesidad pública del rey, vista como un símbolo de decadencia, las apuestas escandalosas en los casinos europeos, mientras el pueblo egipcio pasaba hambre, la presencia británica residual en el canal de Su.
Todo eso había creado un caldo de cultivo perfecto para una revolución. Y en julio de 1952, un grupo de oficiales jóvenes del ejército egipcio, el movimiento de oficiales libres, encabezado por dos hombres llamados Muhamad Nagib y Gamal Abdel Naser, decidió que había llegado el momento de actuar. La noche del 22 al 23 de julio de 1952, las tropas del movimiento toman el control del cuartel general del ejército en el Cairo.
A las 5 de la mañana del 23 de julio, la radio nacional egipcia emite el primer comunicado de la revolución. Egipto ha vivido un periodo negro. El ejército se ha movilizado para terminar con la corrupción. El rey Faruk, que se encuentra ese día en el palacio de verano de Alejandría con Narriman y el bebé Ahed Fuad, escucha el comunicado por la radio mientras desayuna.
Se queda sin moverse durante varios minutos. Después llama a sus generales, pero los teléfonos de palacio están ya intervenidos. Y los generales, los pocos que todavía les sonales, están ya rodeados por las tropas revolucionarias durante 3 días, del 23 al 26 de julio, hay negociaciones tensas. Faruk pide poder mantener el trono para su hijo recién nacido.
Pide abdicar el mismo en favor del bebé Ahmed Fuad, que tiene 6 meses. Los oficiales libres aceptan la propuesta como una transición pacífica y a las 11 de la mañana del 26 de julio de 1952 en el Palacio Ras Altín de Alejandría, el rey Faruk, primero de Egipto, firma el acta oficial de abdicación en favor de su hijo de 6 meses.
El bebé Ahmed Fuad en su cuna de plata, dormido durante todo el procedimiento, se convierte oficialmente ese 26 de julio de 1952 en el rey Fuad II de Egipto y de Sudán. Tiene 6 meses y 10 días. es el rey más joven de la historia mundial moderna y su reinado va a durar solamente 11 meses antes de que la naciente República egipcia abolice la monarquía definitivamente.
A las 6 de la tarde de ese mismo 26 de julio, la familia real entera, Faruk, Nariman, el bebé rey Fuad Segundo, las tres hijas mayores de Faruk del primer matrimonio, la madre de Faruk, la reina Nazle, y un séquito de 12 sirvientes, sube a bordo del yate real, El Marusa, anclado en el puerto de Alejandría.
Es el mismo yate que había llevado a Faruk a su luna de miel 15 años antes con Farida. su primera esposa. Y ahora, en ese atardecer de verano del 52, ese mismo yate los lleva al exilio definitivo, sin retorno posible, al país que habían gobernado durante 150 años. Narriman, 18 años y 9 meses cumplidos. Lleva al bebé Ahed Fuad, ahora rey Fuad Segundo, en los brazos cuando sube a la pasarela del yate.
Mira la ciudad de Alejandría detrás de ella. Mira el palacio Rasaltín alejándose en la costa. Mira el sol que se está poniendo sobre el Mediterráneo. Y según contaría décadas más tarde a su segundo esposo en una conversación privada. En ese momento exacto, ella ya sabía antes que cualquier otra persona del séquito real que ese matrimonio que apenas tenía 14 meses de existencia no iba a sobrevivir al exilio.
Si lo que estás escuchando te está tocando el corazón, regálanos un like. Es gratis para ti, pero para este canal lo significa todo. El yate llega a Nápoles tr días después. Después navega hasta Capri y la familia real se instala en una villa alquilada en las alturas de la isla con vistas al mar Tirreno. Comienza el exilio y comienza también el infierno doméstico que va a destruir el matrimonio.
Lejos del control de los protocolos egipcios, Faruk se desata completamente, engorda hasta llegar a los 150 kg. Bebe champaña desde el desayuno. Va al casino de Capri. Cada noche. Empieza a recibir mujeres en la villa, actrices italianas menores, modelos profesionales, prostitutas de lujo enviadas por amigos europeos. Algunas noches no vuelve a dormir hasta el amanecer.
Otras noches vuelve en compañía de mujeres que Nariman tiene que cruzar en el pasillo cuando va al cuarto de su bebé. Narriman, por su parte, se va aislando. Pasa cada vez más tiempo con su madre Asila, que ha venido desde el Cairo para apoyarla durante el exilio. Pasa horas con el bebé Ahed Fuad en los jardines de la villa.
Lee novelas italianas que le presta una vecina de Capri y cada mes que pasa ella siente más fuerte la certeza de que esa vida, la vida de una reina sin reino, casada con un hombre que ya no la respeta, atrapada en una isla extranjera con un bebé y una madre, no es la vida que ella había querido cuando aceptó subir al avión hacia Roma 3 años antes.
septiembre de 1953, Faruk publica unas memorias en un periódico italiano. En esas memorias, sin consultar a Narryman, describe la intimidad de su matrimonio. Da detalles del parto, da detalles de las noches conyugales, da detalles de los problemas físicos del bebé. Narryiman se entera por casualidad leyendo el periódico Una mañana en el desayuno y esa misma tarde, sentada en el balcón de la villa con su madre, asila, le dice una frase que su madre va a recordar durante el resto de su vida. Mamá, yo no voy a aguantar esto
otro año más. La decisión final se toma durante el invierno italiano de 1953 a 1954. Nariman, que tiene ya 20 años cumplidos, pasa varias noches conversando con su madre en la cocina de la villa, mientras Faruk duerme borracho en su habitación al otro lado de la casa. Asila, la madre cariñosa que había acompañado a su hija al avión de Roma 4 años antes, llorando escucha con paciencia.
Asila no la juzga. Asila le pregunta solamente una cosa. Hija mía, ¿estás absolutamente segura de que esto es lo que quieres hacer? Porque una vez que vuelvas a Egipto sin el rey, ya no vas a poder regresar atrás. Hey, Nariman contesta que sí. Y la madre y la hija en esa cocina de Capri, en el silencio de la noche italiana empiezan a planificar la huida.
El procedimiento del divorcio, según la ley islámica, requiere que sea el marido quien pronuncie las palabras rituales, el famoso talc. Pero hay un mecanismo legal que permite a la esposa solicitar el divorcio en ciertas condiciones, particularmente si el marido ha incumplido sus obligaciones conyugales. Y los abogados de la familia Sadik, contactados secretamente desde Capri por carta a través de un intermediario egipcio en Roma confirman a Nariman que ella tiene argumentos suficientes infidelidad pública, humillación a través de las memorias
publicadas, abandono emocional para obtener el divorcio en las cortes egipcias, incluso a pesar del exilio de la familia real. Pero hay una condición, una condición durísima, una condición que Narriman va a tener que aceptar si quiere ser libre. La custodia del niño. Según la ley egipcia, los hijos de un divorcio real quedan automáticamente con el padre cuando son varones, especialmente si son herederos al trono.
Y Amed Fuad, aunque sea un rey simbólico de puesto a los 6 meses, sigue siendo legalmente el heredero de Faruk. Si Narryman pide el divorcio, va a perder automáticamente la custodia de su hijo. Va a tener derechos de visita limitados. Y lo más doloroso de todo, el niño va a quedarse en exilio con su padre, significando que Nariman, al volver a Egipto va a estar físicamente separada de su hijo durante meses, posiblemente años enteros.
Asila, la madre, le ruega a su hija que reconsidere. le dice que ningún pasaje hacia la libertad personal vale el sacrificio de dejar a un niño de 2 años sin su madre. Le dice que el bebé va a sufrir. Le dice que ella misma, Nariman, va a sufrir todavía más a la distancia y le suplica que aguante otros tres o cu años más al lado de Faruk hasta que el niño sea suficientemente grande para entender la situación.
Nariman escucha a su madre durante varias horas. Llora, vuelve a llorar. pasa una noche entera mirando a su hijo dormir y al amanecer del 11 de enero de 1954 baja a la cocina de la villa, mira a su madre fijamente a los ojos y le dice, “Mamá, lo voy a hacer y voy a vivir con esto el resto de mi vida, pero si me quedo, voy a morirme y un niño con la madre muerta es peor que un niño con la madre lejos.
” Hay un detalle de esa última noche al lado de la cuna de Ahmed Fuad, que así la iba a guardar en silencio durante décadas y que solamente confesaría a su propia hermana. Años después, sentadas las dos en una banca del jardín del Guira Club del Cairo, en una tarde de 1970. Mientras Naryman miraba a su hijo dormir esa madrugada de enero, le susurró tres veces seguidas la misma frase en árabe inclinada sobre la cuna, con los labios casi tocando la frente del niño.
La frase era una promesa terrible, una promesa imposible que así la escuchó desde el corredor, sin atreverse a entrar. Te voy a buscar, hijo mío. Te voy a buscar cuando seas grande, aunque tenga que cruzar todos los mares del mundo para encontrarte. La promesa nunca se iba a cumplir tal cual fue dicha, pero el simple hecho de haberla pronunciado esa madrugada de enero fue probablemente lo que le permitió a Narriman tener el coraje unas horas más tarde de bajar las escaleras de la villa con su pequeña maleta, sabiendo que
estaba dejando atrás en esa cuna de madera la parte más importante de su propia alma. Esa misma semana, sin avisar a Faruk, Narriman empieza a preparar discretamente el viaje de regreso a Egipto. Manda hacer dos boletos en un buque mercante que sale de Nápoles a Alejandría. Vende discretamente algunas joyas a un anticuario italiano para tener dinero propio y escribe una carta de despedida que va a dejar sobre la almohada de Faruk la noche de su partida.
El 28 de enero de 1954, Narriman y su madre Asila salen de la villa de Capri al amanecer sin avisar a nadie con dos maletas pequeñas. Un taxista italiano contratado dos días antes las espera en la calle, las lleva al puerto de Nápoles. A las 11 de la mañana el barco zarpa hacia el sur y Narriman, parada encubierta, mira las costas italianas alejarse durante varios minutos antes de bajar a su camarote y encerrarse allí a llorar durante las siguientes 48 horas seguidas.
Cuando Faruk se levanta esa misma mañana en Capri y descubre la carta sobre la almohada, primero piensa que es una broma cruel de algún sirviente. Después se da cuenta de que la habitación de Narrimán está vacía. Después se da cuenta de que la habitación de su suegra Asila también está vacía. Después corre hasta el cuarto de Amed Fuad.
El niño está dormido en su cuna. Solo sin su madre. El niño está dormido en su cuna. Faruk se queda mirando a su hijo dormir durante una hora. Después se sienta en el piso de la habitación y según contaría décadas más tarde la nodriza francesa que estuvo presente, el rey gordo y poderoso de Egipto, llora durante 6 horas seguidas con la cabeza apoyada contra los barrotes de la cuna.
El divorcio oficial se pronuncia en una corte de El Cairo el 2 de febrero de 1954. Narryman, vestida de negro, acompañada solamente por sus padres, escucha al juez egipcio leer el fallo. No recibe pensión alimenticia, no recibe ninguna parte de la fortuna real. Y según el acuerdo firmado previamente con los abogados de Faruk, renuncia formalmente a la custodia de Ahmed Fuad, aceptando que el niño sea criado por Faruk en Italia, con derechos de visita limitados para ella.
sale de la corte, sube al carro de su padre y desde el asiento trasero, mirando por la ventana, las calles de El Cairo, dice una sola frase que su padre Hussein va a guardar el resto de su vida en el cajón secreto de su escritorio donde escribía sus diarios. Ya está. Soy libre y soy al mismo tiempo la peor madre del mundo. Lo que vino después durante los siguientes 51 años fue el silencio.

Narrimanadec se instaló en el Cairo, en una casa pequeña de Heliópolis, un barrio elegante, pero no aristocrático. Lejos de los antiguos palacios reales, vivió con sus padres durante los primeros meses. Después, para asombro de toda la sociedad egipcia, anunció en mayo de 1954, apenas 3 meses después del divorcio de Faruk, su segundo matrimonio.
El nuevo esposo se llamaba Dr. Adam Alnakib. Era oriundo de Alejandría. Era médico de profesión recientemente graduado y ironía absoluta de la historia, su abuelo había sido durante muchos años el médico personal de la familia real egipcia, incluyendo del propio rey Faruk. Nariman había conocido a Adam durante la luna de miel en Capri, donde el joven médico había sido enviado dos veces para revisar la salud del bebé prematuro.
Habían intercambiado pocas palabras entonces, pero Adham, según contaría décadas después su propio hijo, se había enamorado en silencio de Narryman desde la primera vez que la vio, sin atreverse a decírselo nunca. Cuando supo del divorcio, Adham Alnakib viajó a El Cairo. Pidió la mano de Narriman a través de un primo común. La respuesta fue afirmativa.
Y el 3 de mayo de 1954, en una ceremonia íntima en la casa de los Sadic con apenas 20 invitados, Nariman se casó por segunda vez, exactamente 3 años y un día después de su primera boda en el palacio Abden con un vestido de 20,000 diamantes. Esta vez la novia llevaba un vestido beige discreto, sin diamantes, sin tiara, sin séquito de 100 músicos, sin orquesta, solamente con una sonrisa cansada y la certeza de que la vida finalmente le estaba devolviendo algo parecido a la normalidad.
Adham, Alnakib era un hombre dulce, paciente, completamente diferente de Faruk. No bebía, no jugaba, no tenía amantes. Trabajaba 12 horas al día en el hospital del Cairo y trataba a Nariman con un respeto absoluto que ella nunca había conocido en su primer matrimonio. En agosto de 1955, el matrimonio tuvo un hijo varón al que llamaron Akram.
Akram Alquib se convirtió, sin saberlo todavía, en el medio hermano del rey simbólico Fuad Segund. Un dato genealógico extraño que la prensa egipcia evitará deliberadamente publicar durante décadas, pero la felicidad otra vez no iba a durar. La presión política sobre Nariman seguía siendo enorme. El nuevo régimen del presidente Gamal Abdel Naser la mantenía bajo vigilancia constante, temiendo que ella pudiera ser usada por elementos monárquicos para restaurar a su hijo Fuad Segund en el trono.
Los amigos del Cairo la evitaban. Las viejas familias de la antigua corte la rechazaban. Y Narriman, atrapada entre el resentimiento popular y el silencio de las élites, vivía una vida cada vez más limitada, saliendo solo para visitar a sus padres a la peluquería, al supermercado. En 1961, el matrimonio con Adham Alnakib se quebró bajo el peso de esa presión.
El divorcio fue amistoso. Adham se quedó con la custodia parcial de Akram. Y Narriman, 31 años cumplidos, se quedó sola por segunda vez. El 25 de marzo de 1965, Faruk y murió en un restaurante italiano de Roma, un restaurante llamado Hill de France. Después de una cena particularmente copiosa, se atragantó con una naranja.
Según el primer informe forense, otros sostuvieron que fue envenenado por agentes del régimen de Ner. Tenía 45 años, pesaba 157 kg. Narriman se enteró de la muerte de su primer esposo en Cairo, escuchando la radio mientras preparaba el desayuno a su hijo Akram. Cerró los ojos durante varios segundos y no comentó la noticia con nadie en su casa, según testigos.
En 1967, Nariman se casó por tercera vez. El nuevo esposo se llamaba Dr. Ismail Fami. Era un general médico del ejército egipcio, hombre de carrera militar respetada bajo Naser y después bajo Sadat. Hablaba poco, trabajaba mucho, era casi 20 años mayor que ella y le ofreció finalmente, después de tanto sufrimiento, la única cosa que Narryman había estado buscando durante toda su vida adulta, el anonimato, la paz, el silencio.
El Conmile Famy, Nariman se mudó a un departamento más grande del barrio de Elópolis. Allí vivió los siguientes 38 años desde 1967. hasta su muerte en 2005, sin dar una sola entrevista, sin escribir memorias, sin asistir a ningún acto público que tuviera relación con su pasado real. Cuando los periodistas internacionales intentaban contactarla y lo intentaron decenas de veces durante las décadas, su esposo Ismael respondía siempre con la misma frase educada, pero definitiva.
Mi esposa no habla del pasado. Por favor, respeten su privacidad. y la respetaron, o al menos la dejaron en paz. Durante esas largas décadas de silencio en Heliópolis, Narriman seguía existiendo, aunque casi nadie en Egipto se acordaba ya de ella. Pasaba sus tardes leyendo novelas francesas.
Cocinaba ella misma los platos egipcios tradicionales Moloquia, Kari, Mashi, porque dejó de tener sirvientas a partir de los años 70. Caminaba cada mañana al supermercado del barrio con una bolsa de tela y un velo discreto en la cabeza y miraba al cielo con frecuencia, según los vecinos, que la veían por la ventana, como si esperara una respuesta que el cielo no le iba a dar.
Pero había un día al año que era diferente. El 16 de enero de cada año, el cumpleaños de su hijo Ahed Fuad, el rey simbólico Narriman, se quedaba encerrada en su habitación durante toda la jornada. No salía, no comía, no hablaba con nadie. Su esposo, Ismael Famy, durante los 38 años de matrimonio, aprendió a respetar ese silencio anual sin hacer preguntas.
Llevaba a la habitación una bandeja con té y galletas que dejaba en el piso frente a la puerta. La bandeja regresaba intacta a las 11 de la noche y durante esos días, el 16 de enero de 1955, de 1962, de 1978, de 1991, de 2004, Narryman pasaba probablemente las horas mirando una fotografía que guardaba en el cajón cerrado de su mesa de luz.
una fotografía pequeña en blanco y negro tomada en agosto de 1952 en el yate el Mrosa. En la foto ella tiene 18 años. Sostiene a un bebé de 6 meses en los brazos. El bebé sonríe. Ella sonríe también, pero con los ojos cansados. Y en la parte de atrás de la foto, con su propia letra está escrita una sola palabra en árabe, habibi, mi amor.
Su hijo Ahed Fuad, el rey simbólico Fuad Segundo, creció en Italia y después en Suiza, sin madre. Fue criado primero por Faruk hasta la muerte de este en 1965. Después por las hermanas mayores de Faruk, después por institutrices. Estudió en Suiza. Se casó en 1976 con una mujer francesa llamada Dominic Franz Picard, convertida al islam con el nombre de Fadila. Tuvieron tres hijos.
Y Ahed Fuad reconstruyó su vida lejos de los focos públicos, discreto, educado, sin nunca reclamar derechos al trono perdido. Madre e hijo se vieron muy poco durante todos esos años. La primera reunión después de la separación de Capri fue en 1965 el día del entierro de Faruk en el Cairo, donde Naser autorizó excepcionalmente la repatriación del cuerpo a cambio de un funeral discreto.
Ahmed Fuad, 13 años, vio a su madre por primera vez desde los 2 años. Hubo un abrazo corto, hubo pocas palabras. Y después cada uno regresó a su vida, el muchacho a Europa, la madre, al departamento de Heliópolis. Hay una anécdota de aquella primera reunión de 1965 que circula en los libros de historia de la monarquía egipcia y que probablemente describe mejor que cualquier otra cosa la profundidad de la herida entre madre e hijo.
Cuando Ahmed Fuad, entonces el adolescente exiliado que llevaba ya 13 años, creyendo que su madre lo había abandonado por egoísmo, vio finalmente a Narryman entrar al salón del palacio donde se había organizado el encuentro privado. Se quedó parado a 3 m de ella sin moverse durante casi un minuto entero, Narriman dio un paso hacia él. Ahmed Fuad dio un paso hacia atrás.
Narriman se detuvo, le tendió una mano. Ahmed Fuad miró la mano de su madre durante varios segundos sin agarrarla y después, finalmente, sin decir una palabra, se acercó y la abrazó muy rápidamente. Un abrazo de 3 segundos que terminó tan abruptamente como había empezado. Después dio media vuelta y salió del salón.
Narriman se quedó sola, parada en el centro de la sala vacía, con los brazos todavía suspendidos en el aire durante varios minutos. Esa imagen, esa madre sola con los brazos abiertos en el medio de un salón vacío, fue probablemente la imagen que la persiguió en sueños cada noche durante los siguientes 40 años hasta el día de su propia muerte.
Las reuniones siguientes fueron contadas: aproximadamente una visita cada 5 años. algunas cartas, algunas llamadas telefónicas en cumpleaños y fiestas. Nunca hubo una verdadera reconstrucción de la relación. El daño causado por la separación de 1954 era demasiado profundo y los dos, madre e hijo, habían aprendido a vivir con esa herida, cada uno por su lado.
En enero de 2005, a los 71 años de edad, Nariman fue diagnosticada con un derrame cerebral leve. Los médicos del hospital Dar al Fuad del Cairo le dijeron que con tratamiento adecuado podía vivir varios años más. Pero unas semanas después, el 15 de febrero de 2005, sufrió un segundo derrame cerebral mucho más grave.
quedó en coma profundo. Su esposo Ismael Famy permaneció al lado de su cama durante las 30 horas siguientes, tomándole la mano, leyéndole pasajes del Corán, susurrándole palabras de afecto. Narry Mansadek murió a las 4:30 de la madrugada del 16 de febrero de 2005. Tenía 71 años, 3 meses y 16 días. Su esposo Ismael estaba a su lado.
Sus hijos Ahed Fuad y Akram fueron avisados por teléfono casi al mismo tiempo. Ahed Fuad estaba en su casa de París. Aram estaba en el Cairo. Los dos viajaron de inmediato. El entierro fue completamente privado. Según la voluntad expresada por escrito por la propia Narryman años antes. Solamente 20 personas asistieron.
ningún representante del gobierno egipcio, ningún periodista, ningún fotógrafo. Su hijo Ahmed Fuad, el último rey simbólico de Egipto, ya con 53 años, pronunció dos palabras breves en árabe junto a la tumba antes de que cerraran el cajón. Las dos palabras eran madre, perdón. [carraspeo] Después se fueron todos.
El cementerio quedó vacío y según el sepulturero que cerró la lápida esa misma tarde, durante las horas siguientes, hubo solamente una mujer mayor, una vecina anónima de Heliópolis, vestida de negro con un velo en la cabeza que se acercó a la tumba con una flor blanca, la dejó sobre el mármol, hizo una oración silenciosa y se fue caminando sin que nadie supiera nunca quién era ni por qué había venido.
Hay una pregunta que muchas historiadoras del mundo árabe se han hecho en los últimos 20 años. Si Nariman Sadek hubiera tenido el coraje antes de morir de escribir sus memorias, si hubiera contado al mundo su versión completa de los hechos, su sufrimiento durante la luna de miel en la costa azul, las infidelidades de Faruk en Capri, las razones profundas de su decisión de 1954, ¿el árabe la habría perdonado por haber abandonado a su hijo o la habría condenado todavía más fuertemente? Es una pregunta que nadie va a poder
responder nunca, Juan, pero hay algo cierto. Y es que durante esos 51 años de silencio voluntario en Eliópolis, Nariman ya había encontrado su propia respuesta personal, una respuesta que probablemente había aceptado el día que tomó la decisión en aquella villa de Capri en 1954. Una respuesta tan dura como sencilla, que los seres humanos, cuando son colocados ante elecciones imposibles, no tienen otra alternativa que escoger entre dos formas de sufrimiento y vivir después con la elección hecha para siempre, sin justificarse, sin pedir
perdón, sin esperar que el mundo la entienda. Porque hay sufrimientos que ningún cuento de hadas puede borrar y porque el silencio al final es la única respuesta verdadera que una madre rota puede ofrecer al hijo del cual la separó la historia. Hay otras historias así en las cortes árabes del siglo XX.
otras reinas cuya juventud fue sacrificada en el altar de la política y de los reyes. Otras cenicientas convertidas en princesas que descubrieron demasiado tarde que los cuentos de hadas terminan siempre con la novia sonriendo y nunca cuentan lo que pasa 10 años después. Y en la próxima historia que vamos a contar vamos a entrar en la vida de otra mujer extraordinaria, otra reina musulmana cuyo destino fue arrancado por la historia en plena juventud.
Otra madre cuyo último vuelo encierra preguntas que la familia nunca quiso responder en público. Suscríbete al canal si quieres seguir descubriendo las historias que nadie se atreve a contar y déjanos un comentario. ¿Qué es lo que más te ha impactado de todo lo que acabas de escuchar? Yeah.