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Cocinero Hace DOBLE TURNO en Barcelona y al Llegar a Casa Ve que Su Esposa GASTÓ Sus Ahorros en un Viaje de Lujo VL

Cocinero Hace DOBLE TURNO en Barcelona y al Llegar a Casa Ve que Su Esposa GASTÓ Sus Ahorros en un Viaje de Lujo

Parte 1

La lluvia caía sobre Barcelona como si alguien allá arriba hubiera decidido fregar toda la ciudad con rabia.

Las Ramblas brillaban húmedas bajo las luces amarillas de los faroles, y el olor a mar mezclado con aceite frito se pegaba a la ropa de la gente como una maldición. Dentro del restaurante La Perla del Gòtic, el calor era insoportable. Vapor, gritos, platos chocando, camareros corriendo como pollos sin cabeza.

Y en medio de todo aquello estaba Dani Cortés.

Treinta y ocho años. Ojeras hasta el suelo. Quemaduras pequeñas en los brazos. La espalda destrozada. Y una expresión permanente de cansancio que ya parecía tatuada.

—¡Dani, dos paellas! ¡Una fideuá! ¡Y la mesa doce pregunta si el alioli es casero! —gritó Óscar, el encargado.

Dani ni levantó la vista.

—Diles que lo hizo mi abuela en 1998 y seguimos estirándolo con agua.

Un camarero soltó una carcajada.

Óscar no.

—Estoy hablando en serio.

—Y yo también.

Dani removió una sartén con violencia. El aceite saltó como metralla.

Llevaba dieciséis horas trabajando.

Dieciséis.

Había empezado a las siete de la mañana preparando fondos y caldos para el turno del mediodía. Luego cubrió a un compañero enfermo. Después aceptó quedarse en la noche porque necesitaban manos.

Porque siempre necesitaban manos.

Porque siempre faltaba dinero.

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