Posted in

Abogada madrileña descubre que los ahorros de su boda financiaban un piso de lujo en Barcelona para la amante secreta de su prometido

 Abogada madrileña descubre que los ahorros de su boda financiaban un piso de lujo en Barcelona para la amante secreta de su prometido

Acto I: El detalle invisible

Narrador: Madrid. Un martes cualquiera en un prestigioso bufete de la Gran Vía. Elena, una brillante abogada de derecho civil, repasa por quinta vez los presupuestos de su propia boda. Todo parece perfecto. O casi todo.

Elena: (Suspirando, al teléfono) Carmen, de verdad, no me cuadra. He mirado la cuenta común tres veces. Faltan ochenta mil euros.

Carmen: (Al otro lado, con tono calmado) Elena, tía, relájate. Seguro que Carlos ha dado la entrada del catering o del pazo en Galicia. Ya sabes cómo es con los tiempos, un desastre para los papeles pero un sol de persona.

Elena: No, Carmen. Para el catering firmé yo el pagaré la semana pasada. Carlos me dijo que transferiría los fondos desde la cuenta de ahorros compartida. Pero la cuenta está… tiritando.

Carmen: Bueno… ¿y por qué no le preguntas directamente? Cenáis esta noche, ¿no?

Elena: Sí, en el sitio de siempre. Se lo comentaré entre el segundo plato y el postre, no quiero parecer la Gestapo. Pero se me hace un nudo en el estómago, qué quieres que te diga.

(Horas más tarde. Un restaurante acogedor en el barrio de Salamanca, Madrid. Sonido de copas y cubiertos).

Carlos: (Sonriendo, con tono tierno) Estás guapísima hoy, Elena. El estrés del bufete te sienta bien, aunque deberías delegar más. No quiero que llegues al altar con ojeras.

Elena: Gracias, Carlos. Tú tampoco te quedas atrás. Por cierto, hablando de la boda y de delegar… He estado revisando la cuenta de ahorros esta tarde.

Carlos: (Su tono cambia sutilmente, se aclara la garganta) Ah, ¿sí? ¿Algún problema con el banco? Ya sabes cómo son con las comisiones ahora.

Elena: No, no son las comisiones. Falta una cantidad muy importante, Carlos. Ochenta mil euros, para ser exactos. Y hay un concepto de transferencia que no reconozco: “Inversión Inmobiliaria H.B.”. ¿Hemos comprado acciones de algo y no me he enterado?

Carlos: (Ríe con ligereza, intentando restar importancia) ¡Ah, eso! Madre mía, Elena, eres una lince. No se te escapa una. Es una sorpresa, de verdad. No quería que lo vieras todavía.

Elena: ¿Una sorpresa de ochenta mil euros con el dinero de nuestro futuro piso y de la boda? Carlos, me dejas de piedra.

Carlos: A ver, cariño, escúchame. Un amigo de la infancia, del sector inmobiliario, me ofreció una oportunidad de oro en Barcelona. Un piso en la zona alta, una inversión sobre plano. El mercado está subiendo. Pensé: “Metemos el dinero ahí, genera rentabilidad un par de años, y luego lo vendemos para pagar la hipoteca de nuestra casa definitiva aquí en Madrid”. Es un negocio redondo.

Elena: (Seria) Carlos, ese dinero lo pusimos a medias. Con mi sueldo del bufete y tus comisiones. Lo lógico es que me lo hubieras consultado. El derecho inmobiliario es mi especialidad, podría haber revisado el contrato.

Carlos: Ya, lo sé, perdona. Quería darte la noticia el día de la boda, con las escrituras en un sobre. Fui un impulsivo. ¿Me perdonas? Te prometo que todo está a nuestro nombre y es totalmente seguro.

Elena: (Pausa larga, mirándolo a los ojos) Está bien… Pero mañana me pasas los datos de la gestoría. Quiero ver cómo ha quedado el registro. Por deformación profesional, ya sabes.

Carlos: (Sonriendo, aunque con la mirada fija) Claro, faltaría más. Mañana te lo envío todo al correo.

Read More