Posted in

Thalía: De la Cama del MAGNATE a su “JAULA DE ORO”… Y El SECUESTRO que Destruyó a su Familia… tl

Thalía: De la Cama del MAGNATE a su “JAULA DE ORO”… Y El SECUESTRO que Destruyó a su Familia… tl

A los 19 años comenzó un romance con un hombre 21 años mayor que lo controlaba todo. A los 23, ese hombre fallecía sufriendo una grave pérdida de sangre por dentro mientras ella grababa telenovelas. A los 33, el FBI investigaba si su familia había negociado con secuestradores para que su hermana siguiera cautiva.

Hoy tiene 54 años y no puede mirar a los ojos a la hija de la hermana que falleció odiándola. Su nombre era Ariadna Zalía Sodi Miranda, pero el mundo la conoció como Zalia, [música] la reina del pop latino. Y lo que su propia hermana le gritó antes de fallecer fue un crimen que nadie pagó. Esta es la investigación que su familia enterró durante 23 años.

Hoy vas a descubrir cuatro cosas que cambian todo lo que creías saber sobre la mujer más exitosa de la música latina. Primera, el testimonio del FBI sobre la intervención de Talía durante las 34 noches que Ernestina pasó atada en un sótano. ¿Por qué pagaron solo $0,000 [música] cuando exigían 5 millones? ¿Quién decidió [música] cuánto valía cada hermana? Segunda, las palabras exactas que Laura Zapata le dijo a los secuestradores cuando tenían a Ernestina cautiva.

Cinco palabras que Ernestina escribió en su libro antes de fallecer y que Talía nunca pudo borrar. No la liberen, es mi hermana. Tercera, las capturas de pantalla de la pelea pública entre Talía y Camila Sodi en enero de 2025 por las cenizas de Ernestina. madre contra hija, tía contra sobrina, [música] peleándose por los restos de la mujer que ambas abandonaron en vida.

Y cuarto, el documento legal que Tommy Motola presentó en 2005 para impedir que Laura Zapata contara la verdad del secuestro en su obra de teatro. El poder del hombre más poderoso de la música, bloqueando el testimonio de una víctima. Te voy a avisar cuando llegue cada una. Si te vas antes del final, te pierdes la parte que su propia familia ha intentado borrar durante más de dos décadas.

Suscríbete para no perderte de [música] ninguna historia. Pero antes de contarte cómo tres hermanas terminaron destrozándose en público, necesitas entender cómo nacieron. Porque el infierno de Talía no comenzó con el secuestro de 2002, comenzó 51 años antes, el día exacto en que su padre decidió que una familia no era suficiente para él.

26 de agosto de 1971, Ciudad de México. México vivía bajo la mano de hierro de Gustavo Díaz Oordaz, el presidente que 3 años antes había ordenado la masacre de Tlatelolco. Las [música] calles solían a miedo y a gas lacrimógeno. Las familias se encerraban en sus casas antes del anochecer. En ese México nace Ariad Natalía Sodi Miranda.

Quinta hija, última hija, la que no estaba planeada. Su madre, Yolanda Miranda, era pintora. Una mujer de Veracruz que había llegado a la capital con sueños de exponer en galerías, de vivir del arte, de ser alguien. Terminó vendiendo cuadros en mercados y pintando retratos por encargo en plazas públicas. Su padre, Ernesto Sodi Payares, era científico, patólogo, hombre de bata blanca y microscopio, de familia acomodada, apellido con peso, un hombre que la alta sociedad mexicana respetaba.

Pero Ernesto Sodi tenía un secreto, otra familia, otra mujer, otros hijos, otra casa al otro lado de la ciudad. Yolanda lo supo desde el principio, todos lo sabían. Pero en el México de los años 70, una mujer que amaba a un hombre casado tenía dos opciones, aceptar las migajas o quedarse sola.

Yolanda eligió las migajas. Ernesto iba y venía, aparecía dos días, desaparecía cinco, volvía con regalos, se iba con promesas, dejaba dinero sobre la mesa, nunca suficiente. Para cuando nace Talía ya hay cuatro hermanas mayores, Laura Zapata, Federica, Gabriela y Ernestina. Cinco niñas, un padre fantasma, una madre vendiendo cuadros para alimentarlas.

Imagínate eso. Cinco bocas que llenar, cinco cuerpos que vestir, cinco futuros que construir y un hombre que entra y sale de tu vida como si fuera un hotel. Talia tenía 4 años cuando interiorizó, sin palabras todavía, que su familia era el tipo de familia que el mundo prefería ignorar. veía a otras niñas en el parque con sus padres [música] los domingos, los cumpleaños, las Navidades, papás que cargaban a sus hijas en los hombros, papás que llegaban a las funciones escolares, papás que estaban ahí.

Su papá no estaba ahí. Su papá estaba en la otra casa, con la otra familia, los hijos legítimos, los que importaban. Yolanda nunca se quejó. Nunca lloró delante de sus hijas, nunca habló mal de Ernesto, pero Zalía observaba y archivaba. Veía como su madre apretaba los dientes cuando él cancelaba una visita, cómo se quedaba mirando la puerta cuando prometía volver y no volvía.

Cómo contaba las monedas antes de ir al mercado y aprendió algo que la marcaría para siempre. Los hombres se van, las mujeres se quedan y las que se quedan aprenden que el amor tiene fecha de vencimiento. Talia tiene 6 años. Ernesto Sodi Payares fallece por complicaciones relacionadas con diabetes. No fallece en los brazos de Yolanda, fallece en la otra casa con la otra familia.

Rodeado de los hijos que sí llevaban su apellido completo, Yolanda se entera por teléfono. No la invitan al funeral. Piensa en eso un momento. El hombre con el que tuviste cinco hijas fallece y ni siquiera tienes derecho a llorar su cuerpo. Ni siquiera puedes llevar a tus niñas a despedirse de su padre porque ustedes no existían.

No oficialmente, no para el mundo, no para la familia Sodi de Abolengo. Eran el secreto, el error, la vergüenza. Talía y sus hermanas se enteran de que su padre falleció y no hay velorio para ellas. No hay entierro, no hay abrazo de consuelo, solo silencio. Y después de la muerte de Ernesto, [música] el dinero se acaba. Completamenty.

Yolanda se queda sola con cinco hijas, sin pensión, sin herencia, sin nada. La casa que habitaban era rentada. Ernesto pagaba la renta, ahora ya no hay quien la pague. Se mudan a un departamento más pequeño, después a uno más chico y después a uno donde las cinco niñas comparten una habitación. Yolanda pinta más, vende más, trabaja más, pero nunca alcanza.

Hay noches que cenan frijoles. Solo frijoles ni tortillas. Porque no alcanzó para tortillas. Hay mañanas que Talía va a la escuela con el mismo uniforme que usó ayer y antier y hace una semana, porque solo tiene uno. Hay tardes que llega a casa y no hay nadie porque Yolanda está en alguna [música] plaza pintando retratos de turistas, rogando que alguien pague 50 pesos por un retrato rápido.

Read More