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Pepe Aguilar HUMILLADO: Primero Ángela, luego Leonardo, y ahora El FRACASO que todos veíamos venir.

Pepe Aguilar HUMILLADO: Primero Ángela, luego Leonardo, y ahora El FRACASO que todos veíamos venir.

Hay cosas que uno sabe que van a pasar, lo sabe en el estómago antes de que ocurran y cuando ocurren no hay sorpresa. Solo esa sensación rara de ver como la realidad le da la razón a todo el mundo a ellos. Eso es exactamente lo que pasó con la familia Aguilar. Pepe Aguilar canceló nueve de sus 10 conciertos en Estados Unidos. Nueve.

y no dijo nada, ni un comunicado, ni una historia de Instagram, ni una explicación de 30 segundos. Ticket Master avisó al octa los compradores del reembolso y punto. Como si no hubiera pasado nada, como si cancelar el 90% de una gira fuera algo que le ocurre a cualquiera un martes por la tarde. Pero esto no empezó con Pepe, empezó con su hija.

Ángel Aguilar anunció su gira libre corazón con toda la fanfarria del mundo. 17 fechas, ciudades grandes, recintos con nombre y una promesa pública hecha a sus seguidores con esa voz suave que también le funciona en cámara de que iba a ser algo especial, algo que nacía del corazón, algo auténtico. Lo que nació fueron cancelaciones Nueva Jersey, Pennsylvania, Chicago, Indianápolis, Denver, Carolina del Norte.

Uno tras otro, los conciertos empezaron a desaparecer de Ticket Master, sin que nadie del equipo de Ángel abriera la boca para explicar qué estaba pasando. La plataforma avisaba a los compradores con un mensaje frío y automático. El organizador ha decidido cancelar el evento. Se procederá al reembolso. El organizador, ni siquiera su nombre.

Y mientras tanto, en redes sociales, la gente empezaba a subir algo que el equipo de Ángela no podía controlar. Fotos. Fotos de los recintos que sí se celebraron, butacas vacías, secciones enteras sin ocupar. En Dallas, donde se habían activado promociones de última hora con precios especiales y pagos diferidos para intentar llenar el aforo, las imágenes mostraban huecos que ningún filtro podía disimular.

En Las Vegas, el Pearl Concert Theater, con capacidad para 2,500 personas, llegó al día del concierto con la mitad de las entradas sin vender la mitad. Y aquí viene lo que a mí me parece lo más revelador de todo esto. Ángel Aguilar, en lugar de callarse, decidió responder. Subió un vídeo a sus redes con imágenes del tour, música de fondo, cara de emoción contenida y dijo algo que se quedó grabado porque resume perfectamente como esta familia entiende el mundo.

No se trata de cuántos te ven, sino de quién realmente te escucha. Preciosa frase, muy bonita. El problema es que cuando tienes la mitad del teatro vacío y has cancelado nueve conciertos antes de empezar la gira, esa frase no suena a profundidad, suena a excusa con purpurina, porque la realidad es que en el negocio de los conciertos los números importan.

Importan para los promotores, para los recintos, para los patrocinadores, para la industria entera. Un artista que no vende entradas es un artista que no genera confianza. Y un artista que no genera confianza no recibe las mismas llamadas la próxima vez que quiere salir de gira. Pero Ángela no estaba sola en esto. Mientras su gira se desmoronaba en silencio, su hermano Leonardo Aguilar estaba protagonizando su propio desastre.

En Albuquerque, Nuevo México, Leonardo tenía un concierto programado, un solo concierto. Y según datos que circularon en redes y que ningún miembro de la familia desmintió, las ventas de entradas para ese show no llegaron al 5% del aforo. 5%. Eso significa que de cada 100 sillas disponibles, 95 estaban vacías. 95.

en un solo concierto de un artista que lleva el apellido más famoso de la música regional mexicana. Párate un momento a pensar en eso. El apellido Aguilar en México es sinónimo de dinastía, delegado, de generaciones encima de un escenario. Antonio Aguilar llenaba plazas de toros. Pepe Aguilar construyó durante décadas una base de fans que lo seguía cualquier ciudad.

Y ahora su hijo Leonardo con ese apellido encima no consigue vender ni el 5% de un recinto en Nuevo México. Algo está pasando ahí dentro que va mucho más allá de una mala racha. Y entonces llegó Pepe, el patriarca, el que supervisó cada paso de la carrera de sus hijos, el que se sentó en productoras, el que tomó decisiones, el que construyó la imagen de la dinastía durante décadas.

Pepe Aguilar decidió salir de gira por Estados Unidos con 10 fechas programadas. canceló [resoplido] nueve sin decir nada. Ticket Master reembolsó. Los compradores recibieron el dinero de vuelta y Pepe Aguilar siguió publicando en redes como si nada hubiera ocurrido. Sin alusión, sin explicación, sin la más mínima referencia a que acababa de cancelar el 90% de sus compromisos con el público estadounidense.

Ahora bien, aquí hay algo que los medios no están diciendo con claridad y que a mí me parece fundamental. Esta no es una casualidad. Tres miembros de la misma familia en un periodo de meses fracasando en el mismo mercado de la misma manera. Eso no es mala suerte, eso es un patrón. Y los patrones tienen causas.

¿Cuál es la causa? Esa es la pregunta que nadie en la familia Aguilar quiere responder. Hay varias teorías circulando. Una dice que la imagen de la familia lleva meses deteriorándose en Estados Unidos por todo el ruido mediático alrededor de Ángela y Nodal. que el público latino en ese país, especialmente el mexicano americano de más de 40 años, que es exactamente el público de Pepe Aguilar, se ha ido distanciando de la familia por asociación.

Que cuando piensas en los Aguilar ahora mismo, no piensas en rancheras ni en mariachi, piensas en escándalos, en katsu, en bodas canceladas, en telenovela. Y ese público, el de 50, 60 años, el que compraba las entradas de Pepe sin pensarlo dos veces, ese público tiene una relación muy particular con el escándalo.

Le incomoda, prefiere quedarse en casa. Otra teoría más incómoda todavía dice que la industria musical estadounidense está recolocando sus fichas y que la música regional mexicana está viviendo una transformación generacional, que los artistas nuevos, los que vienen con otro sonido y otra presencia digital, están ocupando el espacio que antes era de familias como los Aguilar, que el modelo delegado, de apellido como garantía, ya no funciona igual en un mercado donde el algoritmo pesa más que el árbol genealógico. Si eso es verdad y los

números sugieren que algo de verdad hay en ello, entonces la familia Aguilar tiene un problema que no se resuelve con comunicados ni con vídeos emotivos en Instagram. Pero hay una tercera lectura que me parece la más interesante y tiene que ver directamente con Ángela y con Nodal.

Cuando se conoció que estaban juntos, la reacción del público fue masiva y una parte muy significativa de esa reacción fue negativa. El rechazo a Ángel en redes sociales alcanzó niveles que muy pocos artistas de su generación han experimentado. Y ese rechazo con el tiempo no se quedó solo en ella, se extendió a Nodal, que ya arrastraba su propio vendaval por lo de Katsu y la niña, y de alguna manera también a la familia.

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