Maribel Guardia: Acaba De PERDER al Último Recuerdo Vivo de Su Hijo. La Razón Más Cruel
Ciudad de México. Miércoles 21 de mayo de 2026. Hace exactamente 2 días. Una mujer de 66 años está sentada en la sala de su casa de jardines del Pedregal cuando le entregan un sobre con un documento legal. Lo abre, lo lee dos veces y sabe en ese momento que acaba de perder lo único que le quedaba de su único hijo muerto.
Esa mujer se llama Maribel Guardia. Tú la conoces. Tú la viste cantar en palen al lado de Joan Sebastian. Tú la viste en las novelas de Televisa durante 40 años. Tú la admiraste en las portadas de TV Notas, de televenovelas, de Hola. Tú quizá hasta soñaste con tener un cuerpo como el de ella cuando ibas al gimnasio en los años 90.
Y hoy esa mujer que parecía indestructible está sola en su sala con un papel en la mano que le acaba de informar. en lenguaje frío de juzgado, que ya no es la tutora legal de su nieto, su único nieto, el único recuerdo vivo del único hijo que parió. La jueza acaba de entregarle la tutela definitiva del pequeño José Julián a otra mujer.
Y aquí viene lo que duele todavía más. Esa otra mujer no es una desconocida cualquiera. Es la tía de Imelda, la viuda de su hijo Julián. Es una periodista de espectáculos que tú has visto 100 veces en la televisión en el programa de primera mano. Se llama Adis Tuñón. Tú lo leíste en las noticias esta semana. Tú te persignaste cuando viste el titular.
Porque tú también eres abuela o tienes una amiga que lo es y sabes lo que significa que un juez te diga que ya no puedes ver a tu nieto. Pero lo que las noticias no te contaron, lo que ningún programa de espectáculos ha juntado en una sola historia, es esto. La pérdida de ese nieto es solo el último golpe de una cadena de tragedias que arrancó hace exactamente 20 años, en agosto de 2006, cuando otro hombre poderoso del regional mexicano llamado Joan Sebastián vio caer a su primer hijo trigo en un escenario de Texas con una bala en la cabeza.
Es solo el último golpe de una maldición que se ha llevado a tres hijos de la familia Figueroa antes de los 33 años y a un patriarca que murió de cáncer enterrando a dos de ellos. Maribel Guardia hoy es la última testigo viva del derrumbe completo de una dinastía musical, la extranjera, la costarricense que entró a México a los 22 años con el sueño de ser estrella, que se enamoró del poeta del pueblo y que 40 años después se queda sentada en una sala vacía con un papel en la mano.
Hoy voy a contarte cuatro cosas que nunca te contaron sobre esta historia. Primero, la verdad sobre la infidelidad documentada que destruyó el matrimonio de Maribel Guardia con Joan Sebastián. Te voy a dar nombre, año, programa de televisión donde se destapó y la frase exacta que un conductor mexicano dijo en vivo y que partió en dos la vida de Maribel.
Segundo, te voy a contar cómo murieron uno por uno los hijos de Joan Sebastian. El primero con una bala en la cabeza durante un concierto de su padre. El segundo en un bar de Cuernavaca con conexiones al cártel del Pacífico Sur y el tercero en su propia recámara a los 27 años sin signos de violencia. Tres hijos, tres formas de morir y una pregunta que la familia Figueroa lleva 20 años esquivando.
Tercero, ¿qué encontró exactamente Maribel Guardia esa noche del 9 de abril de 2023 cuando llegó a su casa después de una función de Lagunilla a mi barrio y le dijeron que su hijo no respondía? Te voy a dar el detalle médico real, el resultado de la autopsia y lo que su entorno cercano cayó durante meses. Y cuarto, te voy a explicar exactamente qué pasó entre el 21 de enero de 2024 cuando Maribel se llevó a su nieto de la escuela con la policía y el 21 de mayo de 2026, cuando la jueza le quitó la tutela para siempre, 28 meses, tres
demandas y una conclusión legal que va a dejarte sin palabras. Te voy a avisar cuando llegue cada una de estas cuatro revelaciones para que las sigas conmigo. Pero antes necesito que conozcas el mundo del que venía Joan Sebastian. Porque para entender por qué este hombre logró tener ocho hijos con cinco o seis mujeres distintas, porque su rancho era una corte feudal, por qué los hijos se le morían de violencia sin que nada de eso lo bajara del caballo.

Necesitas conocer el universo del jaripeo mexicano de los años 70 y 80. el universo que lo hizo y que más tarde lo desmoronaría. Joan Sebastián nació en un pueblo de guerrero que tú quizá nunca has oído mencionar. Se llama Juliantla. Está a una hora de tasco, en plena sierra Madre del Sur, en una región donde la pobreza rural se mezcla con tradiciones rancheras antiguas y con economías marginales que la ciudad no entiende.
Su nombre real era José Manuel Figueroa Figueroa. Nació el 8 de abril de 1951. Era hijo de una familia humilde, pero su padre lo introdujo desde niño a un mundo que iba a definir su vida entera. El mundo de los caballos, el mundo de los jaripeos, esos eventos rurales donde los rancheros mexicanos compiten montando toros y caballos, donde el alcohol corre, donde la música suena toda la noche, donde el aplauso del público se gana con sangre, con sudor y a veces con muerte.
Tú has estado en un jaripeo alguna vez. Tú sabes de lo que estoy hablando. El polvo del ruedo, el olor a cerveza y a caballo. La canción ranchera sonando a todo volumen, la energía salvaje de un mundo que existe lejos de la ciudad y que tiene sus propias reglas. La infancia de José Manuel en Juliantla fue marcada por la dureza y por la cercanía con la naturaleza.
Caminaba descalzo por los caminos polvosos del pueblo. Ayudaba a su madre con las labores de la casa y de su padre José Figueroa Sánchez aprendió tres cosas que iba a aplicar toda su vida. Primero, que un hombre se gana el respeto montando un caballo. Segundo, que la música es un oficio igual de digno que cualquier otro.
Y tercero, que los rancheros mexicanos tienen su propio código de honor distinto al de las ciudades. Esa última lección iba a ser con los años una bendición y una condena al mismo tiempo. A los 10 años, Joan Sebastian montaba caballos como un adulto. A los 15 empezó a componer canciones de rancho. A los 19 se fue a buscar suerte a la Ciudad de México con una guitarra y un cuaderno de letras.
Llegó sin dinero, sin contactos, sin techo donde dormir. Durmió varias semanas en bancas de la Alameda Central. Trabajó lavando platos, vendió chicles en los semáforos y entre trabajo y trabajo tocaba puertas en casas disqueras intentando que alguien le comprara sus canciones. Después de meses de rechazos, alguien finalmente le abrió.
Fue el sello discográfico Musart. Le compraron una canción por 2000 pesos mexicanos de la época. Y a partir de ahí todo cambió. Durante los años 70, Joan compuso para los más grandes del regional mexicano. Le vendió canciones a Antonio Aguilar. Le compuso temas a Vicente Fernández, incluyendo el clásico El ídolo. Le escribió a Lucha Villa, a Lola Beltrán, a Rocío Durcal.
Y poco a poco, con esa voz nasal tan particular y con esos ojos que conquistaban a las mujeres con una sola mirada, fue construyendo una carrera propia como intérprete. Su primer éxito como solista fue maracas, Bongó y Conga, a finales de los 70. Para los años 80 ya era un cantante reconocido. Para los 90 era una figura central del regional mexicano.
Y a partir del año 2000 se convirtió junto con Vicente Fernández y Pepe Aguilar en uno de los tres patriarcas del género en todo Latinoamérica. Mi gente, antes de seguir adelante con esta historia, déjame hacerte una pausa porque sé que muchas de ustedes están escuchando este video mientras hacen otras cosas. Quizá están cocinando, quizá están lavando ropa, quizá están manejando rumbo al trabajo o al supermercado.
Si estás escuchando hasta este momento, eso significa que esta historia te está moviendo algo por dentro. Y eso, justamente eso, es lo que nos motiva a seguir contando estas verdades en este canal. Si quieres ayudarnos a que más mujeres como tú escuchen estas historias contadas con respeto y con investigación de verdad, dale me gusta al video y suscríbete al canal.
No te pido más, solo eso es la forma más sencilla de mantener vivos estos relatos. Sigamos adelante. Pero aquí está el detalle que cambia toda la historia. Joan Sebastian, mientras construía esa carrera, también construyó algo más. Construyó una vida personal donde las reglas del matrimonio convencional simplemente no se aplicaban.
Para los años 90, este hombre tenía relaciones simultáneas con varias mujeres, hijos con cada una y un rancho enorme en Juliántla, donde recibía a sus familias por turnos. No lo escondía, lo presumía. En entrevistas hablaba abiertamente de sus mujeres como si fueran una colección. Las mujeres mismas, mexicanas mayoritariamente, lo aguantaban porque él representaba el sueño imposible.
Era guapo, era famoso, era millonario, era el rey del jaripeo. Y tú conoces ese tipo de hombre. Tú sabes lo que es un hombre que tiene a todas y no es de ninguna. Quizá tu abuelo fue así, quizá el abuelo de tu esposo lo fue. En la generación de nuestros padres ese modelo de masculinidad era normal, era aceptado, era aplaudido.
Incluso con su primera pareja conocida, Teresa González, Joan tuvo tres hijos varones que serían los herederos directos del apellido. José Manuel Figueroa, el mayor, hoy es cantante. Juan Sebastián Figueroa el Segundo sería asesinado en 2010 en circunstancias turbias. Y trigo de Jesús Figueroa, el tercero, sería el primero en caer en agosto de 2006 con una bala en la cabeza en un concierto de Texas.
Recuerda esos nombres, los vas a volver a escuchar en los próximos minutos. Con otra mujer llamada María del Carmen Ocampo, Joan tuvo a Zarelea. De dos noviazgos diferentes nacieron Joana, Juliana y Dav. Y en 1991, en un evento de la farándula mexicana, Joan Sebastian conoció a la mujer que iba a cambiar su vida pública para siempre.

Una costarricense de 32 años, con un cuerpo de modelo, con una sonrisa que paraba el tráfico y con una carrera incipiente en el cine de ficheras y en las telenovelas de Televisa. Se llamaba Maribel Guardia. Y aquí entra la historia la mujer que va a ser tu protagonista de hoy. Esta es la primera víctima nombrada de este guion. Maribel del Rocío Fernández García, que el mundo conoció como Maribel Guardia.
Nacida en San José, Costa Rica, el 29 de mayo de 1959. Hija de una familia de clase media costarricense, ganadora del concurso Miss Costa Rica en 1978 cuando tenía 19 años. Llegó a México a los 20 años, en 1979, con una maleta y un sueño, y en menos de 5 años se convirtió en una de las caras femeninas más reconocibles del entretenimiento mexicano.
Tú la recuerdas, ¿verdad? Tú la viste en el cine de ficheras de los 80. Tú la viste en las portadas de las revistas que comprabas en el súper. Tú la viste en las novelas de Televisa al lado de Luis de Alba, al lado de Eugenio Dervz. Y tú te acuerdas de esa frescura tropical, ese acento costarricense que nunca perdió, esa sonrisa que parecía que no le podía pasar nada malo.
Cuando Maribel y Joan se conocieron en 1991, ella estaba en una relación, pero él insistió. La conquistó con paciencia, con canciones, con cartas, con caballos enviados a su departamento, con flores que llegaban a Televisa todos los días. Maribel se rindió y en 1992 se casaron por la iglesia. Ella tenía 32 años, él tenía 40.
La boda fue uno de los eventos del corazón más importantes de ese año en México. Las revistas vendieron como nunca con las fotos exclusivas y la pareja juntos parecía indestructible. Recuerda esa fecha, 1992. Te la voy a recordar más adelante porque esa fecha es el comienzo de un dolor que iba a durar 34 años.
En 1995 nació el único hijo de esa pareja, Julián Figueroa Fernández. Nació el 2 de mayo de ese año en la ciudad de México. Maribel, que había decidido enfocarse en su carrera y no tener más hijos, vio en Julián la culminación de su vida personal. Era hermoso. Tenía los ojos de su madre y la voz de su padre.
y desde los primeros años de vida mostró interés por la música y los caballos. Joan Sebastián lo llevaba al rancho de Juliantla los fines de semana, le enseñaba a montar, le ponía pequeñas guitarras en las manos, le cantaba canciones en el oído como lo había hecho con sus otros hijos. Era el padre que Maribel siempre había soñado para su hijo único.
Pero esa felicidad iba a durar exactamente 4 años. Porque para entender cómo Maribel Guardia terminó 30 años después con un sobre en la mano y sin nieto, necesitas entender el sistema en el que ella se metió cuando se casó con Joan Sebastián. Y ese sistema, ese mecanismo cultural que hizo posible todo lo que vino después tiene nombre.
Se llamaba el código del jaripeo y funcionaba más o menos así. En el mundo del regional mexicano de los años 80 y 90, el cantante varón era una figura casi mítica. Era el dueño de su sello discográfico, era el dueño de su gira, era el dueño del rancho donde grababa. Era el dueño de las decisiones sobre quién entraba al show, quién salía, quién cobraba, quién cantaba.
Las mujeres que entraban a su órbita, ya fueran cantantes, modelos, actrices o esposas, aceptaban un contrato no escrito. Él tenía otras. Él iba a tener más y la protección para los hijos era el apellido del padre. Pero el apellido Figueroa en el mundo del jaripeo tenía una doble cara. Por un lado abría puertas, ponía a los hijos en escenarios, los presentaba al público, por otro lado, los marcaba porque los conciertos de palenque y los jaripeos rancheros de esa generación no eran solo música. Eran espacios donde el
dinero del narcotráfico circulaba sin disfraz, donde los protectores armados eran parte del paisaje, donde las disputas se resolvían a balazos sin que nadie llamara a la policía. Y los hijos del rey del jaripeo, con apellido visible y con presencia obligatoria en los conciertos del padre, eran blancos andantes para cualquier ajuste de cuentas, para cualquier malentendido, para cualquier discusión que se saliera de control.
Escúchame bien, mi gente. En esta industria, el apellido del padre no es la protección que nos han vendido en las revistas. En esta industria, el apellido es una diana pintada en la espalda. Maribel Guardia cuando se casó con Joan en 1992 no conocía a fondo ese mundo. Ella venía de Costa Rica, de una cultura donde los jaripeos no existen.
Ella venía de una infancia ordenada, católica, con una madre que le enseñó a poner la mesa con servilletas dobladas en triángulo. El universo al que entraba era completamente diferente, pero estaba enamorada. Y el amor en los años 90 todavía se consideraba razón suficiente para que una mujer aguantara cualquier cosa. Durante los primeros 4 años de matrimonio, Maribel intentó adaptarse.
Iba al rancho de Juliantla. Convivía con los otros hijos de Joan que el cantante tenía con Teresa González. Trataba bien al pequeño José Manuel, al adolescente Juan Sebastián y al jovencito Trigo. Aprendió a tolerar las giras eternas. Aprendió a esperar en casa los fines de semana cuando él se iba a tocar a Mazatlán, a Hermosillo, a Tijuana.
Aprendió a no preguntar dónde dormía cuando regresaba a las 4 de la mañana. Las amigas de Maribel en Televisa, según ha contado ella misma años después, le advertían. Le decían que estaba metida en un mundo que no era para ella. Le decían que Joan había tenido cinco familias antes y que iba a tener cinco más.
Le decían que se cuidara, que no se enganchara. emocionalmente que pensara en su carrera. Maribel les contestaba con la fe ciega de una mujer enamorada, que Joan con ella era distinto, que con ella había sentado cabeza, que su matrimonio iba a ser el bueno y durante un tiempo parecía que tenía razón. Joan le componía canciones, la sorprendía con regalos extravagantes, la llevaba a giras juntos por Estados Unidos.
En Palenques de Texas y California, donde lo presentaban a él como el rey del jaripeo, también la presentaban a ella como la reina. Una mujer hermosa, costarricense, exitosa, que cantaba a dúo con él en los escenarios. Pero en lo privado, Maribel empezó a notar cosas que la incomodaban. Notó que Joan recibía llamadas tarde por la noche.
Notó que se ausentaba sin explicación durante días. Notó que en el rancho de Juliantla había mujeres más jóvenes que aparecían por casualidad cuando ellos llegaban. Notó que cuando preguntaba las respuestas eran evasivas y notó algo más, algo que solo las mujeres notan. Notó que Joan con ella ya no era el mismo de la luna de miel, pero hablaba poco de esas cosas.
Tenía vergüenza. tenía orgullo, tenía un bebé recién nacido al que cuidar y vivía con la esperanza, esa esperanza tan femenina y tan generosa de que las cosas iban a mejorar, que cuando Julián creciera un poco más, Joan se iba a sentar de verdad, que cuando se diera cuenta de lo que tenía en casa, dejaría de buscar afuera, que cuando ella misma fuera mejor esposa, mejor amante, mejor compañera, él iba a cambiar.
¿Tú has pensado así alguna vez? En algún momento de tu vida, tú también creíste que podías cambiar a un hombre por la fuerza del amor. No es tu culpa. Nos educaron así. Nos contaron que el amor lo podía todo y nos hicieron creer que cuando un hombre fallaba, la respuesta era amarlo más. Pero un día, en abril de 1996, todo el sistema se rompió en una sola noche.
Aquí viene lo primero que te prometí. Esta es la historia que rescatable tú que estás escuchando ahora tienes que oír completa porque en algún momento de tu vida esta historia te pasó a ti o a alguien que tú amas. Maribel y Joan estaban grabando juntos una telenovela. Se llamaba Tú y Yo. Era una producción de Televisa pensada para aprovechar la popularidad mediática de la pareja real.
Joan interpretaba a un cantante de rancho. Maribel interpretaba a la mujer que se enamoraba de él. La química en pantalla era buena porque la química fuera de pantalla era real. Y mientras ellos grababan en otra ciudad del país, otra actriz joven empezaba a tener una historia paralela con Joan Sebastian. Esa actriz se llamaba Harlett Terán.
Era joven, era bonita, era recién llegada a la televisión y Joan, fiel a su patrón de toda la vida, no la dejó pasar. Una noche de 1996, Maribel Guardia estaba en su casa viendo televisión con su hijo Julián, que entonces era un bebé de menos de un año. Estaba viendo el programa Ventaneando, conducido entre otros por Patti Chapoy y Juan José Orgel.
Era el programa de espectáculos más visto del horario y en pleno bloque de chismes, Juan José Orgel dijo algo en vivo en cadena nacional frente a millones de mexicanos que Maribel Guardia no esperaba. Dijo en sus propias palabras que la noche anterior había visto a Joan Sebastian bailando en un antro con la actriz Harlet Terán.
Y no era un baile inocente, era el baile de dos personas que tenían algo más. Maribel se quedó congelada frente a la televisión. con el bebé en los brazos, sin saber qué hacer, porque acababa de enterarse junto con 5 millones de espectadores del programa de que su marido le estaba siendo infiel. No por una llamada anónima, no por una nota en una revista, por un conductor de televisión que lo gritó en vivo en horario familiar.
Imagínate la humillación. Imagínate escuchar a un hombre que no conoces decir en tu propia sala frente a tu propio hijo bebé que tu esposo te engaña. Imagínatelo, aunque duela. Maribel hizo lo que pocas mujeres mexicanas de esa generación se atrevían a hacer. Reaccionó, tomó el teléfono, llamó a Joan, le preguntó si era cierto y según ha contado en innumerables entrevistas posteriores, él no lo negó.
Le dijo que era complicado. Le dijo que las cosas no eran como ella las veía. Le dijo lo que todos los hombres de esa generación decían cuando los pillaban. Maribel colgó el teléfono, llamó a su madre en Costa Rica y esa misma semana inició el proceso de divorcio. Ese mismo año, en 1996, la pareja se separó oficialmente.
El matrimonio había durado 4 años. Maribel se quedó con la custodia de Julián. que tenía un año de edad. Juan siguió viéndolo los fines de semana en el rancho de Juliantla y empezó otra etapa, la etapa de Maribel, madre soltera, criando a un niño en Ciudad de México, mientras su exesposo seguía teniendo otros hijos con otras mujeres allá afuera.
Pero aquí está lo que pocos canales cuentan con honestidad. Maribel Guardia, a pesar del divorcio doloroso, a pesar de la humillación pública, no rompió por completo con Joan Sebastian. Por el bien de Julián, mantuvo una relación cordial con él durante años. lo dejaba ir al rancho, lo dejaba acompañarlo a giras cortas, hablaba bien de él en entrevistas y aceptó, como tantas mujeres mexicanas de su generación, que el padre de su hijo era un hombre imposible de poseer en exclusiva.
En esa decisión, mi gente, en esa generosidad maternal que tantas mujeres han practicado a lo largo de la historia, está parte de la explicación de todo lo que vino después. Porque Maribel no protegió a Julián del mundo de su padre. le abrió la puerta a ese mundo y le permitió crecer con un pie en cada lado, en su casa ordenada de Ciudad de México y en el rancho de Juliantla, donde el jaripeo, el alcohol, el dinero suelto y los amigos cuestionables eran el paisaje.
Recuerda esa decisión, la vas a necesitar para entender el final. Mientras Maribel construía esa nueva vida como madre soltera de Julián, Joan Sebastian seguía construyendo su carrera. Para finales de los años 90, era uno de los compositores más prolíficos del regional mexicano. Le compuso canciones a Rocío Durcal, a Lucero, a Pepe Aguilar.
Se calcula que escribió más de 1000 canciones en su carrera. Sus discos se vendían en millones. Sus conciertos en arenas de Estados Unidos llenaban a capacidad y en el rancho de Juliantla, mientras tanto, seguía viviendo como un patriarca rural con sus caballos, con sus mujeres, con sus hijos visitándolo por turnos. Y en 1999 ocurrió algo que iba a redefinir el resto de su vida.
A Joan Sebastián le diagnosticaron mieloma múltiple, es decir, cáncer en la médula ósea. Tenía 48 años. Los médicos le dijeron que tenía meses, quizá un año, antes de que el cuerpo le fallara. Joan los desafió, se trató, combatió y aunque el cáncer le iba a regresar tres veces más durante los siguientes 16 años, él logró estirar esa esperanza de vida hasta 2015. 16 años.
una eternidad para alguien con su diagnóstico. Durante esos 16 años, sin embargo, la maldición empezó a caer sobre la familia Figueroa y la primera en caer fue el primer hijo varón que iba a morir. Trigo de Jesús Figueroa González. Esto es lo segundo que te prometí al principio. Presta atención porque lo que voy a contarte ahora te va a quedar en la memoria el resto de tu vida.
Era el 27 de agosto de 2006, domingo por la noche, en la ciudad fronteriza de Hidalgo, Texas, frente al Río Bravo, a unos minutos de Reynosa, en una zona donde la frontera entre Estados Unidos y México es más cultural que política. Joan Sebastián tenía programado un concierto al aire libre. Como muchos otros eventos de su carrera, el ambiente era el típico del regional mexicano del lado Texmex.
Polvo, cerveza, banda, fans gritando, mujeres bailando, hombres con sombrero. Trigo, el tercer hijo de Joan con Teresa González, tenía 27 años. Trabajaba para su padre como jefe de seguridad personal. Era un puesto que se había ganado a pulso. Joan lo prefería a otros guardaespaldas porque sabía que su hijo lo iba a proteger con la vida.
Esa noche, mientras John cantaba en el escenario, un grupo de fans empezó a acercarse de manera más agresiva de lo normal a la zona del staff. Trigo, cumpliendo con su trabajo, intentó contenerlos. les pidió que retrocedieran, que esperaran al final del show para acercarse. Hubo un intercambio de palabras y de pronto, según testigos presenciales, un sujeto que se identificaría después como un supuesto seguidor del cantante sacó un arma de fuego y le disparó a trigo en la cabeza.
Un solo disparo a quemarropa frente al escenario donde su padre estaba cantando. Joan Sebastian, según contaron después miembros de su equipo, se enteró durante el show. Le hicieron señas desde el costado del escenario. Él bajó, encontró a su hijo en el suelo sangrando, lo abrazó, lo cargó hasta una camioneta que lo trasladó al Hospital Medical Center de Macal en Texas.
Llegaron rápido. Los médicos hicieron todo lo posible, pero el daño era irreparable. Trigo Figueroa murió esa madrugada del 28 de agosto de 2006 en el hospital con la cabeza vendada y con su padre tomado de la mano. ¿Te imaginas eso? ¿Te imaginas a un padre que tiene que bajar del escenario en medio de un concierto para ver a su hijo morir en sus brazos de un balazo en la cabeza? Las versiones sobre el motivo del disparo siempre fueron confusas.
La policía estadounidense investigó el caso, pero nunca llegó a una conclusión que satisfiera a la familia. Algunos testigos hablaron de un altercado por una mujer en el público. Otros mencionaron disputas previas con seguridad y en redes sociales y en medios alternativos empezaron a circular versiones más oscuras, versiones que sugerían que el asesinato pudo haber sido un mensaje, un aviso, un ajuste de cuentas, pero esas versiones nunca pudieron probarse formalmente y quedaron en el archivo de los rumores.
Lo que sí quedó documentado fue el dolor del padre Joan Sebastián, 3 años después, en 2009, compuso y grabó una canción dedicada a su hijo muerto. La llamó simplemente trigo. Y en los primeros acordes de esa canción, con su voz quebrada, Joan cantó una frase que se iba a convertir en su epitafio personal.
En el resumen de toda esta historia cantó así: “Con tu recuerdo viviré lo que me resta por vivir.” Esa frase, mi gente, esa frase que un padre escribió para su hijo asesinado, es la que vas a escuchar varias veces en este video, porque es la frase que define a la familia Figueroa entera, es la frase que carga el peso de todo lo que vino después y es la frase que 30 años después de que Joan la escribió, Maribel Guardia va a tener que aprender a decir con sus propias palabras.
Cuando Trigo murió, Maribel estaba en Ciudad de México con Julián, que entonces tenía 11 años. Asistió al funeral en Juliantla, junto a su exesposo. Compartió el luto. Abrazó a Teresa González, la madre biológica de trigo, y vio por primera vez con sus propios ojos lo frágil que era la vida de los hijos del rey del jaripeo, lo expuestos que estaban, lo fácil que era que el apellido Figueroa en el mundo equivocado se convirtiera en sentencia de muerte.
Joan Sebastian, después de la muerte de trigo, no volvió a ser el mismo. Las personas que lo conocían cercanamente lo notaron de inmediato. En entrevistas posteriores, contemporáneos suyos como Pepe Aguilar y como periodistas que lo cubrieron por años describieron a un hombre marcado. Bebía menos, hablaba menos, tomaba decisiones más extrañas.
se aislaba más en el rancho de Juliantla, donde había instalado un pequeño altar con la fotografía de su hijo y con el sombrero ranchero que Trigo usaba ese día. Las giras siguieron, los conciertos siguieron, las canciones siguieron, pero el brillo en los ojos de Joan ya nunca regresó del todo. Mi gente, sé que esta historia te está pesando.
Sé que estás escuchando con un nudo en la garganta. Estas verdades, esta forma de contar las cosas con respeto y con datos son las que distinguen este canal de cualquier otro que cuenta chismes baratos. Si tú aprecias este tipo de investigación, si tú crees que las víctimas de la industria del espectáculo merecen ser nombradas con dignidad, si tú quieres que sigamos contando estas historias completas, entonces dale me gusta al video y déjame un comentario ahí abajo.
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4 años después, el 12 de junio de 2010, en Cuernavaca, Morelos, ocurrió la segunda tragedia. Juan Sebastián Figueroa, el segundo hijo de Joan con Teresa González, tenía 32 años. Era el hermano de En medio. Estaba en pleno desarrollo de una vida personal y profesional. Esa noche fue con un grupo de amigos al bar del gran hotel Cuernavaca.
Era un lugar conocido de la zona. Llegaron tarde y el personal de seguridad no los dejó entrar. Hubo una discusión. Se acaloraron los ánimos. Uno de los guardias del bar sacó un arma de fuego y le disparó a Juan Sebastián dos veces, una en el cuello, otra en el abdomen. Murió por hemorragias internas y externas antes de llegar al hospital.
La versión oficial fue esta, una discusión que terminó mal, un guardia que reaccionó con violencia desmedida, un joven que tuvo mala suerte, pero las versiones extraoficiales fueron mucho más oscuras. Medios mexicanos publicaron que Juan Sebastián Figueroa había tenido una relación sentimental con la esposa de un miembro del cártel del Pacífico Sur, una organización criminal activa en Morelos en esos años, y que el ataque del bar no fue una coincidencia, que fue un ajuste de cuentas planeado, que el guardia que
disparó tenía vínculos directos con la organización y que el motivo real del asesinato había sido cobrar una afrenta personal. Más todavía, en años posteriores, periodistas de investigación como Anabel Hernández mencionaron a Joan Sebastián, el padre del muerto, en libros sobre el narcotráfico en México.
En su libro Ema Coronel y las otras señoras del narco, Hernández hizo referencia a presuntos vínculos del rey del jaripeo con figuras del cártel del Pacífico Sur. Joan, en vida, negó acusaciones, pero murió antes de que las investigaciones se cerraran. Y los rumores quedaron, como pasa siempre, con estas historias. en el limbo.
Lo que sí está confirmado es esto. A los 4 años de perder a trigo, Juan Sebastián volvió a enterrar a un hijo, el segundo, Juan Sebastián, 32 años, asesinado en un bar de Cuernavaca en circunstancias que la familia nunca terminó de aclarar. En el funeral de Juan Sebastián, Joan Sebastián estaba destruido.
Las fotos de ese día muestran a un hombre que ya no es el patriarca arrogante del jaripeo. Es un padre quebrado, un hombre con la espalda encorbada, un hombre que enterró por segunda vez en 4 años a un hijo. Maribel Guardia también estuvo presente. Llevó a Julián, que en ese momento tenía 15 años.
Y Julián, viendo a su padre llorar en el funeral de su medio hermano, según ha contado Maribel en entrevistas posteriores, tomó la decisión de seguir los pasos artísticos del padre. Quería honrar el legado, quería cargar el apellido con dignidad. Lo que ninguno de ellos sabía esa tarde, mientras Juan Sebastián era sepultado en el panteón de Juliantla, era que Julián también estaba siendo marcado con esa misma diana invisible que les había costado la vida a sus dos medio hermanos.
Y aquí, mi gente, antes de que te cuente lo que pasó con John Sebastian, antes de que llegue lo de Maribel y lo del nieto perdido, quiero hacer una pausa para hablar contigo, porque sé que esta historia te está pegando. Sé que muchas de ustedes están escuchando este video mientras cocinan, mientras lavan ropa, mientras manejan rumbo al trabajo.
Y sé que algunas se han tenido que sentar porque las lágrimas empezaron a salir. Estas historias no se cuentan así de seguido. Estas historias de familias mexicanas destruidas desde adentro, contadas con respeto, con investigación, con honestidad, son raras en YouTube, en español. Por eso este canal existe para que la memoria de gente como Trigo, como Juan Sebastián, como Julián no se quede en silencio.
Si lo que estás escuchando hasta este momento te ha conmovido. Si tú crees que estas verdades merecen llegar a más mujeres como tú en México, en Estados Unidos, en Colombia, en Argentina, hazme un favor pequeño. Suscríbete a este canal. No te pido dinero, no te pido tiempo, te pido nada más que estés ahí cuando subamos el siguiente video, porque lo único que tenemos para honrar a las víctimas del sistema del espectáculo es seguir contando sus historias completas.
Sigue caminando conmigo, lo que viene es peor. Después de la muerte de Juan Sebastián en 2010, la salud de Joan Sebastián empezó a deteriorarse de manera definitiva. El cáncer, que había estado en remisión por un tiempo, regresó. En 2007 había vuelto, en 2012 regresó de nuevo, en 2014 volvió otra vez.
Cada recaída era más brutal que la anterior. Las sesiones de quimioterapia lo desfiguraban. Bajaba de peso, se le caía el pelo, sus ojos perdían el brillo, pero seguía componiendo, seguía cantando, seguía subiéndose al caballo en los jaripeos cuando podía, como si el dolor físico y el duelo por sus hijos muertos fueran combustible para seguir creando.
En esos años, Maribel Guardia mantuvo una relación cercana con él. Aunque ella se había casado con Marco Chacón, un abogado mexicano, en 2011 y aunque su vida sentimental ya estaba en otro lugar, nunca dejó de hablarle al padre de su hijo. Lo visitaba en el hospital. Lo llamaba por teléfono. Le mandaba a Julián a verlo al rancho.
Hizo lo que hacen las mujeres mexicanas de su generación. Honró al padre del Hijo aún después del divorcio, aún después de la traición. Aún después de los años, el 13 de julio de 2015, Joan Sebastián murió en su rancho de Tiacalco, Guerrero, rodeado de su familia. Tenía 64 años. Había peleado 16 años contra el cáncer y se fue dejando un legado musical inmenso, una fortuna importante para sus hijos sobrevivientes y un dolor familiar que iba a heredarse como un apellido.
En su funeral, el regional mexicano se quitó el sombrero. Vicente Fernández mandó condolencias. Pepe Aguilar lloró. Lupita Dalecio cantó una canción en homenaje y Maribel Guardia, en una de las imágenes más emotivas del dios, abrazó al hijo de ambos. a Julián, que ya tenía 20 años, y le susurró al oído una promesa que solo ellos dos escucharon.
Una promesa que probablemente fue una versión muy personal de esa frase que Joan había compuesto 6 años antes para trigo, esa frase de seguir viviendo con el recuerdo de los muertos. Tres muertes en menos de 10 años para la familia Figueroa. Trigo en 2006, Juan Sebastián en 2010, Joan Sebastián el patriarca en 2015. Tres entierros, tres lágrimas distintas y un Julián Figueroa que a los 20 años se quedaba como el último símbolo de la sangre Figueroa de la rama de Maribel Guardia.
Trigo en 2006, Juan Sebastián en 2010, Joan Sebastián el patriarca en 2015. Tres entierros, tres lágrimas distintas y un Julián Figueroa que a los 20 años se quedaba como el último símbolo de la sangre Figueroa de la rama de Maribel Guardia. En los años que siguieron a la muerte de Joan, la familia Figueroa entró en una etapa nueva.
El patriarca había dejado un testamento extenso con propiedades en Juliantla, en Tepostlán, en la Ciudad de México. Había dejado los derechos sobre más de 1000 canciones compuestas a lo largo de cuatro décadas. Había dejado contratos con sellos discográficos que seguían generando regalías y había dejado, sobre todo un apellido que ahora cada uno de los hijos sobrevivientes tenía que aprender a cargar por su cuenta.
José Manuel Figueroa, el mayor asumió el rol de portavoz informal de la dinastía. concedía entrevistas, daba conciertos en jaripeos, mantenía vivo el legado musical, pero las relaciones entre los hermanos se complicaron casi de inmediato. Hubo pleitos por la administración del rancho, hubo pleitos por el reparto de regalías, hubo pleitos por quién tenía la voz autorizada para hablar del padre en los medios.
Maribel Guardia durante esos años se mantuvo en la periferia del drama familiar. Ella había sido la segunda esposa formal. Su hijo Julián era reconocido por todos los hermanos, pero no estaba en el centro de las disputas patrimoniales mayores. Maribel se concentró en proteger emocionalmente a su único hijo, en orientarlo, en ayudarle a construir una identidad propia que no quedara aplastada por el peso del apellido Figueroa.
sometió a clases de actuación, le presentó productores, le ayudó a tomar decisiones de carrera y durante esos 8 años, entre 2015 y 2023, Maribel y Julián formaron una mancuerna casi simbiótica. Madre, hijo, confidentes, cómplices, compañeros en la vida diaria. Julián entró en una etapa de búsqueda, participó en proyectos musicales, hizo telenovelas, probó con el cine, compuso sus propias canciones, varias de ellas reflexiones sobre la pérdida del padre y en lo personal atravesó momentos de luz y momentos de sombra. Sus medios hermanos
lo apoyaban a veces y se distanciaban otras. Él mismo, según ha contado Maribel posteriormente, lidiaba con preguntas existenciales propias de un joven que crece sin un padre presente y bajo la sombra de un hombre tan pesado. Pero en lo más importante, en lo cotidiano, Maribel y Julián se tenían el uno al otro.
Ella le cocinaba sus platillos costarricenses favoritos. Él le grababa canciones. Ella le ponía orden en las finanzas. Él le hacía reír con imitaciones. Para los amigos cercanos de la familia, esa mancuerna entre madre e hijo era una de las relaciones más bonitas de la farándula mexicana. Una madre extranjera que había aguantado un divorcio, que había levantado a su hijo casi sola, que ahora veía florecer al heredero de Joan Sebastián con dignidad y con corazón.
Mi gente, déjame interrumpir un momento contigo porque sé que esta parte de la historia antes del golpe final te está haciendo sonreír y llorar al mismo tiempo. Imaginar a esa madre y a ese hijo cocinando juntos, riendo, construyéndose la vida después de todas las tragedias previas duele tanto como conmueve.
Si tú quieres que sigamos contando historias así, con todos los matices, con los momentos buenos y con los momentos rotos, ayúdanos compartiendo este video con dos personas. Solo dos. Esa hermana que te llama los domingos, esa amiga del trabajo que también vio crecer a Julián en la pantalla. Y si no está suscrita todavía, este es el momento perfecto.
Porque lo que viene ahora, mi gente, es lo más doloroso de toda esta historia y necesito que llegues conmigo hasta el final. Julián, en los años que siguieron a la muerte de su padre, intentó construir una carrera propia. Tenía talento, tenía la voz. tenía el apellido. En 2016 fue convocado por la productora Carla Estrada para interpretar a su padre junto con su medio hermano José Manuel en la serie biográfica Por siempre Joan Sebastian.
Fue una experiencia agridulce. Por un lado, le permitió revivir la memoria del padre que ya no estaba. Por otro lado, le ancló la identidad al apellido Figueroa con todo el peso de las muertes anteriores. Maribel Guardia durante esos años se convirtió en manager informal de la carrera de su hijo.
Le ayudó con contactos en Televisa, le organizó audiciones, lo acompañó a juntas con productores, lo aconsejó sobre cómo manejar las entrevistas y al mismo tiempo lo intentó proteger. Lo intentó alejar del mundo del jaripeo. Lo intentó orientar más hacia la actuación, hacia la música suave, hacia el pop. Pero Julián insistía en regresar al regional mexicano, al apellido del padre, al estilo que él consideraba que era el suyo por sangre.
Grabó algunos discos con sello regional. Canciones como Volaré y Hay Amor tuvieron buena recepción entre el público joven. Participó en telenovelas como Mi camino es a Marte, que estaba en pantalla en el momento de su muerte. Tuvo una vida personal complicada. Maribela ha mencionado en entrevistas que Julián, como muchos jóvenes que crecen entre dos familias rotas, cargaba ansiedades emocionales que ella veía, pero no siempre podía manejar.
Tenía momentos de profunda introspección. Le gustaba leer, le gustaban los caballos como a su padre, le gustaba la naturaleza, pero también tenía momentos difíciles, momentos en los que se aislaba, momentos en los que peleaba consigo mismo en silencio. En algún momento, alrededor de 2017, conoció a una joven aspirante a cantante llamada Imelda Garza Tuñón.
Imelda era prima de Juliana Anais y sobrina de la periodista Adis Tuñón. Era hija de Marcela Garza y de Manuel Tuñón. Era joven, era atractiva, tenía ambiciones artísticas y Julián se enamoró de ella perdidamente. Maribel, según ha confesado en entrevistas posteriores, tenía sus dudas desde el principio, no por Imelda en sí misma, sino porque sentía que su hijo todavía no estaba listo para ese nivel de compromiso. Pero respetó la decisión.
lo había criado para tomar sus propias decisiones y aceptó a Imelda en la familia. La pareja se casó en agosto de 2017. Maribel los apoyó en todo lo logístico, los recibió en su casa, les ayudó financieramente cuando hacía falta y en marzo de 2018 dio a luz al primer y único hijo de la pareja. Le pusieron José Julián en honor al abuelo paterno difunto y al padre.
Ese niño se convirtió desde el primer día en el sol de Maribel Guardia. Tú has tenido un nieto alguna vez. Tú sabes lo que es ese amor que no tiene comparación con nada. Ese amor que te agarra desprevenida, que te hace olvidar todos los dolores que tenías antes, que te recuerda por qué vale la pena vivir. Para Maribel Guardia, José Julián era todo eso y era más.
Era la continuación viva de su hijo único. Era el último rastro físico de Julián que ella iba a tener cuando él ya no estuviera. Aunque en ese momento, en 2018, 2019, 2020, ella todavía no sabía que iba a perder a Julián tan pronto. Lo amaba como abuela, simple y absoluta. Los años de pandemia 2020 y 2021 los pasaron parcialmente juntos.
Maribel ofreció su casa de jardines del Pedregal como refugio para Julián y Melda y el pequeño José Julián durante los meses de confinamiento. Cocinaban juntos, veían películas, salían a caminar por el jardín. Marco Chacón, el esposo de Maribel, se encariñó con el niño como si fuera su propio nieto.
Y durante ese tiempo, Maribel pensó que tenía la familia que siempre había soñado. Tres generaciones bajo el mismo techo, hijo, nuera, nieto. Una imagen que parecía sacada de una película. Lo que ninguno de ellos sabía era que esa imagen iba a durar apenas dos años más. Y entonces llegó el 9 de abril de 2023. Aquí viene lo tercero que te prometí, que la verdad sobre lo que pasó esa noche no ha sido contada como debe.
Escúchala ahora. Era domingo. Era domingo de Pascua. Maribel Guardia tenía funciones anoche en el teatro. Estaba protagonizando Lagunilla mi barrio, una obra clásica del teatro mexicano. Salió de su casa por la tarde despidiéndose de su hijo Julián con normalidad. Lo vio en la sala, le dio un beso, le dijo que regresaba después de la función, que cenaran juntos.
Julián le sonrió, le dijo que estaría ahí, le dijo que la amaba. Esa fue la última conversación que Maribel Guardia tuvo con su único hijo vivo. Julián esa noche se quedó en la casa de su madre en Jardines del Pedregal. Vivía ahí con Imelda y con el pequeño José Julián, que entonces tenía 4 años. Estaba cansado.
Llevaba semanas dando conciertos en varias ciudades, terminando la telenovela Mi camino es Marte, compaginando trabajo y familia. Subió a su habitación, cerró la puerta y se acostó. Eso fue todo. Horas después, cuando Imelda subió a la habitación, encontró a Julián inconsciente. No respondía, gritó. llamó al servicio de emergencias, le pidió ayuda al personal de seguridad de la casa.
Intentaron reanimarlo, pero ya era tarde. Cuando los paramédicos del 911 llegaron, Julián Figueroa estaba muerto. Tenía 27 años, sin signos de violencia en el cuerpo, sin nada que indicara una agresión, sin nada que indicara una sobredosis. La autopsia practicada en las horas siguientes por la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México determinó que la causa de muerte fue un infarto agudo al miocardio, probablemente combinado con un edema pulmonar.
El médico forense, en una declaración pública, descartó cualquier sospecha de sustancias ilícitas. Estaba totalmente limpio, declaró el doctor que firmó el certificado. Y los reportes posteriores indicaron que la muerte había sido fulminante, sin dolor, sin agonía, Julián Figueroa se había dormido y simplemente no había despertado. Maribel Guardia se enteró durante el segundo acto de la función.
Un asistente del teatro le susurró algo al oído mientras estaba en el camerino entre escena y escena. Su rostro se transformó. Trató de seguir actuando para terminar el show, no pudo. Subió al escenario, dijo unas palabras al público y bajó. Tomó un coche, manejó hasta su casa. Las patrullas, las ambulancias, los periodistas, todo ya estaba afuera.
Subió las escaleras, entró a la habitación de Julián y vio a su hijo único, su tesoro, tendido en la cama, sin vida. No hay palabras para el tipo de dolor que una madre siente en ese momento. Tú no tienes que haber vivido lo mismo para intuirlo. Basta con abrir los ojos y tratar de imaginarte a tu hijo de 27 años, recién padre, en plena carrera, acostado así, sin un ruido, sin un aviso.
Maribel se derrumbó. Las imágenes que circularon esos días son devastadoras. Una mujer de 63 años con el maquillaje del teatro corrido por las lágrimas, con un vestido oscuro encima del traje de lagunilla, sosteniendo el rostro de su hijo, sin decir nada, sin gritar, sin moverse. El funeral se hizo dos días después en un lugar privado.
Marco Chacón, el esposo de Maribel, organizó todo. Asistieron José Manuel Figueroa, el medio hermano mayor. Asistieron los demás hermanos sobrevivientes. Asistió Yelda con el pequeño José Julián en brazos y asistieron miles de fans afuera llorando, cantando canciones de Joan Sebastián, recordando que la dinastía Figueroa acababa de perder a otro hijo más, el cuarto en menos de 17 años.
Y la frase volvió a sonar, mi gente. Ese día, en ese funeral, en algún momento, alguien la repitió. Con tu recuerdo viviré. lo que me resta por vivir. Solo que ahora no la cantaba Joan, ahora la decía Maribel por dentro a su hijo. Y la promesa que había llevado 30 años, esa promesa de seguir adelante sin importar el costo, se convirtió en una sola misión.
una misión clara, sencilla, casi obsesiva. Proteger al nieto, proteger a José Julián, que esa última gota de sangre Figueroa, esa última gota de Julián, no se perdiera también. Pero la realidad iba a ser cruel con esa misión. Porque proteger a un nieto cuando la viuda de tu hijo está en duelo, cuando la viuda tiene su propia familia, cuando la viuda tiene sus propios derechos legales, no es una tarea sencilla.
Y lo que iba a comenzar como un duelo compartido entre suegra y nuera iba a degenerar en menos de un año en una de las batallas legales más mediáticas del espectáculo mexicano de los últimos 5 años. Antes de contarte cómo se desarrolló esa batalla, déjame hacer otra pausa contigo, porque sé que muchas de ustedes en este momento están pensando en sus propios hijos, en sus propios nietos, en lo que harían si tuvieran que enterrar a alguien que dejaron acostado en la cama esa misma tarde.
Estas historias duelen porque nos tocan donde más vivimos. Y mantener vivas estas memorias, contarlas con la dignidad que merecen, requiere comunidad. Si llegaste hasta este punto del video, si esta historia te ha movido el alma, suscríbete al canal. Comparte este video con tu hermana, con tu mejor amiga, con tu hija mayor.
Coméntame ahí abajo si conocías esta historia o si descubriste algo nuevo, porque cada comentario, cada compartida, cada suscripción es una flor que ponemos en la tumba de Julián Figueroa, de trigo, de Juan Sebastián. Sigamos adelante. Después del funeral de Julián en abril de 2023, Imelda Tuñón y el pequeño José Julián se quedaron a vivir en casa de Maribel Guardia.
Era lo natural, eran familia. El niño tenía 4 años, necesitaba estabilidad. Y Maribel con su esposo Marco Chacón a su lado, ofreció su casa de jardines del Pedregal como refugio para la viuda joven y para el nieto huérfano. Durante meses las cosas funcionaron. Suegra y Nuera aparecían juntas en eventos públicos, compartían fotos en redes sociales.
Maribel hablaba con cariño de Imelda en entrevistas. Imelda agradecía públicamente el apoyo. Hubo durante un tiempo una hermandad real. Pero la realidad de convivir con una nuera joven, en duelo, con un niño pequeño, con tensiones de personalidad, con dinámicas de poder, empezó a manifestarse a los pocos meses. Maribel, que tiene un carácter fuerte y costumbres muy claras sobre el orden y la disciplina, empezó a observar comportamientos en Imelda que la preocupaban.
Según ha contado Maribel en múltiples entrevistas, Imelda salía de noche. Regresaba en estados que la actriz consideraba incompatibles con el cuidado de un niño pequeño. Maribel intentó hablar con ella, le ofreció ayuda, le sugirió terapia, pero las cosas no mejoraron y la tensión creció. El 21 de enero de 2024, Maribel Guardia tomó una decisión que iba a marcar toda la historia que sigue.
Se llevó a su nieto de la escuela, acompañada de la policía, sin avisar previamente a Imelda. argumentó ante las autoridades familiares de la Ciudad de México que Imelda había desaparecido de la casa por varios días, dejando al niño en condiciones de riesgo. Un juzgado familiar le concedió la guarda temporal de José Julián mientras se investigaban las acusaciones y durante aproximadamente tres meses, el niño vivió bajo el cuidado de su abuela.
Imagínate la escena que se vivió ese día en la escuela. Una mujer de 64 años, vestida con discreción para no llamar la atención, acompañada de dos elementos de seguridad civil y de una orden judicial en mano, llegando al colegio donde estudiaba el pequeño José Julián, la directora del colegio, sin entender bien la situación, llamando por teléfono a la madre y Melda Tuñón al otro lado de la línea gritando, llorando, sin poder creer lo que estaba pasando.
y un niño de 5 años, José Julián, mirando a su abuela con sorpresa, sin entender por qué de pronto lo estaban recogiendo del salón antes de la hora de salida normal. Maribel se lo llevó a su casa de jardines del Pedregal, lo arropó, le dio de comer, le explicó con palabras simples que iba a quedarse un tiempo con la abuela y durante los meses siguientes, José Julián vivió en la casa donde había muerto su padre, en la misma casa donde Maribel había llorado mil veces a Julián.
en la casa que ahora se convertía otra vez en un refugio familiar improvisado. Tú has estado en esa posición. Tú has tenido que tomar decisiones dolorosas por proteger a un niño que amas. Tú has sabido lo que es decirle a las autoridades que tu propia familia no está en condiciones de criar. Cuesta, pesa y el juicio de los otros llega rápido.
Pero Imelda no se quedó callada. Llevó su versión a los medios. Apareció en programas de televisión llorando, asegurando que las acusaciones de su exuegra eran falsas. Negó las acusaciones de abandono, negó acusaciones de adicciones. Acusó a Maribel de estarla atacando con una campaña mediática para quitarle a su único hijo y presentó sus propias pruebas legales ante los juzgados.
Las autoridades, después de varias semanas de investigación le dieron la razón a Imelda. El 21 de febrero de 2024, aproximadamente un mes después de la primera acción de Maribel, la jueza familiar determinó que el niño debía regresar con su madre biológica y Melda recuperó la custodia y a partir de ese momento, las visitas de Maribel a su nieto empezaron a complicarse.
Lo que vino después fue una guerra legal y mediática de 2 años. Maribel, sin rendirse, presentó nuevas demandas. pidió la custodia temporal otra vez. Argumentó nuevas pruebas, habló con periodistas, apareció en programas de espectáculos con la voz quebrada explicando que solo quería proteger a su nieto.
Y Melda respondía cada vez, a veces pacíficamente, a veces con dureza. acusó a Maribel de presiones, de hostigamiento, incluso de amenazas y el caso se convirtió en uno de los más comentados del espectáculo mexicano. El 11 de noviembre de 2024, Maribel inició formalmente otro proceso legal solicitando la custodia provisional permanente del menor.
En enero de 2025 hizo pública la demanda en una conferencia de prensa donde habló con lágrimas en los ojos. argumentaba que Imelda tenía problemas de adicciones, que no estaba en condiciones emocionales para cuidar al niño y que ella como abuela y como Figueroa por línea de sangre tenía derecho a intervenir. El 26 de junio de 2025, una jueza de amparo directo de la Ciudad de México emitió la sentencia definitiva sobre esa primera batalla.
Maribel perdió y Melda retuvo la custodia completa y la posibilidad de que la abuela pudiera ver al niño quedó reducida a visitas reguladas. Para entonces, Maribel ya había modificado su estrategia. Según documentos legales filtrados a programas como de primera mano en abril de 2026, la actriz había desistido oficialmente de pelear por la custodia directa.
Estaba intentando, en su lugar negociar tiempos de convivencia más amplios con el niño. Marco Chacón, su esposo, había sido designado durante un tiempo como albacea del testamento de Julián Figueroa a petición de Imelda. Pero en noviembre de 2025, Marco Chacón empezó el proceso para desligarse de ese rol. En sus propias palabras dichas a un programa de televisión, para nosotros es un descanso respirar de esas responsabilidades.
Lo que quisiéramos es que todo se acabe. Y entonces llegó el momento que nos trae hasta aquí, hasta el día de hoy, hasta este video que tú estás escuchando ahora. Esto es lo cuarto y último que te prometí al principio. Siéntate, mi gente, porque lo que viene es lo más doloroso de toda esta historia. El 20 de mayo de 2026, en el programa de Primera Mano de Imagen Televisión, la periodista Adis Tuñón apareció con un documento legal en la mano.
Lo enseñó a la cámara y anunció con voz pausada que un juez de la Ciudad de México le había otorgado la tutela legal definitiva del pequeño José Julián Figueroa. Adis Tuñón, periodista de espectáculos, presentadora de televisión, era la tía de Imelda Garza Tuñón, la viuda. Y desde ese momento, según el documento, era la responsable legal del cuidado, la educación, la alimentación, la salud y la formación del menor de edad.
era la encargada de supervisar el patrimonio, era la encargada de rendir cuentas de los movimientos legales. En pocas palabras, era la nueva figura de autoridad sobre el nieto que Maribel Guardia consideraba como suyo. La noticia explotó en redes sociales. Los seguidores de Maribel Guardia, que llevaban dos años apoyando su lucha, reaccionaron con indignación.
¿Cómo era posible que una periodista, sobrina de un lado de la familia, hubiera quedado con la tutela legal del nieto por encima de la abuela paterna? ¿Qué había pasado? ¿Cuándo se había decidido eso? ¿Por qué Maribel no había sido notificada en tiempo? La explicación que circuló los días siguientes fue esta.
El proceso legal había cerrado dos semanas antes del anuncio público. Adis Tuñón había aceptado el cargo y un juez en materia civil había validado la designación. Maribel Guardia, según los reportes, se enteró pocas horas antes de que la noticia se hiciera pública a través del documento que le hizo llegar el abogado de su esposo.
El 21 de mayo de 2026, ayer hace dos días, en términos del momento en que se grabó este video, Adis Tuñón asumió formalmente la tutela definitiva del menor José Julián Figueroa y Maribel Guardia, la abuela costarricense de 66 años, la actriz que había llegado a México con una maleta a los 20 años, la mujer que había aguantado infidelidades, divorcios, la muerte de su único hijo perdió legalmente el derecho a tomar decisiones sobre el último pedazo vivo de su descendencia.
¿Qué mujer sobrevive a tanto? ¿Qué abuela se levanta el día siguiente a recibir esa notificación y se pone los zapatos, se prepara el café y sigue adelante? Maribel Guardia, en los días que siguieron al anuncio, publicó algunos mensajes en sus redes sociales. Mensajes cuidadosos, dignos, sin atacar directamente a Imelda ni a Adis.
Mensajes que hablaban de su hijo Julián, no de la batalla legal. En uno de esos mensajes, publicado a principios de febrero de 2026, cuando ya se anticipaba lo que venía, Maribel escribió sobre Julián así: “Te escribo no para discutir versiones, no para responder al ruido, sino para recordar quién fuiste de verdad.
” Y describió a su hijo como un hombre profundo, inteligente y sensible, apasionado por la música, los libros, los caballos y la naturaleza. Esas palabras, mi gente, esas palabras escritas en redes sociales por una madre que está perdiendo a su nieto, son las palabras de alguien que ha aprendido a sobrevivir con dignidad, a no atacar, a no llorar en público más allá de lo necesario, a guardar la rabia adentro, a canalizar el dolor en memoria, en oración, en silencio activo.
Pero la pregunta que cualquier mujer mexicana puede hacer en este punto es la siguiente. ¿Qué le queda a Maribel Guardia hoy? Le queda una carrera artística sólida con 47 años en pantalla. Le queda un esposo, Marco Chacón, que la sostiene con devoción. Le queda una casa amplia, una situación económica estable, fans leales en todo el mundo de habla hispana.
Pero su hijo único está muerto y su único nieto vive en una casa donde otra mujer toma las decisiones por él. Le queda sobre todo esa frase, esa frase que su exesposo escribió 30 años antes para un hijo asesinado en Texas y que ahora ella se aplica a sí misma todas las mañanas cuando se mira al espejo. Con tu recuerdo viviré lo que me resta por vivir.
La diferencia, mi gente, es que ahora ese tú no apunta a una sola persona. Apunta a tres, a Trigo, a Juan Sebastián, a Julián. Tres jóvenes Figueroa que se fueron antes de tiempo, y a un cuarto José Manuel que sigue vivo, pero distanciado, y a un quinto que está creciendo en otra casa sin verla.
Esa frase que era una canción se ha convertido en una vida entera. Mientras tanto, en otro punto del mapa, los hermanos Figueroa sobrevivientes manejan como pueden la inmensa herencia musical, comercial y emocional de su padre. José Manuel Figueroa, el medio hermano mayor, sigue cantando, sigue presentándose en jaripeos, sigue cargando el apellido.
Las regalías de las más de 1000 canciones que Joan compuso siguen generando dinero. El rancho de Juliantla sigue en pie. Los hijos sobrevivientes pelean entre ellos por la administración del legado y de vez en cuando alguien publica una foto vieja en Instagram con la leyenda Te extrañamos, papá. Pero la maldición Figueroa, ese patrón de muerte temprana que se ha cebado con esta familia durante 20 años, no es solo coincidencia para los que han observado de cerca.
Es el resultado lógico del sistema en el que esta familia se construyó. El sistema del jaripeo, el sistema de poligamia abierta, el sistema donde el dinero del narcotráfico circulaba sin disfraz, el sistema donde el apellido del padre, como te dije al principio de este video, marcaba a los hijos en lugar de protegerlos. Joan Sebastián disfrutó ese sistema mientras estaba arriba.
Lo padeció cuando empezó a llevarse a sus hijos y murió sin haber pagado del todo el precio que el sistema le cobraba. Maribel Guardia, la extranjera, la costarricense, la mujer que entró al sistema por amor, sin saber muy bien dónde se estaba metiendo, terminó pagando un precio que ella misma no eligió.
Pagó con el hijo único, pagó con el nieto, pagó con el silencio que ahora carga cuando alguien le pregunta cómo está. Y aquí, mi gente, cerramos el círculo. Volvamos a esa imagen del principio. Ciudad de México. Miércoles 21 de mayo de 2026. Una mujer de 66 años, sentada sola en la sala de su casa con un sobre en la mano. Acaba de leer un documento legal que le quita la tutela del nieto.
Le tiembla la mano, pero no llora todavía. se levanta, camina hasta la cocina, pone agua en la cafetera y mientras espera que hierva se sienta en una silla, mira por la ventana y se acuerda de una canción que su exmarido Joan Sebastian compuso hace 20 años para un hijo que murió de un balazo en Texas.
Una canción que ahora le canta ella por dentro, no para trigo, sino para Julián. Con tu recuerdo viviré lo que me resta por vivir. Eso es todo lo que le queda, esa frase y una casa enorme con habitaciones vacías y un teléfono que no suena con la voz de un nieto y una memoria que la acompaña desde Costa Rica hasta Ciudad de México. Desde Miss Costa Rica 1978 hasta este miércoles de mayo de 2026.
66 años. un legado artístico inmenso y un hueco familiar que ningún grami, ningún reconocimiento, ninguna estatua del Senado mexicano puede llenar. A mi gente de México, a mi gente de Estados Unidos, a mi gente de Colombia, de Argentina, de Costa Rica, de toda Latinoamérica que está escuchando este video hasta el final, gracias por haber llegado conmigo hasta aquí.
Sé que muchas de ustedes están con los ojos llorosos en este momento recordando a sus propios hijos, a sus propios nietos, a sus propias batallas con nueras o con yernos, a sus propios silencios familiares. Esta historia es nuestra. Es la historia de una mujer mexicano costarricense, sí, pero también es la historia de cada abuela que ha perdido contacto con un nieto por culpa de pleitos legales, de mujeres jóvenes que no entienden el dolor de las mayores, de hombres que se fueron demasiado pronto.
Cuéntame en los comentarios cuál fue la primera canción de Joan Sebastian que te marcó en tu vida, si fue Tatuajes, si fue secreto de amor, si fue Eso y Más, si fue La canción de trigo. Cuéntame cuándo fue la primera vez que viste a Maribel Guardia en la televisión y qué edad tenías tú entonces.
Yo voy a estar leyéndote ahí abajo porque cada comentario es una flor más en la tumba de Julián, de Trigo, de Juan Sebastián y de la vida familiar que Maribel Guardia ya no podrá recuperar. Si esta historia te ha tocado el corazón, suscríbete al canal. Comparte este video con esa amiga, con esa hermana, con esa hija mayor que también escuchaba a Joan Sebastian en la radio cuando los niños eran chiquitos.
No la dejes que pierda esta historia. Estas verdades no se cuentan en cualquier lado. La próxima vez que entres a este canal te voy a contar otra historia. Otra mujer del espectáculo latino cuya vida pública parecía perfecta y cuya vida privada estaba destruida desde adentro por un hombre que tú probablemente conoces de memoria.
No te voy a decir todavía de quién se trata, pero te aseguro que cuando la oigas vas a volver a sentir esa mezcla de nostalgia, dolor y rabia que solo las historias verdaderas saben provocar. Hasta entonces, cuida a tu familia, habla con tus nietos cada vez que puedas y no permitas en tu casa que un sobrellegue una mañana de mayo a quitarte lo que más amas en el mundo.
Con tu recuerdo viviré lo que me resta por vivir.