La Turbulenta Y Alocada Vida de Enrique Rocha | Una Vida de Excesos
Entonces me dijo Gurrol, “Oye, pues tienes muy buena voz y tienes una buena apariencia.” Hola, ¿qué tal amigos? Bienvenidos sean a un nuevo video de Tutoriales Gerberí. En esta ocasión hablaremos sobre Enrique Rocha, más conocido como el vampiro de la zona rosa. En este video hablaremos sobre todas sus polémicas, todas sus tragedias y déjenme contarles que no fueron pocas, así que quédense hasta el final de este video porque estará buenísimo.
Pero antes de comenzar con este que teng me gustaría invitarlos a suscribirse a nuestro canal y activar la campanita para que así tú no te pierdas de ninguno de nuestros interesantes temas. Ahora sí, sin más preámbulo, vámonos a lo que te truje Chencha, un hombre bondadoso, inteligente. Enrique Miguel Rocha Ruiz nació el 5 de enero de 1940 en Silao, Guanajuato, dentro de una familia acomodada, conservadora y profundamente católica.
Y desde ahí, desde su origen, [música] ya venía cargando varios elementos que más tarde iban a convertirse en parte de su sello artístico. el porte serio, los rasgos duros, la presencia imponente y sobre todo esa voz grave, profunda, casi de trueno elegante [música] que con el tiempo se volvería imposible de olvidar.
Porque si algo marcó a Enrique Rocha incluso antes de que el público lo identificara como villano de telenovela, fue precisamente esa voz. [música] Una voz que parecía salir de otro lado, como si cada frase viniera cargada de amenaza, misterio o autoridad. La neta es que Enrique Rocha sí tenía un vozarrón muy envidiable, pero no solamente era la voz, sino la presencia enigmática que hacía que las damas se derritieran por él.
Pero aunque en las telenovelas se miraba muy serio, los que lo conocieron dicen que no, que era un tipo bien buena onda y bien bromista. Es que a veces, amigos, las apariencias se engañan. Uno piensa que porque habla todo así acá bien bozarrón es bien serio, pero no. Dice el dicho que el león no es como lo pintan por aquí y por allá no tengo coche ni celular.
Y según se ha contado, esa voz la heredó de su madre, doña Socorro, una mujer que también le habría dejado esos rasgos fuertes del rostro, esa expresión seria y esa presencia que no necesitaba demasiados gestos para imponer. En su niñez, Rocha no parecía destinado necesariamente a los reflectores. [música] Venía de una familia donde la disciplina, la educación y las formas pesaban bastante.
No era el muchacho que desde niño andaba soñando con cámaras, escenarios y aplausos. [música] Su camino al principio parecía ir por otro lado, más formal, más correcto, más acorde con lo que se esperaba de un joven de buena familia. A los 14 años, su vida dio un giro importante cuando su familia se mudó a la Ciudad de México. La intención era clara, [música] darle una educación de mayor nivel, abrirle mejores oportunidades y prepararlo para una vida seria, profesional, respetable.
Primero estudió en el Colegio México y más adelante ingresó a la UNAM, donde comenzó la carrera de arquitectura. Pero ahí es donde la historia empieza a tomar otro rumbo, porque Enrique Rocha sí entró a arquitectura, sí parecía tener frente a él un camino más estable y tradicional, pero esa carrera nunca la terminaría.
Y no porque le faltara capacidad, sino porque la vida le tenía preparado otro escenario, uno muy distinto a los planos, las maquetas y los cálculos. Es que vean amigos, la mayoría de los artistas de los que hemos hecho videos, siempre que entran a la UNAM pasa algo que terminan descubriendo que la carrera que escogieron no es lo que ellos quieren para su vida.
Y en el caso de Enrique Rocha no es otro más que aquel joven que descubre que su vocación está muy lejos de lo que sus padres esperan de ellos. Así que aquel joven guanajuatense, educado bajo reglas firmes y expectativas familiares, terminó desviándose del camino que parecía marcado. Dejó atrás la idea del arquitecto respetable y comenzó a acercarse, casi sin imaginar la dimensión que tendría después al mundo de la actuación.
Y vaya ironía, no terminó construyendo edificios, pero sí construyó una de las presencias más imponentes de la televisión mexicana. Yo creo que Enrique Roche es un actor que tiene mucho oficio y es un actor que ha dedicado toda su vida a la actuación. Al entrar a la universidad, aquella educación católica estricta y de familia bien que Enrique Rocha había recibido desde niño, empezó a venirse abajo.
Y no poquito, amigos. Se le vino como castillo de naipes, porque de pronto el muchacho formado bajo reglas, disciplina y buenas costumbres descubrió una Ciudad de México distinta. [música] más libre, más nocturna, más tentadora y mucho más perigosa para alguien que traía ganas de romper con todo. Fue en esa etapa cuando comenzó lo que él mismo llegó a llamar la edad de la punzada y el nombre le quedaba como anillo al dedo porque ahí vinieron las faltas, las calificaciones por los suelos, los pleitos con sus padres y esa rebeldía de
joven que ya no quería pedir permiso ni dar explicaciones. Y es que vean, amigos, llegó a la Universidad Autónoma de México y se empezó a juntar con la banda, o sea, con esos amigotes que les gustan las cheves, la bohemia, la guitarra y todas esas cosas que luego, pues, quieras o no, te llaman mucho la atención y pues te desvían de las metas y las promesas que le has hecho a tus papás.

El Hamblet para mí era un compromiso tremendo. Yo tenía 21 años y ay, todavía no hacías. La carrera de arquitectura empezó a quedar en segundo plano mientras la noche los amigos, [música] las mujeres y la bohemia comenzaron a ocupar el lugar principal. A los 18 años, Enrique tomó una decisión fuerte.
Se fue de su casa, dejó atrás el hogar familiar y decidió vivir a su manera, sin tener que rendirle cuentas a nadie. Y ahí arrancó una etapa que, contada con calma parece casi [música] película de época. El joven guanajuatense, bien vestido, conte elegante, voz profunda y mirada de misterio, [música] metiéndose de lleno en la vida bohemia de la capital.
En esos años se movió entre artistas, escritores, intelectuales y personajes de la noche. Y [música] fue nada menos que Carlos Fuentes quien le puso un apodo que lo seguiría durante mucho tiempo, [música] el vampiro de la zona rosa. Una reseña de las fiestas que hacíamos en la zona rosa y ahí me bautizó con el nombre del vampiro de la zona rosa, cosa que le agradezco mucho.
Ahí sí que la cosa se empezó a poner buena, ¿verdad? Porque imagínense, empezó a juntarse con Carlos Fuentes. Ay papá, ese sí que tenía una vida bastante alocada porque fue un escritor muy conocido y muy exitoso, pero según lo que se sabe de él es que pues organizaba orjías y pachangas que duraban días. Y fue por este motivo que Rita Macedo decidió separarse de él cuando fue su esposa.
Y esto, amigos, no lo estoy diciendo yo, sino lo dice su propia hija, Cecilia Fuentes, en el libro que ella recopiló llamado Mujer en papel, que son las memorias de Rita Macedo. Y pues fue él Carlos Fuentes, quien le puso el apodo de vampiro de la zona rosa. ¿Por qué? Porque Rocha vestía impecable, se veía elegante, tenía ese aire oscuro y distinguido, pero además casi nunca dormía de noche.
Vivía al revés que los demás. Cuando muchos descansaban, él apenas empezaba. Se compró un departamento en la calle de Oslo, en plena zona rosa, y aquel lugar terminó convirtiéndose casi en su centro de operaciones. Ahí se armaban fiestas largas, reuniones interminables, noches con intelectuales, artistas, mujeres, [música] alcohol, conversaciones profundas y otras no tan profundas.
Es que la gente se cree que porque se reúnen intelectuales van a hablar de pura filosofía. La realidad es que esas fiestas eran pachangas donde había de todo, ***o, drogas y rock and roll. Era el tipo de ambiente donde se mezclaban el talento, el exceso, el ego, la seducción y esa idea de vivir como si la juventud fuera eterna.
Rocha no se pintaba como santo ni intentaba venderse como hombre correcto. Al contrario, él mismo llegó a definirse sin mucho remordimiento como un golfo, un hombre [música] de noche, de aventuras, de mujeres, de libertad y de desorden. [música] No es una deidad que me que me sirva mucho el de vampiro.
Más bien me me da desventaja. Imagínense, amigos, que le quería robar su apodo a Mauricio Garcés, que es el Golfo de México. aunque Donald Trump le haya puesto el Golfo de América y es una pequeña muestra de que el nombre de Golfo todo el mundo se lo quiere pelear. Y es que veamos la diferencia de las cosas, porque para una mujer que le digan golfa es un insulto, pero para un hombre es como un nombre de honor.
Y aunque se le relacionó con la fiesta y el alcohol, él reconocía abiertamente que su verdadera debilidad no estaba precisamente en la bebida ni en otras sustancias, sino en las mujeres. Y ahí es donde la historia se pone más incómoda, porque no estamos hablando solo del galán encantador que hacía suspirar.

[música] También hablamos de un hombre que, según él mismo aceptaría con el tiempo, [música] dejó una larga estela de corazones rotos. Muchas mujeres pasaron por su vida como romances fugaces, como compañías de una noche, como historias que para él tal vez eran parte de la aventura, pero que para ellas pudieron significar heridas. mucho más profundas.
Y a todo esto me pregunto yo, ¿qué tiene que ver Sandro de América en esta historia? Pero amigos, no soy yo, eh, son los editores que andan haciendo estas jaladas. Con los años, Enrique Rocha miraría hacia atrás y reconocería que no todo aquello fue [música] gracia, encanto o juventud desatada. también hubo daño.
[música] Admitiría que se arrepentía de haber lastimado emocionalmente a muchas mujeres, de haberlas usado como parte de esa vida loca que en su momento parecía divertida, [música] libre y sabrosa, pero que después dejaba cuentas pendientes. Eh, mi vida se dirime mucho entre la amistad y la mujer. Pero amigos, dice el dicho que ya lo bailado nadie se lo quita.
Si al final de la vida te arrepientes de haber sido mujer y ego y de haber roto muchos corazones, ya, ¿qué puedes hacer? Al fin y al cabo, el daño ya está hecho. Como dice el dicho, ya ni llorar es bueno. [música] Porque esa es la otra cara del famoso vampiro de la zona rosa. No solo era el hombre elegante, nocturno y misterioso que parecía salido de una novela, también [música] era un joven desbordado, rebelde, seductor y egoísta, que vivió como quiso, sí, [música] pero dejando detrás una fila de historias rotas. Y aunque con el tiempo
se convirtió en uno de los villanos más queridos de la televisión, en su juventud también tuvo su propio lado oscuro fuera de la pantalla. Y miren, amigos, la llegada de Enrique Rocha a la actuación fue casi por accidente y como en muchas historias de Galanes de antes, ese accidente tuvo nombre de mujer.
Porque Rocha no entró al teatro con la gran ilusión de convertirse en actor, ni porque desde niño soñara con los reflectores. No, amigos. Él se metió a los ensayos teatrales de la UNAM por una razón mucho más terrenal. Quería ligar muchachas e impresionar a una joven italiana que le traía movido el tapete. Así como suena, el futuro villano de voz imponente empezó acercándose al teatro no por vocación pura, sino por coqueto, [música] por curioso y por andar siguiendo el perfume de una mujer.
Pero la vida a veces tiene esos giros raros. Uno entra por una puerta buscando romance y termina encontrando destino. [música] Porque en medio de esos ensayos, el director Juan José Gurrola se dio cuenta de que aquel muchacho elegante, nocturno y medio descarriado tenía algo, tenía presencia, tenía aporte, tenía rostro para cámara y sobre todo tenía una voz que no era común.
E me empezó a rebasar la vida, la vida del éxito, pero no el éxito este popular. Gurrola no solo le dio posibilidades, también le ayudó a trabajar esa voz poderosa, a modularla, a controlarla, a convertirla en herramienta, porque una voz como la derrocha podía sonar impresionante, sí, pero también había que saber manejarla.
Y vaya que aprendió. Con el tiempo, esa voz se volvió su marca registrada, su sello, su arma más peligrosa, una voz que podía vender un producto, narrar la Biblia o condenar a un personaje en una telenovela con la misma autoridad. Su debut en el cine llegó con El proceso de Cristo y ahí, curiosamente, terminó usando parte de los conocimientos bíblicos que le había dejado aquella infancia católica tan estricta [música] de la que después quiso escaparse.
Mire nada más la ironía. El joven que rompió con la rigidez religiosa de su casa, terminó estrenándose en una película ligada justamente a ese mundo de fe, culpa y solemnidad que había conocido desde niño. De nuevo en el reino de Dios. No cabe duda, amigos, que dice el dicho que Dios los cría y el los junta y pues el que nace para olla del cielo le caen los tamales.
Y así fue el caso de Enrique Rocha, que el destino lo tenía marcado para que fuera un grande de la actuación. Pero aquí es donde todo el mundo nos equivocamos, porque como todo el mundo lo ponía como villano, pues todos pensábamos que era así, de un carácter muy difícil, pero según los que lo conocieron, nada que ver, porque él era el tipo que cuando era la hora de ir a comer se jalaba todo el mundo y les decía, “Órale, vámonos a echarnos unas chelas.
” era una persona de mucho ambiente y que le gustaba convivir mucho con sus compañeros y sobre todo era muy bromista. Era totalmente opuesto a lo que nosotros mirábamos en la televisión. En televisión dio sus primeros pasos con La mentira en 1965 [música] y desde ahí su camino empezó a crecer. Televisa lo contrató en exclusividad y Enrique Rocha fue construyendo una trayectoria enorme.
33 telenovelas, 38 películas, trabajos en radio, teatro [música] y más de 80 producciones en total. O sea, no fue un actor de una sola moda ni de un solo personaje. Fue un hombre que se mantuvo vigente durante décadas, entrando y saliendo de foros, cabinas, [música] estudios, escenarios y sets. Pero claro, el público lo terminó encasillando en lo que mejor le salía, el villano.
Y cómo no, si con ese físico imponente, esa mirada fría y esa voz de sentencia, Rocha podía dar miedo sin levantar la mano. Y es que, como les decía, no era que él buscara los papeles, sino los papeles lo buscaban a él, porque con ese tono de voz y esa personalidad, el papel de villano le quedaba como anillo al dedo. No tenía voz de comediante.
Se puede decir que tenía una voz que imponía. Por eso quiero que sepas que todas las ambiciones son detestables. No necesitaba gritar ni hacer gestos exagerados. Le bastaba mirar fijo, [música] hablar despacio y soltar una frase con esa gravedad tan suya. para que el público entendiera que venía la maldad. A lo largo de su carrera interpretó alrededor de 14 personajes antagónicos y varios de ellos quedaron grabados en la memoria de la televisión mexicana.
[música] Uno de los más recordados fue Eladio Gómez Luna en Pasión y Poder, [música] papel con el que ganó el premio TV y novelas como mejor villano en 1989. Luego vino Rodrigo Montesdeoga en [música] Yo compro esa mujer, un villano de esos que no tenían llenadera, capaz de mandar a prisión a un inocente y desaparecer a un bebé con tal de salirse con la suya.
[música] Ese personaje también le dio el reconocimiento como mejor villano en 1991. [música] Después llegó Ismael Montegarza en Dos Mujeres, un camino, otro papel fuerte cargado de resentimiento, venganza y oscuridad, con el que terminó ganando como mejor primer actor en 1994. Y ahí se veía algo importante. Rocha podía ser villano, sí, pero no era un villano de cartón.
Sabía darle peso, presencia [música] y hasta cierta elegancia al mal. Sus personajes podían ser perversos, pero rara vez se sentían corrientes. Tenían clase, veneno [música] y colmillo. Lograste lo que te proponías. ¿Por qué te empeñas en tratarme como tonto, como un demen? [música] También quedó grabado en la memoria de muchos como Lucio Fernández en Serafín, un personaje casi diabólico que quería eliminar el amor de la Tierra.
Imagínense nada más. Hasta en una historia más familiar, más infantil, Rocha encontraba la manera de meter esa sombra oscura que lo hacía tan efectivo. Y años después, para otra generación completamente [música] distinta, se volvió León Bustamante en rebelde, el padre autoritario de Diego, un hombre duro, controlador de esos que querían decidir hasta los sueños de sus hijos.
Por eso, para una generación, Enrique Rocha fue el gran villano de las telenovelas clásicas. Para otra, fue el papá temible de RBD. Y [música] eso no cualquiera lo logra. Y quién no se acuerda de RBD cuando la mía Coluchi lloraba porque su papá se la quería llevar de vacaciones a París. No, hombre, qué padre tan malo.
La verdad pobre lloraba amargamente. Mi papá me quiere llevar a París y yo no quiero. [risas] ¿Crees que me viste la cara de tonto o qué? Porque cuando un actor consigue asustar, imponer y quedarse en la memoria de públicos tan distintos, quiere decir que su presencia atravesó generaciones. [música] Pero fuera de la pantalla, uno de sus proyectos más lucrativos y curiosos fue la grabación de la Biblia completa en Audiolibro, [música] un trabajo que vendió más de 10 millones de copias.
[música] Y otra vez aparece la ironía sabrosa de su vida. El hombre que se rebeló contra la educación católica de su infancia [música] terminó usando esa voz profunda, casi sacerdotal, para narrar uno de los textos más importantes del mundo religioso. También prestó su voz a comerciales de Malboro, donde ese tono grave y elegante le daba una presencia tremenda a la marca.
Ca donde está el sabor, venga [música] al mundo Malboro. Y en sus últimos años su voz volvió a brillar de una forma distinta. cuando interpretó a Baguira en la versión live action de El libro de la selva en 2016. Y la [música] verdad ahí no había mucho que discutir. Esa voz era perfecta para un personaje sabio, [música] fuerte, protector y con autoridad natural.
Eso sí, no todo en su carrera lo presumía con orgullo. Inclínate. ¿Por qué? Muéstrales respeto. Los elefantes crearon esta selva. Las películas fueron un tema que él mismo llegó a mirar con cierta amargura. Roch reconocía que muchas de las cintas en las que participó no eran precisamente [música] joyas del cine.
Varias pertenecían a esa industria de los años [música] 70, que más que buscar calidad buscaba vender boletos, aprovechar la taquilla y sacar producciones rápido. Él sabía que había trabajado en películas flojas, en historias hechas al vapor, en un cine que muchas veces explotaba el morbo antes que el arte.
Pero aún con eso, Enrique Rocha logró algo que muy pocos consiguen. Convertir una voz, una mirada y una presencia en leyenda. No llegó al teatro por vocación pura. Llegó por andar de galán. No terminó arquitectura. No vivió como el hijo obediente de una familia católica y tampoco se quedó en el camino correcto que otros habían imaginado para él.
se metió a la noche al teatro, a la televisión, al cine, a la radio y al doblaje. Entonces me dijo Gurrol, “Oye, pues tienes muy buena voz y tienes una buena apariencia.” Pero vean, amigos, si bien es cierto que Enrique Rocha no siguió lo que sus padres querían, también es cierto que fue exitoso y logró hacer una vida feliz, que eso al final es lo que más importa.
No acabó viviendo debajo de un puente o sin comida o pasando penas. Él vivió feliz y como quiso y eso requiere de mucho valor porque a partir del teatro él empezó a sentir lo que realmente lo hacía vivir y desde ahí construyó una carrera enorme, llena de [música] villanos inolvidables, contradicciones sabrosas y una voz que apenas sonaba, hacía que medio México supiera que algo malo estaba por pasar.
Su vida amorosa fue tan intensa como su carrera y bastante más caótica. [música] Porque Enrique Rocha podía ser un villano elegante frente a las cámaras, pero fuera de ellas también vivió como galán de otra época con matrimonios, romances, fiestas, infidelidades, mujeres mucho más jóvenes y una fama de conquistador que él mismo no parecía interesado en esconder.
Se casó tres veces [música] y las tres historias terminaron prácticamente en el mismo rumbo, separación, desgaste y divorcio. Su primer matrimonio fue con la actriz puertorriqueña Marlene Cerrayz, con quien se casó cuando tenía alrededor de 28 años. Pero aquello no duró ni 3 años. Y según las versiones que rodean esa etapa, el problema empezó rapidito, porque sus infidelidades habrían comenzado casi desde el segundo día de casados.
Así como suena, el matrimonio apenas estaba arrancando y Rocha ya estaba viviendo como si no tuviera anillo, compromiso ni esposa esperándolo en casa. Y es que, amigos, no todos los hombres ni todas las mujeres están hechas para el matrimonio. Porque la neta, si te gusta divertirte, mejor no te cases, sigue siendo soltero, te vas a divertir más y vas a ser más feliz.
¿Qué esperas de Enrique Rocha? De Enrique Rocha. Sí. Algo que le falte por hacer. seguir siendo gozoso, gozoso en la zona rosa o allá. Después [música] vino Nuria Vájez, actriz elegante, talentosa y de una presencia muy fina. Ah, caray, amigos. Nuria Vález, ella fue la del Dr. Cándido Pérez, ¿se acuerdan de ella? Yo ni sabía que había sido esposa de Enrique Rocha, pero tampoco funcionó.
Rocha traía una forma de vivir demasiado libre, demasiado nocturna, demasiado acostumbrada a la fiesta y a la coquetería como para sostener una relación formal sin que todo empezara a ser agua. Su vida ***ualmente liberal, sus escapadas [música] y su manera de entender el amor terminaron superando cualquier intento de estabilidad.
[música] Me investigan quién es el que está poniendo la foto de Sandro y me lo corren. Por favor, ya no se puede con esta juventud. El tercer matrimonio fue con Patricia Campos. escultora y empresaria, con quien tuvo a su único hijo, Cristian Rocha. [música] Pero ni siquiera la paternidad logró convertirlo en un hombre doméstico tranquilo y fiel.
hombre doméstico, ni que fuera un lobo, para que fuera, como decía Joan Sebastian, un lobo domesticado. Según se ha contado, Patricia tampoco terminó tolerando sus fiestas, sus engaños [música] y esa vida de Galán empedernido que parecía acompañarlo a todas partes. Al final también lo dejó.
Y así, matrimonio tras matrimonio, Rocha fue dejando claro que podía interpretar muy bien al hombre poderoso en la pantalla, [música] pero en la vida real no parecía hecho para la calma de una casa ni para la fidelidad de una sola historia. Entre matrimonio y matrimonio también hubo romances que dejaron huella. Uno de los más serios fue con Tere Velázquez, actriz recordada como la quinceañera del cine mexicano.
A inicios de los años 90, Rocha vivió con ella una relación importante, de esas que no se sienten como simple aventura de paso. Pero esa historia tuvo un final doloroso porque Tere falleció víctima de un cáncer de colon agravado, según se ha contado por una negligencia médica. Su muerte dejó a Rocha profundamente golpeado porque no era una conquista más en su lista.
Era una mujer que realmente había ocupado un lugar importante en su vida. Encuentro eh lo mismo que una mujer mayor. Eh, son mujeres, son eh Pero si hubo un romance que encendió los focos rojos de la farándula, fue el que protagonizó con Leticia Calderón. Se conocieron en 1990 durante las grabaciones de yo compro esa mujer y la diferencia de edad entre ellos era enorme, 27 años.
Ella era una actriz joven en pleno ascenso y él ya era un hombre maduro con fama, matrimonios encima, experiencia y toda esa imagen de seductor culto que podía resultar irresistible, pero también escandalosa. El romance no fue cualquier chisme de revista. A Letti le costó una fractura familiar real. Ella misma contó que su padre dejó de hablarle por años, que su abuela la insultó, que su madre no le contestaba las llamadas y que sus hermanos estaban ofendidos.
[música] O sea, no fue solamente ay, qué dirán, fue una relación que le movió el piso familiar por completo y todo empeoró cuando una publicación insinuó falsamente que ella estaba embarazada de Rocha provocando un escándalo tremendo dentro de su casa. Aún así, Leticia Calderón siempre habló de él con cariño. No lo pintó como verdugo ni como error de juventud.
[música] Al contrario, destacó su cultura, su humor, su encanto y todo lo que aprendió a su lado. Con el tiempo, aunque el romance terminó, la relación se transformó en amistad y ella misma reconoció que siguieron siendo grandes amigos hasta el final. Trabajar con él fue un placer. Yo no conozco a nadie que haya trabajado con él, que se exprese mal.
Ah, caray, amigos. Fue novio de Leticia Calderón. Yo ni sabía. Yo pensé que Leticia Calderón se había casado con el abogado Juan Collado sin haber conocido otro hombre. Es que como se ve así como bien santita. Pero amigos, otra vez el león no es como lo pintan. Ahí está lo raro de estas historias. Para la familia fue un escándalo.
Para ella fue un amor que dejó heridas, sí, pero también aprendizaje y afecto. Después Rocha vivió alrededor de 8 años con Elizabeth [música] Caps, una joven francesa con quien también intentó construir una vida en pareja, pero otra vez apareció el mismo fantasma, sus coqueterías, sus hábitos de conquistador y esa incapacidad de abandonar del todo la vida de hombre libre.
Al final también esa relación terminó. No, hombre, amigos, si Maribel Guardia se quejaba de Joan Sebastian, que porque era un merjeriego empedernido, pero vean, Enrique Rocha no se quedaba atrás. Y ya con 70 años, cuando cualquiera pensaría que el hombre iba a bajar el ritmo, apareció otra historia polémica. Su relación con Analía, una actriz y modelo [música] mucho más joven.
Aquello duró apenas año y medio, pero fue suficiente para volver a alimentar la fama de Rocha como Garán Maduro que seguía buscando mujeres jóvenes como si el tiempo no le pasara por el ego. Evidentemente que con la joven te dice algo más, ¿no? Su juventud, ¿no? Algo que ya ya dejaste atrás. Y es que el gusto de Enrique Rocha por las mujeres jóvenes no era algo que él negara.
en una entrevista en el programa No lo cuentes lo dijo abiertamente. Aseguró que en ellas encontraba algo que con los años se perdía y que no creía que la diferencia de edad representara una brecha emocional real. En su momento, esas palabras pudieron sonar como la típica anécdota de un galán viejo, de esos a los que el medio todavía le celebraba sus conquistas, pero hoy vistas con otros ojos suenan bastante más incómodas.
Porque una cosa es hablar de amor libre y otra muy distinta es ver una larga historia de relaciones marcadas por diferencias de edad, infidelidades, [música] mujeres lastimadas y matrimonios que no resistieron su estilo de vida. Pero amigos, aquí les tengo una pregunta. ¿A poco ustedes creen que las mujeres no sabían cómo era Enrique Rocha? Tal vez uno que no pertenece al medio, pues ni sabe porque no lo estás mirando.
Pero las actrices sí saben de qué lado mastica iguana y sabían cómo era él. Y si le hacían caso es porque la neta pues ya sabían a lo que se atían. Yo creo que no hay víctimas. Más bien ahí la gente quiso vivir y apostó en la vida y como todo pasa, a veces se gana y a veces se pierde. ¿O qué opinan ustedes? Rocha fue encantador, culto, divertido y seductor.
Sí, pero también fue un hombre que vivió el amor con una libertad que muchas veces otros terminaron pagando. Y esa parte no se puede esconder porque detrás del villano querido, [música] del actor de voz inolvidable y del hombre simpático que todos llamaban Rochón, también hubo un conquistador desordenado que dejó amores rotos, esposas cansadas y una fama de mujeriego que lo acompañó hasta el final.
Toda esa vida de conquistas, lujos, noches largas y libertad tuvo un precio. Porque Enrique Rocha, el hombre que durante años fue visto como galán, conquistador, seductor de voz profunda y villano elegante de la televisión mexicana, llegó a sus últimos días en una soledad bastante fuerte, sin una pareja estable que lo acompañara, sin una mujer a su lado cuidándolo, sin esa presencia amorosa que muchas veces uno imagina al final del camino.
[música] Después de su relación con Analia, aquella actriz y modelo mucho más joven con quien vivió uno de sus últimos romances comentados, Rocha prefirió quedarse soltero. [música] Ya no quiso volver a comprometerse de la misma manera. Siguió viviendo a su estilo, con libertad, con encuentros pasajeros, con esa idea de no pertenecerle del todo a nadie.
Pero finalmente tú puedes ser igualmente joven, eh, teniendo la edad mayor. Pero claro, la libertad también cobra factura, porque una cosa es disfrutar la soltería cuando todavía hay fiesta, llamadas, [música] invitaciones y energía. Y otra muy distinta es llegar al final con la casa en silencio. Su muerte llegó el 7 de noviembre de 2021, [música] a los 81 años, de una manera tan tranquila como inesperada.
Ese día, según se contó, Enrique Rocha se fue a su recámara a tomar una siesta mientras esperaba ver correr a Checo Pérez en la Fórmula un momento común, cotidiano, sin drama aparente. Se acostó, cerró los ojos y simplemente ya no despertó. Y aquí está lo más fuerte. Nadie lo notó de inmediato.
No hubo una despedida larga, no hubo cama de hospital rodeada de familiares, no hubo una escena de telenovela con lágrimas alrededor. Fue una muerte silenciosa, casi discreta, como si el villano más imponente de la pantalla hubiera decidido salirse de cena sin avisarle a nadie. Su amigo cercano Juan Ferrara fue quien contó algunos detalles.
Dijo que Rocha se acostó y ya no despertó, describiéndolo como la muerte de los justos. dormido, [música] sin dolores, sin agonía y sin pasar malos ratos. Y sí, suena como una forma tranquila de irse, pero también deja un sabor extraño, porque detrás de esa paz final estaba la imagen de un hombre que se fue solo en su recámara mientras la vida afuera seguía corriendo.
Aquí les pregunto, ¿ustedes qué opinan de esto? ¿Creen que morir en la completa soledad sin una persona que siquiera te alcance un vaso de agua era lo que Ricardo Rocha deseaba o simplemente falleció de esta manera porque no le quedaba de otra? Vamos a ponernos en la presencia de Dios para celebrar esta misa de cuerpo presente.
Por la pandemia de COVID-19, sus restos fueron cremados sin demora. No hubo grandes homenajes multitudinarios ni despedidas enormes como tal vez muchos habrían imaginado para un actor de su tamaño. Sus cenizas fueron enterradas junto a sus padres y su hermano en Tecamachalco, [música] cerrando así el ciclo de un hombre que durante décadas fue presencia imponente en la televisión, pero que al final volvió al silencio familiar, al lugar [música] donde descansaban los suyos.
También se dijo que su fortuna quedó en manos de su hijo Cristian y de su nieto Patricio, las dos figuras familiares que quedaron como herederos directos de su legado personal. Y así, [música] después de tantas telenovelas, tantas mujeres, tantos villanos, tantas noches de bohemia y tanta voz retumbando en la memoria del público, Enrique Rocha salió de [música] escena sin escándalo final, sin gritos y sin una última frase dramática.
El villano más elegante de la televisión mexicana se fue dormido en silencio, casi [música] como en una de sus propias telenovelas. Solo que esta vez no hubo corte, no hubo aplauso, ni hubo repetición de escena. Esta vez el telón bajó de verdad. Muchas mujeres han pasado por su vida. Afortunadamente he tenido la fortuna de estar cerca del género más bello del universo.
Pero no es que realmente Ricardo Rocha haya sufrido en la vida, simplemente hay precios que hay que pagar. Porque así es la vida, amigos. En esta vida o pagas al contado o pagas a crédito, pero nadie se va sin pagar. Y miren amigos, yo entiendo la fascinación, la voz, el porte, [música] el villano perfecto, el galán oscuro que conquistaba sin esfuerzo.
Todo eso es real y nadie se lo quita. Pero también es real que este hombre pasó décadas tratando a las mujeres como trofeos, normalizando diferencias de edad escandalosas, destruyendo sus propios matrimonios desde adentro y encima presumiéndolo como si fuera una hazaña. Y los medios de su época se lo celebraron. Lo llamaban gran maduro, conquistador, hombre de mundo.
Hoy lo llamaríamos de otra manera, porque el talento no borra el daño y la elegancia no es excusa para nada. Enrique Rocha fue grande en pantalla. Fuera de ella fue [música] en muchos sentidos el villano de su propia historia y esa parte nadie la aplaude. Les toca a ustedes. ¿Qué opinan de Enrique Rocha? ¿Fue simplemente un galán de otra época? Un hombre que vivió como quiso y sin pedir permiso.
¿O creen que esa vida de conquistas, excesos y libertad terminó cobrándole la factura al final? La neta, amigos, que la historia de Enrique Rocha ha sido algo muy fascinante de esas historias que merecen una película. Definitivamente hay mucha tela que cortar, pero eso simplemente, como dice el dicho, cada quien habla de cómo le fue en la feria y depende del cristal con que se mire.
De mi parte, esto ha sido todo por hoy. Nos vemos, primeramente Dios, el día de mañana. Y como siempre, si el video les gustó, no olviden suscribirse a nuestro canal y activar la campanita, porque eso nos ayuda a seguir subiendo más y mejor contenido y así tú tampoco te pierdes de ninguno de nuestros interesantes temas.
Nos vemos muy pronto.