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La triste Historia de Sonia Lopez | Jamas Perdonó a La Santaneraaa

La triste Historia de Sonia Lopez | Jamas Perdonó a La Santanera

Voy a mojarme los labios con agua bendita. ¿Qué onda, mi raza culpera? Bienvenidos una vez más a las intrigas de Herberín. Amigos, hoy vamos a meternos en la historia de Sonia López, la famosa chamaca de oro. Una voz que brilló con la Sonora Santanera y que marcó una época en la música tropical. Siento ese frío que por más que yo he querido no se va de a qué se debe tu orgullo y tanta tanta vamos a conocer su historia, sus primeros pasos, quién la descubrió, cómo llegó a la fama, sus éxitos, sus amores, sus momentos difíciles y esa salida

misteriosa que con los años siguió dando mucho de qué hablar. Pastelito, pastelito al Así que pónganse cómodos porque esta historia tiene música, aplausos, humores y una pregunta que todavía sigue sonando fuerte. ¿Qué es lo que pasó? Pues que se desmayó. Burlarte de mi amor es tu alegría. Y si les gustan las historias contadas sin rodeos, no olviden suscribirse al canal, dejarnos su like y acompáñame hasta el final.

Y ahora sí, sin más preámbulo, vámonos a lo que te trujeencha en nuestro Sonia López no era una cantante cualquiera, no señor, era la jovencita que traía en la voz oro. Déjenme contarles amigos, que Sonia López Valdés nació en la ciudad de México el 11 de enero del año 1946. Le tocó crecer en un México donde la música no era adorno, era parte de la vida diaria.

La radio sonaba en las casas, en los talleres, en los mercados, en las cocinas y por todos lados donde se escucharan los boleros y también las rancheras, el mambo, que en ese entonces era como una música del y la música tropical. No puedo salir. En el cine brillaban Pedro Infante, Jorge Negrete, María Félix y Tintán, entre otros.

Así que imagínense el ambiente. Puro artista grande de esos perrones, de esos que ahora ya no existen. Puro nombre pesado y la gente pegada a la radio como si ahí le fuera a pasar el recado de la vida. Voy a mojarme los labios con agua bendita. Y en medio de todo ese México musical fue creciendo Sonia, una mujer que desde temprano empezó a mostrar que traía algo distinto.

No era todavía la chamaca de oro, no tenía fama, ni carteles, ni público coreándole su nombre, pero ya cargaba esa voz de esas que cuando salen tantito hacen que la gente voltee. Que tú me engañaste. Te vengo el corazón de acero. Estudiaba en la escuela inglesa Elizabeth y como cualquier muchacha de su edad andaba entre clases, tareas, sueños y esa inquietud que traen los jóvenes cuando todavía no saben por dónde les va a cambiar la vida.

Si alguna pena se acerca tu alma. Pero Sonia tenía algo que no se podía esconder, el gusto por la cantada y una manera de hacerlo que no sonaba fingida ni aprendida la fuerza. Como decía mi tía Chuchis, hay gente que canta bonito y hay gente que canta como si ya viniera con el micrófono incluido desde la cuna.

Si alguna pena se acerca tu alma y en tu cabaña junto al río estás. Sus padres también fueron pieza importante porque Sonia era menor de edad y en aquellos años la mayoría de edad en México se alcanzaba hasta los 21. Cuando me miro lo miré cuando se acercó y yo sin habla me quedé. Así que para presentarse, grabar y entrarle formalmente al ambiente artístico, ella necesitaba permiso de su familia y eso nos deja ver que no andaba sola en aventura.

Detrás de esa muchachita había padres pendientes, cuidando que el sueño no se le volviera una pesadilla, es decir, que no se metiera en problemas la chamaca. Por tus besos voy a recordar tus besos. Porque una cosa es cantar bonito en una reunión y otra muy distinta es meterse al mundo del espectáculo donde las luces brillan mucho, pero también encandilan si alguien no se va bien agarrado.

Ponerme en los ojos un hierro candente. Todavía no llegaban los grandes discos, ni las giras, ni el famoso álbum azul, ni ese apodo que después se le iba a quedar pegado para siempre. Sonia apenas estaba en esa etapa donde el talento empieza a asomarse como quien no quiere la cosa, pero ya va avisando que trae prisa.

Y la pregunta es, ¿será que Sonia López nació con suerte o la vida le fue acomodando poquito a poquito hasta ponerla frente al escenario? ¿Será mi cara que es tan hermosa? No, mi chiquita, no es esa cosa. Pero fíjense, amigos, que siempre hay un punto de inflexión porque una tarde todo cambió. Mientras Sonia seguía siendo una jovencita de secundaria, la música ya estaba preparando una de esas vueltas que llegaba sin tocar la puerta.

Sonia cantaba en el teatro Alameda, acompañada nada más y nada menos que por el mariachi Vargas de Tecalitlán. Imagínense la escena. una muchachita de apenas 15 añitos frente al público cantando con todo, sin saber que entre la gente había un hombre escuchándola, pero con mucha atención. Y ese hombre era nada más y nada menos que Carlos Colorado, director de ¿dónde? ¿De qué grupo? Pues de la Sonora Santanera.

Y ahí fue donde algo se movió, algo hizo click. Carlos escuchó esa voz tan melodiosa y entendió que no era una voz de cualquiera, era fresca, distinta. Ese brillo que no se fabricaba en estudio, ni se compra en la tiendita de instrumentos, eso no cualquiera lo trae. Esa chamaca traía oro en voz. ¿Será mi cara que es tan hermosa? No, mi chiquita no es esa cosa.

Y daba la casualidad de que la Sonora Santanera andaba buscando una voz femenina, alguien que le diera otro color al grupo, otro sabor, otro estilo, otro toque. Y Sony apareció justo cuando hacía falta. Es de esas veces que dice uno, “Ah, mira, es justamente lo que ando buscando.” Y después, obviamente, vinieron las pláticas, la recomendación del director artístico de Columbia Records y el permiso de sus padres, porque como les dije, pues la chamaquita tenía 15 años y así fue como aquella estudiante empezó a acercarse al mundo

profesional con apenas 15 años recién cumplidos. Un bals recién bailado. Y bueno, y un buen futuro que pintaba como lo mejor. Cuando fue descubierta era una jovencita de 15 años, pero empezó a grabar hasta cuando ya tenía 17. Pero entrar era apenas el primer paso porque nadie imaginaba que esa muchacha terminaría convirtiéndose en una de las voces más recordadas de la música tropical mexicana.

cantaba bien y les gustó como cantaban, fueron a la grabadora y la oyeron. Y aquí es la pregunta, ¿crees que esto era destino o era suerte? Cuando Sonia López apareció en el camino de la Sonora Santanera, la agrupación no era nueva, ni andaba viendo si pegaba o no pegaba. Ya venía caminando desde el año 1955 con escenario encima, con nombre ganado y con voces como Juan Bustos, Silvestre Mercado y Andrés Terrones, que ya eran parte importante de ese sonido santanero.

Pero aunque la Sonora ya traía lo suyo, le faltaba una pieza que le diera otro color, una voz femenina, fresca, diferente, de esas que no llegan a quitarle sitio a nadie, pero sí a mover todo el acomodo de la mesa. Ahí entró Sonia. La señora fue la primer cantante que tuvo la Sonora Santanera hace muchísimos años. Desde que empezó a grabar con ellos, se notó que la muchachita no venía no más a hacer coros bonitos ni a pararse al lado de los músicos como adorno de escenario.

Sonia llegó con una voz limpia, sabrosa, sentimental y con ese toque juvenil que le cayó a la agrupación como limón a la sopa. Es justo ahí donde luego vino el disco azul. Y ahí sí, amigos, se armó la fiesta. Todo sigue igual en nuestro nido. Ese material no fue cualquier grabación de esas que salen a ver si la suerte lo empuja.

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