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La Historia Oculta de Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera | El Matrimonio que Engañó a México tl

La Historia Oculta de Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera | El Matrimonio que Engañó a México

México tuvo una primera dama que venía directamente de las telenovelas y durante años millones de personas observaron su matrimonio con el presidente como una historia de amor perfecta. Pero detrás de las cámaras comenzaron a aparecer preguntas incómodas, preguntas sobre contratos, sobre televisión, sobre poder y sobre aquella relación que ocupó portadas, ceremonias y campañas políticas había sido mucho más que un simple romance.

Porque esta no es solo la historia de Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera. Es la historia de cómo una pareja mediática llegó hasta Los Pinos en medio de rumores de montaje político, escándalos de corrupción, una mansión ligada a contratistas del gobierno y un divorcio que, según versiones posteriores, habría permanecido oculto durante años mientras el país seguía viendo una imagen perfecta que ya se estaba derrumbando en silencio.

Hoy vamos a ver como una actriz de Televisa y un gobernador del Estado de México se convirtieron en la pareja más polémica que jamás haya habitado Los Pinos. Vamos a ver cómo nació ese romance o lo que sea que haya sido, cómo escaló hasta la presidencia, cómo explotó desde adentro y cómo cada uno reconstruyó su vida después.

Para entender de dónde viene todo esto, hay que viajar a 2007. Angélica Rivera protagoniza Destilando amor en Televisa, la telenovela que le dará el apodo que la perseguirá para siempre, La Gaviota. El personaje que interpreta se llama así y la audiencia la adopta como símbolo de la actriz misma.

Es el punto más alto de su carrera. No sabe todavía que será también su última telenovela por casi dos décadas. Al mismo tiempo, en el Estado de México, un gobernador joven de cabello impecable y sonrisa perfectamente ensayada construye su imagen con una ambición que nadie disimula demasiado. Enrique Peña Nieto es la apuesta más visible del PRI para recuperar la presidencia, pero su figura tiene un problema.

Su esposa Mónica Pretelini muere en enero de 2007 y el gobernador queda viudo con tres hijos. Hay un vacío en la imagen. Hay algo que no cierra en la foto. En 2008, el gobierno del Estado de México contrata a Angélica Rivera como imagen de la campaña Compromisos cumplidos. La actriz aparece en los spots mostrando obras públicas, prometiendo transparencia, personificando confianza.

El contrato es legítimo, la exposición es masiva, pero lo que nadie anticipa, o quizás sí, según distintas versiones, es que dentro de esa producción publicitaria empieza a circular el rumor de un romance entre la estrella y el gobernador. Lo que sigue es un crecendo perfecto. Los rumores se disparan en revistas de espectáculos.

La actriz aún está casada con el productor José Alberto Elgüero Castro. El gobernador aún está en plena construcción de su imagen presidenciable. Y sin embargo, en noviembre de 2008, en el programa Shalalá de TV Azteca, ante la pregunta directa de las conductoras, Peña Nieto no elude, dice, “Somos novios.” Sí. Y el país entero se detiene un segundo.

Ese sí tiene un peso enorme porque antes de que se pronunciara, Angélica Rivera y José Alberto Castro ya habían firmado su divorcio civil. Los tiempos encajan demasiado bien para ser casualidad, aunque nunca hubo una confirmación oficial de que todo estuviera coordinado. Lo que sí es un hecho es que el romance, real o construido, le daba a Peña Nieto exactamente lo que necesitaba.

Presencia mediática constante, cobertura positiva y el aura de una historia de amor de telenovela. Pero, ¿cuánto de eso era real y cuánto era producción? Lo que viene después lo pone todo en duda. Para casarse por la iglesia había un problema legal y canónico de fondo. Angélica Rivera se había casado con el Gerüero Castro en 2004 en una ceremonia religiosa.

La Iglesia Católica no reconoce el divorcio civil. Para poder contraer nuevas nupsias ante el altar, necesitaba una anulación matrimonial eclesiástica. Y ese proceso que normalmente dura años tomó un tiempo inusualmente breve. Una investigación del equipo de Carmen Aristegui, publicada años después revelaría que ese proceso de anulación estuvo marcado por presuntas irregularidades dentro de la Arquidiócesis Primada de México.

Según esa investigación, el sacerdote que había celebrado la boda original fue apartado de su cargo para facilitar la declaración de nulidad. Un documento interno de la iglesia citado en la investigación alertaba sobre la velocidad del proceso y lo describía como una maquinación hecha a toda velocidad y llena de irregularidades.

Lo que vino después fue una boda de cuento de hadas televisado. El 27 de noviembre de 2010, en la catedral de Toluca, con el arzobispo de Chihuahua como celebrante, Angélica Rivera y Enrique Peña Nieto se casaron ante cámaras, flores y una multitud afuera. Las hijas de ambos participaron en la ceremonia.

Las portadas de las revistas explotaron. México tenía su nueva pareja real y el PRI tenía su mejor campaña de imagen. Hay algo que la investigación de Aristegiui también señaló y que generó enorme ruido. El video de la ceremonia ampliamente difundido, no muestra a la pareja pronunciando los votos litúrgicos del sacramento matrimonial y según esa investigación, nunca se pudo obtener un certificado oficial de la boda eclesiástica de las autoridades de Toluca.

La oficina presidencial consultada al respecto se negó a emitir declaraciones. El misterio quedó flotando. El 1 de julio de 2012, Enrique Peña Nieto gana la presidencia de México. El margen sobre sus rivales es amplio y aunque el movimiento juvenil #osoy 132 había sacudido las semanas previas con denuncias sobre el papel de Televisa en la construcción de su imagen, el resultado es inapelable.

El PRI vuelve a Los Pinos después de 12 años de alternancia y la gaviota se convierte en la primera dama de México. El traslado a Los Pinos es en sí mismo una producción. Angélica Rivera se instala en la residencia oficial con sus tres hijas y los tres hijos de Peña Nieto. Seis niños, dos familias ensambladas, un palacio de gobierno.

La imagen que proyectan es exactamente la que el equipo del presidente necesita. Modernidad, familia, ternura. La primera dama asume la presidencia honorífica del DIF y aparece en eventos sociales con una puntualidad calculada. Pero dentro de Los Pinos, según múltiples versiones periodísticas que circularon a lo largo del sexenio, la dinámica era mucho más tensa.

Se habló de que ambos tenían agendas separadas, de que los momentos públicos juntos eran coordinados por equipos de comunicación, de que la convivencia era limitada. Nada de esto fue confirmado oficialmente, pero los videos y fotografías de eventos oficiales empezaron a mostrar con el tiempo una frialdad que los ojos del público no tardaron en detectar.

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