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HARFUCH abre la CAJA FUERTE de MARIO MOYA, el HOMBRE que debía ser presidente y desapareció del mapa tl

HARFUCH abre la CAJA FUERTE de MARIO MOYA, el HOMBRE que debía ser presidente y desapareció del mapa tl

Había una caja fuerte. Eso es lo primero que necesitas saber. Una caja fuerte que llevaba décadas sin abrirse, guardada en una propiedad que perteneció a uno de los hombres más poderosos que jamás pisó Los Pinos sin haber sido presidente de México. Cuando los archivos desclasificados llegaron a manos de investigadores periodísticos, lo que encontraron adentro no era dinero, no eran joyas, no eran los trofeos que acumula un político corrupto, era papel.

Cientos de hojas, fotografías, cables diplomáticos, transcripciones de conversaciones que nunca debieron existir fuera de una sala cerrada con micrófonos apagados. Y en medio de todo eso, la respuesta a una pregunta que México nunca se hizo en voz alta. ¿Por qué Mario Moya Palencia, el hombre que iba a ser presidente, desapareció del mapa político en 48 horas? Pero eso no fue todo lo que encontraron, porque lo que esos documentos revelan no es solo la historia de un político traicionado, es el mecanismo, el instructivo, la

forma exacta en que el sistema prista decidía quién subía y quién se hundía, y más importante todavía, qué hacían con los que sabían demasiado para dejarlos caer sin control. Moya Palencia sabía cosas que podían destruir a Echeverría y Echeverría lo sabía. Lo que pasó entre esos dos hombres entre 1975 y 1976 es una de las historias más oscuras y menos contadas de la política mexicana del siglo XX.

 Si llegaste hasta aquí es porque entendés que este país tiene una historia paralela, una que corre por debajo de la oficial entre archivos cerrados y silencios comprados. Si eso te importa, suscríbete ahora. Este canal existe exactamente para esto. En este video voy a contarte cuatro cosas que la historia oficial nunca explicó. La primera, ¿quién era realmente Moa Palencia y por qué en 1975 todos, absolutamente todos en la clase política mexicana daban por hecho que él sería el siguiente presidente.

 La segunda, ¿qué contenían los archivos que acumuló durante sus 6 años como secretario de Gobernación? y por qué ese archivo era simultáneamente su mayor poder y su sentencia de muerte política. La tercera, ¿cómo opero Echeverría para vetarlo? Una jugada calculada con meses de anticipación.

 Y la cuarta, la que más cuesta creer. ¿Qué pasó con esos documentos? ¿Quién los quiso destruir? ¿Y qué revelan sobre el pacto de silencio que mantuvo a Moya Palencia callado hasta su muerte? atento a ese último bloque porque ahí es donde todo encaja de una manera que te va a costar sacudir. Pero antes de llegar ahí, hay que entender de dónde venía este hombre, porque Mario Moya Palencia no era un improvisado, no era un chamaco de buena familia que llegó al poder palanca familiar, era en muchos sentidos el producto más acabado que el sistema

priista había fabricado en décadas. Nació en 1933 en la ciudad de México, en una familia de clase media con conexiones al mundo jurídico. Su padre era abogado y eso marcó todo. Desde joven, Moya entendió que en México el derecho no era un sistema de justicia, sino un idioma de poder. El que lo dominaba podía nombrar las cosas y el que nombraba las cosas controlaba la realidad.

 Estudió derecho en la UNAM en los años 50, cuando esa facultad era literalmente el semillero del sistema. Ahí se formaban los futuros secretarios de Estado, los gobernadores, los operadores y Moya no tardó en destacar. Era brillante, era disciplinado y tenía algo que pocos políticos de su generación combinaban. Inteligencia analítica y cintura social.

 Sabía leer un cuarto, sabía cuándo hablar y cuándo callarse. Sabía que en la política priista la lealtad visible era una moneda, pero la lealtad estratégica era un tesoro. Sus primeros años en la burocracia fueron los de cualquier hombre del sistema, puestos técnicos, comisiones legislativas. Trabajo en gobernación como subordinado.

 Pero a diferencia de muchos de sus contemporáneos, Moya no se conformaba con ejecutar. observaba, acumulaba, construía redes con una paciencia que sus colaboradores describían como casi inhumana. Según testimonios recogidos en investigaciones posteriores, tenía la capacidad de recordar cada favor que había hecho y cada favor que le debían con una precisión que daba escalofríos.

En 1964, cuando Díaz Ordaz asumió la presidencia, Moya ya tenía un lugar en el mapa político, sentó el Fue en ese sexenio donde construyó su relación más determinante, la conexión con Luis Echeverría, entonces secretario de Gobernación. Echeverría lo notó. Vio en Moya a un hombre útil, inteligente, manejable.

 Lo incorporó a su equipo y cuando Echeverría ganó el dedazo y llegó a la presidencia en 1970, arrastró a Moya con él. Lo nombró secretario de Gobernación. La segunda posición más poderosa del gabinete, el puesto desde el que históricamente se construían las candidaturas presidenciales. Para que entiendas lo que significaba ese escritorio en el México de los 70, Gobernación no era solo el Ministerio del Interior, era el cerebro de inteligencia del Estado.

 Desde ahí se coordinaba la Dirección Federal de Seguridad, la policía política del régimen. Desde ahí se controlaba quién entraba y salía del país, los permisos de medios de comunicación, los movimientos sindicales, estudiantiles, guerrilleros. Desde ahí se sabía todo. Y digo todo sin exageración. Todo lo que pasaba en México de importancia política pasaba por ese escritorio antes de llegar a cualquier otra parte.

 Moya Palencia lo ocupó durante 6 años, de 1970 a 1976. 6 años en los que México vivió algunas de las páginas más sangrientas de su historia reciente. El halconazo del 10 de junio de 1971, apenas meses después de que Moya asumiera, fue una masacre de estudiantes ejecutada por un grupo paramilitar que dependía, según múltiples investigaciones periodísticas de estructuras que reportaban directamente a las fuerzas de seguridad coordinadas desde esa secretaría.

 Esto está documentado en los informes de la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado. Lo que sigue siendo Zona de Sombra es exactamente quién dio, qué orden, en qué momento y qué sabía Moya antes de que ocurriera. Y aquí es donde los archivos se vuelven relevantes. Moya no era un hombre que actuaba sin dejar registro, era abogado, era meticuloso y según fuentes periodísticas que trabajaron con documentación de su entorno, habría conservado material que, de hacerse público, cambiaría la narrativa oficial

de varios de los eventos más oscuros de esa década. En 1975, los círculos políticos funcionaban con la certeza de que el sexenio siguiente sería de Moya. Se lo decían a los embajadores, se lo filtraban a los columnistas. Había gente que ya estaba posicionándose para su gabinete.

 Había gente que le construía lealtades directamente, saltando la subordinación a Echeverría porque apostaban que en un año ese hombre sería el que mandara. Las razones eran evidentes. Venía del puesto correcto. Era el hombre más cercano al presidente. Tenía más capital político acumulado que cualquier otro secretario. Era en el Argot de la época.

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