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Flor Silvestre: Su Esposo Llegó al Aeropuerto Con Una PISTOLA… Quería Matarlos a los Dos tl

Flor Silvestre: Su Esposo Llegó al Aeropuerto Con Una PISTOLA… Quería Matarlos a los Dos tl

Es octubre de 1959, aeropuerto central de la Ciudad de México. Pasadas las 11 de la noche, por la puerta principal entra un hombre de traje oscuro, sombrero de fieltro, los ojos rojos de no haber dormido. Lleva la mano derecha metida en el bolsillo del saco. Dentro del bolsillo una pistola. Ese hombre se llama Francisco Rubiales.

Su público lo conoce como Paco Malgesto. Es el locutor más famoso de México en ese momento. Cronista taurino, pionero de la televisión, voz de la radio nacional, presentador del programa Visitando a las estrellas. Su voz entra cada noche a millones de hogares mexicanos y esta noche en este aeropuerto viene a matar a su esposa.

Su esposa se llama Guillermina Jiménez Chabolla. Tú la conoces por otro nombre, el nombre con el que la aprendiste a querer desde que eras ni flor silvestre. Ella está en la sala de espera del vuelo a Acapulco con un abrigo claro, un sombrero de ala corta y una maleta pequeña a sus pies. A su lado sentado hay otro hombre, un actor de cine ranchero que apenas empieza a despuntar, conocido entonces como Tony Aguilar.

Mañana, en 40 años de distancia, lo llamarán el charro de México. Su nombre completo es José Pascual Antonio Aguilar Márquez Barraza. Y esta noche también está a punto de morir. Tres personas, un aeropuerto, una pistola cargada y un secreto que la familia Aguilar lleva 65 años intentando no contar. Hoy vas a descubrir cuatro cosas que nunca te contaron sobre Flor Silvestre.

Primero, lo que pasó realmente esa noche en el aeropuerto, la hora exacta. ¿Y quién detuvo el disparo que pudo haber borrado del mapa a la dinastía Aguilar antes de que existiera? Segundo, el matrimonio secreto que Antonio Aguilar tuvo antes de Flor bailarina que la propia Flor mencionó en una entrevista y el rumor del bebé que esa mujer perdió y que la familia jamás quiso confirmar.

Tercero, los 20 años en los que Flor Silvestre vio a sus hijos a escondidas, mientras su exesposo usaba su micrófono de radio para llamarla adúltera cada semana frente a todo México. Y cuarto, lo que Flor confesó en su último documental, 5 años antes de morir y que nadie quiso entender en su momento, pero que hoy, viendo a Ángela Aguilar repetir la historia, cobras un sentido escalofriante.

Te voy a avisar cuando llegue cada una. Pero para entender cómo se llegó hasta esa noche, hasta esa pistola, hasta ese aeropuerto donde casi se apaga la luz de una de las cantantes más queridas de México, necesitas conocer el mundo que la construyó, el mundo que tú probablemente viste en tu propia televisión.

El mundo del que ella vino, el mundo que después la rompió. Salamanca, Guanajuato. 16 de agosto de 1930. En la calle Hidalgo, sobre la carnicería de don Jesús Jiménez Cervantes, nace una niña. Es la tercera de los siete hijos que tendrán don Jesús y doña María de Jesús Chabolla Peña. Le ponen Guillermina. Esa niña va a cantar antes de saber leer.

A los 5 años, la madre la oye cantar pasodobles en el patio mientras tiende la ropa. A los 8 organiza pastorelas en la escuela y se reparte ella sola los papeles principales. A los 13 convence a su madre y su madre convence al carnicero de vender el negocio en Salamanca y mudarse a la ciudad de México. Toda la familia detrás del sueño de una niña que canta.

Acuérdate de ese detalle. toda una familia desarmando su vida para apostar por la voz de una hija. Ese gesto, esa entrega, esa fe de su madre, los vas a necesitar más adelante. Cuando entiendas lo que esa misma hija perdió por culpa de un hombre que la prensa adoraba, ese momento de la mudanza vas a recordar lo distinto.

México, 1943. La capital es otro país. Llegar de Salamanca es como llegar a Nueva York. El vajío venía a la ciudad a buscar suerte y la ciudad devoraba a los que no aguantaban. La familia Jiménez se instala en una vecindad cerca del centro. Don Jesús ya no es el carnicero del pueblo, ahora es un hombre mayor que carga bultos donde le pagan.

La niña Guillermina sale todas las tardes con su madre al teatro del pueblo, el viejo recinto popular que estaba en el último piso del mercado Abelardo Rodríguez. Una tarde un pariente lejano actúa en ese teatro. Cuando termina la función, la niña sube al escenario por su cuenta sin permiso, dispuesta a cantar. El mariachi no quiere acompañarla porque es muy chica.

Casi no se le ve la cabeza por encima del piano. Pero ella canta de todos modos. Canta la soldadera y se queda. Esa noche un señor llamado Arturo Blancas, un locutor con prestigio, la oye y la rebautiza. Ya no se va a llamar Guillermina en losenariomes. A partir de hoy se llama Flor Silvestre. tiene 14 años y aquí empieza todo. Pero para que entiendas en qué tipo de mundo entró esa niña con su nuevo nombre, necesito que pares un momento, que cierres los ojos y que te acuerdes.

Acuérdate de tu casa cuando tú eras niña, de tu radio prendido todo el día. De esa voz de mujer cantando cariño santo o cielo rojo, mientras tu madre lavaba los trastes. Acuérdate del cine de oro, de los domingos en los que ibas con tu papá al cine del barrio a ver una película ranchera de los caballos, de las trenzas largas, de los sombreros de fieltro.

Ese era el mundo que se estaba construyendo cuando Flor entra y ella iba a ser una de sus reinas. La CW, la voz de América Latina desde México, era el centro del universo. Si querías ser alguien, ahí grababas. Si querías que tu canción se oyera en Chile o en Colombia o en La Habana, por la Xiebliw pasaba. Y los hombres que mandaban en la Yesu decidían quién subía y quién bajaba.

Don Emilio Azcárraga Vidaurreta, dueño de la emisora, tenía un dicho que repetía a sus ejecutivos en privado. Decía que en el espectáculo mexicano había dos tipos de mujeres, las que servían para vender y las que servían para callar. A Flor Silvestre le tocó ser de las dos. A los 17 años, Flor está cantando en una gira por Sudamérica.

En esa gira conoce a un hombre llamado Andrés Nieto Villafranco. Es representante artístico, tiene unos cuantos años más que ella, viste bien, habla bonito y le promete que la va a hacer famosa en Argentina. Se casan rápido, casi sin que la familia se entere. 27 de febrero de 1948. En la ciudad de Santa Fe, en plena Pampa Argentina, a miles de kilómetros de la vecindad de la Ciudad de México, de no flor silvestre da a luz a su primera hija.

Le pone Dalia a Inés. Tiene 17 años, está sola en otro país y empieza a entender que el hombre con el que se casó no es lo que parecía. Andrés Nieto era ludópata. Apostaba en los hipódromos lo que ganaba. Cuando perdía, llegaba a casa con un humor de perros. La hija Dalia Inés contaría años después en una entrevista que su madre la registró en el Consulado mexicano de Santa Fe, casi a escondidas, como quien quiere asegurarse de que la niña tenga al menos un papel, que la una con su tierra por si algún día tienen

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