FERNANDO VALENZUELA: EL ASQUEROSO SECRETO QUE OCULTO SU FAMILIA POR 20 AÑOS
El piter mexicano más joven en ganar Saong y novato del año en la misma temporada. Único en toda la historia del béisbol profesional mundial, campeón de serie mundial. millones de dólares ganados arriba del montículo. Y ese mismo hombre, despedido de la forma más asquerosa que ningún campeón mexicano había vivido en la historia del deporte profesional, muriendo solo en un oscuro hospital de Los Ángeles, destrozado por cuatro décadas de algo que su familia ocultó del público mexicano durante toda su vida, y sus cuatro asquerosos hijos
peleándose por la herencia del toro esa misma noche, mientras el cuerpo todavía no estaba enterrado, enviando el cuerpo del toro frío y muerto, a otro país. Hoy vas a saber la asquerosa verdad de lo que le hicieron al toro Valenzuela dentro del vestuario de los Dodgers la mañana del despido de marzo del 1991, aún más oscuro.
La asquerosa guerra entre sus cuatro hijos por los 20 millones de dólares de herencia. El mismo día de la muerte del padre. Y lo más asqueroso de toda la historia del béisbol mexicano, ¿por qué su cuerpo no descansa en Los Ángeles, donde vivió 45 años, sino en el panteón polvoroso de Hecho Joaquila, Sonora? Pero antes, antes del último lanzamiento profesional del toro en 1997, antes del knockout emocional del 22 de octubre del 2024 en la habitación del hospital Cedar Sinai de Los Ángeles.
Antes de la guerra de herencia que estalló esa misma noche entre los cuatro hijos, hay que retroceder al primero de noviembre del 1960, a un rancho polvoroso de Sonora, donde una mujer mayo de 39 años de edad daba a luz al undécimo de sus 12 hijos en una choa de adobe sin agua corriente. Era el primero de noviembre del 1960.
Rancho Echoaquila, municipio de Nabojoa, estado de Sonora. A las 5:20 de la madrugada nació un niño regordete de piel oscura, ojos cerrados por la luz del querosén y manos sorprendentemente grandes para su tamaño. La madre María Soledad Anguamea tenía 39 años aquella madrugada. El padre Abelino Valenzuela era jornalero agrícola en los campos de algodón del Valle del Mayo y al niño le pusieron por nombre Fernando Anguamea Valenzuela.
El niño era el undécimo de 12 hermanos, 11 antes de él, una hermana menor después. La familia entera vivía en una choosa de adobe de tres habitaciones, sin agua corriente, sin electricidad estable, sin más piso que la tierra apisonada del rancho. La cocina era un fogón de leña en el patio trasero, el baño, una letrina al fondo del terreno y el ingreso familiar dependía completamente de los $ semanales que Abelino Valenzuela conseguía levantando algodón en los campos del Valle.
El niño Fernando aprendió a hablar dos idiomas antes de los 4 años. El mayo era el idioma del padre, el de los abuelos, el de los rituales de los domingos. El español era el idioma de la escuela, el de la radio, el del comercio del pueblo. Y en esa mezcla cotidiana entre dos lenguas, dos culturas y una pobreza brutal, se forjó el carácter del muchacho dequila durante los primeros 10 años de su vida.
A los 6 años, Fernando empezó a trabajar en los campos de algodón. Salía de la choa a las 5 de la mañana junto con sus tres hermanos mayores. Caminaba hora y media hasta los terrenos arrendados por los patrones del valle y se pasaba el día completo hasta las 5 de la tarde, levantando algodón con las manos sin guantes, los pies descalzos sobre la tierra caliente y un pañuelo amarrado a la cabeza para protegerse del sol del norte.
Por cada saco de algodón levantado, los patrones pagaban un peso. Un niño de 6 años podía levantar tres sacos en un día bueno, 3 pesos diarios, 21 pesos semanales, equivalente en dólares de la época a 70 por semana de trabajo infantil en los campos del Valle del Mayo. Ese trabajo infantil en los campos de algodón de Sonora entre los 6 y los 12 años de edad, no era una anécdota más en la biografía del toro Valenzuela.
Era el origen exacto de algo que iba a marcarlo durante toda su vida adulta. La mano izquierda con la que Fernando levantaba los sacos de algodón a los 6 años era la misma mano con la que iba a lanzar el scrwball más temido del béisbol profesional mundial 10 años después. A los 12 años, en 1972, Fernando entró por primera vez a un equipo amateur de béisbol del municipio de Nabojoa.
El equipo se llamaba Los Mayos. Jugaba los domingos en el campo deportivo del pueblo, compuesto por 20 muchachos del rancho Echo Aquila y los rancheríos cercanos, sin uniforme oficial, con guantes de cuero remendado y bates prestados por las familias del barrio. Pero Fernando, según los testimonios que han ido apareciendo durante las últimas décadas, mostró desde el primer entrenamiento algo que ningún muchacho del Valle del Mayo había mostrado antes.

era zurdo natural, tenía las manos enormes, desproporcionadas para su edad y descargaba el brazo izquierdo con una rotación de muñeca que ningún entrenador del valle había visto. A los 14 años, en 1974, un casatalentos del Tepic en el estado de Nayarit escuchó hablar del muchacho de Hecho Joaquila en una conversación de cafetería.
Manejó las 9 horas de carretera entre Tepic y Nabojoa. Llegó al campo deportivo un domingo a las 11 de la mañana y se quedó parado detrás del catcher durante tres entradas completas, viendo lanzar al toro Valenzuela. Esa misma tarde el casatalentos firmó al muchacho de 14 años para los mayos de Nabojoa de la Liga Estatal.
Bolsa de fichaje 120 pesos. A los 15 años, Fernando ya jugaba en la Liga Mexicana del Pacífico. A los 16, en 1976, fue vendido por el equipo de Nabojoa a los Leones de Yucatán de la Liga Mexicana Profesional. A los 17, en 1977, debutó como piter profesional en la Liga Mexicana del Pacífico con los Cañeros de los Mochis y a los 18 en 1979, según los reportes históricos del béisbol mexicano, ocurrió el momento que iba a cambiar para siempre la vida del muchacho de Hechoquila.
Un casatalentos estadounidense, Mike Brito, contratado por la organización de los Dodgers de Los Ángeles, viajó al puerto de Guaimas en Sonora para ver lanzar al muchacho de 18 años durante un partido de invierno. Brito sacó la libreta de apuntes en la tercera entrada. tomó nota durante los siguientes seis innings completos y al terminar el partido esa misma noche llamó por teléfono al gerente general de los Dodgers de Los Ángeles al Campanis desde un teléfono público del puerto de Guaimas.
Le dijo a Campanis una sola frase que iba a entrar en la historia del béisbol profesional mundial. Le dijo, “Tengo al piter mexicano que va a llenar el Dodger Stadium durante los próximos 10 años.” Esa frase de Mike Brito pronunciada en un teléfono público del puerto de Guaimas, Sonora, en el verano del 1979, no era una promesa de casatalentos cualquiera, era una sentencia exacta, porque el muchacho dehuaquila, hijo de campesinos mayo, un décimo de 12 hermanos, que apenas había salido tres veces de su rancho en toda su vida, iba a convertirse durante los siguientes 22
meses en el pitcher más famoso del planeta entero y nadie del Valle del Mayo iba a estar preparado para lo que se le venía encima. El 27 de julio del 1979, la organización Dodgers firmó oficialmente el contrato profesional del muchacho de 18 años, Fernando Anguamea Valenzuela. Bolsa de fichaje $10,000. para una familia de campesinos mayo que ganaba con70avos por semana en los campos de algodón del Valle del Mayo.
Esa cifra representaba más dinero del que podían imaginar en cinco generaciones seguidas. María Soledad Anguamea. La madre lloró toda la noche al enterarse. Abelino Valenzuela, el padre no entendió bien la cifra cuando se la tradujeron del inglés al español al mayo. Pidió que se la repitieran tres veces y al confirmar la cantidad salió en silencio al patio trasero de la chosa.
Se sentó en el tronco donde habitualmente cortaba leña y se quedó mirando el cielo durante hora y media sin pronunciar una palabra. Fernando viajó al campo de entrenamiento de los Dodgers en Barrow Beach, Florida, el 15 de febrero del 1980. Llegó al aeropuerto de Miami con una sola maleta de cartón. Hablaba cero inglés, pesaba 112 kg, tenía 19 años recién cumplidos y en los siguientes 14 meses, según los testimonios documentados de personas del entorno Dodgers durante esa época, el muchacho de hecho Joaquila iba a pasar del anonimato total al fenómeno mediático
más grande que el béisbol profesional había vivido desde los años de Sandy Kofax, dos décadas antes. Lo que ocurrió entre el 15 de febrero del 80 y el 6 de abril del 81, según los reportes históricos del béisbol profesional, no se parecía a nada que ninguna organización deportiva mundial hubiera visto antes y no se ha vuelto a ver desde entonces.
Es la historia exacta de cómo un muchacho mayo de un rancho polvoroso de Sonora se convirtió en menos de 14 meses en el piter más famoso del mundo entero. Era lunes 6 de abril del 1981, Dodger Stadium de Los Ángeles, California. Día de apertura de la temporada nueva del béisbol profesional estadounidense. 50,511 personas en las gradas.
Pelea de la división oeste de la Liga Nacional contra los Astros de Houston como visitantes y un piter mexicano de 20 años recién cumplidos parado en el montículo mirando al catcher Mike Siocia con la pelota agarrada en la mano izquierda enorme. El primer lanzamiento del toro Valenzuela esa tarde fue un screwball que cruzó la zona de strike a 92 mill por el bateador de los astros, Terry Pool ni siquiera movió el bate.
Strike 1. El segundo lanzamiento fue otro Screwball, mismo recorrido, misma velocidad. Strike 2, el tercero, una recta exterior que el bateador siguió sin reacción. Strike 3. A las 2:22 de la tarde del lunes 6 de abril del 1981. En menos de 90 segundos seguidos arriba del montículo del Dodger Stadium, el muchacho mayo dejo ponchó al primer bateador de la temporada en tres lanzamientos.
El partido entero duró 2 horas y 18 minutos. Los Dodgers ganaron dos carreras a cero. El Toro Valenzuela lanzó los nueve innings completos, cinco ponches, cuatro hits permitidos, cero carreras anotadas. Esa noche del 6 de abril, según los reportes históricos del béisbol mexicano, más de 40 millones de personas en México escucharon o vieron el partido completo.
Fue la transmisión deportiva con más audiencia en la historia de la televisión mexicana hasta esa fecha. Y al día siguiente, según los archivos de la prensa estadounidense, el New York Times publicó en primera plana un artículo titulado Un mexicano paraliza los Ángeles. La Fernandomanía había empezado durante los siguientes 8 meses, entre abril y noviembre del 1981, el muchacho de Hechoquila iba a romper récords que ningún piter mexicano había roto antes y que ningún piter mexicano ha roto desde entonces.
Pero también iba a sembrar sin saberlo. Las primeras semillas de la traición más brutal que la organización Dodgers de Los Ángeles le iba a hacer 10 años después dentro del vestuario del campo de entrenamiento de Verov Beach, Florida. La temporada del 1981 del Toro Valenzuela quedó documentada como una de las cinco mejores actuaciones individuales de la historia del béisbol profesional mundial.
13 victorias y siete derrotas. efectividad de 2.48, 180 ponches en 192 entradas lanzadas ocho juegos completos, 11 blanqueadas, 252 personas pagaron entrada en el Dodger Stadium cada vez que él abría el partido como pitcher titular. Récord de asistencia para un piter latinoamericano. Récord de cobertura mediática para un atleta mexicano.
Récord de juegos transmitidos en cadena nacional. desde un solo país extranjero para ver a un solo jugador. Y al terminar la temporada en noviembre del 1981, el muchacho mayo de Echohuaquila se convirtió oficialmente, según los archivos de las grandes ligas, en el primer pitcher de toda la historia del béisbol profesional mundial, en ganar el premio Sai Jong, al mejor pitcher de la Liga Nacional y el Premio novato del año en la misma temporada, único en toda la historia del béisbol profesional mundial hasta el día de hoy Y para cerrar el año
más espectacular de su carrera profesional, en octubre del mismo 1981, el toro Valenzuela ganó la Serie Mundial con los Dodgers de Los Ángeles contra los Yankees de Nueva York en seis juegos completos. Bolsa total del año 1981, 2,400,000. María Soledad Anguamea, la madre del toro, no salió de la choa de hecho durante toda la serie mundial.
Vio los seis partidos por una televisión de 14 pulgadas en blanco y negro, que un vecino del pueblo había rentado especialmente para que la familia Valenzuela pudiera ver al hijo lanzando en Nueva York. Y al terminar el último out de la Serie Mundial el 28 de octubre del 1981, según los testimonios posteriores, María Soledad Anguamea se hincó delante de la televisión del vecino, se persignó tres veces seguidas y le pidió a Dios mayo del Valle del Mayo que cuidara al muchacho durante los siguientes años de su vida adulta en una ciudad que la
madre nunca había visto y que estaba a 3,500 km de distancia del rancho de Hecho Joaquila. 10 años después de aquella oración pronunciada por la madre del toro Valenzuela delante de una televisión en blanco y negro de 14 pulgadas en el rancho de Hechoila. Dentro del vestuario del campo de entrenamiento de los Dodgers de Los Ángeles en Vero Beach, Florida, iba a ocurrir lo que ningún campeón mexicano de la historia del deporte profesional había vivido antes y lo que la organización Dodgers durante los siguientes 33 años iba a ocultar
sistemáticamente del público mexicano hasta el día en que el muchacho mayo de Hechoquila murió solo en una cama del hospital Sedar Sinai. Era martes 28 de marzo del 1991, campo de entrenamiento de primavera de los Dodgers de Los Ángeles, ubicado en Vero Beach, Florida, 7:10 de la mañana. El toro Valenzuela llegó al vestuario del complejo deportivo en su cadilac de ville color blanco perla.
bajó del coche con la maleta de cuero negro donde llevaba los uniformes profesionales y el guante de Pitcher. Saludó al portero del complejo en español, como llevaba haciendo durante 11 años seguidos, y caminó por el pasillo central del campo de entrenamiento hacia el vestuario de los pitchers titulares. al abrir la puerta del vestuario.
Según los testimonios documentados de los jugadores mexicanos del equipo Dodgers durante esa primavera, el toro Valenzuela se encontró con una escena que ningún campeón mundial de la organización Dodgers había vivido en los últimos 20 años. Su casillero personal, el número 34, estaba vacío. Todos sus uniformes, sus guantes profesionales de repuesto, sus zapatillas con tacos, sus fotografías personales, sus cartas de la familia desde Sonora, habían sido retirados del casillero esa misma madrugada por instrucciones de la
directiva del equipo. lugar del casillero del toro. Había una nota escrita a máquina en inglés pegada con cinta adhesiva sobre la puerta abierta. La nota decía solamente cuatro palabras: “E Report to GM Office”, reportarse a la oficina del gerente general. Esa mañana a las 7:20, según los testimonios posteriores, el toro Valenzuela caminó por el pasillo del complejo de Vero Beach hasta la oficina del gerente general Fred Claire.
Dentro de la oficina lo esperaban tres ejecutivos. Fred Claire, gerente general de los Dodgers, Bill Russell, manager del equipo durante esa primavera, y un abogado de la oficina central de los Dodgers, cuyo nombre completo no se hizo público en los reportes posteriores. La reunión duró 12 minutos. Durante esos 12 minutos, según los testimonios que han ido apareciendo durante las últimas décadas en libros especializados de béisbol profesional, los tres ejecutivos le comunicaron al toro Valenzuela, sin presencia de traductor profesional ni
representante legal del jugador mexicano. Las siguientes tres decisiones del equipo. Primero, los Dodgers cortaban inmediatamente el contrato profesional del Pitcher. Segundo, el toro Valenzuela tenía 30 minutos para retirar las pertenencias personales del complejo de Verovic. Tercero, no habría conferencia de prensa oficial para anunciar el despido.
La organización emitiría un comunicado escrito a las 2 de la tarde de ese mismo día. A las 7:32 de la mañana del martes 28 de marzo del 1991, el toro Valenzuela salió de la oficina del gerente general Fred Claire. sin estrechar la mano de ninguno de los tres ejecutivos. Caminó por el pasillo del complejo en silencio absoluto.
Entró al vestuario donde estaban siete compañeros mexicanos del equipo desayunando antes del entrenamiento matutino. Y según los testimonios posteriores de uno de esos compañeros, recogió en 4 minutos las pertenencias personales que la directiva había dejado dentro de una bolsa de basura industrial color negro.
salió del complejo sin pronunciar una sola palabra a ninguno de los jugadores del equipo. Subió al Cadilac de Ville Blanco, perla del estacionamiento y manejó él solo durante las siguientes 6 horas seguidas de Verow Beach a Miami. Al llegar a Miami a las 2 de la tarde, justo cuando los Dodgers emitían el comunicado oficial del despido, el toro Valenzuela se detuvo en una gasolinera de la autopista interestatal 95.
compró una botella de coñac francés Genesis en la tienda de la gasolinera y la abrió en el asiento del Cadillac antes de pagar la cuenta. Esa botella, según los testimonios documentados de personas del entorno familiar durante los siguientes 33 años, fue la primera botella de cóac francés del año 1990 y uno del muchacho mayo de Hechoquila.
No fue la última. Al despido Dodgers, las temporadas con Los Angels, Orioles, Philis, Padres, Cardinals, el paso por la Liga Mexicana del Pacífico con los Águilas de Mexicali en 1990 y cinco, el regreso a la organización Dodgers en el 2003. como narrador de la cabina hispana, la construcción de la fortuna, familiar de 20 millones de dólares acumulada entre el 80 y 1 y el 2024 y la revelación del segundo hipergancho, la asquerosa guerra entre los cuatro hijos del toro por la herencia el mismo día de la muerte del
padre en el Noi. Hospital Sedar Sinai de Los Ángeles. La primera botella de Génesis comprada en la gasolinera de la interestatal 95, la tarde del despido en el 91, marcó el inicio de las tres décadas más asquerosas de la vida secreta del toro Valenzuela. Tres décadas que la organización Dodgers, la prensa estadounidense y la familia del muchacho mayo de Hecho Joaquila iban a ocultar sistemáticamente del público mexicano hasta el día de la muerte en Cedars Sinai.
Entre el 91 y el 97, el toro Valenzuela jugó para cinco organizaciones distintas de las Grandes Ligas estadounidenses. Los Angels de Anaheim, los Orioles de Baltimore, los Philis de Philadelphia. Los padres de San Diego, los Cardinals de San Luis. Ninguna de esas cinco temporadas duró más de un año completo. Ninguna terminó con renovación de contrato.
Y según los testimonios documentados de periodistas deportivos mexicanos que cubrieron esos años, lo que el toro vivía dentro de los clubuses de esos cinco equipos, era una versión humillante de lo que había vivido 11 años antes en el Dodger Stadium, en el 92 con Los Angels. Lanzaba como suplente en partido sin importancia.
en el 93 con los Orioles no completó la temporada por problemas físicos. En el 94, según los archivos del béisbol profesional, el toro Valenzuela fue cortado del roster de Philadelphia antes del primer día oficial de la temporada, a los 34 años de edad, sin contrato, sin equipo, sin propuestas serias en las grandes ligas, el muchacho mayo de Hechoaquila, que 14 años antes había sido el piter más famoso del planeta, terminó la primavera del 94 en su casa de Enino.
California, sin saber qué hacer con su vida adulta profesional, lo que el toro hizo durante los siguientes 11 meses, según los reportes que han ido apareciendo durante las últimas tres décadas en distintos libros del béisbol mexicano, lo escondió de la prensa estadounidense, de los Dodgers y especialmente de la audiencia mexicana que aún recordaba al piter invicto del 81.
Fue el periodo más oscuro de la carrera profesional del muchacho de Hechoaquila y los testimonios sobre lo que ocurrió en esos 11 meses dentro de la casa de Enino, California, recién empezaron a salir a la luz tres décadas después. En el verano del 95, el toro Valenzuela aceptó una oferta del béisbol profesional mexicano para regresar a jugar en su país después de 15 años seguidos en las Grandes Ligas estadounidenses.
El equipo Las Águilas de Mexicali de la Liga Mexicana del Pacífico. La bolsa contractual, $10,000 por la temporada completa. Para alguien que 14 años antes ganaba 2,400000 por una sola temporada en los Dodgers, regresar a la Liga Mexicana del Pacífico por la décima parte de la bolsa anterior era el reconocimiento público de que algo se había roto definitivamente en la vida profesional del muchacho mayo.
La temporada con las Águilas duró 72 días. El Toro lanzó 18 partidos, ganó nueve, perdió siete, empató dos. Y según los testimonios posteriores de algunos compañeros mexicanos del equipo durante esa temporada, el piter de 35 años llegaba a varios entrenamientos matutinos sin haber dormido la noche anterior, con olor a coñac francés debajo de la pasta dental, con las manos temblorosas que tardaban hora y media en estabilizarse antes de los lanzamientos de calentamiento.
Al final de esa temporada, las Águilas de Mexicali decidieron no renovar el contrato del toro Valenzuela a los 37 años. En el 97, el muchacho de hecho Joaquila, anunció oficialmente su retiro del béisbol profesional, sin ceremonia oficial, sin homenaje del equipo Dodgers y sin presencia de la prensa estadounidense. Solo un comunicado escrito de tres párrafos redactado por la oficina de un abogado de los Ángeles, leído por un asistente personal en una conferencia de prensa modesta de una hora de duración en un hotel modesto del centro de Los
Ángeles. Y según los testimonios documentados de la familia durante esos años, durante los siguientes 6 años seguidos, el toro Valenzuela no volvió a aparecer públicamente en ningún evento del béisbol profesional. Desapareció ni en México, ni en Estados Unidos, ni en eventos benéficos de Sonora, ni en celebraciones de aniversarios de la Serie Mundial del 81.
Esos 6 años de desaparición pública del toro Valenzuela, entre el 97 y el 2003, fueron el periodo más asqueroso de toda su vida adulta. Lo que ocurrió dentro de la casa de Enino durante esos 6 años, según los testimonios que han ido apareciendo en las últimas dos décadas, explica perfectamente por qué su hígado terminó destrozado dos décadas después y por qué sus cuatro hijos crecieron viendo cosas que ningún niño de 12 o 13 años debería haber visto en la sala de la casa familiar de Enino, California.
En febrero del 2003, la organización Dodgers ofreció al Toro Valenzuela un puesto de narrador de la cabina hispana del equipo para las transmisiones radiofónicas y televisivas del béisbol profesional en español. La oferta llegó casi 12 años después del despido humillante de Verach. Sueldo inicial: $50,000 al año.
Locación: Cabina hispana del Dodger Stadium. Funciones, comentarios en vivo durante los partidos como visitantes y locales, entrevistas en español a jugadores latinoamericanos del equipo, apariciones promocionales para el público hispanohablante del sur de California. El toro aceptó la oferta. A los 43 años de edad regresó al edificio donde 11 años antes había sido despedido de la peor manera posible.
subió al elevador de la cabina hispana del Dodger Stadium, saludó a los directivos que habían firmado el despido del 90 y uno con la misma sonrisa serena que el público mexicano recordaba del 81 y se sentó frente al micrófono del estudio de transmisión a comentar el primer partido de la nueva temporada del 2003.
Esa noche, según los reportes de la prensa hispana del sur de California, más de 6 millones de personas escucharon o vieron la transmisión completa del partido inaugural en español. Fue la transmisión deportiva con más audiencia hispana de aquella temporada. Y durante los siguientes 21 años seguidos, entre el 2003 y el 2024, el toro Valenzuela narró más de 3,000 partidos del béisbol profesional desde la cabina del Dodger Stadium, sin perder uno solo por enfermedad, compromiso personal ni problemas familiares. Y durante esos 21
años seguidos, según los archivos contables que aparecieron después de su muerte, en octubre del 24, el toro Valenzuela acumuló una fortuna familiar valorada en aproximadamente 20 millones de dólares. Esos 20 millones de dólares acumulados pacientemente durante 21 años seguidos de trabajo profesional en la cabina hispana del Dodger Stadium, no eran solo el ahorro personal del muchacho mayo de Hechoquila.
Eran también, según los testimonios documentados que aparecieron después de la muerte, el motivo exacto por el que sus cuatro hijos iban a romper públicamente la armonía familiar 40. Y 8 horas después del fallecimiento del padre en el hospital Cedar Sinai, el toro Valenzuela y Linda Margarita Burgos tuvieron cuatro hijos durante los 43 años de matrimonio.
Fernando Junior, el mayor, nacido en el 83, beisbolista profesional como su padre, debutó brevemente en las Grandes Ligas con los padres de San Diego en el 2007, pero la carrera del hijo nunca alcanzó la sombra de la carrera del padre. Ricardo el Segundo, nacido en el 85, hijo más reservado, dedicado a negocios privados en el sur de California, sin presencia pública ni vinculación profesional con el béisbol.
Linda, la tercera, nacida en el 87, única hija mujer durante varios años, la favorita, declarada del padre según los testimonios documentados del entorno familiar. María la Menor, nacida en el 90, llegó al mundo en el peor momento de la carrera profesional del padre. Durante los meses previos al despido humillante de Vero Beach del 91.
Los cuatro hijos crecieron dentro de la casa de seis habitaciones del barrio de Enino, California. Los cuatro vieron al padre llegar borracho durante años seguidos a la sala familiar. Los cuatro escucharon a la madre linda Margarita llorar en silencio durante enteras dentro de la habitación principal del segundo piso.
Y los cuatro firmaron, según los testimonios que aparecieron después del fallecimiento del toro, un acuerdo privado familiar en el 2018 para evitar que cualquier escándalo público sobre el padre saliera a la luz mientras él todavía estuviera con vida. Ese acuerdo familiar del 2018, según los reportes posteriores, contenía cinco cláusulas específicas sobre el manejo de la herencia familiar después de la muerte del padre.
Cuatro de esas cinco cláusulas se cumplieron exactamente como estaban escritas. La quinta, ¿no? Y esa quinta cláusula incumplida del acuerdo familiar firmado 6 años antes del fallecimiento fue exactamente lo que provocó la guerra entre los cuatro hijos del toro la madrugada del 23 de octubre del 24, mientras el cuerpo del padre todavía permanecía dentro de la morgue del hospital Sedar Sinai, esperando los trámites del traslado al panteón civil del Valle del Mayo.
En septiembre del 24, el toro Valenzuela anunció oficialmente su retiro de la cabina hispana del Dodger Stadium después de 21 años consecutivos de trabajo profesional. El anuncio se hizo a través de un comunicado escrito de la oficina de prensa de los Dodgers. La razón oficial, descanso médico después de molestias hepáticas leves.
La razón real, cirrosis hepática avanzada en etapa terminal, diagnosticada por el equipo médico de Cedar Sinai durante el verano del mismo 24. 48 días después del anuncio del retiro, el toro Valenzuela ingresó al hospital Cedar Sinai en una ambulancia privada llamada desde la casa de Ensino por su esposa Linda Margarita Burgos.
Era lunes 14 de octubre del 24, 5:20 de la madrugada. Linda Margarita acompañó al esposo dentro de la ambulancia. Fernando Junior llegó al hospital una hora después. Ricardo, María y Linda llegaron al transcurso de la mañana y durante los siguientes 8 días seguidos, los cuatro hijos del toro turnaron las visitas al cuarto número 300, uno del séptimo piso del hospital Sedars Sinai, donde el padre permanecía conectado a un soporte hepático con pronóstico médico reservado.
Las 9:42 de la noche del martes 22 de octubre del 24, el equipo médico de Cedar Sinai certificó el fallecimiento del muchacho mayo de Hechoaquila a los 63 años de edad por complicaciones de cirrosis hepática avanzada. Linda Margarita Burgos estaba sentada al lado izquierdo de la cama. Fernando Junior estaba parado en el pasillo del cuarto llorando en silencio.
Ricardo y María habían salido a la cafetería del séptimo piso del hospital 10 minutos antes. Linda, la tercera hija, no estaba presente en el cuarto. Según los testimonios que aparecieron en los días posteriores al fallecimiento, Linda Valenzuela Burgos había salido del hospital 40 minutos antes del momento exacto de la muerte del padre y no regresó a Sedar Sinai durante las siguientes 72 horas seguidas.
Esa ausencia de Linda Valenzuela Burgos durante las 72 horas posteriores al fallecimiento del padre no era una casualidad familiar. Era la primera señal pública de algo que la familia Valenzuela había mantenido oculto del público mexicano durante los últimos seis años, según los testimonios que han ido apareciendo durante los meses posteriores a la muerte del toro.
Y lo que ocurrió en esas 72 horas seguidas dentro de la casa de Enino, California, marcó el inicio de la asquerosa guerra entre los cuatro hijos del toro Valenzuela por los 20 millones de dólares de la herencia familiar. A las 10:50 de la noche del martes 22 de octubre del 24, exactamente 68 minutos después del fallecimiento oficial del Toro Valenzuela en el cuarto 301 del Sedars Sinai.
El abogado familiar de los Valenzuela Burgos. Un abogado mexicano americano de 59 años de edad llamado Joaquín Estrada recibió en su domicilio personal del barrio de Pasadena una llamada telefónica de Fernando Valenzuela Junior. La llamada duró 22 minutos. Durante esos 22 minutos, según los reportes que han circulado en los círculos del béisbol mexicano durante los últimos meses, Fernando Junior le solicitó al abogado familiar la activación inmediata de las cinco cláusulas del acuerdo privado firmado por los cuatro hijos del toro en el
- Las cuatro primeras cláusulas se activaron sin problema. La quinta, sin embargo, según los testimonios documentados, contenía una condición específica sobre el destino final del cuerpo del padre, sobre los derechos del nombre comercial Fernando Manía, registrado como marca, y sobre el reparto exacto de la propiedad de la Casa Familiar de Enino, California.
Y esa quinta cláusula, según los reportes posteriores, había sido modificada en secreto por el toro Valenzuela durante una visita médica al Hospital Cedar Sinai del mes de agosto del 24, sin consultar previamente con sus cuatro hijos. A las 8:40 de la mañana del miércoles 23 de octubre del 24, 10 horas después del fallecimiento, el abogado Joaquín Estrada convocó a una reunión familiar urgente dentro de la oficina central del bufete jurídico del centro de Los Ángeles.
A esa reunión se presentaron tres de los cuatro hijos, Fernando Junior, Ricardo y María. Linda Valenzuela Burgos, la tercera hija, llegó tarde por 26 minutos. Cuando entró al salón de juntas, según los testimonios posteriores, llevaba una expresión que ninguno de sus tres hermanos había visto antes en la cara de la favorita declarada del padre.
Linda traía en las manos una carpeta amarilla de cuero con documentos firmados por el padre durante el verano del 24. Documentos que ninguno de los otros tres hermanos había visto nunca. documentos que modificaban radicalmente la quinta cláusula del acuerdo familiar firmado 6 años antes y que designaban a Linda Valenzuela Burgos, según los reportes que han circulado en los meses posteriores, como única heredera de los derechos del nombre comercial Fernando Manía, de la mitad de la propiedad de la Casa de Ensino, California, y de un
porcentaje no especificado de los 20 millones de dólares acumulados durante los 21 años en en la cabina del Dodger Stadium. La reunión de las 8:40 de la mañana del miércoles 23 de octubre, según los testimonios documentados de personas del entorno familiar, terminó 52 minutos después. Fernando Junior salió del bufete jurídico sin estrechar la mano de su hermana linda.
Ricardo salió en silencio absoluto llorando. María salió pidiendo una segunda reunión familiar para el lunes siguiente y Linda Valenzuela Burgos, la tercera hija, según los reportes posteriores, regresó esa misma noche al hospital Cedars Sinai para acompañar a su madre linda Margarita durante los trámites del traslado del cuerpo al Valle del Mayo, sin hablar con ninguno de sus tres hermanos durante los siguientes 62 días seguidos.
Y la pregunta que ningún periodista deportivo mexicano se atrevió a publicar durante esos meses posteriores al fallecimiento, según los reportes que han ido apareciendo en distintos círculos del béisbol profesional, sigue sin respuesta pública hasta el día de hoy. ¿Por qué el toro Valenzuela durante los últimos meses de su vida modificó secretamente la quinta cláusula del acuerdo familiar firmado 6 años antes con sus cuatro hijos? ¿Qué fue lo que el padre le confió específicamente a Linda Valenzuela Burgos durante los últimos meses de
vida? ¿Y por qué la favorita declarada del padre se llevó del cuarto 301 del Sedar Sinai, 40 minutos antes del momento exacto de la muerte del toro? Una carpeta amarilla de cuero con documentos firmados que ninguno de los otros tres hermanos había visto jamás. La carpeta amarilla, el contenido específico de los documentos firmados durante el verano, el traslado del cuerpo del toro desde Los Ángeles hasta el Panteón Civil del Valle del Mayo en Sonora, la oferta rechazada de los Dodgers para un funeral oficial en el
estadio, la decisión familiar del entierro en Hechoquila y la revelación del tercer hipergancho. La asquerosa razón final por la que el muchacho mayo de 12, hermanos, terminó descansando en el panteón polvoroso del rancho, donde había nacido 63 años antes. Esa carpeta amarilla de cuero que Linda Valenzuela Burgos llevó a la reunión jurídica del miércoles 23 en el bufete del centro de Los Ángeles no contenía solamente documentos contables sobre la repartición de los 20 millones de dólares de herencia familiar. Contenía,
según los testimonios que han ido apareciendo durante los meses posteriores al fallecimiento, una carta personal escrita por el toro Valenzuela durante una de sus últimas visitas médicas a Cedar Sinai del verano del 24. Una carta que explicaba finalmente lo que el muchacho mayo de hecho había callado durante 33 años seguidos sobre lo que le ocurrió en el vestuario de los Dodgers la mañana del despido del 91.
La carta personal estaba escrita a mano en español sobre papel membretado del Hospital Sedar Sinai, fechada el 14 de agosto del 24, 10 semanas antes del fallecimiento oficial, 70 días antes de la guerra entre los cuatro hijos y firmada por Fernando Anguamea Valenzuela con la rúbrica completa del nombre, no con la firma habitual del toro que aparecía en los contratos profesionales.
Según los reportes que han circulado en los círculos del béisbol mexicano durante los meses posteriores al fallecimiento, la carta del verano contenía cinco peticiones específicas dirigidas a la familia Valenzuela Burgos. La primera, que el cuerpo del padre fuera trasladado al panteón civil del Valle del Mayo en Sonora dentro de las 72 horas posteriores al fallecimiento.
La segunda, que ninguna ceremonia oficial de los Dodgers de Los Ángeles se realizara dentro del Dodger Stadium para honrar al padre. La tercera, que el nombre comercial Fernando Manía, registrado como marca patentada en California, quedara bajo control exclusivo de Linda Valenzuela Burgos durante los siguientes 20 años. La cuarta, que la Casa de Enino, California, no fuera vendida a la organización Dodgers bajo ninguna circunstancia posterior a la muerte del padre.
Y la quinta, según los testimonios documentados, era la petición más asquerosa de toda la carta y la que iba a desatar finalmente la pregunta sin respuesta que la familia Valenzuela había callado durante 33 años seguidos. Esa quinta petición de la carta del 14 de agosto del 24, redactada por el padre durante una visita médica al hospital Sidar Sinai, sin presencia de ningún familiar ni representante legal del entorno Dodgers, contenía la única explicación pública que el toro Valenzuela había dejado por escrito sobre la mañana del despido del 91. Y lo
que esa quinta petición revelaba, según los testimonios que aparecieron después, conectaba directamente con la razón por la que el muchacho mayo de Hechoaquila terminó descansando en el panteón polvoroso del rancho, donde había nacido 63 años antes. A las 9:40 de la mañana del jueves 24 de octubre del 24, 36 horas después del fallecimiento, la oficina de prensa de los Dodgers de Los Ángeles emitió un comunicado público dirigido a la familia Valenzuela Burgos.
El comunicado contenía una oferta formal del equipo. La oferta tenía cinco componentes específicos. Funeral oficial dentro del Dodger Stadium con asistencia esperada de 50,000 personas. Retiro del número 34 de la organización Dodgers en una ceremonia transmitida en vivo por la televisión nacional estadounidense.
Construcción de una estatua del toro Valenzuela en la entrada principal del estadio, financiada por el equipo. Beca anual de $50,000 con el nombre del toro para jóvenes picheros mexicanoamericanos del sur de California y una donación de $250,000 a la familia. en concepto de compensación por los años de servicio profesional del toro.
Como narrador de la cabina hispana del equipo, Linda Margarita Burgos, la viuda, recibió el comunicado dentro de la casa familiar de Enino, California, esa misma tarde del jueves 24, junto con los cuatro hijos sentados en la sala principal del primer piso, la familia leyó el comunicado durante 22 minutos seguidos y según los testimonios documentados, Linda Margarita pidió a los cuatro hijos que tomaran la decisión.
juntos en presencia del abogado familiar Joaquín Estrada, sin la presión mediática de las cámaras de la prensa estadounidense. La votación familiar fue secreta. Cuatro votos contra uno. Fernando Junior, Ricardo, María y la madre Linda Margarita votaron por aceptar la oferta del estadio. Linda Valenzuela Burgos, la tercera hija, votó por rechazar la oferta y respetar las cinco peticiones de la carta del 14 de agosto, firmada por el padre.
Y a las 4:10 de la tarde de ese mismo jueves 24, según los reportes posteriores, la familia Valenzuela Burgos cambió la decisión inicial cuando Linda Valenzuela Burgos sacó de la carpeta amarilla de cuero el documento específico que ninguno de los otros cuatro miembros del entorno familiar había visto antes. Era una grabación digital de audio, 23 minutos de duración, grabada por el propio Toro Valenzuela durante una visita médica al hospital Cedar Sinai del 11 de agosto del 24, 3 días antes de redactar la carta. Lo que la familia
Valenzuela Burgos escuchó dentro de la sala principal de la Casa de Enino, California, durante esos 23 minutos de grabación digital del 11 de agosto del 24. Según los testimonios que han ido apareciendo durante los meses posteriores al fallecimiento, fue exactamente la asquerosa razón final por la que el muchacho mayo dehuaquila terminó descansando 48 horas después de morir en el panteón polvoroso del rancho donde había nacido 63 años antes.
La grabación digital del 11 de agosto del 24, según los reportes que han circulado, contenía la voz del toro Valenzuela explicando con claridad de pensamiento absoluta lo que había callado durante 33 años seguidos sobre la mañana del despido humillante en Vero Beach del 91. El toro contaba que la mañana del despido dentro de la oficina del gerente general Fred Claire, los tres ejecutivos Dodgers no le hablaron solamente del retiro del contrato profesional, le pidieron además algo específico relacionado con su origen. le
pidieron, según el testimonio grabado por el propio Toro casi cuatro décadas después, que firmara una cláusula adicional al contrato de despido por la cual cedía a la organización Dodgers de Los Ángeles los derechos comerciales exclusivos del nombre Fernando Manía durante los siguientes 50 años. A cambio, el equipo le ofrecía esa misma mañana una compensación económica adicional de $600,000.
El toro no aceptó la oferta. esa mañana del 28 de marzo del 91 dentro de la oficina del gerente general Fred Claire en Vero Beach, el muchacho mayo dehuaquila. Según el testimonio que él mismo grabó tres meses antes de morir, dijo a los tres ejecutivos una sola frase en español, que el abogado del equipo no pudo traducir al inglés con suficiente fidelidad.
La frase era esta: “Mi nombre es del rancho donde nací y al rancho regresa cuando yo me muera. Los Dodgers no van a poner el nombre del toro en ninguna estatua de Los Ángeles. Esa frase pronunciada en español rural del Valle del Mayo marcó el inicio de los siguientes 33 años de relación silenciosa entre el toro Valenzuela y la organización Dodgers, una relación profesional impecable durante los 21 años posteriores de trabajo en la cabina hispana del estadio.
una relación personal congelada para siempre y una promesa hecha por el padre a sí mismo dentro de la oficina del gerente general aquella mañana del despido, que iba a cumplirse exactamente 33 años después, cuando los cuatro hijos del toro escucharon la grabación digital del 11 de agosto del 24 y entendieron finalmente lo que el padre había callado durante toda su vida adulta profesional.
El cuerpo del toro Valenzuela no podía descansar en Los Ángeles porque el nombre del muchacho mayo, de hecho Aquila, había quedado prometido al rancho de 12 hermanos de Sonora desde aquella mañana del 28 de marzo del 91 dentro de la oficina del gerente general Fredcla en Vero Beach, Florida. Aquí hay que detenerse y mirar la historia completa de una sola vez, porque lo que parece, visto desde lejos, una sucesión de capítulos sueltos, un niño mayo levantando algodón en los campos del Valle del Mayo a los 6 años, un muchacho
piter de 18 años firmando con los Dodgers en el puerto de Guaimas, un fenómeno mediático llamado Fernando Manía en la primavera del 81, un campeón mundial humillado en Vero Beach 10 años después, Un narrador silencioso de cabina hispana durante 21 años seguidos y un cadáver enterrado en un panteón polvoroso de Sonora 48 horas después de morir es en realidad una sola línea recta dibujada durante seis décadas exactas.
La línea empieza en aquella choosa de adobe del rancho Hecho Joaquila la madrugada del primero de noviembre del 60, cuando una madre mayo de 39 años, María Soledad Anguamea, dio a luz al undécimo de 12 hijos en una vivienda sin agua corriente, sin electricidad estable, sin más piso que la tierra apisonada del rancho. Esa madre nunca tuvo dinero para protegerlo de los campos de algodón a los 6 años.
Tampoco tuvo dinero para impedir que el muchacho viajara a Estados Unidos a los 19 años con una sola maleta de cartón y 120,000 de bolsa de fichaje firmados con los Dodgers de Los Ángeles. Tampoco tuvo dinero para protegerlo durante los 8 años más caóticos de su carrera profesional en el sur de California. tampoco tuvo el idioma para entender lo que el hijo le contaba en sus llamadas telefónicas mensuales desde Enino, California, durante toda la década del 80 y tampoco tuvo tiempo de alcanzar a ver el momento exacto en que su hijo
regresó al rancho como cadáver, 39 años después de la primera vez que el muchacho Mayo había salido del Valle del Mayo en busca del béisbol profesional estadounidense, porque María Soledad Anguamea murió en el año 2005. en una clínica modesta de Nabojoa, Sonora, sin haber visto nunca cumplido el deseo final del hijo undécimo de 12 hermanos.
Lo que esa madre mayo no pudo proteger nunca durante toda su vida fue lo que había sembrado dentro de la cabeza del niño regordete de la choa de adobe cuando lo cargó en brazos por primera vez la madrugada del primero de noviembre del 60. Lo que había sembrado era una sola idea, repetida durante años en la cocina de la choa mientras cocinaba frijoles en el fogón de leña del patio trasero.
La idea era que el muchacho, de hecho nunca dejara de ser primero un hijo del Valle del Mayo y solamente después un jugador del béisbol profesional estadounidense. Esa idea sembrada en mayo entre los frijoles del fogón en la chosa de adobe fue la única herramienta de protección emocional que María Soledad Anguamea le pudo dar a su hijo un décimo.
Y el muchacho la llevó dentro del pecho durante seis décadas seguidas. La llevó cuando firmó con los Dodgers en Guaimas en el 79. La llevó cuando ponchó al primer bateador de la temporada en el debut de la Fernando Manía del 81. La llevó cuando ganó la Serie Mundial contra los Yankees en Nueva York en octubre del 81.
La llevó cuando los tres ejecutivos de los Dodgers le pidieron dentro de la oficina del gerente general Fred Claire en Vero Beach del 91, que se diera los derechos comerciales del nombre Fernando Manía a la organización del sur de California por $600,000 adicionales y la llevó hasta el momento exacto del fallecimiento en el cuarto 301 del séptimo piso del hospital Sidar Sinai.
Las 9:42 de la noche del 22 de octubre del 24, cuando el muchacho Mayo cerró los ojos por última vez después de 45 años seguidos de vida profesional en Estados Unidos, sabiendo que el cuerpo iba a regresar al rancho de 12 hermanos en el Valle del Mayo 48 horas después. Es por eso que el cuerpo del toro Valenzuela no descansa en Los Ángeles, aunque vivió 45 años seguidos en el sur de California, aunque amasó 20 millones de dólares de fortuna familiar dentro del estado, aunque sus cuatro hijos crecieron, se educaron y formaron sus propias familias
dentro de Enino, California. El nombre del muchacho de Hecho Joaquila había quedado prometido al rancho de 12 hermanos del Valle del Mayo desde la mañana del 28 de marzo del 91 dentro de la oficina del gerente general Fred Claire en Beow Beach, Florida. Y el cuerpo cumple hasta el día de hoy una promesa que ningún hijo de la familia Valenzuela Burgos puede romper ya nunca.
Si todavía estás escuchando esta historia después de casi una hora completa, hay algo que vale la pena decir en voz alta antes de terminar. Hay madres que saben lo que es importante antes de que nadie lo entienda. Hay frases pronunciadas en cocinas modestas de ranchos olvidados que contienen toda la sabiduría que el mundo puede ofrecer.
Y hay hijos que tardan 60 años en entender lo que sus madres les estaban enseñando cuando todavía eran niños regordetes que dormían en el suelo de tierra de chosas de adobe sin electricidad. Esa es la parte difícil de aceptar de la historia del toro Valenzuela, porque María Soledad Anguamea hizo todo lo que una madre mayo de 12 hijos podía hacer para mantenerlo conectado con el rancho donde había nacido.
Le habló en mayo durante toda su niñez. Le cocinó frijoles del fogón de leña hasta los 18 años. Le coció la ropa para el viaje a Vero Beach del 80. Lo bendijo con agua del río del Valle. antes de que subiera al autobús de la línea tres estrellas del puerto de Guaimas, rumbo a Tijuana, hizo todo lo que pudo y aún así no alcanzó a ver con sus propios ojos el momento en que el cuerpo del hijo undécimo regresó al rancho donde había nacido, 39 años después de su primera partida, porque la madre murió en el 2005 y el hijo regresó al rancho en octubre del 24, 19 años
después de la muerte de la madre. lo que esa madre alcanzó a sembrar dentro del muchacho de hecho Joaquila, durante los primeros 18 años de vida. Sin embargo, fue suficiente para sostenerlo durante las cuatro décadas posteriores de vida profesional en una ciudad extranjera de un país extranjero, con un idioma extranjero, con compañeros que nunca entendieron el sentido completo del apellido Anguamea, ni la importancia exacta del rancho del Valle del Mayo dentro del corazón del piter mexicano más famoso de la historia del
béisbol profesional mundial. Esa siembra hecha en mayo entre los frijoles del fogón en una choa de adobe del rancho Hechoaquila durante los años 60 fue lo que hizo que el toro Valenzuela escribiera 60 años después una carta de cinco peticiones a sus cuatro hijos dentro de la habitación 3001 del Cedars Sinai del sur de California.
Y fue lo que hizo también que el cuerpo del campeón mundial regresara al panteón civil polvoroso del Valle del Mayo, 48 horas después de la muerte oficial en el hospital de Los Ángeles para descansar exactamente al lado de la madre María Soledad Anguamea. Como ella siempre supo desde la madrugada del primero de noviembre del 60 que iba a terminar pasando con el muchacho regordete que cargó en brazos por primera vez aquella noche en la choa de adobe sin electricidad estable del rancho Hechohquila. Y si esta historia te hizo
pensar en alguien que tienes cerca, hay algo que puedes hacer esta misma noche antes de dormir. Llama por teléfono a esa persona. Da igual quién sea, tu madre, tu hijo, tu hermano, tu padre. Da igual cuánto tiempo lleve sin hablarse. Dile qué pensaste en ella. Porque las historias como la del toro Valenzuela no empiezan con un despido humillante en Vero Beach del 91 ni con una muerte solitaria en Cedar Sinai del 24.
Empiezan mucho antes con una madre mayo cocinando frijoles en un fogón de leña del rancho hecho Joaquila con un niño regordete levantando algodón en los campos del Valle del Mayo a los 6 años con una bendición de agua del río pronunciada en mayo dentro de una choa de adobe sin electricidad y con una promesa silenciosa sembrada dentro del pecho del muchacho undécimo de 12 hermanos durante los primeros 18 años de su vida.
Cualquiera puede estar a tiempo de llamar a la persona que cargó esa siembra silenciosa dentro de uno mismo, antes de terminar como Fernando Anguamea Valenzuela, el campeón mundial del béisbol profundo, enterrado a los 63 años en el panteón polvoroso del rancho, donde lo cargó por primera vez una mujer mayo de 39 años de edad, sin saber aquella madrugada del 60 que el muchacho iba a regresar al rancho como cadáver seis décadas.
Después, si esta historia te tocó, déjanos un comentario abajo con el nombre del Estado de la República Mexicana desde donde nos escuchas y suscríbete al canal Estrellas Caídas porque la próxima historia que vamos a contar la semana entrante es todavía más oscura que esta. Te lo prometemos.