🚨¡ESCÁNDALO TOTAL! 4 JUGADORES DE FRANCIA CONTRA MBAPPÉ Y OLISE LO HUNDE ANTES DE IR AL MADRID
Atentos porque en la selección que muchos ya tienen marcada en rojo como la gran candidata al próximo mundial acaba de explotar una bomba. No una rumor, no una filtración discreta, una bomba. Cuatro jugadores, cuatro nombres, cuatro tíos que se han plantado dentro de uno de los vestuarios más poderosos del fútbol internacional y han dicho que no.
Y no hablamos de cualquiera, hablamos de jugadores que visten una de las camisetas más codiciadas del planeta. Pero hay uno de esos cuatro que lo cambia todo. Uno que no esperabas, uno cuyo nombre cuando lo escuches te va a conectar directamente con algo que no tiene nada que ver con una selección nacional.
¿Cómo se rompe por dentro una selección favorita al mundial? ¿Qué tiene que pasar en [música] un vestuario para que cuatro jugadores se planten al mismo tiempo? ¿Y quién es ese nombre que nadie esperaba ver en medio de todo esto? Quédate hasta el final porque lo que hay detrás de este escándalo es mucho más grande que una simple bronca entre jugadores.
Es la historia de una selección que puede llegar rota a la cita más importante del mundo. Esto no es solo una crisis de vestuario, es el principio del fin de algo o quizás el principio de otra cosa. Vamos al principio de todo. ¿Puede un gesto de 5 segundos [música] destruir la paz de una selección que llega al mundial como favorita? En Francia, la respuesta es sí.
Y el escándalo que acaba de estallar tiene cuatro protagonistas, cuatro jugadores que se plantaron, cuatro nombres que han puesto patas arriba uno de los vestuarios más poderosos del mundo. Pero hay uno de esos cuatro que te va a sorprender más que los otros tres juntos. Uno cuyo nombre conecta directamente con el Real Madrid. Uno que no esperabas ver en medio de todo esto.
Pero para entender lo que está pasando ahora, hay que retroceder unas semanas. Hay que entender qué es Francia en este momento, qué representa esta selección, qué se juega. Francia llegaba a esta semana como una de las dos o tres selecciones que cualquier analista del planeta pondría en la lista de favoritas al mundial 2026.
Sin discusión, plantilla con calidad en todas las posiciones un seleccionador que conoce a sus jugadores mejor que nadie, la experiencia de haber ganado el mundial en 2018 y de haber llegado a la final en 2022. Todo lo que necesita un equipo para competir en el torneo más exigente del mundo. Todo. Y entonces llegó el túnel.
Las cámaras [música] lo captaron durante la previa del amistoso entre Francia y Costa de Marfil. Los jugadores suplentes saludando a los titulares antes de dirigirse al banquillo. Un protocolo habitual, un gesto de equipo que se repite en cualquier selección del mundo antes de cualquier partido. Algo tan automático, tan natural que nadie debería fijarse en ello. Nadie.
Pero las cámaras se fijaron porque cuando Kanté pasó junto a Mbappé, ninguno de los dos intercambió un saludo. Ningún gesto, ninguna mirada, ninguno de esos pequeños códigos de reconocimiento mutuo que los jugadores de un mismo equipo se dan cuando se cruzan antes de un partido. Nada. 5 segundos de nada absoluta.
Esa imagen se viralizó en cuestión de minutos. Las redes explotaron con interpretaciones, con memes, con debates sobre si había tensión real o si era simplemente un momento mal captado por una cámara que estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado. Y ya sabes cómo funciona esto. Mucha gente dijo que no era para tanto, que eran conjeturas, que se estaba exagerando, pero había un contexto y ese contexto hacía que esa imagen fuera imposible de ignorar, porque esa no era la primera señal. Semanas antes, en otro amistoso
de Francia había ocurrido algo que ya había encendido las alarmas. Mbappé entró al campo y lo primero que hizo fue pedir que le entregaran el brazalete de capitán, que en ese momento portaba canté. No esperó, no lo pidió en privado, no buscó el momento, lo reclamó en el campo delante de todos, sin filtro ninguno.
Y ese gesto, según nos cuentan, no pasó desapercibido en el vestuario francés, porque hay cosas que en un grupo de personas que conviven bajo una presión enorme generan reacciones que desde fuera son difíciles de calibrar, pero que por dentro tienen un peso brutal, demasiado peso. El tipo de peso que no se ve pero que lo aplasta todo. Y la reacción al gesto del brazalete, según nos informan, fue de una incomodidad profunda.
Varios jugadores de la selección francesa expresaron en privado que lo que hizo Mbappé estaba fuera de lugar, que Kanté no era un jugador cualquiera al que se le podía tratar de esa forma sin que nadie dijera nada. ¿Y por qué? ¿Por qué Canté específicamente? ¿Por qué ese nombre y no otro? Porque hay algo que tienes que entender sobre Engolo Kanté para entender por qué lo que ocurrió en ese túnel y lo que ocurrió con el brazalete generó la reacción que generó.
Kanté es el jugador del que nadie en 20 años de carrera tiene una sola queja. En el Leester, que ganó la Premier League de forma milagrosa, en el Chelsea donde ganó la Champions, en el City del Quédate hasta el final porque el nombre que conecta todo esto con el Real Madrid es el que menos te esperas. Eh, tienes que entender quién es Kanté para entender por qué todo esto importa tanto.
En el Leester que ganó la Premier League de forma milagrosa, en el Chelsea donde levantó la Champions, en el City del que fue figura central durante años, en el Alitija de Arabia Saudí donde llegó cuando todos le daban por acabado y demostró que todavía tenía fútbol de primer nivel para dar. y en la selección francesa, donde lleva años siendo uno de los pilares más sólidos del equipo.
En todos esos vestuarios, el relato sobre Kante es exactamente el mismo, que trabaja más que nadie, que habla menos que nadie, que nunca pide protagonismo, nunca genera conflictos, nunca busca el foco, [música] que cuando el equipo gana celebra con todos y cuando pierde asume su parte sin excusas, sin dramas, sin victimismos, que es el tipo de jugador que cualquier entrenador del mundo querría tener en su plantilla, no solo por lo que hace con el balón, sino por lo que genera sin él.

Cuando alguien se mete con Kanté en un vestuario, el vestuario reacciona. Porque meterse con Kanté no es meterse con un jugador más, es meterse con el estándar de lo que significa ser un compañero de equipo, con la referencia de comportamiento que todos los demás tienen presente cuando las cosas se complican con la persona que nadie señala porque nadie puede señalarla.
Y eso fue lo que hizo Mbappé dos veces, con el brazalete y con el túnel. La reacción llegó rápido, más rápido de lo que de Sham se esperaba, porque lo que empezó como una incomodidad privada en el vestuario se convirtió, según nos informan, en algo mucho más serio. Cuatro jugadores de la selección francesa [música] exigieron a Shamps abandonar la concentración, no como amenaza vacía, no como gesto de presión, como declaración de principios, como señal de que lo que Mbappé había hecho con Kanté no podía ignorarse como si no
hubiera pasado. Cuatro jugadores, cuatro nombres. El primero era el más esperado, el segundo generó sorpresa, el tercero confirmó que esto era algo serio y el cuarto dejó a todo el que lo supo sin palabras porque su nombre cambia completamente la dimensión de esta historia, porque no conecta solo con la selección francesa, conecta directamente con el Real Madrid y con lo que va a ocurrir en los próximos días en el mercado de fichajes.
El primero fue el propio Kanté, que según nos cuentan, expresó a The Shams que no podía seguir en una concentración donde se le faltaba al respeto de forma pública y reiterada, que él nunca había pedido protagonismo, que siempre había puesto al equipo por delante de cualquier consideración personal, pero que había un límite y que ese límite se había cruzado.
Y sabes qué, Cantéeno lo dijo con rabia. No hubo gritos ni escenas dramáticas. Lo dijo con la calma que le caracteriza con la serenidad de alguien que ha tomado una decisión. y la comunica con claridad, sin necesitar elevar el tono. Y eso, según quienes estuvieron cerca de esa conversación, fue lo que más impactó a The Shamps.
Canté tranquilo diciendo que quería irse. Era más poderoso que cualquier explosión emocional, más demoledor, más definitivo. El segundo fue Deiredu, el joven extremo del PSG, alguien que conoce a Mbappé de primera mano, que vivió con él en el club parisino, que según nos cuentan tiene una opinión muy formada sobre cómo funciona ese jugador dentro de un grupo.
Lo que vio en la concentración francesa no le sorprendió, pero sí le pareció suficientemente grave como para posicionarse. según nos informan, habló con De Sham con una contundencia que no se esperaba de alguien de su edad, que lo que Mbappé había hecho con Kanté era exactamente el tipo de comportamiento que destruye los vestuarios, que él lo había visto antes, que no quería ser parte de una concentración donde eso se toleraba sin consecuencias.
El tercero confirmó que esto ya no era una tormenta pasajera, que era algo estructural, algo que llevaba tiempo cocinándose por dentro, pero es el cuarto el que te va a dejar sin palabras. El tercero fue William Saliva, el central del Arsenal, uno de los defensas más importantes de la selección francesa, un titular indiscutible que de Shams necesita para competir al máximo nivel en el mundial.
Alguien que no es prescindible, que no es un jugador de rotación, que no es alguien a quien puedes apartar y seguir funcionando igual. Y según nos cuentan, Saliva tomó la misma decisión que Kanté y que Doué. Cuando de Shamps [música] escuchó ese nombre, según nos informan, fue cuando entendió que esto ya no era una disputa entre dos jugadores que podía resolverse con una charla privada en un despacho.
Era un movimiento colectivo, una señal del vestuario que decía algo muy claro sobre cómo los mejores jugadores de Francia veían lo que estaba ocurriendo. Demasiados nombres, demasiado peso, demasiados jugadores que de Shams no puede permitirse perder. Y entonces llegó el cuarto nombre, el que nadie esperaba, el que cambia todo, el que hace que este escándalo sea mucho más grande de lo que parece desde fuera.
The Shams recibió esa información y según nos cuentan se quedó en silencio durante varios segundos porque ese cuarto nombre no era un jugador secundario, no era alguien que pudiera gestionar dejándolo al margen sin que el equipo lo notara. era un jugador central en sus planes, alguien que en los próximos días, según todos los indicios del mercado europeo, va a ser noticia por razones que [música] van mucho más allá de la selección francesa.
Y sabes qué es lo que hace que esto sea explosivo de verdad, que ese cuarto jugador, el que se plantó junto a Kanté, junto a Dué, junto a Saliva, para decirle a Desham que no podía seguir en una concentración donde el comportamiento de Mbappé quedaba sin consecuencias, está a punto de convertirse en compañero de Mbappé en uno de los clubes más grandes del mundo justo ahora, justo esta semana, justo cuando todo apunta a que en los próximos días ese fichaje va a hacerse oficial.
Michael Olis, el extremo del Bayern de Munich, francés, 23 años, uno de los jugadores más desequilibrantes de Europa. El objetivo número uno de Florentino Pérez, la oferta de 150 m000ones que según todos los medios europeos va a presentarse [música] el martes, el jugador del que todo el mundo del fútbol habla esta semana por razones deportivas y de mercado.
Ese es el cuarto nombre y ese es el nombre que convierte este escándalo en algo que el Real Madrid tiene que mirar de cerca, muy de cerca, porque Olise conoce a Mbappé, son compañeros de selección desde hace tiempo y lo que ocurrió en esa concentración no fue un malentendido, no fue un momento de tensión pasajera, no fue algo que se resuelve con un apretón de manos.
Y a otra cosa fue un posicionamiento público, una declaración. Olis eligió un bando y el bando que eligió no era el de Mbappé y en el fútbol las cuentas aparcadas [música] no desaparecen, se acumulan, esperan el momento en que la presión sube y el espacio para gestionarlas se reduce y entonces estallan. Siempre estallan y siempre lo hacen en el peor momento posible porque Mourinho llega al Madrid con la misión de construir un equipo desde la cohesión y desde la disciplina colectiva.
El técnico portugués que en el Inter juntó EGOS y los hizo funcionar juntos, que en su primera etapa en el Madrid construyó el vestuario más competitivo de Europa con jugadores que en otros contextos nunca habrían podido convivir. Mouriño sabe gestionar esto, nadie lo duda, pero Mourinho llega a un vestuario donde Mbappé ya tiene un problema con Olise antes de que empiece la pretemporada, donde la relación entre los dos llega marcada por lo que ocurrió en Francia, donde el primer gran desafío del técnico portugués no va a ser táctico, no va a
ser en el campo, sino en el vestuario. Eso ya está en el radar de las personas del club que siguen la situación de cerca. Según nos cuentan en el Madrid lo saben y están pendientes. Pero hay algo más en todo esto que todavía no te he contado. Algo sobre Olís, [música] sobre su relación con Mbappé y sobre lo que ocurrió exactamente en esa consentolís.
Conoce a Mbappé desde hace tiempo. Han compartido concentraciones, han entrenado juntos, han viajado juntos en esa burbuja cerrada que es una selección nacional. Y según nos informan, Olise tiene una opinión sobre cómo funciona Mbappé dentro de un grupo que no es nueva. Lo que ocurrió con Kanté no le reveló nada que no supiera ya, simplemente confirmó algo que llevaba tiempo viendo.
Pero lo que hace que el posicionamiento de Oliss sea tan significativo, tan explosivo, tan distinto al de los otros tres, es la dimensión que tiene más allá de la selección francesa. Piénsalo un momento. Si la oferta de Florentino al Bayern el martes se acepta y todo apunta a que así va a ser, Olise y Mbappé van a ser compañeros en el Real Madrid la próxima temporada.
Van a entrenar juntos en Valdebas [música] cada día. Van a compartir vestuario, van a depender el uno del otro en el campo para que el sistema que Mourinho quiera construir funcione. Van a tener que mirarse a la cara durante meses, durante años, en los momentos de máxima presión que solo un club como el Madrid genera. Y esa relación empieza con el peor pie.
posible. Olise se plantó contra Mbappé antes de llegar al Madrid. Se posicionó dentro de la selección francesa en contra de un comportamiento que considera inaceptable. Y ese posicionamiento, según nos cuentan, no fue un impulso, no fue un momento de calor, fue una decisión meditada, tomada después de hablar con Kanté, de escuchar lo que el centrocampista había decidido hacer, de pensar en las consecuencias y de elegir de todas formas.
Eso dice algo sobre Olise como persona, que cuando tiene que elegir entre la comodidad de no meterse y la incomodidad de hacer lo correcto, elige lo correcto. Aunque el coste sea alto, aunque el jugador al que se enfrente sea Mbappé, aunque eso vaya a generar una tensión que va a tener que gestionar en un vestuario donde van a convivir durante años.
Para De Shams la situación se volvió urgente en el momento en que supo que Olise era el cuarto, porque perder a Kanté podía gestionarse. Era un jugador importante, pero no indispensable para el esquema táctico. Perder a Du también podía asumirse, [música] aunque generaba ruido. Incluso perder a Saliva era algo que con tiempo y con recursos podía resolverse, pero perder a Olis justo ahora con el Mundial a punto de empezar, con las especulaciones de su fichaje por el Madrid, llenando todos los medios, con la exposición mediática que tiene en
estos días. Eso no era algo que de Shams pudiera gestionar sin que las consecuencias trascendieran la selección francesa y llegaran a todos los rincones del fútbol europeo. Así que de Sams actuó, convocó una reunión urgente con Mbappé. Una reunión que, según quienes estuvieron cerca, fue tensa desde el primer minuto.
Mbappé llegó sin entender del todo la gravedad de lo que había generado. De le tuvo que explicar con una claridad que raramente usa que cuatro jugadores de la selección habían pedido abandonar la concentración por su comportamiento con Kante. Y Mbappé reaccionó como reacciona a alguien que no está acostumbrado a que las consecuencias de sus acciones lleguen a ese nivel con una mezcla de sorpresa y de defensividad.
que el gesto del túnel era algo menor, que el del brazalete también, que lo estaban tratando de forma desproporcionada por algo que desde su perspectiva no tenía la magnitud que los demás le estaban dando. The Shamps le hizo ver que la perspectiva de Mbappé no era la que importaba en ese momento. Lo que importaba era la perspectiva de cuatro compañeros que se habían plantado y que si quería que la selección llegara al mundial con alguna posibilidad real de ganar, tenía que resolver esa situación de una forma que fuera convincente para
los cuatro, no para las cámaras, no para la prensa, para los cuatro. Lo que Mbappé hizo después, según nos cuentan, fue buscar a Kanté, una conversación privada que, según su entorno fue difícil. Y lo que ocurrió en esa conversación es lo que va a determinar si Francia llega al mundial unida o rota por dentro.
Mbappé no está acostumbrado a pedir disculpas. No es parte de la imagen que proyecta de sí mismo. No encaja con el personaje que ha construido durante años. Reconocer un error en público o incluso en privado es algo que para alguien como él tiene un coste que va más allá de las palabras. Es una fractura en la narrativa que lleva toda su carrera construyendo, pero la hizo.
Buscó a Kanté, tuvo esa conversación porque en ese momento era la única opción que tenía si quería llegar al mundial con el vestuario entero. y canté, según nos informan, escuchó, respondió con la clase que le caracteriza, sin rencor, sin aprovechar la situación para añadir más leña al fuego, con la dignidad de alguien que no necesita hundir al que se equivocó para sentirse mejor, sin escenas, sin condiciones, sin drama, simplemente escuchó y respondió como Kanté responde siempre a todo.
Los otros tres siguieron el ejemplo de Kanté. La crisis, en términos de abandono de la concentración se desactivó. El incendio visible se apagó, pero el daño, según todos los que estuvieron cerca, está hecho. Las relaciones en ese vestuario no son las mismas que antes de que todo esto ocurriera. Y hay cosas que cuando se dicen no se pueden no decir.
Cosas que cuando se hacen quedan ahí flotando, esperando el momento en que vuelvan a importar. Y la tensión entre Olis y Mbappé tiene ahora una dimensión que va mucho más allá de la selección francesa, porque el Madrid no [música] puede permitirse otro vestuario roto. Lleva dos temporadas pagando el precio de un grupo que no funcionó como grupo, que tenía individualidades brillantes, pero que cuando las cosas se [música] complicaban no tiraba en la misma dirección, que el conflicto era la norma en lugar de la excepción. Dos temporadas
viendo como el talento individual no alcanza cuando el colectivo falla. Olis y Mbappé en el mismo equipo pueden ser dos de los mejores extremos del mundo jugando juntos o pueden ser el [música] origen de una dinámica que envenene exactamente lo que Mourinho quiere construir. La diferencia entre esos dos escenarios la van a determinar las próximas semanas, antes de que empiece la pretemporada, antes de que los dos lleguen a Valdebeas, antes de que el primer entrenamiento los ponga frente a frente en el mismo campo. Mourinho lo
sabe. Según nos informan, ya está al tanto de lo que ocurrió en la concentración francesa y de lo que significa para el proyecto que va a dirigir. No es información que le haya llegado por casualidad, es información que el club consideró necesario que tuviera antes de que arranque todo. Y entonces hay que pararse un momento y mirar el conjunto porque la acumulación de lo que está ocurriendo esta semana alrededor de Mbappé es de una densidad que resulta difícil de procesar cuando la ves en conjunto. El PSG campeón por
segunda vez consecutiva sin él. Luis Enrique dedicándole la copa con esa ironía que duele más que cualquier crítica directa. Su abandono de la concentración francesa llorando, las especulaciones sobre el mundial y ahora cuatro compañeros de selección plantándose por su comportamiento con el jugador más respetado del vestuario.
Todo en la misma semana, todo al mismo tiempo, todo apuntando en la misma dirección. Y el Madrid observando todo eso desde dentro, sabiendo que Mbappé sigue siendo su jugador, sabiendo que lo que le pase en la selección y en los próximos meses va a afectar directamente a lo que el club puede construir con Mourinho en el banquillo.
Hay una pregunta que el madridismo lleva semanas haciéndose y que después de todo lo que ocurrió esta semana tiene una urgencia que ya no puede ignorarse. ¿Qué hace el Madrid con Mbappé? No es una pregunta retórica. Es la pregunta más importante que tiene encima de la mesa del club en este momento.
Florentino ganó las elecciones. Mourinho llega. Los fichajes están cerrados o en camino de cerrarse. El proyecto que se prometió durante la campaña electoral puede arrancar, pero Mbappé sigue ahí. Y lo que ocurrió esta semana dice cosas sobre ese jugador que el Madrid no puede ignorar, que abandonó la concentración francesa llorando, que cuatro compañeros de selección se plantaron por su comportamiento con Kanté, que su relación con Olís llega al Madrid el martes y su relación con Mbappé empieza con una tensión que nadie buscó pero que existe, que está ahí, que
no va a desaparecer sola y no es solo Olise. Luis Enrique le aconsejó que abandonara el Madrid con la copa de la Champions en la mano. Mourinho pidió su salida como condición para venir. Arbeloa le llamó indomable y ahora cuatro jugadores de su propia selección se plantaron contra él antes del mundial más importante eh de los últimos años.
Hay un patrón en todo esto, un patrón que el Madrid tiene que leer con la misma claridad con que lo leerías tú si tu mejor empleado tuviera ese historial de conflictos en todos los entornos donde trabaja. Porque Mbappé no es un mal jugador, nunca lo fue y probablemente nunca lo será mientras sus piernas respondan.
tiene una calidad que el fútbol moderno produce muy pocas veces por generación, una velocidad y una capacidad de desequilibrar que en el campo puede cambiar cualquier partido en cualquier momento, pero el campo es solo una parte de lo que se necesita para que un equipo funcione. La otra parte es el vestuario, el entrenamiento, la convivencia, la capacidad de poner el bien del grupo por delante del ego individual cuando las dos cosas entran en conflicto.
Y en esa parte, Mbappé lleva meses demostrando que tiene un problema que ningún entrenador y ningún presidente ha podido resolver todavía. Mourinho van a intentarlo, ese es su trabajo. Y si alguien en el mundo del fútbol tiene la autoridad y la experiencia para gestionar un ego de ese nivel, ese alguien es Mourinho. Lo hizo con Ibrahimovic en el Inter, lo hizo con Ronaldo en su primera etapa en el Madrid, lo hizo con jugadores que en otros contextos eran inmanejables y que bajo sus órdenes encontraron la forma de funcionar dentro de un colectivo. Pero
Mourinho también tiene sus límites y uno de esos límites, según nos cuentan, es la disposición del jugador a escuchar, a ceder, a entender que en el proyecto que el técnico portugués quiere construir no hay espacio para comportamientos que destruyan lo que se está intentando edificar.
Porque si Mbappé escucha a Mourinho, el Madrid que viene puede ser algo extraordinario. Mbappé con Olise en las bandas, Julián Álvarez llegando desde segunda línea, Halan en el área. Si la operación se cierra como todo apunta. Mourinho dando estructura a todo ese talento, disciplinando ese potencial, construyendo el colectivo que el Madrid lleva dos temporadas sin tener.
Ese Madrid puede ganar Champions, puede ganar la Liga, puede devolver al club al lugar que lleva dos temporadas sin ocupar, pero si Mbappé no escucha. Si lo que ocurrió con Kanté en la selección es un reflejo de algo que no tiene solución. Si la cuenta pendiente con Olís se convierte en la primera de muchas en el vestuario de Valdebas, entonces el problema no es de sistema, no es de entrenador, no es de fichajes, es un problema de persona y eso solo lo puede resolver Mbappé.
Nadie más puede hacerlo por él. Esta semana el jugador francés vivió los peores días de su carrera. El PSG que campeón sin él dos veces. Luis Enrique señalándole con la copa en la mano, la concentración francesa abandonada llorando, cuatro compañeros plantados por su comportamiento con el jugador más respetado del vestuario.
Todo eso, según nos cuentan, está pesando en Mbappé de una forma que las personas de su entorno describen como una toma de conciencia progresiva, que algo en él está procesando, que el problema no está siempre fuera, que hay una parte del patrón que se repite en todos los entornos que tiene que ver con él y no con los demás.
Y sabes qué es lo más importante de todo esto? [música] Que esa toma de conciencia, si existe de verdad, si no es solo el ruido del momento que se disipa cuando pasan los días y vuelve la rutina, puede ser el punto de inflexión que determine si Mbappé se convierte en el jugador que el Madrid necesita o en el problema que el Madrid no puede permitirse tener.
Pero hay algo más, algo que nadie está contando todavía sobre lo que el Madrid ha decidido hacer con toda esta información. algo sobre cómo Mourinho planea gestionar esto desde el primer día y eso es exact. Si esa toma de conciencia se convierte en un cambio real, el Madrid tiene uno de los mejores jugadores del mundo dispuesto a dar lo que nunca dio del todo en estas dos temporadas.
Todo lo que prometió cuando llegó, todo lo que el madridismo esperaba y que se quedó a medias. Si no se convierte en nada, el Madrid tiene el mismo problema que tuvo siempre, solo que ahora con Olís, con la tensión de la selección francesa, con una cuenta pendiente que empieza antes de que arranque la pretemporada. Florentino y Mourinho tienen esa decisión pendiente y lo que ocurra en las próximas semanas va a definir si el Madrid que viene es el que el madridismo lleva soñando o simplemente otra versión del que ya conoce. Este canal Bata estar aquí para
contarlo como siempre. Pero antes de cerrar, hay una última cosa que decir, una reflexión que merece hacerse en medio de todo el ruido sobre Mbappé y Olise y el Madrid y los fichajes y Mourinho, porque en medio de todo ese ruido hay un protagonista de esta historia al que este canal quiere dedicarle un momento.
Canté tiene 35 años, lleva más de 20 en el fútbol de primer nivel, ha visto de todo. Ha convivido con todo tipo de personalidades, en todo tipo de vestuarios, en el Lestester del Milagro, en el Chelsea de la Champions, en la selección francesa que ganó el mundial, en todos esos sitios, en todos esos años, nunca generó un conflicto, nunca puso su ego por delante del equipo, nunca necesitó que las cámaras le enfocaran para saber que estaba haciendo lo correcto.
Lo que hizo en esta concentración fue exactamente eso. No fue una exhibición de poder, no fue una maniobra para hundir a Mbappé, no fue una operación de imagen, fue simplemente un hombre que llegó a un límite y que lo comunicó con la honestidad y la dignidad que le caracterizan, sin gritos, sin escenas, con la calma de quien sabe quién es y no necesita demostrárselo a nadie.
Y cuando Mbappé fue a hablar con él, Kanté le escuchó. le escuchó sin rencor, sin aprovechar el momento para ajustar cuentas, sin añadir leña, con la misma clase con que hizo todo lo demás en su carrera, con la misma clase con que ganó Premier Leagues, Champions Leagues y mundiales, sin pedir nunca el protagonismo que merecía. Eso es Kanté.
Y por eso cuando alguien se mete con él, el vestuario reacciona. Porque hay personas que por cómo son, por cómo tratan a los demás, por cómo se comportan cuando nadie les está mirando, merecen que quienes están a su alrededor salgan en su defensa cuando alguien cruza una línea que no debería cruzarse. Cuatro jugadores lo hicieron esta semana en Francia y este canal te lo contó antes que nadie.
Y hasta aquí llega el vídeo de hoy. Si has llegado hasta el final, ya sabes lo que eso significa. Te mereces darle al like, es gratis, tarda medio segundo y a nosotros nos ayuda una barbaridad. Suscríbete si todavía no lo has hecho, porque aquí en la fábrica del fútbol no paramos. Cada día hay más historia que contar, más fichaje que desgranar, más drama que analizar.
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