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¡CAE “LA RANA” en OPERATIVO con HELICOPTEROS de LA MARINA en ROSARITO; HARFUCH LO CAZÓ y LO ATRAPÓ!  tl

¡CAE “LA RANA” en OPERATIVO con HELICOPTEROS de LA MARINA en ROSARITO; HARFUCH LO CAZÓ y LO ATRAPÓ!  tl

Atención, atención. Noticia de última hora. Tres helicópteros sobrevolando por los aires de Rosarito y debajo una recompensa de 5 millones de dólares que Harf está a punto de cobrar para todos los mexicanos. La rana, jefe de plaza del cártel de Sinaloa en Tijuana, cayó detenido por Harfush. Mientras los noticieros todavía están confirmando si el operativo ocurrió, nosotros ya tenemos el video, ya tenemos las fuentes y ya tenemos el dato que va a cambiar la manera en que entiendes lo que pasó hoy en Popotla, Rosarito, Baja California.

Omar García Harfuch no improvisa. Lo que ocurrió esta madrugada en la costa de Baja California no fue una redada de rutina, fue el cierre de una trampa que llevaba semanas armándose en silencio, coordenada al milímetro entre la Secretaría de Marina y agentes de la DEA. René Arzate García, alias la Rana, jefe de Plaza del Cártel de Sinaloa en Tijuana, cayó a las 6:47 de la mañana sin que tuviera tiempo de hacer una sola llamada.

 Pero hay algo que los noticieros no te van a contar. En este operativo no participó el Ejército Mexicano, no participó la FGR, no participó la Fiscalía de Baja California, solo Marina, solo DEA. Esa exclusión no fue un accidente logístico, fue una decisión de inteligencia firmada desde la Ciudad de México. Y la pregunta que esa decisión responde es la más importante de todo lo que vas a escuchar hoy.

 ¿Por qué Harf excluyó a sus propias instituciones del operativo más importante del año en la frontera norte? Esa pregunta tiene nombre en los archivos de Harf y en los próximos 27 minutos te voy a dar la respuesta completa. Pero hay algo que los noticieros no te van a contar. Para entender por qué la rana importa, necesitas entender quién era René Arzate García antes de esta mañana.

 No era un sicario, no era un halcón, era un [carraspeo] arquitecto. Durante años, René operó la estructura criminal más sofisticada de la franja costera entre Rosarito y Tijuana. Una red que no solo movía drogas, sino que controlaba rutas marítimas discretas, puntos de desembarco en zonas pesqueras y una cadena de casas de seguridad camufladas entre residencias vacacionales.

 El Departamento de Justicia de Estados Unidos lo tenía en su lista de objetivos prioritarios desde febrero de este año, cuando le presentaron cargos federales por narcoterrorismo, tráfico de fentanilo, cocaína, metanfetamina y marihuana y apoyo material a organizaciones terroristas. de recompensa, el mismo precio que por su hermano Alfonso, alias Aquiles.

Popotla no es un lugar al azar, es un corredor estratégico donde confluyen exactamente los elementos que una organización criminal necesita. Casas de descanso que nadie cuestiona, talleres con salida directa al mar, zonas pesqueras que justifican cualquier embarcación y calles residenciales que dificultan la vigilancia terrestre.

 Ren Arzate lo sabía, por eso lo eligió. Lo que no calculó fue que precisamente esa geografía, tan perfecta para esconderse era también perfecta para ser cercada desde el aire. Afuera, Popotla amanecía como cualquier miércoles, brisa marina, olor a sal y motor de lancha. Algunos pescadores preparando sus redes antes del alba, nadie miraba hacia arriba y entonces llegó el dato que lo cambió todo.

 En los días previos al operativo, algo se había movido dentro del cártel de Sinaloa. Los analistas de inteligencia lo llamarían después una reorganización forzada. En la calle, quienes conocen el negocio lo llaman por su nombre real. Alguien habló. La rana no fue casado, la rana fue entregado. Y la pregunta de quién dio la orden de entregarlo conecta directamente con el nombre que todos están mencionando en voz baja esta semana, Mayito Gordo.

Detente un segundo aquí porque lo que sigue es peor. René Arzate García no era un hombre estúpido, era un hombre arrogante y esa diferencia es exactamente la que separa a los que caen de los que siguen corriendo. Cometió tres errores. Ninguno pareció un error cuando lo tomó. El primero lo cometió tres semanas antes.

 Durante meses, la rana había operado con una disciplina de movilidad casi perfecta. Rotaba entre puntos en Tijuana, Rosario y zonas costeras del norte de Baja California, sin establecer un patrón fijo en ningún lugar por más de 72 horas. Era su protocolo de seguridad más importante. Pero en las semanas previas al operativo algo cambió.

 Las tensiones internas dentro del grupo, el reacomodo de fuerzas tras los movimientos de Mayito Gordo, lo obligaron a centralizar operaciones. Necesitaba estar disponible, necesitaba coordinar. Eligió Popotla como punto de anclaje temporal porque la geografía le daba confianza. Acceso al mar a 200 m, calles residenciales que complicaban la vigilancia terrestre y una comunidad acostumbrada a no hacer preguntas.

 Lo que la rana no sabía era que esa decisión de quedarse le había dado a los drones de la DEA exactamente lo que necesitaban. Un patrón. 72 horas de presencia constante en el mismo punto geográfico fueron suficientes para establecer su rutina, identificar sus vehículos y mapear los accesos a la propiedad.

 La movilidad era su escudo, la comodidad lo desnudó. Ese fue el primero. El segundo error lo cometió 5 días después. Con el clima de presión interna escalando, la rana necesitaba comunicarse con su red. Activó un protocolo que él consideraba seguro. Teléfonos prepagos rotados semanalmente, llamadas cortas de menos de 40 segundos, sin aplicaciones, sin AN, sin internet, solo voz.

 Una decisión técnicamente prudente para alguien que no sabe lo que la DEA ya tenía desde febrero. Desde el momento en que el Departamento de Justicia presentó los cargos por narcoterrorismo, los agentes habían intervenido las líneas de al menos dos contactos directos de la rana. Cada llamada corta que él hacía para protegerse entregaba metadatos de ubicación  con precisión de 40 m.

 La antena receptora Torre 3-B Rosarito- Norte. Su posición habitual a 380 m de esa torre, cada vez que marcaba confirmaba su dirección. Lo que René Arzate no calculó fue que el teléfono seguro era la señal de rastreo más precisa que podría haberles dado. Pero lo más decisivo fue el tercer error y lo cometió esa misma madrugada.

 Horas antes del operativo, uno de sus contactos en la zona le envió una alerta. Había vehículos sin placas moviéndose por calles adyacentes. Movimiento inusual para esa hora. Una señal que cualquier operador experimentado debería haber tomado en serio. La rana la descartó. Llevaba semanas sin dormir bien. Llevaba días procesando señales falsas de alarma generadas por la paranoia interna del cártel. Tenía escoltas.

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