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Así Vivio Jaime Garza y Sus Mujeres | Su Triste Final | Lo Perdio Todo

Así Vivio Jaime Garza y Sus Mujeres | Su Triste Final | Lo Perdio Todo

Hola, ¿qué tal amigos? Bienvenidos a un nuevo video de Tutoriales Gerberí. Y ya saben, pónganse cómodos porque hoy traemos una historia de esas que parecen telenovela. Hablaremos de Jaime Garza, un actor con una vida amorosa bastante movidita, ya que entre sus amores están Viridiana la Triste, Silvia Pasquel, Blanca Guerra, Rosita Pelayo, Alma Delfina, Victoria Rufo y muchas más.

Además, parece que tuviera que enterarme por Emilia. Así que su vida fue buena, pero su final, amigos, es de los más tristes del medio del espectáculo, ya que lo perdió todo y acabó sumergido en la miseria y el alcoholismo. Pero antes de seguir, suscríbanse al canal si todavía no lo hacen y activen la campanita y regálme su like y láncese por su botana favorita, porque aquí no venimos a contar cuentos con algodón, aquí venimos a sacar la historia con carnita.

 Ahora sí, sin más preámbulo, vámonos a lo que nos truje Chencha. El apellido pesaba antes de que llegara la fama. Jaime Garza no apareció de la nada, ni salió de una esquinita cualquiera con ganas de ser famoso, ¿no? Su historia empezó en Monterrey, Nuevo León, donde nació como Jaime Francisco Garza Alardín, dentro de una familia donde el arte, la palabra y la comunicación ya estaban sentados en la mesa antes que él supiera siquiera que era una cámara. Nuevo León.

Nacido en Monterrey, Nuevo León, en la maternidad Conchita, un 28 de enero de 1954. ¿De quién eres, hijo? Jaime, cuéntame. Soy hijo de la gran poeta, como dijiste. Era hijo de Carmen Alardín, una poeta de mucha sensibilidad, una mujer metida en el mundo de las letras, del teatro y de la creación artística.

 Por el otro lado estaba su padre Ramiro Garza, un hombre importante de la radio, de esos que entendían el poder de la voz, de la palabra bien dicha y del oficio frente al micrófono. Así que Jaime creció entre poesía, radio, teatro y conversaciones donde el arte no era simplemente un adorno, era el pan de todos los días. Me llevó al teatro.

 me llevaba al teatro, incluso me dejaban ahí como era unos días como sábado, domingo era que te dejaban ahí encargado en el creo del teatro orientación, no sé. También venía de una familia conocida en el ambiente artístico. Su hermana Ana Silvia Garza, también se convirtió en actriz y con el tiempo su sobrina Mariana Garza sería parte de una generación muy popular en la música y la televisión. Sería parte de Timbiriche.

 O sea, en esa casa el talento no tocaba la puerta. ya vivía adentro y hasta se servía café. De niño, Jaime no soñaba primero con ser actor. Él quería ser torero. Le atraía al mundo de la plaza, el traje, el riesgo y el aplauso. Pero una cosa es soñar con plantarse frente a un toro y otra muy distinta es que la vida te agarre del cuello y te diga, “Muchacho, tu ruedo va a ser otro.

” Y ahí fue donde entró la influencia de su madre. Soñaba de chico, soñé muchas veces con ser torero, porque a mí desde niño me me gusta también. Mi papá me llevaba las plazas de toros. Yo yo vi a Manolo Martínez, vi este Curro Rivera. Carmen Alardín lo llevaba al teatro desde muy pequeño, incluso lo dejaba encargado en el teatro Orientación en la ciudad de México.

 Y mientras otros niños andaban retosando sin mayor preocupación, Jaime se iba empapando de escenarios, actores, ensayos, luces y silencios. Sin darse cuenta, el teatro le fue entrando por los ojos, por los oídos y por el alma. Ese ambiente le despertó la vocación. No fue una decisión de la noche a la mañana ni un capricho de niño bonito con apellido conocido.

 Fue algo que se le fue formando desde chiquillo, viendo cómo una historia podía cambiar el ánimo del público, cómo una voz podía llenar una sala, cómo un personaje podía quedarse pegado en la memoria de la gente. No lo que yo hago. Más adelante estudió en Bellas Artes y después pasó por el Centro Universitario de Teatro.

 donde se formó odiado de maestros y compañeros que también terminarían dejando huella en la actuación mexicana. Ahí empezó a entender que actuar no era solamente verse bien frente a la cámara, sino tener disciplina, carácter, aguante, porque el escenario no perdona al improvisado. Su primera experiencia teatral llegó cuando apenas tenía 18 años en un pequeño teatro de la casa del lago en Chapultepec.

 Ahí empezó a sentir de cerca lo que era pararse frente al público, cargar un personaje y descubrir que el escenario podía ser tan bravo como una plaza de toros. Nada más que aquí el toro era el miedo y había que agarrarlo de frente. Ahí sí que como dice el dicho, al toro por los cuernos. Era una adaptación de poemas de Arthur Rambó, Arturo Rambó, poeta francés.

 E y era una era un compendio de poemas sobre él su obra que se llama de poética. Y desde ese momento Jaime empezó a pisar las tablas en esa mezcla de nervio, hambre, curiosidad que tienen todos los jóvenes cuando todavía no saben hasta dónde los va a llevar la vida. A la televisión llegó todavía siendo muy joven, ya en sus 20es, cuando tuvo sus primeras oportunidades frente a la cámara.

 Una de esas entradas fue en Pacto de Amor, donde comenzó a abrirse camino en un medio que después lo convertiría en un rostro conocido. Pero en ese punto todavía no estamos hablando del galán famoso ni del actor perseguido por los reflectores. Estamos hablando del muchacho que venía cargando un apellido pesado, una educación artística fuerte y una sensibilidad que lo hacía distinto.

Tuve la fortuna de ser incluido ahí con el productor este Ernesto Alonso. El gran Ernesto. Alonso. Er o quéajo haber trabajado con una leyenda como don Ernesto Alonso. digo, “Yo no soy actor, pero me porque antes de los romances, las tragedias, los excesos, los golpes de la vida, Jaime fue un niño criado entre poesía y radio, un hombre que quiso ser torero, pero terminó encontrando en el teatro su verdadera plaza y con semejante familia, semejante ambiente y semejante apellido, de verdad, Jaime Garza eligió la actuación o la actuación

ya lo estaba esperando desde niño. Quiero tener derecho a participar. Ese no es el tema, Martín. 44 años frente a la cámara, Jaime Garza trabajó en televisión por más de cuatro décadas, desde sus primeras apariciones en los años 70 hasta su última participación en El Bien Amado, donde interpretó a un Apoloco Tinoco.

 Su carrera no fue de un ratito ni de esos artistas que brillan y al otro día ya nadie sabe dónde está. El actor se sostuvo durante años en un medio donde la fama sube rápido, pero también baja como elevador descompuesto. Ha sido una maravilla de experiencia. No era un caballero con un trato que trataba a mí que era un principiante ahí con una calidad y con una atención.

Fue la única que hice con don Erne. En sus primeros años fue visto como el galán de televisión. Su presencia, su voz, su porte y esa pinta de hombre intenso que en las telenovelas funcionaba muy bien. No era el típico muchacho decorativo parado junto a la protagonista como Florero Caro. Tenía formación teatral y eso se le notaba.

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