ASÍ TERMINÓ TUN TUN: De Cobrar Dólares a Dormir en un Asilo
En 1984, Tun Tun cobraba en dólares trabajando junto a Albert Fini bajo la dirección de John Houston. 9 años después, en 1993, ese mismo hombre dormía en un asilo gremial sin un peso en el bolsillo. 50 películas, Broadway, Hollywood, 20 años de fortuna acumulada, todo desapareció. Las cuentas quedaron en cero, el fondo de retiro vacío y alguien muy cercano a él lo sabía desde mucho antes que René.
De la pobreza extrema a su primer cheque, René Ruiz llegó al mundo el 22 de noviembre de 1932 en Tampico, Tamaulipas. Medía 1.17 m. Su padre tomó una decisión desde el primer día, mantenerlo adentro de la casa, lejos de la calle, lejos de otros niños, lejos de cualquier lugar donde la gente pudiera señalarlo y burlarse.
René no tuvo infancia normal, no hubo escuela primaria, no hubo juegos en la banqueta, no hubo compañeros de clase, solo cuatro paredes y el silencio de un padre que confundía la protección con el encierro. La que sí estuvo fue su madre. Doña María del Carmen le enseñó a leer y a escribir en casa. Sin maestros, sin libros de texto oficiales, sin salón de clases.
Ella fue la única educación formal que René tuvo en sus primeros años. Sin ese esfuerzo, él nunca habría podido leer un contrato, memorizar un guion, ni entender el valor de un cheque. Todo lo que René Ruiz llegó a hacer comenzó en esa mesa de la casa de Tampico, con su madre diciéndole las letras una por una. Cuando pudo salir, salió a trabajar.
Se convirtió en bolero de zapatos en las calles de Tampico. Limpiaba suelas ajenas por monedas. También cargó cajas de refrescos en el frontón Yayal de la ciudad. No había glamour, no había aplausos, había calor, peso en los brazos y bolsillos vacíos al final del día. Eso fue la juventud de René Ruiz antes de que alguien lo pusiera frente a una cámara.
El primer contacto con el cine llegó en 1949. debutó como extra en la película Ventarrón, sin créditos en los carteles, sin nombre en los programas, sin un solo peso extra por aparecer en pantalla. La mayoría de la gente que estuvo en esa producción ni siquiera recordó haberlo visto, pero René volvió ese mismo año. Germán Valdés, conocido como Tin Tan, lo invitó a participar en El Rey del barrio.
El resultado fue un éxito rotundo. El público respondió de inmediato y de esa dinámica entre los dos actores nació el apodo que lo acompañaría el resto de su vida. Tun Tun. Como eco directo del nombre de su compañero, René Ruiz dejó de existir para el público. A partir de ese momento, solo existía Tun Tun. El salto económico fue inmediato y brutal.
En México cobraba 250 pesos diarios, una cifra respetable para la época. Cuando cruzó a Hollywood, recibió su primer cheque por 15,000 pes. De un día para otro, el exbol bolero de zapatos estaba negociando en otra moneda y en otro idioma. Las películas se acumularon. 15 producciones junto a Tin Tan, entre ellas La marca del zorrillo y Simbat el mareado.
Tuntun no era el protagonista en el papel, pero en la sala de cine el público lo buscaba a él. entendió desde el principio su propio negocio, reírse de sí mismo antes de que alguien más lo hiciera. “Jamás ser enano me ha significado fama, dinero, amor”, declaró en más de una entrevista con la misma calma de quien ya sabe exactamente cuánto vale.
En una década sin haber pisado una escuela formal hasta la adolescencia, René Ruiz vivió en Hollywood, triunfó en Broadway y giró por Sudamérica e Italia. La siguiente pregunta es, ¿cuánto de todo ese dinero supo conservar? El derroche y sus gastos millonarios. Nueva York fue el escenario más improbable para Tuntun y también el más rentable.

En Broadway, frente a un público que no hablaba español y que no conocía el cine mexicano de ficheras, René Ruiz subió al escenario e imitó a Frank Sinatra y a Sammy Davis Jr. Con una precisión que detuvo a la gente en sus butacas. No era el personaje esperado, era 1.17 m de timing perfecto cobrando en dólares en la ciudad más cara del mundo. Las puertas se abrieron.
Dentro de esas puertas había mujeres. René lo dijo sin rodeos en varias entrevistas. Su habilidad como bailarín le funcionaba como presentación personal. En sus años en Estados Unidos presumía que traía de cabeza a las gringuitas. No lo decía como chiste, lo decía como dato. Era parte de la imagen que vendía y de la vida que vivía mientras los cheques seguían llegando.
Y con los cheques llegó también el problema. René admitió abiertamente que gastaba sin control. No había presupuesto, no había ahorro, no había inversión. Había dinero entrando y dinero saliendo. Y alrededor de él había personas cuyo único interés era que el ciclo no se detuviera. Él mismo los describió así.
gente que solo buscaba beber y gastar lo que él ganaba. Lo sabía, lo veía y seguía pagando las cuentas. La situación llegó a un punto en que su propio círculo tuvo que intervenir. El actor Antonio Badú, compañero y amigo de años, tomó una medida directa. interceptaba los cheques de René y se los entregaba personalmente a Doña María del Carmen en México.
No había forma más clara de decirle a alguien que no era capaz de administrar su propio dinero. La madre volvía a ser el último filtro de control financiero, igual que cuando le enseñó a leer en Tampico. Los años 80 llegaron y con ellos un segundo aire completo. El cine de ***y comedias, conocido como el cine de ficheras, lo colocó nuevamente en cartelera junto a Luis de Alba y Alfonso Sayas.
La demanda fue constante, las producciones se filmaban rápido, se distribuían masivamente y el público pagaba su boleto semana tras semana. Tuntun estaba en casi todas. llegó a participar en cerca de 50 películas a lo largo de su carrera y la concentración de ingresos más alta de toda su vida ocurrió precisamente en esa década. Fue la fortuna más grande que acumuló y fue la última porque el patrón que Badu había intentado frenar en los años de Broadway no desapareció, solo cambió de forma.
René seguía sin disciplina financiera, seguía rodeándose de personas que consumían sus recursos y seguía confiando en que el trabajo no se iba a detener. En los años 80 esa confianza todavía tenía sustento, pero una persona específica ya estaba dentro de su vida y esa persona tenía una estrategia diferente a la de Antonio Badú.
Lo que pasó después no fue un gasto impulsivo ni una mala noche de tragos. La mujer que se quedó con todo. René tenía 17 años cuando conoció a Rocío Jens. Fue ella quien lo introdujo al ambiente del espectáculo, quien le abrió los primeros contactos y quien lo orientó en un mundo que él estaba aprendiendo a navegar. Sin ese encuentro, la carrera de Tuntun pudo haber tenido una forma completamente distinta.
Rocío trabajaba como administradora en un hotel donde René se hospedaba. Él la buscó, ella lo rechazó. El proceso fue largo, pero al final se casaron. La ironía es que la mujer, que en un principio no quiso saber nada de él, terminó siendo la persona con más acceso a todo lo que él construyó. Tuvieron un hijo biológico, René Israel.
También adoptaron a una niña llamada Gabi, una familia completa sobre el papel, dos hijos, una esposa con experiencia en administración y un actor en la cima de su carrera con dinero entrando de varias fuentes. El problema no era la falta de recursos, el problema era quién los controlaba. Tuntun admitió haber sido infiel a Rocío en múltiples ocasiones. No lo ocultó.
En sus propias palabras, describió años de relación donde él hacía lo que quería porque tenía el dinero y la fama para hacerlo. Cuando intentó estabilizarse, cuando quiso, según él mismo dijo, sentar cabeza, el equilibrio de poder dentro de la pareja ya había cambiado por completo. A finales de los años 80, mientras Tun Tun seguía filmando y cobrando, Rocío Gens fue acumulando el control sobre sus bienes de manera gradual.
No fue un robo en una noche, fue un proceso sostenido, cuenta por cuenta, propiedad por propiedad, mientras él confiaba en que todo seguía en orden. Cuando René quiso revisar el estado de sus finanzas, ya no había mucho que revisar. Rocío no solo tomó el dinero, también alejó a los hijos. René, Israel y Gabi dejaron de tener contacto con su padre en los años finales de su vida, cuando él más los necesitaba, ninguno de los dos estaba.
El hombre que había hecho reír a dos continentes quedó sin familia dentro de su propia casa. El despojo fue total. Rocío Gens se quedó con los ahorros, con los bienes y con los fondos de retiro que René había acumulado en décadas de trabajo. No quedó una reserva, no quedó una propiedad, no quedó un colchón económico para la vejez.
René Ruiz, tun tun, el que cobró 15,000 pesos en Hollywood cuando sus colegas ganaban 250. El que llenó teatros en Nueva York. el que protagonizó 50 películas, terminó sin dinero y sin un techo propio. Sus últimos años los vivió gracias a la solidaridad de otros actores que lo conocían desde los tiempos de Tintan, compañeros del medio que le dieron un lugar donde quedarse y con quienes compartió sus últimos días.
Lo que dejó no fue una fortuna, ni una casa, ni un fondo para sus hijos. Lo que dejó fue una filmografía de 50 películas y la historia completa de cómo se puede ganar todo y perderlo dos veces el día que se le acabó el trabajo. El 29 de junio de 1973, Germán Valdés Tintán tuvo su adiós definitivo.
René Ruiz perdió en un solo día a su socio de 15 películas, al hombre que lo había sacado de las calles de Tampico y lo había puesto frente a una cámara. No era solo una amistad, era la estructura completa sobre la que estaba construida la carrera de Tuntún. Sin tinán, los productores que antes llamaban dejaron de llamar. Los proyectos que antes llegaban solos, ahora había que buscarlos y no siempre aparecían.
Lo que vino después fue una carrera sin ancla, apariciones esporádicas, proyectos menores, contratos sin la solidez de los años de la época de oro. Los grandes estudios que antes garantizaban trabajo constante y cheques puntuales ya no tenían un lugar fijo para él. Tuntun seguía siendo reconocido en la calle, pero el reconocimiento no paga las cuentas.
A mediados de los 70 apareció una salida, El cine de ficheras. Películas como El día de los albañiles lo devolvieron a la pantalla con frecuencia y con público pagando boleto. La demanda era real, pero era un género construido sobre una fórmula muy específica con un ciclo de vida limitado.
Tuntun entró al único tren disponible sin considerar que ese tren tenía una estación final. En 1984 ocurrió algo que en manos de otro actor hubiera cambiado todo. John Houston, uno de los directores más respetados del cine mundial, lo incluyó en el reparto de Under de Volcano, una producción con Albert Fini en el papel principal.
Tun Tun compartió set con actores de trayectoria internacional en una película que llegó a festivales y recibió atención de la prensa extranjera. Esa producción pudo haber sido la puerta hacia contratos fuera de México, hacia un segundo ciclo en el mercado anglosajón. No lo fue. El proyecto quedó como un crédito en su filmografía y nada más.
El problema del dinero no empezó con Rocío Gentes. René lo dijo él mismo en una entrevista de 1980. tenía un problema con la bebida y un patrón de gasto compulsivo que lo acompañaba desde sus primeros años de trabajo. No era un secreto guardado, era una confesión pública de alguien que sabía exactamente lo que le estaba haciendo a su patrimonio y seguía haciéndolo.
Cada peso que entraba encontraba la forma de salir antes de que pudiera convertirse en algo estable. A principios de los 90, los dos pilares que sostenían su economía colapsaron al mismo tiempo. El cine de ficheras agotó su ciclo comercial y los contratos dejaron de llegar. Y en ese mismo periodo, el proceso de despojo financiero que Rocío Jens había construido durante años quedó completo.
Sin ingresos nuevos y sin ahorros acumulados, René no tenía desde dónde reconstruir. En 1984 compartía set en una producción internacional con Albert Fini. En 1993 estaba pidiendo un lugar donde dormir a sus compañeros actores. Entre esas dos fechas hay 9 años y una fortuna entera que desapareció.
La pregunta es, ¿cuánto de esa fortuna salió por sus propias manos y cuánto salió por las de alguien más? ¿Cómo le robaron sus ahorros? A finales de los años 80, Tun tenía detrás suyo dos décadas de trabajo sostenido, 50 películas, giras internacionales, contratos en Estados Unidos, el ciclo completo del cine de ficheras en su punto más alto.
Era una filmografía que en términos económicos representaba la acumulación más grande de su vida. Rocío Jens tenía acceso total a esa acumulación desde adentro, como había tenido acceso a todo desde que René decidió confiarle la administración de su vida. El proceso no fue un evento único, fue gradual, cuenta por cuenta, decisión por decisión, mientras René seguía filmando y firmando contratos bajo la suposición de que sus finanzas estaban en orden.
Cuando el flujo de trabajo del cine de ficheras se detuvo a principios de los 90 y él quiso revisar qué había quedado de 20 años de ingresos, ya no había mucho que revisar. Rocío Jens no dejó fondo de retiro. Lo que René había separado para sostenerse cuando los contratos ya no llegaron, también desapareció dentro del mismo proceso.
Un actor de su edad, con su trayectoria, sin un fondo de retiro y sin ingresos activos, no tiene margen, no hay de dónde recuperarse. Eso fue exactamente lo que quedó. Personas cercanas al entorno artístico de René señalaron en su momento que no fue solo Rocío. Sus hijos René Israel y Gabi, la hija adoptada tampoco aparecieron para separar lo que correspondía al padre.
El patrimonio que René había construido desde los 250 pesos diarios en México hasta los cheques en Hollywood quedó distribuido entre quienes él había mantenido durante décadas sin que él recibiera ninguna parte. Al despojo económico se sumó el aislamiento. Rocío había separado a René de sus hijos progresivamente y cuando la situación financiera ya era crítica, ese aislamiento estaba completo.
René no tenía a quien llamar dentro de su propia familia. La crisis económica y la crisis personal llegaron juntas y al mismo tiempo con el fin del cine de ficheras, los contratos que llegaban en los 90 ya no tenían el valor de los años anteriores. El género, que había sido su segunda oportunidad ya no existía como industria.
Lo que quedaba era trabajo menor, apariciones puntuales, cachets que no alcanzaban para sostener una vida con los costos que René arrastraba. Tun Tun llegó a la casa del actor, el asilo gremial fundado décadas antes por Mario Moreno, Cantinflas, para dar refugio a actores sin recursos. René pidió un lugar ahí, le fue concedido.
El hombre que había cobrado en Broadway, que había trabajado con John Houston, que había hecho giras por Italia y Sudamérica, necesitaba que sus compañeros de profesión le prestaran una cama. Pero la verdadera tragedia no fue la pérdida de su dinero, sino lo que sucedió dentro del asilo cuando sus hijos tomaron la decisión final.
Sus últimos días y lo que dejó. Los últimos meses de René Ruiz transcurrieron dentro de la casa del actor en la Ciudad de México. No había contratos, no había llamadas de productores, no había agenda de trabajo, había una habitación prestada por el gremio y compañeros que lo conocían desde los tiempos de Tin Tan. El glamour de Broadway y Hollywood quedaba a décadas de distancia.
En 1990, 3 años antes de su adiós definitivo, René ingresó a la frank masonería, específicamente a la Logia Hiram 3. No fue un gesto público ni una declaración de imagen. Fue la búsqueda concreta de una comunidad que le diera lo que su familia ya no le daba. Presencia, estructura, personas que respondieran cuando los necesitaba.
La hermandad que no encontró en su casa la buscó en una logia. Sus hijos no aparecieron durante su estancia en la casa del actor. René Israel y Gabi, a quienes él había mantenido durante años, no visitaron al Padre en ese periodo. El olvido fue completo y documentado por quienes estuvieron cerca de él en esos meses. René los había sostenido económicamente y ellos no estuvieron cuando él no pudo sostenerse a sí mismo.
El 16 de octubre de 1993, Tun Tunvo su adiós definitivo. Tenía 60 años. No partió rodeado de familia ni en una casa propia. Se despidió en el asilo gremial, acompañado por colegas del medio artístico. Sus restos quedaron en los mausoleos del Ángel en la Ciudad de México, junto a otras figuras del espectáculo mexicano que el medio tampoco supo sostener en vida.
No hay un museo dedicado a su trayectoria, no hay una sala en la Cineteca con su nombre. El único registro físico que existe como homenaje tangible a René Ruiz está en un mural dentro de la Gran Logia Valle de México, en la Ciudad de México, colocado por la institución que sí lo recibió cuando lo necesitó. El balance es este.
En los años 80, Tun Tun tenía más de 50 películas en su filmografía. Había trabajado en Broadway, había cobrado en dólares en Hollywood, había girado por Europa y Sudamérica y había acumulado la fortuna más grande de su vida. En 1993 su patrimonio era cero. Sus hijos no estaban.
Su exesposa tenía sus bienes y él vivía bajo el techo de un asilo que existía precisamente para los casos como el suyo. 40 años de trabajo, 50 películas, dos continentes. Un cheque de 15,000 pesos en Hollywood cuando sus colegas ganaban 250. Todo eso pasó por sus manos y por las manos de quienes él confiar y al final no quedó nada que repartir.
Esa es la historia completa de René Ruiz. Tun tun. Todo lo perdió. Todo se esfumó. El hombre que lo tuvo todo terminó dependiendo de la caridad para no dormir en la calle. Pero si crees que la traición a Tuntun fue despiadada, espera a conocer la historia de Fernando Soto Mantequilla, el legendario escudero de la comedia mexicana, facturó fortunas incalculables, pero una ceguera financiera lo llevó a quemar su inmenso capital hasta quedarse sin un solo centavo para cubrir sus propios cuidados urgentes.
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