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Un Caso Tan MACABRO Que la Policía Necesito Terapia

Un Caso Tan MACABRO Que la Policía Necesito Terapia

El día de hoy te presento el caso de Fusco Sano, una niña a la que le robaron su libertad y su vida. Pero sin más dilaciones, leyenda, recuerda que te habla tu amigo Tesla y te conectas a Tes Misterios. El 13 de noviembre de 1990, una niña de

tan solo 9 años regresaba a casa después de su jornada académica y de asistir a un partido de béisbol escolar. En Japón es normal que los niños en edad de escolaridad se movilicen a sus respectivos centros educativos y a su residencia sin la compañía de un familiar o de un adulto. Lo cierto es que ese día la niña no regresó a casa.

Horas más tarde, aproximadamente a las 7 pm, la madre de Fusco se dirigió apresurada y nerviosa a la comisaría de Sanjo de la prefectura de Nigata y denunció la pérdida de su hija. Al día siguiente, centenares de personas se solidarizaron con la madre de Fusá Cosano e iniciaron su búsqueda. Muchos de ellos recordaron y asociaron la desaparición de la niña con el secuestro de Megumi Yokota.

 Desaparecida en 1977, Yakota fue secuestrada en el mismo lugar y en las mismas circunstancias mientras volvía a casa después de salir de la escuela. Egumiyota, de 13 años, fue una de las 17 víctimas de secuestros planeados y cometidos por el gobierno de Corea del Norte. Una trágica historia que la madre de Fusco Sano y toda la comunidad recordó con terror e indignación.

 El día 15 de noviembre, 107 miembros del cuartel general para casos desconocidos de niñas de escuela primaria, policía antidisturbios de la prefectura y el equipo móvil de investigación iniciaron un exhaustivo proceso de búsqueda. Los investigadores registraron viviendas abandonadas y contenedores en los municipios circundantes. Además, la policía elaboró una lista de personas que tuvieran antecedentes de abuso y habitaran en la zona.

Sin embargo, cuando interrogaron a los posibles sospechosos, todos tenían cuartadas comprobables. También se distribuyeron volantes con la fotografía de Fusaco Sano y datos de su desaparición. A pesar de que se recibieron muchas llamadas, ninguna resultó ser confiable. La única pista que tenían es que la niña se había perdido fuera de la carretera principal y que el secuestrador conocía muy bien la zona.

 La búsqueda se redujo a 80 personas y lamentablemente el 25 de diciembre se suspendió. El rostro que estás viendo en pantalla es el de Nobyuki Sato. El día 13 de noviembre de 1990, este hombre se desplazó en su auto por un camino agrícola en la ciudad de Shanjo. Es en este lugar donde observó a una pequeña con su uniforme escolar caminando distraída, totalmente inocente de la tragedia que estaba a punto de sucederle.

 Nobuyuki Sato estaba decidido a raptar a la pequeña, así que detuvo el vehículo, saltó sobre la niña y amenazó a la pequeña con un cuchillo que parecía estar dispuesto a clavar en su cuerpo si no seguía sus instrucciones. Después de amarrar a la niña de pies y manos y poner una cinta adhesiva en su boca, la metió en el baúl del vehículo.

Irónicamente, el hombre la llevó a su residencia ubicada en Kashiwasaki a tan solo 200 m de un cobán, que son los puestos de policía en los que se puede encontrar a una gente a cualquier momento del día y a 55 m del lugar donde había sido secuestrada. Pero antes de continuar con el caso, quiero que veas qué clase de hombre se escondía detrás del rostro que acabas de ver.

Sato nació el 15 de julio de 1962 en la ciudad de Kashiwasaki, Japón. Su padre, de 57 años era un hombre viudo con cinco hijos. Se había desempeñado como conductor y alcanzó su independencia económica cuando abrió una pequeña agencia de taxis. La madre de Nobuyuki trabajaba en una compañía de seguros y decidió casarse, aunque el hombre le doblaba la edad.

 4 años más tarde nació el pequeño Nobuyuki, un niño amado y consentido. Sin embargo, con el pasar de los años se convirtió en un adolescente con complejos y conflictos psicológicos. Al parecer, el chico fue objeto de burlas por parte de sus compañeritos por tener un padre tan mayor. Y es que realmente parecía el abuelo, algo que el chico canalizó en ataques de ira contra sus progenitores, convirtiéndose en un adolescente rebelde e insolente.

Al parecer, Nobuyuki heredó de su padre un trastorno llamado germofobia o misofobia, es decir, miedo intenso a las bacterias, suciedad, gérmenes o virus ligado a trastorno obsesivo compulsivo. Cuando Sato cumplió 19 años, echó a su propio padre a la calle porque, según él, no tenía ninguna conexión emocional con este y lo consideró un estorbo.

 En este punto, la madre de Sato no realizó ninguna acción para impedir este abominable acto, pues la mujer le tenía miedo a su propio hijo. En una oportunidad, el joven quemó un altar budista y casi incendia la casa. Su madre logró que Sato fuera ingresado en un hospital para recibir ayuda. Después de un mes fue dado de alta y su conducta empeoró.

 Satu consiguió un empleo en una fábrica de piezas de automóviles y su madre pensó que todo marcharía bien. Sin embargo, no pasó mucho tiempo para que Sato abandonara su empleo, jurando nunca más volver a trabajar por un incidente con una telaraña. Su fobia cada vez era más fuerte, hasta el punto que Sato no compartía el baño con su madre por temor a infectarse con los gérmenes.

 Entonces hacía sus necesidades en bolsas plásticas que dejaba en el pasillo del segundo piso y luego sacaba al basurero fuera de su casa. Además, el hombre le manifestó a su madre que deseaba independizarse, así que le exigió que ampliara la casa. Y aunque la madre gastó mucho dinero para darle gusto a su hijo, los trabajos quedaron inconclusos porque Sato no permitió que el maestro de obra ingresara a su cuarto por el temor a la suciedad y a los gérmenes.

El 13 de junio de 1989, Obuyukisato fue arrestado y fue sentenciado a un año de sentencia de cárcel suspendida. Esto significa que un juez tiene la opción de suspender parte o la totalidad de la pena bajo libertad condicional. El joven fue entregado a la madre con la condición de que ella lo cuidara y lo guiara.

 Las autoridades estimaron que el nivel de reincidencia del delito tenía una probabilidad muy baja. En este punto se supo que Sato estuvo acechando en la puerta de un colegio de primaria a un grupo de niñas. Finalmente intentó acercarse a una niña de 9 años, pero la pequeña comenzó a gritar y fue auxiliada por compañeros y un trabajador de la escuela.

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