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La niña llevaba 3 días sin comer… y nadie quiso detenerse

La niña llevaba 3 días sin comer… y nadie quiso detenerse

Aquí tienes la historia de Sofía y Raquel adaptada completamente a un formato de diálogo extenso en español, enfocada en la interacción humana, la superación y el vínculo entre ellas.

—¿Sigues mirando la grieta del techo, Sofía? —preguntó Raquel, con la voz quebrada por el cansancio.

—Es que parece que crece cada noche, mamá. ¿Crees que la casa tiene miedo de romperse?

—No, cielo. La casa es vieja, igual que nosotros. A veces, las cosas aguantan demasiado peso y aparecen marcas.

—¿La casa también tiene hambre? Porque mi barriga suena igual que el crujido del techo.

Raquel cerró los ojos un instante, sintiendo un vacío que no era solo físico.

—No, pequeña. Mañana será diferente. He buscado trabajo otra vez.

—¿Mañana habrá algo más que agua?

—Mañana buscaremos una solución. Tú solo duerme. En el colegio, las cosas son diferentes, ¿verdad?

—Sí, mamá. En el colegio hay luz, y hay leche.

A la mañana siguiente, en el aula.

—Sofía, te veo muy pálida. ¿Has desayunado bien? —la señorita Amparo se acercó a su pupitre, bajando el tono de voz.

—He bebido agua, señorita. Está bien así.

—No, no está bien. Ven conmigo a la sala de profesores. He traído un sándwich extra y una mandarina. Ayúdame a terminarlos, que me he servido demasiado.

—¿Usted también tiene hambre, señorita?

—Todos tenemos días en los que el estómago nos recuerda que somos humanos, Sofía. Cómetelo, por favor.

En la enfermería, Rosa, la enfermera, revisaba a la niña tras el desmayo.

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